Este capítulo va dedicado a Kinary, marypa, susigabi y a todos los que se toman el tiempo para leer. Espero que sea de su agrado.

Capítulo III.

Alianzas.

Ron y Hermione esperaban pacientes el regreso de Harry, pero nunca imaginaron que fuese a tardar tan poco tiempo en volver – bueno, en realidad Ron sí, y se lo había comentado a su amigo, pero éste por alguna desconocida razón no había querido confiar en sus recientemente adquiridos dotes adivinos –, y antes de que pudiera expresarle el tan ansiado "Te lo dije" que debe proseguir a todo acto negativo que uno ya sabe que ocurrirá y comparte con los afectados para no verlos sufrir, pero que al fin y al cabo nunca escuchan tan importante augurio; Harry se le adelantó y les dijo que el hurón había desaparecido.

- Tal vez sólo se fue de vacaciones, seguro que su mami lo mandó a algún lugar exclusivo para los sangre pura y rechazados sociales.

- ¡Ron! No es divertido. – Le reprendió Hermione, quien había llegado a La Madriguera poco tiempo después de que Harry se hubiese marchado.

- Mmmh, sí que lo es. Pero no veo porqué deba interesarnos que Malfoy no se encuentre en su casa. En realidad nunca nos ha importado demasiado lo que suceda o no en su vida. Bueno, sólo a Harry, cuando sospechaba que era un mortífago y todo eso, y no se equivocó al respecto.

- No es un mortífago. – Murmuró Harry en voz baja; el recordar esa insana obsesión que tuvo por seguir a su excompañero de escuela por todo el colegio no le traía recuerdos muy agradables. – No llevaba la marca en el juicio.

- Sí bueno, como sea. – Intervino Hermione tratando de restarle importancia al asunto. – Ron tiene razón Harry, no veo porqué debamos preocuparnos por saber el paradero de Malfoy, seguro que está bien.

- ¡No me preocupo! Es sólo que… Bueno, yo iba a regresarle su varita y de pronto todo se puso muy misterioso, sobre todo con el elfo y la forma en que dijo que Narcissa les había prohibido hablar al respecto con alguien. No sé, es sólo que me parece extraño. Pero tal vez tengan razón, seguro que sólo anda por ahí, de vacaciones como dice Ron.

- Ya sabes como son los elfos, y no me mires así Hermione, suelen ser un poquito exagerados, esa es la verdad. Pero bueno, ahora pasemos a cosas más agradables ¿quién tiene hambre? Podemos comer y después ir a dar una vuelta por Hogsmeade, específicamente a Honeydukes, Fred me dijo que las remodelaciones aún continúan, pero que ya están vendiendo de nuevo sus productos ¿qué les parece? – Sugirió Ron con ojos soñadores mientras se imaginaba a sí mismo saliendo de dicha tienda con las manos repletas de diversas golosinas.

- ¿Es que solamente piensas en comer Ron Weasley?

- No, también en Quidditch y en ti Hermione. – Se adelantó Harry a contestar con una sonrisa pícara en el rostro, logrando que sus dos amigos tomarán de inmediato una intensa coloración rojiza que no se veía muy saludable. – Bueno, parece que vamos progresando en cuanto a aceptar abiertamente sus sentimientos chicos, esta vez no se pusieron morados, la intensidad del color va bajando.

- Vamos a comer Ron. – Dijo Hermione tomándolo de la mano y casi arrastrándolo en dirección a las escaleras.

Así llegarían al pequeño comedor, con Harry siguiéndolos mientras no dejaba de reír.

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Lo acababa de perder todo, lo sabía, ya no le quedaban razones para seguir luchando. Sin ellos, a quién le interesaría encontrarlo; tarde o temprano las personas – o sus despistados elfos – notarían la ausencia, pero quién se preocuparía, tal vez sólo el profesor Severus, sin embargo para cuando se diera cuenta ya sería demasiado tarde. Él no pensaba esperar demasiado tiempo, ni creía que se lo fueran a brindar, no después de lo que habían hecho con sus padres.

