Sam se sentó en la silla frente a la mesa de Bobby, después de dar vueltas por la habitación durante más de diez minutos en completo silencio. Se restregó los ojos con fuerza, como si así pudiera sacar algo en claro del lío que había en su cabeza.

"¿Cómo demonios ha pasado esto?" Miró con fuerza a Castiel; pues en ese momento todo lo que quería darle una buena tunda al ángel.

"No lo se, ni siquiera pude verle. Fue demasiado rápido, apareció en la puerta y se llevó a tu hermano. Eso es todo lo que se."

Castiel apartó la mirada del menor de los hermanos, pues no podía soportar el odio que aquellos ojos le transmitían. Después de todo él mismo se odiaba por lo que había ocurrido. Si se trataba de un demonio, si un demonio se había llevado a Dean, prefería no pensarlo, aunque no podía evitarlo.

Muchas veces se había preguntado cual era la sensación que tenían los humanos cuando tenían pesadillas. Ahora por fin lo sabía, aunque con los ojos abiertos, aunque estaba despierto, pues los ángeles no dormían; por su mente pasaban continuamente las horribles imágenes de aquello por lo que podía estar pasando Dean.

Cerró los ojos y se dio la vuelta.

"Cass, necesito algo, necesito que hagas memoria y me digas algo que nos pueda ayudar para encontrar a Dean."

"Lo siento pero no tengo nada, lo que quiera que fuera aquella criatura, demonio o no…"

"Cass." Sam ya había pensado lo que podría estar ocurriéndole a su hermano si eran demonios lo que habían dado con él. tal vez usar a Dean, torturarle e incluso matarle, podría ser una forma de vengarse de Sam.

"Lo siento, pero lo único que se me ocurre es que sea un demonio. Ninguna criatura podría ocultarse de mi, a menos que fuera un demonio claro está."

Sam miro a Bobby, necesitaba encontrar alguien que le dijera que todo iba a salir bien, alguien que le diera esperanzas. Porque a esas alturas de la guerra por el fin del mundo, perder a Dean era lo único en lo que no podía pensar, pues en el mismo momento en el que perdiera a Dean, todo su mundo dejaría de existir para siempre.

"Vamos a encontrarle." Contestó su veterano amigo, después de haber leído los ojos suplicantes del muchacho. "Sólo necesitamos un poco de tiempo y un par de buenos contactos."

"¿A que te refieres?"

"Ya pensaba que os habíais olvidado de mi."

"Bobby, no habrás…"

Sam se dio la vuelta, sin poder creer que realmente estuviera escuchando aquella voz. No es que Crowley le cayera mal por ser un demonio sin más; aunque ese era un buen motivo para estar alejados de él. El problema era que Crowley nunca daba nada gratis.

"Lo siento Sam, pero no se me ocurría otra cosa para poder encontrar a Dean." Bobby miró a demonio, tampoco confiaba en Crowley, pero de alguna manera sabía que era su única opción.

"Vega chicos no me miréis así. ¿Acaso alguna vez os he mentido?"

Mientras Bobby y Sam miraban la escena sorprendidos, Castiel sujetó del cuello de la chaqueta a Crowley y lo llevó hasta la pared.

"Si sabes algo del paradero de Dean, espero que lo digas ya, porque no estoy dispuesto a aceptar sus impertinencias."

"Así, que es cierto." Castiel no sabía de lo que hablaba, pero tampoco quería perder tiempo con sus juegos. "El ángel está enamorado del cazador. No quería creérmelo, pero sólo hace falta mirar en tus ojos para saberlo."

"¡Sabes algo?"

"Es posible que sepa algo, pero si quieres esa información, yo también quiero algo a cambio."

- o -

Dean abrió los ojos. Estaba en el suelo, un suelo frío y húmedo. Miró a su alrededor intentando averiguar donde se encontraba. Se dio la vuelta y tocó el suelo de piedra, elevó la mirada pero no había ventanas cerca. No sabía como había quedado inconsciente, pero la cabeza le dolía lo suficiente como para suponer que alguien le había golpeado.

