No sabía si era un sueño, aunque solo podía ser una pesadilla. Su cuerpo estaba rígido, pero sus sentidos trabajaban como nunca lo había hecho. Veía más allá de lo humanamente posible, escuchaba lo que ocurría en otras habitaciones, voces que no podía reconocer, pero que hablaban de él. Estaba paralizado, no podía mover ni un músculo, pero al mismo tiempo sentía que todo su cuerpo estaba en completa y absoluta tensión.

Dean trató de volverse, pero no podía, quiso mover la cabeza pero por mucho que le estaba dando una orden a su cuerpo, este no le respondía. Quiso gritar, pero de nada sirvió.

Estaba solo, le habían dejado solo en la una habitación de paredes blancas, que poco tenía que ver aquel antro de mala muerte, aquella mesa que se le clavaba en al espalda y el terrible olor a algo que Dean prefería no saber lo que era.

Al menos ahora se trataba de un lugar limpio, tranquilo y que al menos no le daba miedo. Si, Dean tenía miedo, temía lo que aquella gente pudiera hacerle ahora, pues había llegado a su límite y no estaba seguro de poder aguantarlo por mucho más tiempo.

Respiró tranquilamente, por primera vez en días, pero al hacerlo, se dio cuenta que le dolía todo el cuerpo. Las costillas, alguna de las cuales seguramente estaría fracturada le dolían al respirar, los pulmones parecían estar a punto de estallar y la cabeza… prefería no pensar en nada, pues de lo contrario comenzaría a recordar cosas que le hacían sentir demasiado mal.

Si hubiera podido se hubiera estremecido al recordar aquello, pero no tenía fuerzas y ni la capacidad para moverse. Había dejado de ser él mismo, el cazador al que no le importaba lo que le ocurriera con tal de hacer bien el trabajo, el que lo daría todo por su hermano y el que hasta hacía poco estaba completamente seguro de estar enamorado de un ángel.

Ahora temía a Castiel, más bien se sentía completamente aterrorizado al pensar en él. le había torturado hasta niveles que no hubiera podido creer posibles y menos viniendo de alguien al que consideraba uno de sus mejores amigos, su amante y alguien por el que sentía algo muy cercano al amor.

Sabía que le estaban temblando las manos pero no era capaz de controlaras, ni siquiera llegaba a mirarlas desde su posición.

"¿dean?"

No estaba seguro si realmente le estaban llamando o no era más que un juego más de su mente dolorida. Trató de concentrarse, de averiguar que era la realidad y donde terminaba el sueño.

"Creo que se está despertando."

Ahí estaba de nuevo aquella voz. Pero esta vez sonó mucho más familiar. Sam, era Sam, su hermano le estaba llamando. Eso quería decir que se trataba del mundo real, que no estaba dentro de su sueño.

"Voy a avisar al médico."

También conocía esa otra voz, era Bobby, su amigo también estaba allí. había dicho algo sobre un médico, eso quería decir que estaba en un hospital, estaba a salvo. Eso le hizo sentir seguro y algo más relajado, aunque no era fácil con los nervios a flor de piel como los tenía.

"Dean, vamos, todo está bien. Tienes que despertar."

Hizo un terrible esfuerzo, más de lo que creía que su cuerpo podría aguantar. De repente, volvió a ver la habitación, pero ahora era distinta, no era tan luminosa como el había parecido en un principio y por el contrario a lo que había visto antes, no estaba solo.

Sam estaba con él y sonreía, aunque no podía ocultar la preocupación que asomaba por sus ojos pardos, que ahora parecían más oscuros que de costumbre. Sin decir nada, Sam se acercó a la cama.

"¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?"

Dean se sorprendió de haber sido capaz de hablar, pero vio sonreír a su hermano, por lo que sin duda, aquello debía ser un gran avance. Volvió a intentar moverse, pero de nuevo su cuerpo dolorido le aconsejó que no lo hiciera. Se quedó como estaba, mirando a su hermano en completo silencio, temeroso de lo que Sam le pudiera decir.

"Un par de días. Pero así tu cuerpo ha empezado a recuperarse. ¿Cómo te encuentras?" Se sentó a su lado, sin dejar de mirarle, como si tuviera miedo de que al apartar la vista, Dean volviera a quedar inconsciente. "Nos has dado un buen susto a todos. Cass está muy preocupado."

Aunque no dijo nada, Dean se puso tenso, tan solo escuchar el nombre del ángel le hacía ver cosas en sus recuerdos que esperaba olvidar para siempre. Pese a estar demasiado débil, agarró con fuerza la sábana y clavó los ojos en Sam. Todo él comenzó a temblar y así el cuerpo comenzó a dolerle, el corazón a latirle con tanta fuerza, que apenas podía controlar al resto del cuerpo.

"¿Dean que es lo que ocurre?"

"¿Está Castiel aquí, en el hospital?"

como si estuviera respondiendo a esa pregunta, el ángel entró en la habitación. Se acercó a la cama, pero nada más ver el rostro aterrorizado de Dean al verle llegar, se detuvo. Lo notó, no sabía lo que era pero podía sentir que Dean era distinto, algo de lo que le habían hecho el había cambiado, al menos lo suficiente como para que le tuviera miedo, para que no quisiera tenerle cerca.

"Cass, ¿Sabes que es lo que ocurre?"

