Este capítulo va dedicado a Merenween, Winter Rain 3, Kinary-chan, AnataYume, vivaelanime y a todos los que se toman el tiempo para leer. Espero que sea de su agrado.

Capítulo IV.

El Rescate.

El ocaso estaba a punto de ponerse, todos los presentes en La Madriguera hablaban entre ellos repasando los últimos detalles y preparándose para salir hacia sus respectivos destinos; mientras que en una esquina algo alejada del resto de los demás, Ron Weasley seguía refunfuñando en voz baja sobre el porqué Hermione no podía ir en el mismo grupo que Harry y él, - por algo eran el trío dorado ¿no? - y porqué Fred y George sí podían ir juntos.

- Si lo escucho quejarse una vez más, por Salazar, que voy a hechizarlo. – Murmuró por lo bajo Snape, más para sus adentros que para alguien en específico, mientras se frotaba las sienes de manera cansina.

- Tranquilízate, Severus; estamos a punto de partir, ya podrás hacerlo en otra ocasión. – Respondió un divertido Remus. – Aunque apuesto a que su familia no se sentiría muy feliz por ello. Y estoy seguro de que Narcissa intervendría, pero no precisamente, para defenderte o ayudarte.

- Cierra la boca Lupin. Deja de estar entrometiéndote en mis ideas y mejor ponte a movilizar a toda esa panda de pelirrojos pecosos, porque los quejidos de ese Weasley me están haciendo perder la poca paciencia que me queda.

- De acuerdo, es hora de partir. ¿Ya están todos listos? – Se giró Remus, mirando a los magos y brujas que allí se encontraban. Asentimientos de cabeza surgieron en la mayoría de ellos, ahora sólo quedaba esperar que todo saliera bien y que no fueran directo hacia una lamentable pérdida de tiempo. – Perfecto, hora de marcharnos.

_o0o_

Habían sido unos días difíciles. Demasiadas quejas – la mayoría, provenientes de los hijos de Arthur y Molly –, demasiados bufidos de frustración por parte de Severus, demasiada ansiedad y desesperación de parte de Narcissa; en conclusión, demasiada tensión en el aire como para lograr que todos los involucrados se pusieran de acuerdo.

Hacía un par de días que Percy había acudido con su padre para informarle que el Departamento de Aurores había identificado dos casas ubicadas en el Londres muggle, dentro de las cuales se detectó el uso de la magia. Pero como la cantidad y la fuerza irradiada de la misma eran demasiado bajas habían decidido ir a investigar cuando tuvieran tiempo para esas pequeñeces – como se habían referido a aquellos eventos –, así que el archivo había ido a parar en una de las bandejas que contenían los casos pendientes y que no eran considerados como verdaderas emergencias.

Una vez informado y después de haber comunicado los detalles a las personas necesarias, Arthur Weasley no se dio cuenta del momento preciso en que ya había comenzado a planear – junto con Narcissa, Severus y Remus – el rescate de Draco Malfoy. Y mucho menos notó cuando Harry y Hermione se les habían unido a esos planes. Pero algo que no pudo evitar ignorar fue cuando Fred, George y Ron también habían empezado a formar parte de dichos acontecimientos, ya que junto con ellos habían llegado la mayoría de las quejas y las dificultades.

Ron había accedido a participar de mala gana, más que nada obligado por aquella mirada que le había lanzado su madre, sí, esa mirada, la que indicaba que no aceptaría un no como respuesta y que no daba lugar a que se desarrollara una sana negociación entre ambas partes sin que él terminara en San Mungo herido de gravedad; esa mirada que te ordena lo que tienes que hacer y que no te pregunta si estás de acuerdo o no en hacerlo. Los gemelos se habían resignado a ser parte del plan de rescate, después de que su madre hablara con ellos y les diera aquel discurso de "Cuando tengan hijos lo comprenderán", aunque dentro de su muy humilde punto de vista esa charla, tanto aquí como en el mundo muggle, era y sería vista como nada más que puro vil chantaje emocional.

Así que después de saber con quiénes contarían, decidieron dividirse en dos grupos y empezar a planear las estrategias para el rescate.

_o0o_

El grupo que estaba conformado por Harry, Ron, Arthur y Severus se dirigió hacia una casa que a simple vista parecía abandonada, además de que se encontraba ubicada algo alejada del resto de la comunidad. Tenía un aspecto lúgubre y viejo, como si llevara años de no ser habitada. Desde el exterior se podía ver un extravagante y reluciente buzón que se encontraba junto a la rejilla de la entrada hacia el jardín. La casa contaba con dos pisos y una pequeña torre, casi no tenía ventanas y el patio del frente parecía una pequeña selva que incluía algunos viejos y oxidados muebles.