De alguna forma, los malditos que se lo llevaron clamando venganza o alguna tontería similar, lograron sacar a su padre de Azkaban y a su madre de la mansión. "Seguramente son aurores o tienen importantes contactos en el Ministerio", eso era lo que pensaba Draco, "La trajeron con engaños", sí, Draco lo sabía, su madre no era tan ingenua como para haber caído tan fácilmente, y el "Yo tengo la culpa" había comenzado a repetirse en su cabeza una y otra vez desde aquel medio día.

Dentro de la fría habitación, Draco intentaba abrir sus ojos para confirmar que la imagen que se mostraba ante él no era producto de la droga que habían estado introduciéndole en el cuerpo, pero tenía tanto miedo de abrirlos y confirmar que ellos siguieran allí, en ese oscuro rincón, que prefería mil veces sufrir con otra tanda de maldiciones que el sujeto le lanzaba cada que entraba a verificar si seguía respirando y así permanecer feliz en la tranquilidad de la inconsciencia.

A penas abrió los ojos, los dirigió a la alejada esquina en la que los había visto la primera vez y la imagen se formó, en un enorme charco de sangre se encontraban sus padres, estaban muertos, los habían asesinado; lo que el Señor Tenebroso no logró, lo que él trató de evitar aceptando aquella misión suicida que incluía asesinar a su antiguo director del colegio, lo habían logrado un par de locos; su más grande temor se había vuelto realidad.

No los había visto de cerca, pero sabía que eran ellos, podía identificar desde la distancia el largo cabello rubio de su madre quien llevaba aquel vestido rosado que tanto le gustaba a Draco; el cabello de su padre era corto, tal y como lo había visto aquella última vez en los juicios antes de que fuera sentenciado y enviado a Azkaban, y junto a él se encontraba su viejo bastón negro partido por la mitad.

Necesitaba tocarlos, necesitaba saber cómo habían muerto, quería creer que había sido rápido y ninguno de los dos había sufrido una lenta agonía – como la que él llevaba en esos momentos – y tal vez había sido así, puesto que no había escuchado gritos o signos que le indicaran que se estaba llevando a cabo una pelea. Así que una vez más intentó arrastrarse, aunque sabía que le costaría mucho más que la vez anterior, porque ahora sus captores lo habían colocado en la esquina contraria de donde yacían los cuerpos sin vida de sus padres, era un gran trecho el que debía de cubrir.

Empezó a moverse e intentar deslizarse pero el dolor en la pierna acompañado por la inmensa angustia que le generaba el hecho de saber que si veía sus rostros, de saber que si los tocaba, aquello se volvería real; así que se detuvo y apoyó su espalda en la pared porque de pronto comenzó a sentir náuseas, le era difícil respirar, un dolor punzante había comenzado a invadir su pecho, sudaba frío, sentía que se asfixiaba – pero al mismo tiempo deseaba soltarse a llorar y gritar en desahogo – ; jamás se había sentido así, no sabía que le estaba pasando, claro, podría ser un ataque cardiaco; tal vez la hora le había llegado, tal vez así se sentía morir.

Lo que Draco no sabía, es que a estas alturas ya no tenía pánico; el pánico lo tenía a él.

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- Harry Potter. – Pronunció con gran seguridad Narcissa Malfoy, mientras esperaba con atención la reacción que tendría su acompañante. Y la forma en que Snape se puso serio y frunció el entrecejo al escuchar aquel nombre le dijo que no sería nada fácil.

- ¿Potter? Narcissa, empiezo a creer que esto te ha sobrepasado.

- No, claro que no. Wooly me dijo, justo después de que te marcharas, que Potter había venido por la tarde preguntando por Draco, porque mi hijo lo había citado en la mansión. Me pregunto, por qué no me lo comentó cuando charlamos; en fin, ¿cómo no lo pensé antes? Es perfecto Severus, él puede ayudarnos.

