Este capítulo va dedicado a Nowaroki, AnataYume, susigabi, Mily, Kinary-chan, Winter Rain 3 y a todos los que se toman el tiempo para leer. Espero que sea de su agrado.
Capítulo V.
La Madriguera.
- ¡Merlín bendito! – Fue lo primero que salió de los labios de Narcissa al ver aparecer por la chimenea a Severus llevando a su hijo entre los brazos. Se aproximó corriendo hacia ellos sin importarle que en el camino casi derribara a Harry, quien había salido de la chimenea segundos antes que Snape. – Draco, cariño, ¿me escuchas? ¡Oh, mi niño! Está helado, Severus. – Exclamó al tomar entre sus manos el rostro sucio de su hijo. – ¿Draco?
- Será mejor que lo llevemos a San Mungo. – Interrumpió Lupin.
- ¡De ninguna manera! – Fue la respuesta inmediata y al unísono de Snape y Narcissa.
- Ni siquiera tengo la menor idea de quién o quiénes son los responsables de haberle hecho esto a mi hijo, y al parecer, ustedes tampoco lograron atrapar u obtener alguna pista sobre ello. – Señaló Narcissa, girándose para ver a Arthur y a Ron que acababan de salir por la chimenea. – Así que no lo expondré, no ahora, y mucho menos lo llevaré a un lugar tan concurrido y de fácil acceso para cualquier miembro de la comunidad mágica.
- Creo que lo mejor que podemos hacer ahora, es poner cómodo al muchacho. He arreglado la habitación de los gemelos, pueden llevarlo hacia allá. Es la primera puerta junto a las escaleras del segundo piso. Ginny, querida, indícale a Severus dónde está el cuarto de tus hermanos. – Dijo Molly, intentando calmar un poco los ánimos.
Severus fue guiado por Ginny hasta la habitación que Molly se había encargado de limpiar momentos atrás. Al entrar, depositó a Draco con sumo cuidado en una de las camas y procedió a continuar con un rápido chequeo.
Mientras tanto, Narcissa se encargaba de localizar vía flu a la sanadora McKenzie, ya que era una de las pocas personas en quien podía depositar ciegamente su confianza; puesto que ella se había encargado de la salud de Draco desde que éste era un bebé y había sido una de las pocas personas que les hizo saber que aún podían contar con su apoyo después de terminada la guerra.
- Estará aquí en un par de minutos, dijo que necesitaba juntar algunas cosas. Te agradecería mucho, Molly, si puedes permitirle el acceso en cuanto aparezca. Bajaré en seguida por ella. – La señora Weasley solamente atinó a afirmar con la cabeza, e inmediatamente después Narcissa se encaminaba en dirección a las escaleras.
- Bueno, ha sido un día muy largo. Cenaremos primero y luego todos irán a descansar. – Mencionó la señora Weasley mientras se ponía de pie y sacudía su viejo delantal rojo. – Harry, querido, espero que no te moleste quedarte en la habitación que era de Percy, mañana podremos cambiar tus cosas de lugar. Sólo será un par de días, a lo mucho, mientras el chico Malfoy es revisado y llevado a otro sitio.
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Después de que la sanadora anunciara su llegada por la chimenea y fuera presentada rápidamente a todas las personas que se encontraban sentadas alrededor de la vieja mesa rectangular que adornaba el centro de aquel pequeño, pero acogedor comedor; se dirigió inmediatamente escaleras arriba para encerrarse, por largo tiempo, en la que alguna vez fue la habitación de los gemelos Weasley.
Kirsten McKenzie era una anciana bruja sangrepura, de estatura bajita, complexión delgada, con una larga cabellera blanca que lucía algunos destellos en color plata, que llevaba siempre unas enormes gafas rojas y redondas de fondo de botella que le daban a su apariencia cierto toque de gracia, de personalidad amable y con un aura que irradiaba paz y tranquilidad.