Atravesaron el jardín con cautela, llevando a la cabeza al antiguo profesor de pociones, quien se encargó de colocar un hechizo anti-desaparición a penas y llegaron a la puerta principal. Él mismo ejecutó un Homenum Revelio, el cual indicó que dentro de aquella casa se encontraba una persona, sin embargo, no pudo demostrar la ubicación exacta.

- Bien, ahora entraremos y nos dividiremos. Tengan mucho cuidado. – Dijo el señor Weasley depositando su mirada en Harry y Ron.

- Parece ser que también hay un sótano. Así que Arthur se encargará de la planta baja. Potter y Weasley irán a revisar cada habitación del segundo piso y la torre. Y yo me encargaré del sótano. No tengo porqué recordarles que deben de verificar la presencia de hechizos y maldiciones antes de abrir las puertas o tocar cualquier cosa que parezca extraña o fuera de lugar; así que no lo haré. ¿Entendido, Potter y Weasley?

- Vamos, Ron. – Dijo Harry después de desenfundar su varita y pasar casi golpeando un costado de Snape, mientras se dirigía hacia las escaleras seguido por Ron.

- Sigo sin entender por qué debo de arriesgar mi vida para salvar la del hurón. – Comentó Ron, mientras iban subiendo las escaleras y llegaban hasta la planta alta. – Puedes recordarme, compañero, porqué estoy metiéndome en una casa muggle que puede ser el cuartel principal de malvados mortífagos que se encuentren sedientos de venganza y sangre.

- Porque tu madre te obligó; y si no hubiera sido ella, estoy seguro de que Hermione lo habría hecho.

- Ummm, buen punto. Y… ¿cómo vamos a hacer esto de la revisión?

- Bueno, tú puedes empezar con las habitaciones y yo lo haré con la torre. Así será más rápido.

- ¿Nos separaremos? – Señaló Ron, con un ligero toque de preocupación. – Bah, de acuerdo. Pero si muero, quiero que te cases con mi hermana. Tengan muchos hijos. Y al que parezca el más bonito deberán de ponerle Ronald, puedes omitir el Bilius no es muy agradable al oído, y deberán de apodarle "El Magnífico". ¿Lo harás, Harry?

- Ron…

- Está bien, está bien. Empezaré con la habitación que está al principio. Ten cuidado, Harry.

- Tú también. - Harry subió por unas pequeñas escaleras que se encontraban al fondo del pasillo y que sin duda dirigían a la pequeña torre que se alzaba sobre la antigua construcción.

Mientras tanto, Ron se acercó hacia la primera puerta que se encontraba cerca de las escaleras por las que acababan de subir. Se encargó de aplicar los hechizos correspondientes, y al ver que la habitación era segura, se decidió a entrar con cautela. Estuvo revisándola durante un buen rato, buscando pasadizos o la presencia de antiguos hechizos realizados ahí; pero al parecer no había ni rastro de magia, ni de Malfoy. Lo único que encontró fue una gran cama sin tender y algo de ropa regada por toda la habitación.

Al ver que Harry aún no bajaba, se decidió por continuar con la segunda puerta. Algo andaba mal. Para empezar pudo notar que había un Fermaportus y un hechizo silenciador sobre la habitación. Los retiró con cuidado y asomó la cabeza muy despacio. El cuarto era algo más grande que el anterior, o al menos así lo parecía. Solamente tenía un gran sofá y una pequeña mesa de madera que contenía los restos de algún tipo de comida. Decidido, comenzó a hacer lo mismo que había hecho en la primera habitación, y vaya que se sorprendió cuando se reveló ante él una pequeña puerta que se había mantenido oculta por medio de la magia.

Ron dudó en entre llamar a Harry o abrir la puerta que acababa de aparecer en aquella habitación. Y después de unos segundos de rápida meditación, optó por echar un vistazo él solo. La puerta no se encontraba protegida, pero apenas fue abierta y Ron tuvo que luchar contra la náusea que le provocó el olor que había surgido desde adentro. Era una mezcla de olores muy desagradables. Olía a humedad, a vómito, a sangre y a muerte; o al menos eso fue lo que pensó Ron.

- Esto no se ve, ni huele, nada bien. ¡Harry! – Gritó lo más fuerte que pudo, implorándole a Merlín que su compañero ya hubiese bajado de la torre y que pronto lograra encontrarse a su lado. Al no obtener ninguna respuesta, con la varita en alto y aferrada a su mano, Ron se decidió a entrar y enfrentarse solo a lo que posiblemente podría dejarle alguna especie de trauma permanente. – Lumos. – Su varita estaba apuntando hacia una de las esquinas de la habitación y cuando la pequeña chispa de luz iluminó la imagen que se mostraba ante él, se quedó helado.