- ¿Y cómo piensas exactamente que pasará eso? ¿Nos aparecemos en su pequeña sala y le pedimos – si es que no se nos lanzan veinte aurores en ese momento – entre otras cosas, que olvide el pasado y los viejos rencores porque necesitamos que mueva algunas de sus pequeñas influencias ya que el chico que se dedicó a joderle la vida – a él y sus amigos – durante casi seis años ha sido secuestrado y no hemos tenido ninguna pista desde hace casi más de dos días? Mmmm, oh sí, seguro que podría funcionar.

- Severus por favor, sé que será difícil, pero él puede hacerlo; si él se los pide no podrán negarse, la gente del Ministerio hará lo que él diga, se lo deben.

- En efecto Narcissa, se lo deben, a él; no a ti, no a nosotros, ni a Draco.

- ¡Ah, basta! Si tengo que suplicar, lo haré; haré todo lo que sea necesario para encontrar a Draco, no voy a perderlo ahora, no de esta forma.

Bredny apareció por la puerta de la habitación en la que se encontraban para informarle a su ama que en la chimenea del despacho se encontraba Remus Lupin y que solicitaba hablar con ella o con Severus Snape. Narcissa le dirigió una interrogativa mirada a Severus, ya que no comprendía muy bien qué era lo que Lupin buscaba en su casa.

- Te dije que cobraría unos favores. – Fue todo lo que Snape respondió, antes de levantarse y dirigirse hacia donde Lupin estaba esperando.

Ambos iban caminando con paso apresurado por el largo pasillo que conducía hacia el despacho, Narcissa tenía la pequeña esperanza de que hubiera logrado obtener resultados en lo que sea que Severus le hubiese encomendado.

- Narcissa, Severus. – Pronunció el rostro de Remus entre las llamaradas verdes de la chimenea a modo de saludo.

- Lupin. – Respondió Narcissa con el mismo tono.

- ¿Tienes noticias? – Dijo Severus, ignorando completamente el saludo dirigido hacia su persona.

- Sí, buenas noches a ti también Severus. Dime, ¿ahora quién es el que carece de modales?

Severus solamente entrecerró los ojos, mirándolo fijamente y dando un par de pasos hacia atrás; mientras Narcissa se disculpaba y le informaba que quitaría las protecciones para que pudiera ingresar.

- Ya estarás feliz, ahora, ¿tienes noticias?

- No, lo siento. No he podido contactar con Kingsley, tú sabes, ahora es el Ministro y creo que tiene una agenda muy ocupada, en verdad que he hecho el intento. – En ese momento, Remus vio como Narcissa se dejaba caer sobre uno de los sillones que amueblaban el despacho de su marido. Lucía como si estuviese enferma, demasiado pálida para su gusto, parecía que no hubiese descansado en casi una semana, tenía los ojos rojos y algo hinchados, y justo ahora parecía como si fuese a soltarse a llorar.

Severus se acercó a su lado intentando darle apoyo y fuerza para que no comenzara a llorar y menos frente a quien los acompañaba ahora en la habitación; Lupin escuchó que ella murmuraba un "Me siento tan inútil" mientras que con una mano aferraba la túnica del hombre a su lado. – Tranquila Narcissa, creo que ahora, muy a mi pesar, tendremos que recurrir a tú maravilloso plan B. – Le escuchó decir a Snape.

- Ehm, bueno, no quisiera interrumpir; pero he hablado con Arthur Weasley después de que te marcharas y luego de que confirmé que me sería muy difícil contactar a Kingsley. – Dijo Remus con algo de pena, se sentía incómodo estando en la mansión Malfoy y sobre todo viendo el estado en el que se encontraba la dueña de dicho lugar. – Arthur dijo que intentaría obtener información o colocar a alguien para que estuviera al pendiente por si descubrían cualquier cosa de las que me mencionaste, su hijo Percy tiene un muy buen puesto con libre acceso a información dentro del Ministerio.

- De acuerdo. Podemos esperar un poco más Narcissa. Los Weasley están dentro del Ministerio, seguro que les será más fácil enterarse de algo.

- Pero ¿cuánto tiempo más? ¿Y si Draco no tiene ese tiempo? Oh por Merlín, ¿por qué nos hacen esto?

