El ruido de una puerta metálica al cerrarse de golpe despertó a Dean. Abrió los ojos, pero no reconoció el lugar. Ya no estaba en aquel pequeño espacio cerrado en el que le habían retenido durante más de dos días.
Ahora se trataba de una nueva habitación, en la que tan sólo había una especie de mesa quirúrgica donde lo habían colocado a él. Estaba atado a la mesa, los dos brazos y las dos piernas bien sujetas, sin permitirle posibilidad de movimiento alguno. Aún así, lo intentó, trató de desatarse, pero lo único que consiguió fue hacerse daño a si mismo.
Sintió un terrible dolor allí donde había estado la argolla que sujetaba su tobillo. No estaba seguro si tan sólo estaba lacerado o le había ocurrido algo más. Ni siquiera lo podía ver.
Escuchó pasos, pero no podía ver a quien correspondían, ya que aquella persona estaba justo detrás de él, sobre su cabeza.
"¿Quién está ahí?" Soltó Dean con fuerza.
"No gastes todas tus fuerzas ahora, cazador. Las vas a necesitar." Sin duda sonaba a la voz de un hombre, pero no la reconoció. Tal vez si le viera el rostro, pero estaba detrás de él, acercándose pero todavía lejos como para verle la cara.
"Dime quién eres y qué es lo que quieres de mí."
Dean escuchó al hombre reirse y acercarse un poco más a él.
"Todo a su tiempo muchacho, tu padre ya nos dijo que eras muy testarudo. Espero no tener que bajarte esos humos." Colocó las dos sobre los brazos de Dean y apretó con fuerza hasta escucharlo protestar. "Vas a portarte bien, ya lo verás y vas a dejar de hacer preguntas."
"Si le habéis hecho algo a mi hermano." Dean trató de incorporarse, pero las cuerdas lo sujetaban demasiado bien. Deseaba con todas fuerzas ver la cara del hombre al que mataría en cuanto fuera libre, pero no había forma. "Seas quien seas, aléjate de mi familia."
Un fuerte dolor en el brazo se apoderó de él cuando algo le cortó la piel y un momento más tarde notó la sangre corriendo. Se mordió el labio, no iba a darle la satisfacción de protestar, por mucho que aquello le hiciera daño.
"Es una verdadera pena que hables de tu familia y todavía incluyas a ese ángel." Le dijo al oído, para un momento más tarde apartarse de él.
"¿Qué demonios quieres decir con eso? ¿Qué tiene que ver Cass con todo esto?" Nadie le contestó por mucho que levantó la voz. El hombre se había marchado y le había dejado solo en la habitación.
Su carcelero cerró la puertas tras él, donde le esperaban dos personas más. Entre las sombras, John Winchester miró a través de la pequeña ventana con la que contaba la puerta a su hijo.
"¿Realmente era necesario inocularle la sangre? No sabemos que efectos tiene en los seres humanos." Dijo sin apartar la mirada de su hijo. Si al menos pudiera hacer las cosas de otra forma; Dean no tenía porque sufrir tanto por un error suyo.
"Sabemos como actuaba en tu otro hijo." Dijo el carcelero con una horrible sonrisa dibujada en la expresión de su rostro. "Ahora vamos a ver como actúa la sangre de demonio en un ser humano normal y corriente."
El hombre sacó un pañuelo del bolsillo y comenzó a limpiar la sangre del cuchillo, la de Dean, que se había mezclado con la original de demonio. Hacía mucho que disfrutaba tanto con un trabajo, era una pena que su buen amigo Gordon no pudiera verlo ahora.
Gordon le había hablado mucho sobre los hermanos y sobre su padre, al que había seguido, por creerlo uno de los mejores cazadores que existían. Gordon decía que el viejo cazador Winchester se había vuelto un blando y que el amor por sus hijos era lo que lo había matado. Aún así le gustaba escuchar aquellas historias sobre la familia de cazadores.
Desde entonces, cuando el joven Jordan no era más que un cazador aficionado, pues ahora tenía casi la misma edad que Dean, se había dedicado a vigilar cada uno de sus pasos, a estudiar sus movimientos, sus costumbres y su forma de enfrentarse a lo sobrenatural. Nunca le habían descubierto o, tal vez, le habían visto pero nunca le habían prestado atención.
Eso le había permitido conocer todos sus movimientos y más de lo que Gordon nunca hubiera esperado averiguar, como la relación de Dean con aquel ángel, la misma que Castiel había mantenido con su padre o la afición de Sam por la sangre de demonio.
Habían matado a Gordon. Los Winchester habían matado a su mentor, a su mejor amigo podría decir, y tenían que pagar por ello. Podría haberlos matado muchas veces, no habría sido nada difícil, pero eso no hubiera supuesto ningún riesgo para él, ni una forma aceptable de honrar la memoria de su maestro.
