Todo pasó demasiado rápido, tanto que Sam no pudo reaccionar, sino que se convirtió sin quererlo en un simple testigo de lo que estaba ocurriendo. Castiel había desaparecido del coche con su habitual desvanecimiento de ángel. El otro coche bajó la velocidad, pero no se detuvo cuando abrió una de las puertas traseras y tiró un bulto a la carretera.
Sam lo comprendió en seguida, pues un segundo más tarde, se dio cuenta que no se trataba de un simple bulto, sino que su hermano estaba rodando por la carretera, hasta quedar convertido en poco más que un muñeco roto.
Dio un volantazo al coche y lo paró en seco y salió corriendo; para cuando llegó hasta Dean, Castiel ya estaba con él, se había quitado la gabardina y la había puesto sobre el cuerpo magullado del cazador. Sam lo miró; hasta ese momento no se había parado nunca a pensar en él como algo más que un buen amigo para Dean, el mejor incluso.
Sin embargo, al ver ahora al ángel arrodillado junto a Dean, protegiéndolo como si de un cachorro herido se tratara, una de las manoas acariciando su mejilla, la otra sobre su pecho comprobando su corazón, Sam se preguntó si no habría algo más que no había visto hasta ese momento, algo entre su hermano y Castiel que los unía de una forma mucho más íntima.
"¿Cómo está?" Preguntó finalmente Sam, arrodillándose junto a Castiel.
"Será mejor que llamemos a una ambulancia, sea quienes sean los que le han hecho esto, sabían lo que hacían." Contestó Castiel, sin tan siquiera levantar la vista del cuerpo del cazador, como si temiera que al dejar de mirarlo, Dean desaparecería.
Escuchó los pasos de alguien acercándose y al volverse, vio a Bobby y Crowley acercarse hacia allí. Se levantó del suelo rápidamente y pasó junto a Bobby, sin escuchar lo que el cazador le decía. Fue directamente a por Crowley y lo arrastró hasta el coche.
"¿Tu lo sabías? ¿Sabías que le harían algo así?"
"¡No! No tenía ni idea para que querían a Dean, además no se lo que le han hecho." Crowley pensó si el ángel sería capaz de intentar matarle allí mismo, pues nunca había visto a uno con aquellos ojos llenos de odio, aquella expresión que buscaba venganza. "¿Qué le ha ocurrido?"
Castiel le soltó de golpe, no estaba dispuesto a hablar con Crowley de algo así. Quería golpearle, quería hacerle pagar por lo que le habían hecho a Dean, pero si lo hacían entonces Sam y Bobby comenzarían a hacerle preguntas que no estaba preparado para contestar.
Volvio de nuevo hasta Dean, mientras escuchaba de fondo el sonido de la ambulancia. El cazador se removió en el suelo, poco a poco estaba recuperando la conciencia.
"Tranquilo, Dean, tranquilo." Le dijo Sam para intentar calmarlo. Puso una sobre el pecho al escucharlo protestar y lentamente, Dean comenzó a abrir los ojos. Sam sonrió, aunque el miedo no se iba de su pensamiento. "Dean."
"Sammy."
"Si, soy yo." Dean intentó ponerse en pie, pero el dolor en todo su cuerpo era demasiado grande como para hacerlo. Se quedó donde estaba, escuchando la voz de su hermano, que lo mantenía consciente. "No intentes moverte, te acaban de tirar de un coche en marcha, eso es nuevo, incluso para ti."
Al echarse a reír, Dean comenzó a toser y un hilo de sangre cayó por la comisura de sus labios. Sam miró a Castiel, aquello no podía significar nada bueno y por un momento, temió que tuviera alguna hemorragia interna por la caída desde el coche, justamente lo mismo que vio en la mirada del ángel, una tremenda y enorme preocupación por Dean, como su hermano había visto nunca en Castiel.
