Dean se liberó de los brazos de Castiel cuando se encontró delante de él a Sam.
"¿De que va todo esto?" Apretó con fuerza el cuchillo que guardaba para Castiel y miró fijamente a su hermano.
"Necesitas ayuda Dean." Sam dio un paso adelante hacia su hermano, pero Dean le dijo con la mirada que no lo hiciera. "Te ha ocurrido algo horrible y nosotros solo queremos ayudarte."
"¿nosotros? Espero que no estés incluyendo en eso a Castiel, porque no es el más indicado para querer ayudarme, después de lo que me hizo."
"Castiel no te hizo nada." Dean se dio la vuelta sobresaltado al escuchar la voz de su padre. La última vez que lo había visto John no había sido de mucha ayuda precisamente y ahora estaba allí, con Sam. "Te digo la verdad hijo, fui un estúpido al creer en esa gente, pero te aseguro que Castiel jamás te haría daño. No podría, no sería capaz."
Dean se estremeció en cuanto la imagen de Castiel apareció en su mente. Sabía lo que había hecho, lo había visto, le había dicho cosas tan horribles mientras le torturaba; tan solo su hermano le conocía tan bien. La mano que sujetaba el cuchillo comenzó a temblar, pero consiguió mantenerse firme; levantó de nuevo la mirada y la fijó en Sam, era el único en quien confiaba de verdad, el único en el veía un verdadero amigo, mientras que su padre y Castiel, no eran más que unos mentirosos y unos traidores que habían jugado con su mente y en el caso de Castiel con su cuerpo también.
Sentía a ese maldito demonio riéndose en su interior, era él único que estaba disfrutando realmente de ese momento.
"Míralos. Todos dicen que quieren ayudarte, pero ninguno sabe por lo que estás pasando. John te entregó a esa gente y cuando pudo ayudarte no lo hizo, Castiel ya sabemos lo que te hizo, sin duda merece morir y tu hermano. Sam cree que puede ser tu salvador, como tu siempre lo has sido de él, lo que no sabe es que no quieres ser salvado."
Aquellas palabras se clavaron en su corazón como agujas y durante un momento sintió que dejaba de respirar. Sam lo vio palidecer y fue hasta a él, lo sostuvo, con una mano sobre su espalda y otra sobre su pecho.
"Dean, por favor necesitas descansar; has pasado por mucho."
"Cállate Sam, no tienes ni idea por lo que he pasado, no vengas diciéndome que sabes lo que necesito." La mirada que deposito en Sam aterró a su hermano, jamás había visto sus ojos verdes tan encendidos por el oído. "No estabas allí." Con un golpe seco se liberó de las manos de su hermano y dio un par de pasos hacia atrás. "¿Sabes cuantas veces te llamé? ¿Sabes cuantas veces esperé que estuvieras allí para ayudarme? Pero nunca apareciste Sammy."
"Dean, yo…" No había palabras que expresaran lo que Sam sentía en ese momento. Se sentía como una auténtica mierda, porque Dean tenía razón, había estado buscándole, pero no se había esforzado lo suficiente, porque daba igual lo mal que estuvieran las cosas, Dean siempre le había sacado de los peores apuros, incluso cuando eso significaba entregar su propia vida a cambio. "Lo siento mucho, lo siento mucho Dean, intenté buscarte, hice todo lo que pude para dar contigo a tiempo."
"Pero no lo hiciste. Joder Sam, dejaste que me…" Las lágrimas arrasaron los ojos de Dean.
"Y tu." Sacó el cuchillo en un movimiento reflejo y lo enfocó como si de un dedo acusador se tratara, hacia Castiel. "¿Por qué dijiste que me querías? ¿Era solo por hacerme daño, para jugar conmigo? Eres un maldito bastardo cruel Castiel y espero que no te pongas delante de mi porque la próxima vez."
"Jamás te haría daño Dean, lo sabes de sobra." Castiel dio un paso hacia Dean. "Cuando te dije que te quería, no había sido más sincero en toda mi existencia."
"Mientes. Todos los ángeles mentís, porque todos queréis conseguir algo, tal vez lo tuyo no era más que conseguir echarme un buen polvo. En esto daré la enhorabuena Cass, eres el mejor polvo que he tenido nunca." La mano volvió a temblarme, había tantos sentimientos enfrentados, tanto odio y tanto amor acumulados, que no estaba seguro que era lo más importante.