Durante mucho tiempo había pensado cual sería la mejor forma de hacerles daño, porque matarles, tan sólo les quitaba sufrimiento y tampoco iba a ser el primero que los matara de todas formas. No, tenía que ser algo diferente, algo más profundo, algo que les rompiera el corazón a los dos hermanos.
Entonces lo supo. era muy fácil, estaba delante de él y no lo había visto todavía. Pero ahora que lo había conseguido, las cosas parecían ser mucho más simples. Primero tenía que conseguir a John Winchester, había muchos hechizos, había leído sobre resurrección y dominación de los muertos, que más podía destrozar a los hermanos, que ver como alguien utilizaba a su padre muerto.
Pero eso no era bastante, Dean había sido un cazador horrible con Gordon y si el mayor de los hermanos odiaba al demonio que había matado a su padre, Jordan sentía lo mismo hacia el hombre que había traicionado la confianza de Gordon.
Y para acabar con él de una vez por todas, tenía que destrozarle el corazón y para eso necesitaba la ayuda de cierto ángel. Sabía muy bien que Castiel jamás lastimaría a Dean conscientemente, por lo que tenía que hacer creer a Dean que así era.
"Sabes que Sam no se quedará con los brazos cruzados. Y no creo que Castiel sea muy considerado contigo."
Jordan se volvió hacia John con el cuchillo en la mano apuntándole, como si pudiera herir con él a un muerto. Sonreía, la misma sonrisa horrible y diabólica con la que había dejado a Dean en la otra habitación.
"¿Crees que no lo sé? Pero no creo que Dean quiera tener muy cerca a su querido ángel cuando yo haya terminado con él. Me han dicho que las visiones que produce la sangre de demonio son muy reales y, generalmente, bastante horribles para los que las sufren."
"Sam te matará."
"Sí, pero será divertido ver su cara cuando Dean mate primero a Castiel." El cazador se apoyó en la puerta, contando los segundos que faltaban para que los efectos de la sangre de demonio comenzaran a funcionar en Dean.
"Cass, gracias a Dios que has venido." El cazador miró a John al escuchar la voz de Dean al otro lado de la puerta.
John miró por la ventana. Tal y como había supuesto, su hijo estaba solo en la habitación, pero tenía la cabeza levantaba y hablaba con alguien que formaba parte de la nada. Apretó con fuerza los puños, pues lo único que quería hacer en ese momento, era entrar en la habitación y sacar a su hijo de allí. Ya lo había hecho una vez, ya se había saltado una vez la vigilancia del hombre que lo había traído de vuelta al mundo de los vivos, tal vez podría hacer otra vez.
"Ni lo pienses John." Dijo Jordan como si hubiera leído la mente del cazador. "¿Crees que no sé que entraste a ver a tu hijo? ¿Cómo crees que le sentó saber que estás trabajando con el hombre que le está torturando? Solo puedo darte las gracias por lo que hiciste, pero no se te ocurra volver a hacerlo. Ya sabes que te puedo mandar directamente al infierno con una sola palabra."
Ni siquiera miró a John cuando dijo eso. Sus palabras fueron suficientes para contener al cazador muerto. Además, el padre de los dos hermanos estaba demasiado concentrado en ver a su hijo, como para tratar de hacer o decir nada. Dean se intentó levantar una vez más desde la mesa, pero las cuerdas tiraron de él le hicieron tumbarse de nuevo.
"Cass ¿Qué coño te pasa? ¿Qué es lo que estás haciendo?" Al escuchar el grito de Dean, John apretó la mano contra la puerta metálica, como si pudiera atravesarla, con más fuerza cada vez que escuchaba gritar a su hijo, pero no pudo hacer nada, pues como si de un genio atrapado en una botella se tratara, no podía hacer nada sin que Jordan se lo ordenara. "¡Cass por favor, no!"
"Acaba con esto" Protestó John mientras los gritos de su hijo seguían escuchándose cada vez con más fuerza. "Si quieres que mate a Castiel no tiene ningún sentido que lo mates ahora."
"Supongo que tienes razón, pero es tan divertido."
"¡Cass por favor!"
"¡Detente ya!" John sujetó a Jordan de la camisa y llevó contra la pared. "Podré ser tu prisionero pero ese sigue siendo mi hijo." Jordan comenzó a reír aparatosamente, mientras observaba el odio en la mirada de John. El cazador estaba sufriendo, su hijo estaba sufriendo y seguramente Castiel y Sam estarían sufriendo ¿qué más podía pedir?
"¡Papá!" Gritó Dean al sentir el dolor en todo su cuerpo.
- o -
Castiel estaba allí, lo veía sonreír, pero su expresión no era natural, no era la que él conocía, no eran los ojos de los que se había enamorado aunque no se lo hubiera dicho todavía. No eran las mismas manos, que ahora le estaba haciendo tanto daño con aquel cuchillo y sus poderes, las mismas entre las que se había quedado dormido.
