Sam lo sintió, incluso cuando no sabía lo que significaba aquella sensación en su interior. Era algo tan extraño, se sentía diferente, con un hormigueo que recorría todo su cuerpo diciéndole algo que no podía comprender. Pero si algo tenía muy claro, era que tenía que ver con Dean.
Había decidido irse a dormir unas cuantas horas al motel y luego volver al hospital, ya que después de todo por lo que había pasado Dean, no era el momento de dejarlo solo. Pero decidió hacer caso a su propio instinto y regresar automáticamente al hospital.
Al llegar allí, vio que se había formado un revuelo de gente que se movía alrededor de la habitación de su hermano, tal y como había supuesto, algo el había ocurrido a Dean. Se abrió paso entre las enfermeras y los doctores, hasta que llegó al interior y vio al médico de su hermano.
"Doctor, ¿que ha pasado?" Miró a su alrededor, buscando a Dean, pero no lo encontró por ninguna parte. "¿Dónde está mi hermano?"
El médico, al que el cazador había imaginado curtido en toda clase de situaciones; guardó unos momentos de silencio, el tiempo suficiente para que Sam supiera que algo había ocurrido, algo realmente serio.
"¿Doctor, donde está Dean?"
"Lo siento Sam, pero le hemos perdido."
"¿Cómo que le han perdido? No han podido perder a mi hermano en hospital y menos en su estado." Apretó los puños con la fuerza suficiente para hacerse daño y así conseguir no levantar la voz más de lo que era realmente prudente. "Mi hermano está hecho polvo, usted lo sabe tan bien como yo. Así que no me puede decir que han permitido que se vaya así como así."
"Lo siento Sam."
"No me diga que lo siente. Dean no es el mismo, ni siquiera me ha querido decir que es lo que le ha pasado exactamente. Usted me dijo que me fuera a casa que descansara, que aquí cuidarían de mi hermano." Respiró profundamente, tenía que pensar con tranquilidad, pues gritando al médico no iba a conseguir encontrar a Dean cuanto antes.
No dijo nada más y se dio la vuelta, cogió el teléfono y mientras escuchaba los rumores que contaban la gente de su alrededor, sobre lo que podría haber ocurrido, llamó a Bobby. En la espera, escuchó decir a una enfermera, que había visto a Dean saliendo del hospital con una chica, por lo que suponía que se trataría de su novia. Otra dijo que había intentado pararle, pero que no le había hecho ni el más mínimo caso y que había seguido caminando, mientras que una tercera enfermera dijo que sin duda escondía algo.
"Lo he visto en su cara, había algo malo en él, no se, tal vez sea una asesino o un convicto fugado. Su hermano es un cielo, pero él nunca me ha gustado mucho el aura que le rodea, ya sabéis lo espiritual que soy."
"¡Hey! estás hablando de mi hermano, así que te agradecería que te cortaras un poco." La joven enfermera que no aparentaba mucho más de veinticinco años, se puso completamente colorada y salió corriendo entre la gente, al mismo tiempo que sus compañeras seguían mirando a Sam.
El cazador, no les prestó atención, en el momento en que Bobby contestó al teléfono.
"¿Qué ocurre muchacho? Pensaba que estarías durmiendo."
"Dean ha desaparecido."
"¿Cómo que ha desparecido?"
"No lo se Bobby, he llegado aquí y todo lo me ha dicho el médico es que Dean no está. He oído decir que se había ido, pero no tiene sentido, Dean no haría eso y mucho menos en su estado."
le dolía pensar en lo que eso significaba. Se sentía terriblemente mal por no haberle ayudado, por no haber sabido estar al lado de Dean en esos terribles días, tras el secuestro. Pero de alguna forma, Sam siempre había pesando que su hermano era un tipo duro, al menos así lo había demostrado desde niño. Parecía ser un hombre que podía con todo, que había salido del infierno y no tenía cicatrices interiores y por eso, por una simple regla de tres, había asumido que Dean estaría bien tras lo que había pasado.
Se equivocaba, cuando se trataba de Dean, solía equivocarse con demasiado frecuencia. Lo de Dean, no era más que una fachada; su forma de evitar que el mundo le hiciera daño. se colocaba su dura coraza y ya nada llegaba hasta él, o al menos eso parecía.
"¿Sam sigues ahí?"
El joven cazador agitó la cabeza y regresó a la realidad.
"Si, lo siento, solo estaba pensando en Dean. ¿Dónde ha podido ir? ¿Por qué se ha marchado así sin más? se que no ha sido él mismo estos días, pero es normal, solo pensar lo que le han hecho."
"Sam, no pienses en eso ahora, ya averiguaremos lo que le ha ocurrido, pero primero tenemos que dar con él."
"Si, lo se, pero por más vueltas que le doy, no se por donde empezar a buscarle, no se donde puede haber ido." Sam suspiró con fuerza y se apoyó en la pared. Cerró los ojos un momento y trató de pensar con claridad, aunque no era lo más sencillo de hacer en ese momento. "Si solo supiera… No se Bobby, es todo tan complicado, siento que le he fallado, estos últimos días, me miraba y yo sentía que no era el mismo Dean que conozco, algo había cambiado en él y ahora no tengo ni idea de donde podría haber ido."