Había una puerta delante de él y bajo ella había luz, alguien estaba al otro lado. Se acercó a ella, aunque tuvo que hacerlo a rastras pues todo le daba vueltas; desde luego le habían golpeado bien.

Unos pasos se acercaron a la puerta, por lo que Dean tuvo que retroceder, hasta pegar la espalda a la pared. Estaba fría y dura. Entonces se dio cuenta, al intentar volver a moverse, una argolla estaba sujeta a su pierna y le impedía moverse con normalidad.

"¿Dónde estoy? Maldita sea Cass ¿Dónde te metes cuando te necesito?" Se tocó la cabeza mientras los pasos seguían acercándose a él. Notó la herida, el golpe y la sangre seca. "Vamos Cass, se que Sam y tu podéis encontrarme aunque no sepa."

Todavía le dolía pensar en Castiel después de lo que había visto en sus propios recuerdos, su padre besando al ángel, Castiel conociéndolo desde que era un niño; en un momento todo se había vuelto complicado, imposible de comprender, doloroso incluso; pues ahora que él también tenía una relación con el ángel; el asunto se había vuelto una completa locura.

¿Por qué tenía que ser todo en su vida tan difícil? ¿No tenía bastante con estar viviendo el fin del mundo que cuando se enamoraba de alguien tenía que haber estado primero con su padre?

Lo acababa de decir, aunque sólo fuera en su mente, pero había dicho que estaba enamorado de Castiel. Si, le quería como no había querido a nadie en su vida, pero se había dado cuenta que ya no podía ser, no cuando su padre también le había querido.

La puerta se abrió y Dean dejó de darle vueltas a sus pensamientos. Vio una sombra, se parecía mucho a la sombra que había visto en la puerta de la habitación, justo antes de perder el conocimiento.

"¿Quién eres?"

La sombra dio dos pasos más y cerró la puerta tras él sin decir nada. Dean lo miró, observándolo como si de un depredador esperando el momento para saltar sobre su presa; aunque en este caso el depredador estaba hecho polvo.

"¡Contéstame!"

"Tómatelo con calma, hijo."

Dean ahogó un grito. Tenía que estar soñando, aquello no podía ser real, pues si había alguna cosa que sabía a ciencia cierta, era que su padre estaba muerto, que había dado su vida por él. Ese no podía ser su padre.

La presencia que tenía delante, todavía en la oscuridad, se agachó y se arrodilló frente a Dean. El muchacho trató de separarse todo lo que pudo de aquel hombre, pero la pared no se permitió.

"Si no dejas de forcejear, te vas a hacer daño."

"¿Quién eres? Porque si algo tengo por seguro ahora mismo, además de que te voy a matar en cuanto este libre, es que no eres mi padre."

Luchó con la argolla que le sujetaba el pie, pero lo único que consiguió fue hacerse daño a si mismo. No podía apartar la mirada de aquel hombre. Parecía tan real, pese a estar oscuro y que toda la iluminación en la habitación fuera una pequeña linterna que el hombre llevaba en la mano.

"Hijo…"

"No vuelvas a decir eso, no soy tu hijo."

"Siento que digas algo así, porque eres mi hijo, yo soy John Winchester y aunque no te lo creas, tenemos mucho de lo que hablar." Puso la mano sobre la cabeza de su hijo, como si todavía fuera un niño. Dean se apartó y de haber podido, le habría matado allí mismo con la mirada.

"Aléjate de mi y dime quien eres y que es lo que quieres."

"Ya sabes quien soy y en cuanto a lo quiero… es pronto para hablar de ello."

"Si realmente res mi padre, cosa que desde luego no creo, entonces podrás contarme que es lo que hiciste con Castiel cuando yo era un niño. ¿Por qué nunca me lo contaste?" John tensó el gesto y eso sorprendió al joven cazador, pues al hombre parecía dolerle que su hijo supiera eso. "¿Te tirabas a Castiel?"