En cuanto paró ambulancia y aparecieron los médicos, les hicieron retirarse y rodearon a Dean. Comenzaron a hablar entre ellos, pero ni Sam ni Castiel les escucharon, pues sus ojos y todo su pensamiento estaba puesto en Dean y en lo que había pasado para llegar allí.
Había pasado casi dos días en paradero desconocido, sin que ninguno de ellos, ni siquiera Castiel supiera algo de él. Sam había olvidado las veces que se lo había llegado a preguntar al ángel, pero la respuesta siempre había sido la misma, Castiel no sabía nada y precisamente eso, era lo que más daño estaba haciendo a Castiel, haber perdido a Dean, saber que su vida había estado en peligro y ver el estado en el que se encontraba ahora y no haber podido hacer nada al respecto.
"¿Sabes como está?" Preguntó Sam en voz baja. "Quiero decir, tienes poderes, eres un ángel y habrás podido comprobar como está." Estaba empezando a hablar demasiado rápido lo sabía, estaba nervioso y no era para menos, pues no podía dejar de pensar que su hermano saldría de aquella.
El ángel no dijo nada, no contestó, tan solo se movió hacia la camilla en la que habían colocado a Dean y cogió su mano. La apretó con fuerza, si Dean estaba inconsciente otra vez, al menos quería que supiera que estaba allí con él. No le era necesario conocer los comportamientos humanos para saber lo que sentían en momentos como ese.
Sin necesidad de pensar en nada, sentía su corazón destrozado, no solo porque alguien le hubiera hecho daño a Dean, sino porque en cierta forma se sentía absolutamente culpable.
De repente, Dean abrió los ojos, le costó enfocar lo que veía. Desconocía donde estaba, pero notaba el frío de la noche se obre su cuerpo dolorido. Si era de noche, aunque no sabía como había salido al exterior. Vio una sombra delante de él y todavía le costó unos segundos verlo con claridad.
Al hacerlo, quiso salir corriendo, pero todo le dolía demasiado como para intentarlo siquiera. No podía ser cierto, esperaba estar muerto una vez que Castiel lo dejara; pero allí estaba mirándole, cogiéndole la mano como si estuviera preocupado por él.
"¿Qué coño quieres de mi ahora? No has tenido bastante con lo que me has hecho?"
"Dean, soy yo Castiel. ¿De que estás hablando?"
"No te hagas el tonto ahora y aléjate de mi. ¡Vete! Me has jodido la vida y ni siquiera me has dicho cual era el motivo. ¿No tuviste bastante con acostarte con mi padre, que ahora tenías que venir a por mi. Al menos déjale en paz de una vez. ya está muerto, deja su espíritu tranquilo."
Al escuchar los gritos, Sam se acercó y vio a Dean, consciente, pero con el rostro lleno de dolor, los médicos tratando de sujetarle y Castiel pálido, como no lo había estado nunca dio un par de pasos hacia atrás, alejándose de Dean.
"Eh Dean, tranquilo, te vas a hacer daño." Sam vio a cercarse a uno de los médicos hasta su hermano y observó que le ponía un tranquilizante. Dean se quejó al notar el pinchazo, pero cayó fulminado en la camilla a los pocos segundos. "Todo va a salir bien, te lo prometo hermano." Le dijo a Dean, aunque estaba seguro que ya no le estaba escuchando.
"No se preocupe este tipo de reacciones son normales cuando se ha pasado por un trauma semejante." Dijo uno de los médicos mientras subían a Dean a la ambulancia. "¿Son familiares?"
Sam se volvió hacia Castiel, esperando que dijera algo al respecto, pero el ángel tenía la mirada baja en el suelo, su rostro pálido, convertido en una estatua de mármol, recordando una y otra vez las duras palabras del cazador, que ni siquiera sabía de donde venían.
"Lo siento, pero nos tenemos que ir, el paciente está realmente mal." Sam miró un segundo más a Castiel y al final puso su mano sobre el hombro del ángel. "Señor."