_o0o_

Draco ya no sabía cuánto tiempo había transcurrido desde que fue encerrado en aquel lugar. Lo único de lo que sí estaba seguro era que el dolor en su pierna lo estaba matando. Suponía que además debía tener mucho frío, porque su cuerpo no podía dejar de tiritar, lo suponía porque todas las sensaciones a su alrededor las percibía de forma muy distante, lejana, como si su cuerpo ya no le perteneciera, como si lo fuera abandonando poco a poco. Merlín, estaba realmente mal. No sabía si debía intentar moverse para que su cuerpo entrara en calor o si debía de quedarse hecho una bolita, tal y como se encontraba en ese momento, para que su cuerpo mantuviera el poco calor que aún le quedaba.

Decidió quedarse como estaba, porque al moverse debería de abrir los ojos, y eso era lo que menos quería hacer. No deseaba volver a ver los cadáveres de sus padres. No deseaba que esa imagen fuera la última que sus ojos contemplarán antes de partir. No deseaba llevarse ese recuerdo de ellos.

Estaba seguro de que pronto llegaría el final, se sentía muy débil y apenas podía respirar. Había comenzado a cavilar sobre lo que había sido de su vida hasta ese momento y trataba de recordar en qué punto las cosas en la maravillosa vida que llevaba junto a su familia se habían arruinado. "Ah! Sí, claro, Voldemort. Voldemort y todas aquellas promesas en las que creía mi padre". Pero, bueno, iba a morir y lo último en lo que quería seguir pensando era en él. Pensaría en sus padres, en sus amigos, en el Quidditch, en lo mucho que le gustaba pasar horas y horas montado sobre su escoba, en aquellos deliciosos bombones que su madre le enviaba al colegio cada semana, en Harry… "¿Harry?" Sí, eso fue lo que escuchó momentos antes de percibir cómo la puerta del cuarto era abierta.

_o0o_

Lo primero que vio al entrar fue la imagen de Lucius y Narcissa Malfoy sobre un enorme charco de sangre. Se quedó pasmado por unos segundos, en parte impactado por lo que sus ojos veían y en parte porque su cerebro estaba tratando de procesar aquella información.

Al comenzar a acercarse a los Malfoy que se encontraban en el suelo, estos fueron envueltos en una ligera nube negra y se transformaron en una peligrosa, enorme, peluda y nada agradable araña. Por lo visto, Ron, jamás superaría aquel temor.

- Riddíkulus. – Gritó, sujetando con fuerza su varita. E inmediatamente las largas patas de la araña se transformaron en enormes resortes que hacían balancear su pequeño cuerpo de un lado hacia el otro, y sus afilados colmillos delanteros se convirtieron en dos enormes dientes de conejo.

Teniendo al boggart momentáneamente bajo control, Ron se dispuso a guardarlo de nuevo en el baúl que se encontraba en un extremo y del que al parecer había salido.

Se giró sobre sus pies, seguro de que encontraría a Malfoy ahí dentro; porqué en serio, de quién más podría ser esa horrible imagen que había adoptado el boggart. Y cuando vio un bulto en la esquina más lejana de la habitación, supo que habían tenido éxito. Se acercó con cautela, principalmente para comprobar que se encontraban seguros y que no encontraría más sorpresitas que los pudieran poner en peligro.

- Ma-Malfoy? – Trató de hablar lo más fuerte y claro que podía, ya que parecía que su antiguo compañero de escuela se encontraba perdido en la inconsciencia. – No estás muerto ¿cierto? Anda, Malfoy, dime que no lo estás. Por lo menos espera a que alguien venga, con testigos, por favor… Oh, bendito Merlín! – Draco no se movía, pero parecía que aún estaba con vida. – ¿Qué hago, qué hago? HEY, LO ENCONTRÉ! HARRY!...

Justo cuando se disponía a gritar de nuevo para llamar la atención de alguno de los miembros de su grupo, Harry entró en la habitación.

- ¿Está vivo?

- Eso parece. No lo he verificado aún, pero creo que está respirando.

Harry se puso en cuclillas, tomando con cuidado uno de los brazos de Draco para intentar encontrar su pulso.

- Parece que está bien. Pero está muy frío. – Dijo Harry, poniéndose de pie y quitándose la túnica roja que traía puesta. – Cúbrelo. En seguida vuelvo. – Le arrojó la túnica a Ron y se dio la vuelta dirigiéndose de nuevo hacia la puerta.