Sus años de experiencia ejerciendo la medimagia le habían enseñado que lo más molesto de su muy amada profesión no era que el vómito de su paciente le cayera encima mientras lo exploraba, ni enfrentarse a la más extraña sintomatología derivada de algún hechizo mal pronunciado, ni siquiera toparse con un terrible caso de viruela de dragón, no señor, lo más molesto de ser un sanador era el tener que lidiar con los familiares del paciente. Por eso, juntando todo su valor y arriesgando su cansada integridad física, se decidió a dejar afuera a una casi histérica Narcissa y a un muy molesto Severus Snape mientras se encargaba de valorar a Draco.
Demoró más de lo esperado para salir y permitir la entrada de la afligida madre y su acompañante, quien no había parado de refunfuñar. El diagnóstico que les dio era extenso, pero a pesar de ello, le auguraba a Draco un buen pronóstico con una efectiva, pero lenta, recuperación.
El estado de Draco era considerado delicado, sin embargo, se encontraba estable. Para empezar, estaba deshidratado; tenía dos costillas rotas, que afortunadamente habían sido las últimas, por lo que no habían logrado dañar el pulmón ni ningún otro órgano importante; había varias magulladuras y cardenales en gran parte de su cuerpo, pero esas sanarían con el ungüento y las pociones que le recetaría. El mayor sus problemas se centraba en su pierna izquierda, la cual se encontraba multifragmentada, y sin duda alguna sería el trabajo de la poción crece-huesos acompañada de mucha poción analgésica.
- Por el momento, le he administrado poción reabastecedora de sangre y unas cuantas gotas del filtro de la paz, se encontraba muy alterado; me parece que ha estado teniendo alguna clase de alucinaciones, todo gracias a esa droga muggle que le estuvieron administrando este tiempo. Lo que Draco necesita ahora es dormir y sentirse tranquilo, así que no intenten despertarlo, tal vez duerma hasta mañana por la tarde, es normal. Por ahora le he colocado un hechizo de férula en la pierna, y en cuanto su sistema se encuentre totalmente desintoxicado, que será en uno o dos días, comenzaremos con la poción crece-huesos.
- Yo me encargaré de preparar las pociones que sean necesarias. – Comentó Severus a la sanadora, mientras que ésta terminaba de dar sus instrucciones a Narcissa.
- No sé por qué no me sorprende, mi estimado Severus. Pero está bien, por mí no hay ningún inconveniente, te dejaré anotado todo lo necesario. Volveré mañana por la tarde. Y si Draco despierta antes de que yo llegue, no permitan que se quite el vendaje torácico y mucho menos la férula, ¿entendido?
Y así, dejando las últimas instrucciones a Narcissa, entregando un largo pergamino a Snape y declinando cortésmente la invitación de Molly para quedarse a compartir la mesa con ellos, la sanadora se marchó de La Madriguera, prometiendo volver por la tarde y asegurándole a Narcissa – por décima vez – que todo estaría bien.
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Después de la cena, Harry se ofreció a lavar los platos, pero el arrepentimiento le llegó inmediatamente después de que la señora Weasley le ordenara a Ginny que lo ayudara.
- Vamos, Harry, creo que deberías relajarte o por lo menos intentar disimular un poco tu incomodidad. – Comentó Ginny, al ver que Harry secaba con demasiada fuerza los platos y vasos que iban saliendo del fregadero.
- Umm, no sé de que hablas, Ginny.
- Hablo de que si tan sólo presionaras un poco más tu secado sobre la preciada vajilla de mamá, terminarías con ella.
- Oh! Lo siento, no lo había notado, no es que yo esté… es sólo que, umm, hoy fue un día muy agitado, sí, eso es, sólo es el cansancio. – Intentó defenderse Harry al notar que en verdad se sentía un poco incómodo teniendo a Ginny tan cerca y sobre todo porque ella lo había notado.