"Creo que yo puedo echar una mano con eso."
Sam estuvo a punto de dejar caer el teléfono al suelo al ver aparecer a su padre en mitad del pasillo. Al principio le pareció una aparición, un segundo más tarde, optó por pensar que se trataba de su propia conciencia, que le estaba ayudando a buscar a su hermano, pero finalmente, se dio cuenta que John Winchester era totalmente tangible.
"Bobby, te llamo en un rato." Escuchó que Bobby decía algo al otro lado del teléfono, pero no le prestó atención, nada era más importante en ese momento que la repentina aparición de su padre.
- o -
Se movía por las calles de la ciudad, sintiendo que había otra persona tirando de su cuerpo. No estaba pensando, pues no era capaz de hacerlo. Escuchaba otra vez dentro de él y se preguntó si eso era lo que sentía el ser humano al ser poseído por un demonio.
"Ha llegado tu momento." Aquella voz le aterraba, sobretodo teniendo en cuenta que estaba dentro de su cabeza.
"¿De que?"
Trató de detener su camino, pero le resultaba completamente imposible, estaba atrapado dentro de su propio cuerpo y nada de lo que hiciera iba a dar resultado para liberarse.
"Llevamos mucho tiempo detrás de ti, pero teníamos que prepararte para esto."
"¿De que estás hablando?" Le dolía el pecho, la fuerza de aquella criatura dentro de él, le estaba debilitando por momentos.
"¿De verdad crees que todo por lo que has pasado estos días no ha sido más que para nuestra diversión?" La criatura, Dean estaba convencido que se trataba de un demonio, se rió dentro de su cabeza. "En parte, si, no lo voy a negar; pero era necesario acabar con tu voluntad para que aceptaras tu destino sin rechistar."
Dean creyó que el filo de un espada se clavaba en su cuerpo. se dobló y a punto estuvo de caer al suelo, pero el demonio le mantuvo en pie. Las peores nauseas de toda su vida se apoderaron de él, al igual que las lágrimas que deseaban derramarse por sus mejillas. Pero el demonio no se lo iba a permitir, dominaba todo su cuerpo, estaba en su interior y era él quien caminaba, quien se movía, quien miraba a las chica junto a las que pasaba de forma lasciva y las hacía seguir caminando, pero más rápidamente.
"¿Qué es lo que quieres de mi?"
De nuevo, la criatura se echó a reír, de forma más diabólica esta vez.
"Pronto lo comprenderás. De momento será suficiente con que nos lleves a donde está Castiel."
"¿No se donde está. ¿Cómo voy a saberlo después de lo que me ha hecho? Sincermente, preferiría no volver a verle nunca más." Se estremeció, una parte de él sabía que eso no era cierto; le echaba menos, pues su mente le gritaba que Castiel no le había hecho nada.
Pero le había visto, le había sentido, su aroma, su voz, siempre dulce con él, había sonado horrible mientras le hacía todas aquellas cosas. Le había hecho daño, lo había mirado a los ojos, sin expresar el más mínimo sentimiento de dolor y había guardado aquella expresión en su cabeza.
Estaba tan confundido que no podía discernir la realidad de lo que no lo era, lo que tan sólo era un deseo de su propia mente, por el amor que siempre había tenido por Cass o si realmente habían jugado con él.
"Llevame con Castiel, puedo hacerle pagar todo por lo que te ha hecho pasar."
"No quiero que le hagas nada, se trata de algo entre nosotros dos." Dean forcejeó mentalmente, al fin y al cabo se trataba de uno demonio lo que estaba dentro de él.
"¿Vosotros dos? Dean, estás hablando de un ángel, de verdad creer que una criatura así, podría enamorarse de un simple ser humano."
Dean guardó silencio, se había hecho esa misma pregunta tantas veces. El demonio estaba leyendo sus pensamientos, sus sentimientos y todos sus temores, pero los estaba mostrando de una forma tan clara, que no había nada que el cazador pudiera decir en contra de todo eso.
"¿Lo ves Dean? Siempre lo has pensado, pero nunca has estado dispuesto a reconocerlo. Castiel te utilizó mientras le venía bien y cuando llegó el momento de quitarte de en medio, ya ves lo que te ha hecho. ¿No deseas hacerle pagar por eso? Estoy dentro de ti y veo lo que sientes, estás roto, Castiel te rompió y si me dejas, puedo hacer que jamás olvide el daño que te ha hecho."
"El daño que me ha hecho."
"Eso es Dean, el daño que te ha causado, el dolor, el tener que alejarte de tu hermano por no poder aguantarlo más. Tu eres la víctima y yo quiero ayudarte."
"Supongo que…"
Dean no dijo más y se dirigió al bloque de edificios abandonado que había frente a él, necesitaba un lugar apartado para llamar a Castiel y dejarlo en las manos de aquello que estaba dentro de él. Porque tenía que pagar, tenía que sufrir por lo que le había hecho y ya que él no era capaz, pues sus sentimientos y recuerdos eran una barrera demasiado grande, dejaría que por una vez, un demonio hiciera el trabajo sucio.