- Pero, ¿a dónde vas, Harry? – Preguntó Ron algo inseguro, no le apetecía mucho el quedarse solo con Malfoy. – Creo que su nariz está sangrando.

- Voy a buscar a Snape. Tranquilo, no tardaré. Mientras, puedes intentar controlarle el sangrado.

- De acuerdo. – Ron dejó salir un gran suspiro de resignación y se arrodilló frente a Draco, intentando tocarlo lo menos posible, mientras le colocaba por encima la túnica que Harry le había dado. No estaba seguro de si su nariz había comenzado a sangrar o si así había estado desde antes que él entrara a la habitación. – Muy bien, espero que esto salga bien. – Y apuntando a la nariz de Draco, Ron susurró el hechizo. – Episkey. – Hubo un pequeño crujido y la salida de sangre se detuvo.

- Vamos, Malfoy, ya he visto suficiente muerte durante la guerra; y aunque seas tú, créeme, no deseo volver a verla. Así que… bueno, eso es, continúa haciendo eso que haces… es decir, sigue respirando, muy bien, no dejes de respirar, eso es lo importante aquí… ¡Diablos! Ni siquiera sé porqué estoy hablando contigo, tal vez ni siquiera me estás escuchando… Pero bueno, no puedes quejarte porque te estoy motivando para que sigas viviendo… Bien, ahora, ¿dónde me quedé? Ah, sí! HARRYYYY!...

Sólo había dos cosas en las que Draco podía pensar en aquellos momentos. Lo primero era que aquella persona que estaba ahí, junto a él, no podía ser ninguna de las dos que lo habían atacado en la mansión, lo que significaba que había sido encontrado y que muy pronto lograría salir de allí. Y la segunda cosa era, que a aquella persona le gustaba hacer demasiado escándalo, Merlín, ¿es que no podría dejar de hablar y gritar ni por un minuto?

Intentó reunir las pocas fuerzas que le quedaban para moverse, y logró asirse de la punta de un brazo que se encontraba a su lado derecho. Poco a poco fue abriendo los ojos, pero lo único que logró enfocar fue una macha negra, que se sobresaltó al sentir el agarre.

- ¿Ma-má? – Fue la primera palabra que logró articular, pero enseguida recordó que no podría ser su madre. Ella estaba muerta. Había sido asesinada, junto con su padre.

- No Malfoy, no soy tu madre. Soy Ron, Ron Weasley.

"¿Ron Weasley?" Ese nombre le sonaba, ¿dónde lo había escuchado antes? "¿Weasley, Weasley?" Y de pronto vino a su mente una melodiosa tonada que relacionaba a un Weasley con una corona… "¿La Comadreja?" - ¿Ron? – Y la inconsciencia hizo amago de llevárselo de nuevo.

- Hazte a un lado Weasley. – Pronunció Snape cuando entró en la habitación, e inmediatamente se dirigió hacia Draco. Estaba visiblemente agitado, ya que en cuanto Harry lo había llamado indicándole que Malfoy se encontraba arriba con Ron, no desperdició ni un segundo en subir corriendo hasta donde se encontraba el muchacho. – Draco, ¿me escuchas? – Susurró, inclinándose y tomando al chico entre sus brazos para sacarlo de ahí.

Iba cruzando la habitación con un muy pálido Malfoy entre sus brazos y con Ron casi corriendo detrás de ellos, ya que éste le había dicho que el cuarto contiguo contaba con una cama y que se encontraba mejor iluminado, cuando Harry y Arthur los interceptaron en el corredor.

- Llama a Narcissa. ¡Ahora! – Le indicó Severus a Arthur cuando lo vio de pie frente a él. En cuanto entraron en la habitación, se encargó de colocar a Draco suavemente sobre la cama y le retiró con cuidado la túnica en la que Ron lo había envuelto. Después de eso comenzó a murmurar varios hechizos mientras pasaba su varita sobre todo el cuerpo de Draco, quién al escuchar el nombre de su madre, comenzó a balbucear cosas que Severus no lograba comprender.

Después de que Arthur retirara las protecciones que habían colocado antes de entrar en la casa, envió a su patronus con un mensaje para Narcissa diciéndole que habían logrado encontrar a su hijo con vida, que Severus se estaba haciendo cargo de él y que lo llevarían a La Madriguera en cuanto estuvieran seguros de que podían movilizarlo.

_o0o_

Gracias por tomarte unos minutos para leer.

Me encanta saber qué es lo que piensan; así que dudas, quejas, comentarios o sugerencias siempre son bienvenidas; las amenazas de muerte únicamente las acepto y respondo vía e-mail… XD

Siento mucho la demora... =)