- Harry, Harry, el hecho de que creyeras que lo nuestro no iba a funcionar y decidieras terminarlo antes de que en verdad comenzara, no significa que ahora no podamos estar en una misma habitación. Además, eres amigo de mis hermanos, el mejor amigo de Ron y tendremos que vernos día con día hasta que la remodelación en tu casa haya terminado. Y aún así seguiremos conviviendo, aunque no queramos, porque toda mi familia te quiere como si fueras uno de nosotros y estoy segura de que tú correspondes el sentimiento.
- Es verdad y lo siento, Ginny. Tú sabes que yo lo quería, lo deseaba, pero…
- Tranquilo, Harry, ya te has disculpado como un millón de veces. Yo estaré aquí, para ti. Pero no voy a estar esperándote por siempre, eso también lo sabes, ¿verdad, Harry?
- Sí. Tal vez sólo necesite algo de tiempo, y si tú estás dispuesta a dármelo, no lo sé, tal vez nosotros podríamos… - Pero Harry no pudo terminar aquella frase que tanto había añorado escuchar la chica pelirroja que se encontraba a su lado.
- Lamento interrumpir su insulsa conversación, pero en vista de que no encuentro a ningún otro miembro de su familia, me veo en la molesta necesidad de tener que recurrir a usted, señorita Weasley, para que me permita la salida de su hogar. – Interrumpió Snape, dejando ver una pequeña sonrisa de satisfacción, en cuanto vio la molestia reflejada en el rostro de la menor de los Weasley.
- ¿Es que ya se marcha?
- Oh! Una gran muestra de inteligencia por su parte, Ginevra, si estuviéramos en Hogwarts me sentiría tentado de otorgarle cinco puntos a su casa. Y sí, me marcho, aunque me temo que tendré que volver mañana por la mañana. Ahora, si puede retirar las protecciones, me gustaría marcharme antes de la próxima luna llena.
Mientras Ginny llevaba de mala gana a Snape hacia la chimenea, Harry aprovechó para apresurarse a terminar de secar los platos, y medio acomodar las ollas y demás utensilios de la cocina. Justo se disponía a huir hacia la habitación de Percy, cuando Ginny regresó.
- Espero que se vayan muy pronto. No sé qué es lo que pudo haber pasado por la cabeza de papá para atreverse a ofrecerles nuestra casa.
- Bueno, él creyó que era el lugar más seguro al que podían llevar a Malfoy. Nadie se imaginaría que se encuentra aquí.
- En eso tienes toda la razón, Harry, pero ¿no te parece extraño?
- ¿Qué? ¿El que Malfoy esté aquí?
- Sí, y el que su madre haya aceptado la oferta de papá de tan buena gana. Yo creí que para estos momentos ya se encontrarían en alguna de sus lejanas propiedades. Tal vez esté tramando algo.
- Calma, Ginny, sólo está preocupada por su hijo; no quiere arriesgarlo, ella misma nos lo dijo. Y no creo que esté planeando nada, ya suficientes problemas han tenido.
- Pues yo no estaría muy segura de eso; mientras más pronto se vayan, más tranquila me sentiré, eso de tener a asesinos en casa no me termina de gustar.
- Ya es tarde, creo que me iré a descansar. Hemos tenido suficiente por hoy. – Harry le puso fin a esa conversación, ya que no tenía deseos de seguir discutiendo con Ginny sobre las supuestas oscuras y malévolas intenciones que la madre de Malfoy pudiese estar ocultando.
- ¿Quieres que te ayude a llevar algunas de tus cosas a la recámara de Percy?
- No, gracias. Creo que deberías irte a descansar también, Hermione debe de estar esperándote aún despierta. Mañana me encargaré de cambiar mis cosas.
Y con un "Buenas noches", Harry dejó a Ginny en la cocina y se dirigió a la habitación que ocuparía esa noche.
Después de terminar de subir las escaleras y plantarse frente a la puerta que indicaba con letras grandes y doradas que esa habitación pertenecía a Percy Weasley, Harry descubrió que en verdad se sentía muy cansado, y de pronto recordó los beneficios que un relajante baño caliente le podría proporcionar a sus agotados músculos, pero fue entonces cuando recordó que toda su ropa se encontraba en el cuarto que ahora ocupaban Malfoy y su madre.