"Sabes tan bien como yo que no se trata solo de sexo." Castiel dio un paso más, si se acercaba un par de pasos más, podría clavarle el cuchillo sin problemas. "¿Por qué crees que hice que te olvidaras de mi cuando solo tenías dieciséis años? Entonces no estabas preparado, yo sabía lo que serías, había visto tu futuro, el hombre en el que te ibas a convertir, pero no estabas todavía preparado, pero ahora." Castiel sonrió, su gesto nada tuvo que ver con la horrible sonrisa que había visto en el monstruo que había abusado de él. "Ahora eres tu Dean, ese Dean y se que puedes luchar contra lo que sea que te está ocurriendo, contra lo que te hayan hecho."
Se hizo el silencio en la habitación. No había mucho que ni John ni Sam pudieran decir para mejorar el discurso de Castiel, ahora solo quedaba esperar la respuesta del mayor de los hermanos.
"No escuches sus mierdas. Viste lo que te hizo, crees que no es capaz de jugar con tu mente. Quiere recuperarte y cuando lo haya hecho, volverá a hacerte daño, es su juego, eres si juguete."
"No se quien dice la verdad." Dean dio un paso más atrás tambaleando, todo a su alrededor daba vueltas, le dolía la cabeza, no podía soportar por más tiempo tener esa voz dentro de su cabeza y no saber si le estaba haciendo bien o no. Se pasó la mano por la cabeza, como si eso pudiera ayudarle a aclarar sus ideas.
"Dean."
Castiel estaba delante de él, alargando la mano hacia él, sonriente, Castiel le sonreía de nuevo y los dos sabían que ese era un gesto que tan solo dejaba ver a Dean, como si se tratara de su pequeño secreto, algo tan íntimo que nadie más conocía; la sonrisa de su ángel.
Aquella expresión, la sonrisa de su ángel, le hizo perder el sentido de la realidad, las piernas le fallaron y cayó de golpe al suelo frío. Dejó la mirada perdida durante unos segundos, intentando recordar que era exactamente eso de la sonrisa de su ángel, porque era tan importante y al mismo tiempo no lo podía recordar.
"Dean." Volvió a llamarle Castiel, arrodillado esta vez delante de él. "No te rindas, confío en ti, Sam y tu padre confían en ti. Eres fuerte, siempre lo has sido y lo se porque te he visto crecer." Le acarició la mejilla y Dean tuvo que cerrar los ojos para no dejarse llevar por el agotamiento y la rabia de su cuerpo y echarse a llorar.
"No le hagas caso, tu mismo lo has dicho, los ángeles no hacen más que mentirte."
"Me duele la cabeza." Gimió, sin estar seguro si lo estaba diciendo en voz alta o estaba hablando para si mismo.
"Haz caso a tu hermano, necesitas descansar." Al abrir los ojos, Castiel seguía estando allí, arrodillado delante de él, pero justo detrás vio a su padre. Aquella escena la recordaba, la había vivido ya, pero parecía ser un recuerdo atascado en su mente, algo que alguien como un ángel no le dejara recordar.
- o -
"Lleva así desde anoche, desde que esa cosa nos atacó. Como pude ser tan estúpido, dejé solo a mis hijos y permití que esa maldita criatura me pusiera una trampa y me alejara de mis propios hijos."
Dean entreabrió los ojos. Al escuchar la voz de su padre. John estaba más joven que el momento en el que había muerto. El muchacho intentó moverse, pero no fue capaz de hacerlo, su propio cuerpo no le respondía y la cabeza le ardía demasiado como para intentar pensar en lo que había pasado. Intentó llamar a su padre pero no fue capaz de pronunciar ni una palabra, parecía estar encerrado dentro de si mismo.
"Supuse que podrías ayudarle y que querría ayudarle."
Otra figura apareció tras su padre y Dean lo reconoció al instante. Castiel estaba igual, era normal tratándose de un ángel, aunque había algo en su mirada, algo que no lograba ver, pero que le parecía melancolía y tristeza, como nunca había visto en su amigo.
Castiel se arrodilló frente al muchacho.
"Todo va a salir bien. ¿Recuerdas que te lo dije?" Dean asintió en silencio, casi no podía pensar, pero recordaba bien las palabras del ángel. "Creí que no querías volver a verme cerca de tu hijo." Continuó hablando Castiel sin apartar la mirada de Dean.