"¿Dean como puedes decirme algo así?"

"Si eres mi padre lo sabrías, lo vi en un sueño, lo recordé. Tu y Castiel teníais un relación. No vas a conseguir engañarme con tus malditas mentiras."

Dean sonrió entre aliviado y preocupado, ya se sentía mucho mejor, pues aquella persona que se hacía pasar por John Winchester, no era su padre; pero al mismo tiempo, ahora se encontraba sólo, en un lugar que podía estar perdido en medio del infierno y lo más probable sería que Castiel y Sam nunca fueran capaces de encontrarle.

"Piensa lo que quieras, pero ahora mismo, yo soy tu única esperanza de salir con vida de aquí. Créeme o no, es tu decisión, pero sin mi, jamás saldrás vivo de aquí."

John se levantó y la pequeña luz que le rodeaba desapareció en cuanto apagó la linterna que llevaba consigo. Dean mantuvo la mirada en él, pues aunque no se lo quisiera creer, aquel hombre era igual que su padre, su misma voz, su misma forma de moverse, todo correspondía con John Winchester y aunque Dean quisiera pensar de otra forma; tampoco podía dejar de pensar en lo que sus propios sentimientos le decían, lo que sentía al ver de nuevo la figura del padre que se había sacrificado.

Su corazón no había dejado de latir con fuerza desde que había escuchado su voz de nuevo, la forma en la que le había sonreído, como de nuevo Dean se hubiera convertido en el pequeño Deannie al que su padre había educado para ser el mejor cazador posible.

Deseaba decirle tantas cosas, incluso quería reprocharle haberle abandonado, no haberle dejado elegir si quería vivir con la conciencia machada con la sangre de su padre. Se mordió el labio, todavía lo vio un momento más cuando John abrió la puerta de la pequeña celda en la que estaba el cazador.

"Volveré más tarde, cuando la cosa esté más tranquila por aquí; pero no se te ocurra intentar escapar sería mucho peor."

"¿Quién eres? No se te ocurra marcharte así sin más, sin decirme quien coño eres." John miró un momento más a su hijo. Si pudiera contarle todo lo que estaba ocurriendo y lo que sabía…

"No te conviene saber nada por el momento, pero te prometo que te sacaré de aquí."

"¡Eh! No salgas por esa puerta sin decirme nada."

Dean se incorporó para ir a por John pero la argolla que sujetaba su tobillo le hizo caer de nuevo. Le dolía la cabeza, el golpe había sido muy fuerte, tal vez tenía una conmoción, porque a cada segundo que pasaba le era más difícil mantener los ojos abiertos. Pero aún así, no dejó de mirar a John, si por una extraña casualidad, era realmente su padre, no quería volver a perderlo.

"En cuanto a Castiel," John pensó unos segundos antes de contestar, preguntándose si era buena idea o no, decirle la verdad a su hijo; pero ya que no había podido hacerlo en su momento, no quería volver a perder la ocasión. "Si, estuvimos juntos, pero siempre supe que os unía algo muy grande a ti a él. Si hubieras visto como te miraba cuando te creciste, nunca pudo ocultarlo; te quiso desde el primer momento; supongo que sabía en quien te convertirías.

"Papá…" susurró el cazador antes de quedar tendido en el suelo.

todavía vio la sombra de John salir de la habitación y cerrar la puerta tras él. No pudo aguantarlo más y cerró los ojos agotado.

"Te quiso desde el primer momento. Si hubieras visto como te miraba cuando creciste." Las palabras del hombre que se hacía pasar por su padre lo condujeron a un profundo sueño.

Quedó allí, en el suelo de la habitación, sin saber si algún saldría de allí o si en algún momento volvería a ver a su hermano o a Castiel.

"Cass, ayúdame."

Después nada, silencio y quietud absoluta en el cuarto.