- Narcissa – Interrumpió Lupin – Tú hijo es un chico fuerte, seguro que no se dejará caer tan fácilmente. Lo encontraremos, y él estará bien. – Definitivamente, esto era muy raro; jamás se había imaginado que alguna vez se encontraría intentando confortar a Narcissa Malfoy.

- Eso ya lo sabemos Lupin. – Dijo Snape frunciendo el ceño, mientras se ponía de pie y se dirigía en dirección a Remus. – Ahora, si nos disculpas, Narcissa y yo tenemos asuntos que seguir arreglando.

- Lupin, ¿crees que sea posible que podamos hablar con Arthur Weasley?

- ¿Cómo? – Cuestionaron al unísono los dos hombres que la acompañaban en aquel despacho.

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Arthur Weasley había llegado cansado a casa, después de un inusual y largo día de trabajo en el Ministerio de Magia. Por lo general nunca se sentía así al volver del trabajo, pero después de haber mantenido aquella conversación con Remus se sentía cansado, fastidiado, harto.

Él era de los que creían que con el fin de la guerra muchos de los prejuicios y problemas que habían salido a flote durante la misma se terminarían, pero ahora veía que se había equivocado; la gente ahora se dedicaba a atacar a quienes alguna vez los habían atacado, ahora los sangre pura o los que alguna vez actuaron a favor de los "cambios" que deseaba hacer Voldemort serían los perseguidos; el odio y la venganza nunca se terminarían, porque estaba seguro de que en cuanto Narcissa Malfoy se enterara de quiénes se encontraban detrás del ataque a su hijo los haría sufrir de la manera más lenta, dolorosa y desagradable posible; y todo esto se convertiría en un círculo vicioso que jamás terminaría.

Claro, que también estaba de acuerdo en que los mortífagos y demás seguidores que alguna vez asesinaron y lastimaron sin piedad debían obtener su castigo; los Malfoy ya lo habían obtenido, la cabeza de la familia estaría encerrada en Azkaban por algunos años, y los otros dos miembros habían sido despojados de varias propiedades e importantes cifras monetarias, así que podría decirse que su cuenta con la sociedad estaba saldada; pero había personas que no lo creían así, y por eso habían atacado y secuestrado a un chico, que lo más probable era, según Arthur Weasley, que ya no se encontrara con vida.

- Papá, llegas temprano. – Se acercó Ron, junto con Hermione y Harry al tiempo que el señor Weasley se dejaba caer sin gracia alguna sobre el viejo sofá marrón.

- Sí bueno, hoy terminé antes de tiempo y pensé que podría llegar un poco antes de la cena, antes de que Hermione se marchara.

- Señor Weasley, ¿se siente bien? – Preguntó Harry algo inquieto, el papá de Ron se veía algo raro.

- Si cariño, Harry tiene razón. ¿Pasó algo? Te ves extraño. – Añadió la señora Weasley que había aparecido con una gran bandeja de pan fresco entre las manos.

El señor Weasley se debatía internamente sobre si debiera contar o no a su familia lo que Remus le había dicho esa misma tarde. En fin, tarde o temprano se enterarían ¿verdad?, tal vez hasta Percy se los contaría en cuanto fuera de visita a casa; así que incorporándose un poco y preparándose para las diversas reacciones que aquella información pudiera generar, dio un carraspeo y procedió a hablar.

- Bueno, casi están todos ¿y Ginny? ¿Sigue en casa de Luna? – Al ver el movimiento afirmativo de la cabeza de su mujer decidió comenzar con su relato, ya más tarde alguno de los chicos pondría a Ginny al corriente. – Esta tarde ha ido Remus a buscarme, y a solicitar mi ayuda.

- ¿Le pasó algo a Remus? ¿Él está bien? – Preguntó Harry algo ansioso.