"Esto es diferente."
Media sonrisa enmarcó el rostro del ángel.
"Siento que las cosas terminaran así."
Colocó la mano sobre la frente de Dean y cerró los ojos, no sería difícil sanarle, tan sólo necesitaba un poco de concentración. La criatura le había tocado, había visto heridas peores, pero aquello era doloroso para la víctima. Quedaba encerrado en su propio cuerpo hasta que terminaba muriendo.
"No es el momento de hablar de eso." John apretó los puños y miró la puerta de cerrada tras la que dormía Sam; deseaba con todas sus fuerzas que su hijo pequeño no viera el estado en el que se encontraba Dean. "¿Puedes ayudar a Dean?"
"Por supuesto, pero necesitará descansar."
Dean cerró los ojos y lentamente cayó en un estado de inconsciencia, su mente dejó de trabajar, nada importaba ya, tan sólo la figura que tenía delante de él y su bonita sonrisa, la que no mostraba a nadie más; la sonrisa de su ángel. Estaba cuidando de él, no había de que preocuparse, mientras Castiel estuviera a su lado, nadie podría lastimarle. Así que se dejó llevar se sentía bien, tranquilo, a gusto con aquella mano sobre su frente y que ahora le acariciaba la mejilla.
"Llévale a la cama, mañana por la mañana estará completamente recuperado." Castiel se levantó y llegó consigo al muchacho. Entre su padre y el ángel lo llevaron hasta el dormitorio y con cuidado lo tumbaron en la cama.
Dean no se enteró, había quedado profundamente dormido por lo que Castiel le había hecho y simplemente se acurrucó en la cama y murmuró algo, incomprensible para John y Castiel, excepto por tres palabras. "Cass, te quiero."
Se miraron, momento incómodo sin duda, pero no dijeron nada, no era el momento, ya habían hablado demasiado cuando John le había dicho que se alejara de Dean. No se habían vuelto a ver, John se lo había dejado muy claro, cuando entre gritos y amenazas le había echado de la vida de su familia.
"¿Ya te marchas?"
"Es lo que me dijiste hace tres meses. No deseabas verme cerca de tu hijo, así que será mejor que me vaya antes de que despierte y pregunte por mi." Se dio la vuelta pero John le sujetó el brazo con fuerza. "¿Qué es lo que quieres John? Tu mismo dijiste que no querías volver a verme."
"Eres un ángel, mi hijo un humano y solo tiene dieciséis años."
"¿Crees que podría hacerle daño?"
"No creo nada, solo se que es mi hijo, es un niño. Por mucho que diga lo contrario, no sabe nada sobre la vida, no sabe lo que…"
"Cass…" Gimió Dean desde la cama, delirando. Sin que John dijera nada, el ángel se acercó a la cama y se sentó junto al muchacho. "No te vayas, no me dejes por favor."
"Tranquilo Dean, estoy aquí."
"Papá no está en casa y tengo miedo por Sammy. Tienes que ayudarme." Si Dean supiera lo que estaba diciendo sin darse cuenta… "No me dejes por favor, no se vivir sin ti."
Castiel lo comprendió entonces, en parte, John tenía razón; Dean todavía era un niño, un muchacho que se había visto obligado a crecer demasiado rápido, a ser el padre de su hermano. Por eso Castiel sabía que no podía amarle de esa forma, no estaba preparado, no era el momento.
Sin decir nada colocó la mano sobre la frente de Dean y cerró los ojos, unas lágrimas se derramaron por su mejilla, pero al menos Dean no sentiría aquel dolor cuando despertara, por mucho que le costara hacerlo, haría olvidar su recuerdo al joven cazador.
Se levantó cabizbajo, pero la mano de John sobre su hombro le hizo levantar la vista.
"Gracias."
"No lo he hecho por ti."
"Lo se, pero es lo mejor para Dean."
Castiel desapareció sin decir nada, John no lo comprendía, no era más que un ser humano que vivía el presente y soñaba con el futuro. Sin embargo, Castiel veía perfectamente el futuro, veía el hombre el que se iba a convertir Dean y sabía que con el tiempo sus caminos se volverían a juntar, cuando el único humano, el único hombre al que Castiel jamás amaría, estuviera preparado.