Estuvo parado un par de minutos contemplando la puerta que tenía colgado un letrero multicolor que decía "Entra bajo tu propio riesgo. No nos hacemos responsables, porque no lo somos". Y cuando por fin se había decidido a tocar y anunciar que solamente entraría a recoger un poco de su ropa, la perilla giró y Narcissa Malfoy apareció bajo el umbral.
- Adelante, Potter. ¿O pensabas pasar ahí la noche entera de pie?
- Ehm, no, lo siento. Umm, sólo necesito algunas de mis cosas.
- Ya te he dicho que puedes entrar. No te preocupes en ser demasiado cuidadoso, Draco está profundamente dormido.
- Él, ¿estará bien?
- Sí, se recuperará, mi hijo es fuerte. Además, eso fue lo que me aseguró la sanadora y confío plenamente en ella. Por cierto, Potter, lamento que por causa nuestra tu habitación se encuentre ocupada, yo espero que a más tardar la noche de mañana ya no nos encontremos aquí.
Después de otorgarle un discreto asentimiento de cabeza, Harry se dirigió en silencio a sacar algunas de sus prendas del baúl que descansaba a los pies de la cama en la que Draco se encontraba
- Potter, ¿crees que puedes quedarte con Draco un momento mientras bajo por una taza de té?
- Umm, supongo que puedo hacerlo. – Contestó Harry un tanto incómodo por la súbita muestra de confianza de parte de la señora Malfoy.
Cuando Narcissa salió de la habitación, Harry se dedicó a acomodar sobre la cama contigua la ropa que acababa de sacar, sin saber que los recuerdos de lo anteriormente vivido comenzaban a hacer mella en el subconsciente de Draco.
- ¡No, basta! – Fue el grito que salió a través de los labios de Draco, haciendo que Harry diera un respingo - ¡Por favor, no!
Harry se acercó a Malfoy tratando de tranquilizarlo, pero el chico se encontraba atrapado dentro de sus pesadillas, así que Harry tuvo que sostenerlo de los hombros para lograr inmovilizarlo y evitar que él mismo se hiciera algún daño.
De pronto, Draco dejó de gritar y abrió los ojos, sentía como si no los hubiera abierto en mucho tiempo, la pesadez en sus párpados era demasiada; al principio no pudo ver nada, y el hecho de que el lugar en el que se encontraba no estuviera muy iluminado no ayudaba mucho, pero poco a poco logró enfocar su alrededor y cayó en cuenta de que no se encontraba en casa, y la prueba definitiva la obtuvo cuando vio a Potter y sintió como éste alejaba sus manos de él.
- No te vayas. – Murmuró Draco, sujetando con fuerza una de las manos que estaban próximas a alejarse de él.
- Tranquilo, Malfoy, estás a salvo.
- ¿Draco? – Narcissa se encontraba en el umbral de la puerta sosteniendo entre sus manos temblorosas una pequeña taza con té.
- ¿Mamá? – Respondió Draco, intentando incorporarse para asegurarse de que sus oídos no le estaban jugando una mala pasada. Y cuando vio a su madre aproximándose hacia él, hizo el amago de levantarse, pero una descarga de dolor se lo impidió. Harry se soltó del agarre de su mano y dio unos cuantos pasos hacia atrás cuando sintió a Narcissa situarse a su lado.
- Tranquilo, cariño, ahora estás conmigo. Estarás bien, todo estará bien, lo prometo. Te lo prometo, Draco.
Harry tomó sus cosas y se dirigió hacia la puerta cuando la mano de Narcissa sobre su hombro le detuvo.
– Potter, gracias. – Y con eso Harry salió de la habitación decidido a tomar una muy larga ducha.
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Gracias por tomarte unos minutos para leer.
Me encantaría saber qué es lo que piensan; así que dudas, quejas, comentarios o sugerencias siempre son bienvenidas; las amenazas de muerte únicamente las acepto y respondo vía e-mail… XD