Estaba solo, atado, incapaz moverse y el hombre al que había creído amar durante tanto tiempo, no solo le había escondido la relación que había tenido con su padre, sino que ahora… ¿Por qué le estaba haciendo aquello? ¿Por qué le estaba torturando como si de un demonio se tratara en lugar de ayudarle?
Cada uno de los cortes, cada uno de los golpes o cada una de las veces en las que el ángel usaba sus poderes en contra de Dean, el cazador sentía que se moría un poco más.
"Cass, ya era hora." Había dicho al verlo aparecer, mientras la habitación le daba vueltas. Pero el ángel no había contestado, tan sólo había sacado el cuchillo con el que había acabado con más de un ángel y se acercó a Dean. "¿Se puede saber que te pasa? Vamos sácame de aquí."
Pero las palabras desaparecieron pronto cuando Castiel asestó el primer corte. La sangre corrió pronto por el vientre de Dean, pero nada serio. Dean miró a su amante, no podía ser él, no podía tratarse de Castiel, porque sabía que le quería. En realidad sabía que por eso le había ocultado su romance con John, para no hacerle daño. Así que ese no podía ser Castiel.
"Me han drogado. Me han tenido que drogar."
Pero el dolor se hacía más intenso, los golpes, los cortes y sobretodo, en el fondo, la vergüenza porque fuera Castiel el que estuviera haciendo aquello. Desvió la mirada cuando su cuerpo empezó a flojear. Se había prometido que no gritaría, que no se quejaría, que no les daría esa satisfacción a los que le estaban haciendo aquello, pero cada vez se había más insoportable.
"Me han drogado, me han drogado." Volvió a repetir como si se tratara de un mantra.
"No seas crío Dean, con todo lo que hemos hecho, con todo lo que se de ti, puedo darte mil pruebas para que sepas que soy yo. Después de lo de la semana pasada… dijiste que no hablaríamos nunca más de eso, pero se que te gustó y que lo repetiremos." Dean abrió los ojos de golpe, aquello había sido algo personal, algo íntimo que nadie más sabía.
Entonces tendría que ser cosa de su mente. Pero cuando la mano de Castiel rozó su cuerpo lentamente y se quedó sobre su entrepierna, Dean sintió que pese a los golpes y el dolor, su cuerpo se excitaba.
"Para que luego pienses que soy producto de tu imaginación." Volvió a susurrar el ángel.
Se incorporó, miró al cazador y pasó el cuchillo rozando su garganta, como si fuera a degollarlo. se recostó sobre él y le besó en los labios con intensidad mientras sonreía con malicia.
"Vas a ser siempre mío, Dean. Haré contigo lo que quiera, igual que hice con tu padre y cuando me canse de un humano tan débil, haré lo mismo que le hice a él, conseguiré que alguien haga el trabajo sucio por mí y me desharé de ti."
"A mi padre lo mató un demonio, Azazel y yo acabé con él."
"¿Y quién crees que le dijo donde encontraros? Azazel era un tipo bastante tonto, tuve que darle las cosas mascadas."
"Tú…"
"Sí, digamos que yo mate a tu padre."
El cuchillo atravesó la piel y la carne del brazo de Dean, pero no dolió tanto como aquel descubrimiento.
- o -
"Si sabes donde está Dean, será mejor que empieces a hablar." Sam miró a Castiel buscando respaldo a lo que estaba diciendo.
Castiel dio un paso adelante hacia el cazador, que sostenía a Crowley por las solapas de su gabardina y el demonio levantó las manos.
"Muy bien, no hace falta que me tires. Lo único quiero es asilo. Por si no te has dado cuenta tengo a todos demonios que os podáis imaginar buscándome, por no hablar de los ángeles. Busco un lugar en el que quedarme, un lugar seguro."
"¿Sólo eso?"
Castiel observó al cazador. Sentía la misma rabia que él, pero no estaba seguro si confiar en un demonio era lo más seguro. Por eso se mantuvo en silencio, esperando ver lo que ocurría.
"¿Ves? No pido mucho a cambio de la vida de tu hermano."
Crowley había desaparecido de las manos de Sam cuando el cazador quiso darse cuenta, pues Castiel lo había llevado hasta la pared. Algunos de los libros de Bobby habían caído al suelo, pero nadie dijo nada.
"Tal vez pienses que la vida de Dean no valga más que eso." Le sostuvo por el cuello y lo levantó del suelo. "Pero la tuya depende de que le encontremos sano y salvo. Un rasguño, una herida, un golpe en su cuerpo y te mataré."
Castiel se sentía absolutamente culpable por haber perdido a Dean. Si no hubiera descubierto su relación con John, si no la hubiera tenido cuando descubrió que estaba enamorado de ese muchacho, las cosas hubieran sido muchos más fáciles y ahora no tendría que sufrir por pensar que podría perderle o, peor aún, que Dean podría estar ya muerto.
"¿Dónde está Dean?"