"Cass. ¿Estás bien?"
"Vete con él, creo que ahora mismo no le haría ningún bien a tu hermano tenerme cerca." Sam abrió la boca para decirle que eso no era cierto, pero Castiel continuó hablando. "Además, alguien tiene que hacerse cargo de Crowley; estoy seguro que sabe algo más de lo que cuenta sobre la gente que tenía a Dean."
"Si, tienes razón, pero ven al hospital en cuanto puedas, por mucho que digas, Dean te necesita tanto como a mi."
Sin esperar respuesta de Castiel, Sam subió en la ambulancia, con la mascarilla de oxígeno y todo lo que habían puesto alrededor de Dean, daba la impresión de estar mucho peor de lo que había pensado en un principio.
"Todo va a salir bien." Dijo de nuevo, aunque no estuviera demasiado seguro de sus propias palabras.
Desde la camilla, en su estado de semiinconsciencia, Dean trató de recordar lo que había ocurrido en las últimas horas. Recordaba a su padre hablando con Castiel, discutiendo incluso, mientras él, tumbado en aquella especie de cama de metal, atado de pies y manos y dolorido en todo su cuerpo, se preguntaba que iban a hacer con él.
Entonces su padre se fue y el silencio se adueñó de la habitación por un momento, hasta que de nuevo vio a Castiel junto a él, sobre él realmente. No parecía el mismo ángel del que se había enamorado. Ahora le daba miedo, podía hacer con él lo que quisiera y desde luego no iba a ser nada placentero. Lo vio sonreír, había maldad en su mirada, maldad y odio hacia él.
Recordaba haber tratado de hablar con él, pero no había servido de nada, pues Castiel, se movía con rapidez hacia él. sabía lo que iba a ocurrir y le aterraba más que la mayoría de las cosas por las que había pasado, sin estar muy seguro si era por el dolor que aquello estaba a punto de producirle o porque Castiel le hubiera mentido y se hubiera aprovechado de él sin piedad durante tanto tiempo.
"Cass por favor."
"Vamos Dean, no me irás a suplicar ahora ¿verdad? Esperaba más de ti, al menos que fueras como tu padre, solo me suplicaba para que…"
"¡Callate! Deja de hablar de mi padre."
Castiel lamió su rostro y se echó a reír.
"Sabes igual que tu padre y ahora te voy a demostrar lo bien que me lo pasaba con él."
"Cass por favor no lo hagas."
Después todo dejaba de tener sentido. Aquel no era Castiel, no el ángel que conocía. No podía haber sido su ángel el que le había… Pero ahora no podía mirarle, no podía verle allí y recordar todo aquello, porque le odiaba, le odiaba con todas sus fuerzas por lo que le había hecho.
Abrió de nuevo los ojos al entrar en el hospital, se sintió extraño con la mascarilla, pero estaba demasiado dolorido como para intentar quitársela. Allí estaba Sam, miró a su alrededor en busca de Castiel pero no lo encontró por ninguna parte. Suspiró aliviado pero un ataque de tos rompió aquella pequeña tranquilidad. Le costaba respirar, sin duda tenía alguna costilla rota. Escuchó voces, escuchó voces, escuchó a su hermano y vio que lo alejaban de él, se lo llevaban a otra sala.
Estaba aterrado, muerto de miedo por encontrarse a Castiel en cualquier lado y que volviera a hacerle daño otra vez. Pensó en su padre, quería estuviera allí con él, porque estaba en algún lado, lo había visto de verdad, no se había tratado de una visión. Pero estaba solo, en una habitación fría, rodeado de médicos que hablaban y se movían.
Volvió a perder el conocimiento, aunque tal vez le habían dado algo para dejarlo fuera de combate. Todo se volvió negro, tan sólo vio el rostro de Castiel aterrador y lleno de odio encima de él, justo antes de que todo su mundo fuera destruido de un solo plumazo.