- Sí Harry, él está bien; la ayuda que me ha solicitado no es para él. – Todos lo miraban con expresiones interrogantes, pero nadie se atrevió a interrumpir, así que decidió que lo mejor era ir directamente al grano. – Es para Narcissa Malfoy, y antes de que empiecen a interrumpir, les ruego me permitan terminar. Bien, resulta que hace un par de días algunos sujetos atacaron Malfoy Manor cuando Narcissa se encontraba fuera del país, se llevaron a Draco, y hasta el día de hoy no ha sabido nada de él; así que Severus acudió a Remus para que le pidiera a Kingsley algún tipo de apoyo, pero Remus no ha podido lograrlo, así que ha recurrido a mí y obviamente le dije que sí; Percy y yo estaremos al pendiente por si surge algún dato que nos ayude a dar con el paradero del chico.

- Se los dije, les dije que algo no iba bien en ese lugar. – Exclamó Harry cuando el señor Weasley dio por terminado su discurso.

- ¿Y por qué hemos de ayudarlos? Son los Malfoy papá, ellos son, son… - Pero Ron no pudo terminar con su queja porque la voz de su antiguo profesor se escuchó proveniente de la chimenea que estaba cerca de las escaleras.

- ¿Molly? ¿Arthur? ¿Hay alguien ahí? – Y los mencionados se acercaron a la chimenea, seguidos de cerca por los tres jóvenes.

- Sí Remus querido, aquí estamos. – Dijo Molly mientras se inclinaba sobre la chimenea.

- Uhm, hola Molly, Arthur ¿qué tal?... Ahm, bien, no sé cómo decir esto; bueno, aquí va, estoy en la mansión Malfoy y Narcissa desea hablar contigo Arthur. Uhm… ¿estás de acuerdo?

- Sí está bien, no hay problema. – Y mientras tanto escuchó a quien seguramente era Snape que murmuraba lo suficientemente fuerte "Bah, Gryffindors. No sé por qué hay que pedir permiso, hubiese sido más fácil contactarlos directamente y…" y luego su voz se perdió en la lejanía. Así vio cuando el rostro de Remus era sustituido por el de Narcissa Malfoy.

- Arthur, Molly, buenas noches. Sólo quiero que sepan que estoy muy agradecida por lo que Arthur está haciendo por mi hijo, es muy importante para mí saber que podemos contar con su ayuda en estos momentos. Sé que Draco no es considerado el mejor chico del mundo, pero es sólo un niño, es mi niño y… - Todos los presentes podían notar cómo Narcissa estaba intentando contener sus emociones, específicamente que evitaba el soltarse a llorar.

- Narcissa ¿has considerado que tal vez tardaremos un poco de tiempo en lograr ubicarlo? Es decir, han pasado ya varios días y no has sabido nada. No quiero sonar cruel, pero es posible que…

- Lo sé, lo sé… pero no lo dejaré allá afuera, no me importa cómo esté; lo único que quiero es traerlo con vida o… recuperar lo que quede de él, tenerlo conmigo, verlo yo misma y no vivir imaginando si está vivo o no, si está sufriendo o no, es una sensación horrible que ninguna madre debería experimentar jamás; pero yo sé que está bien, puedo sentirlo, él aún está vivo. Y con su ayuda será mucho más fácil encontrarlo y traerlo de vuelta. Yo… sólo gracias. Por favor, seguiremos en contacto de acuerdo, lamento el haber hecho que Lupin irrumpiera de esta forma en su hogar. – Y con esto la imagen de Narcissa se desvaneció de la chimenea.

- Bueno, hablaremos mañana. Que descansen todos. – Fueron las últimas palabras de Remus antes de dar por finalizada la conexión por vía flu.

Todo el lugar alrededor se había quedado en absoluto silencio; Ron fue a sentarse junto a Hermione, quien mantenía la cabeza gacha y se encontraba apoyada sobre un brazo del sillón, y de repente todas sus ganas por hablar mal de los Malfoy habían desaparecido; Harry seguía de pie junto a un pilar ubicado cerca de la chimenea, y por alguna razón su mente había volado a aquel día en que descubrió a la señora Weasley llorando en Grimmauld Place, incapaz de repeler al boggart que se había formado delante de ella.

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Gracias por tomarte unos minutos para leer.

Me encantaría saber qué es lo que piensan; así que dudas, quejas, comentarios o sugerencias siempre son bienvenidas; las amenazas de muerte únicamente las acepto y respondo vía e-mail… XD