"Dile que se vaya." Sam se giró hacia su hermano, como si no hubiera comprendido lo que acababa de escuchar, pero de nuevo, aquellos ojos aterrorizados lo decían todo. "Dile que se vaya Sam. No quiero a Castiel cerca de mi. Ya me ha hecho bastante." Intentó incorporarse, no deseaba parecer débil por mucho que realmente lo estuviera. "Yo que pensaba que te quería. Me has engañado, Cass, me has utilizado y al final me has…"

Volvió el rostro hasta la ventana, no quería que nadie le viera derramar lágrimas por lo que había ocurrido. Pero ya era demasiado tarde para eso, pues las mejillas estaban cubiertas por lágrimas que se deslizaban desde sus ojos enrojecidos.

- o -

Dean acababa de cumplir los diecisiete años cuando John se dio cuenta que ya no tenía ninguna posibilidad de mantener a Castiel a su lado durante mucho tiempo. Volvía de una cacería que le había llevado más tiempo del que había pensado, dos noches más. estaba agotado y todo lo que pensaba era en dormir durante horas.

Tenía un pequeña casa alquilada en un pueblo de Wisconsin donde estaba viviendo con los chicos desde hacía ya tres meses. Castiel le visitaba de vez en cuando, asegurándose de que ni Sam ni Dean se dieran cuenta. o al menos eso creía John, pero estaba a punto de darse cuenta que estaba muy equivocado.

Ya era de día cuando llegó, Sam estaba en el colegio y Dean que ya lo había terminado estaba en casa, limpiando las armas, tal y como le había dicho su padre. En realidad había terminado hacia un rato y había decidido darse una ducha. Poco sabía entonces Dean, que había criaturas a las que les gustaba colarse en casa y acosar a la gente en los momentos más insospechados, incluso cuando estaban dentro de la ducha.

Nunca supo lo que le había dejado inconsciente al hacerle golpearse con el plato de la ducha. Ni como Castiel lo había derrotado o al menos espantado. Cuando volvió en si, estaba tumbado en el sofá, con el pantalón puesto y una toalla pequeña en la cabeza, empapando la poca sangre que manaba ahora de la herida de su frente.

"¿Quién eres?"

Dean trató de separarse rápidamente de aquella figura que se sentaba frente a él, pero un fuerte dolor de cabeza no se lo permitió, sino todo lo contrario, le hizo caer sobre el ángel, que lo sostuvo con fuerza.

"Soy Castiel un amigo de tu padre. He venido a verle y te he encontrado inconsciente, algo te estaba atacando, pero ya no está. Tu herida sanará pronto, pero deberías descansar unas horas."

Dean miró a Castiel con curiosidad, había algo en él que le desconcertaba, pero no era capaz de averiguar lo que era exactamente. La mano de Castiel sobre su espalda, le hacía sentir cómodo, demasiado incluso, pensó el propio Dean, pero se quedó donde estaba, con los ojos clavados en los dos ojos azules del ángel.

"¿Me has puesto tu el pantalón?"

"Supuse que sería menos vergonzoso y despertabas con él estando yo aquí." Dean sonrió, era cierto, no quería ni pensar que hubiera pasado si hubiera despertado desnudo. "Tu padre está a punto de llegar, le diré lo que ha pasado."

Castiel se levantó, pero la mano de Dean atrapó la suya y le impidió marcharse. No sabía lo que quería decirle, si es que quería decirle algo; tan solo quería tenerlo allí, a su lado, aunque no sabía por que. Acababa de conocerle y había algo que le atraía de ese desconocido.

"No te he dado las gracias por ayudarme. Si no hubiera sido por ti, seguramente ahora estaría muerto."

Castiel no dijo nada, por lo que había podido ver Dean, no era un hombre de muchas palabras, pero si un hombre sorprendentemente cálido en su tacto. Nunca se había fijado en un hombre, al menos no en el aspecto sexual o simplemente que le atrajera. Pero de repente, todo parecía diferente, posible, todo parecía ser sencillo, fácil de decir que le gustaba estar cerca de Castiel, aunque los dos permanecieran en silencio durante horas.

De repente, la mano de Castiel se posó en su mejilla, y la calidez que había sentido un momento antes, pasó a sus mejillas, que por primera vez desde que tenía memoria, se estaban ruborizando.

"¿Quién eres de verdad?" Dean no se dio cuenta que sus labios se habían movido al pronunciar esa pregunta, pues estaba demasiado entregado a aquellos ojos azules, intensos y penetrantes, que parecían tener en su interior el universo entero. "No eres humano."

Castiel sonrió, pero tal y como había sospechado Dean, no se trató de una sonrisa propiamente humana, había algo más allí, algo que escondía un gran secreto que el cazador quería averiguar.

"No, no lo soy y por eso vas a tener que olvidarte de mi. No es el momento de que sepas quien es, de que conozcas mi presencia."

"¿De que estás hablando?"

La reacción de Dean no fue lo suficientemente rápida cuando quiso, en un movimiento reflejo, intentar apartarse, pues Castiel colocó una mano sobre su nuca, la otra la mantuvo en su mejilla y finalmente, selló los labios del joven cazador con un intenso y largo beso, el primero que Dean daba nunca a un hombre, el primero que se quedaría grabado en su mente durante años, hasta que Castiel volvió a besarle, el primero que significaba algo más que un simple royo.

Ninguno de los dos se dio cuenta cuando John entró en casa y los vio separarse por fin.

"Todavía tienes mucho que aprender Dean, pero te prometo que volveremos a encontrarnos y que este no será nuestro último beso."

Castiel posó su mano sobre la frente de Dean y un momento más tarde el muchacho cayó inconsciente sobre el sofá. Segundos después, el ángel desapareció. Entonces fue cuando John descubrió que Castiel jamás volvería ser suyo.