Dean abrió los ojos, miró a los presentes, tan solo su hermano y Castiel, pues Bobby se había ido a buscar víveres, presumiendo que iban a estar allí varios días; en cuanto a John, no era el mejor momento para que volviera a ver a su padre en su estado.
Intentó incorporarse, pero su cuerpo agotado no se lo permitió. Se dejó caer en la cama y protestó con sollozos, agarrándose a la cama en la que lo habían tumbado.
"Dean." Era la voz de su hermano, pero sonaba lejana, como si estuviera en otra habitación. El cazador abrió de nuevo los ojos, allí estaba su hermano, mirándole, con una mezcla de curiosidad y dolor en sus ojos. "¿Cómo estás?"
"Me habéis secuestrado."
"Es por tu bien."
Dean sonrió y volvió a incorporarse, esta vez luchó contra si mismo y logró quedar sentado en la cama. Castiel intentó acercarse, pero Dean le fulminó con la mirada, si hubiera tenido cerca el cuchillo que mataba a los ángeles, lo habría usado. Pero se lo habían quitado, ya no lo tenía consigo.
"¿Qué es lo que queréis de mi Sammy? Me habéis traído aquí contra mi voluntad y me habéis encerrado en la maldita habitación del pánico de Bobby. Eso no se diferencia mucho a lo que esa gente me hizo."
"¿Todavía piensas que podría hacerte daño?" Castiel se acercó a la cama, pero no intentó tocar a Dean, se imaginaba al cazador atacándole, pese a las pocas fuerzas con las que contaba en ese momento. "¿No crees lo que te he mostrado?"
Dean se mantuvo en silencio, deseaba tanto decir que si, que le resultaba imposible que Castiel intentar lastimarle, que tenía que ser cosa de demonios para jugar con él, porque el ángel le había querido durante toda su vida. Pero al mismo tiempo tenía miedo, había sido tan real, el dolor había sido tan intenso; todavía le dolía incluso allí donde le había tocado, tanto que no pudo evitar estremecerse.
Se abrazó a sus propias piernas bajo la atenta mirada de su hermano y Castiel.
"Lo siento." Dijo Dean con todo totalmente atemorizado. "Lo siento, se lo que me enseñaste y te creo, te aseguro que se lo mucho que te costó borrarle la memoria entonces. Se lo que sentías por mi padre y lo que siempre has sentido por mi. Pero lo que… lo que ese… demonio o tu o lo que fuera, me hizo, no puedo quitármelo de la cabeza, es mucho más fuerte que yo y contra más intento dejarlo a un lado más lo siento dentro de mi. Es como uno de esos recuerdos recurrentes y…" Le faltaba el aire, estaba dejando de respirar porque las imágenes volvían a él; tanta angustia, dolor, desesperación.
"Dean." La mano de su hermano sobre la suya lo sobresaltó, hasta casi hacerle gritar. "Estás a salvo y creo que necesitas contar lo que te ocurrió, lo estas guardando para ti y eso no te está haciendo ningún bien. ¿Recuerdas cuando estuviste en el infierno? ¿Te sentiste mejor después de contármelo?" Como si de un niño pequeño se tratara, asintió con un puchero en su expresión.
Sam acarició su mejilla y sentó junto a él en la cama. Por primera vez se sentía como el hermano mayor que cuida de su hermanito, como había hecho de Dean, desde siempre. Cogió sus manos y las apretó con fuerza, sin dejar de mirarle a los ojos y sonrió; Dean parecía tan infantil, tan derrotado acurrucado en la cama, temblando casi, con unas tremendas bolsas bajo sus ojos.
"¿Confías en mi?" Le preguntó en poco más que un susurro. "Se que has pasado por algo terrible y que no estuve ahí para ayudarte, nunca estoy cuando más necesitas. Pero ahora estamos juntos y quiero que me dejes ayudarte."
"Sam."
"No, lo digo en serio, ya vale de ser el hermano mayor, el único que se puede preocupar, el único que lo debe pasar mal, porque eso es solo un montón de mierda que no me gusta. Soy tu hermano Sam y si te he traído aquí no es para secuestrarte, sino porque estás confundido."
"Miente, los dos mienten. Mírales a los ojos, Sam es amigo de ese ángel. Quiere que le perdones, trabajan muy bien juntos; os ha entregado a muchos demonios. ¿Crees que tu hermano se lo tira?"
"Cállate."
"¿Dean estás bien? No he dicho nada."
El rubio levantó la mirada, ahí estaba otra vez, esa maldita voz en su cabeza.
"Míralos, mirándose a los ojos diciéndose que estás mal de la cabeza, tal vez quieran internarte en un psiquiátrico. ¿Te imaginas? Dean Winchester en el loquero. Lo que no te haya vuelto loco ya, no lo va hacer nunca. ¿Verdad que no? Pero míralos, Sam se está comiendo con los ojos a ese ángel que tanto dice que te quiere."
"¡Cállate!"
Con un fuerte empujón, Dean tiró al suelo a Sam y comenzó a moverse por la habitación. Tenía que salir de allí, tenía que alejarse de la voz que no hacía más que darle razones para odiar a las dos personas que más quería en el mundo en ese momento.
"Dean ¿Qué te ocurre?" Sam fue hasta él y trató de sujetarlo, pero Dean se liberó dándole un golpe en el estómago. "¡Dean!"
La cabeza estaba a punto de estallarle, no hacía más que escuchar a la voz reírse y sentir que el pecho le ardía, que le dolía el corazón y que las piernas le fallaban. Eso no lo sentía, eso estaba ocurriendo, las piernas dejaron de sostenerle en pie, entre los nervios y el dolor en todo su cuerpo, no pudo aguantarlo más y cayó al suelo.
"Ahora formo parte de ti, nada de lo que hagas nos podrá separar."
"Vete, aléjate de mi."
"Ni siquiera sabes lo que soy."
"No necesito saberlo, solo que se que tratas de hacerme daño a mi, a Sam, a Castiel. Tal vez eres un demonio o simplemente soy yo mismo que me estoy volviendo loco. Da igual. Solo quiero que te vayas.
"Como si eso fuera a ser posible. Me eres demasiado útil para mi propósito Dean."
"No podrás controlarme."
"¿Cómo sabes que no lo he hecho ya?"
"¿Qué le ocurre Cass?"
El ángel se arrodilló junto al cazador y colocó la mano sobre la frente del muchacho. No pudo leer nada, estaba bloqueado o más bien, alguien lo estaba bloqueando. "Algo está intentando controlarlo. Algo que no es desde luego humano."
Dean abrió los ojos de golpe y elevó la mano hasta el cuello de Castiel. Se miraron un segundo, antes de que el cazador comenzara apretar, pero Castiel se dio cuenta que aquella mirada no pertenecía a Dean, nunca había visto tanto odio en la mirada de su amigo, ni tanta desesperación en la de su amante. Sitió las uñas clavándose en su piel pero no hizo nada, dejó que Dean se levantara llevándolo con él sin hacer nada y permitió que lo llevara hasta la pared, aplastándolo con todo su cuerpo, sin dejar de clavar aquella penetrante mirada que casi le hacía daño.
"¿Quién eres?"
"No digas tonterías Cass. Sabes muy bien quien soy y sabes el daño que me has hecho. Permitiste que esa gente jugara conmigo, fuiste el primero que se divirtió usándome."
"No te hice nada. Dean te estuve buscando durante todo tu cautiverio, incluso pedí la ayuda de gente como Crowley porque no soportaba que te ocurriera nada."
"Mientes." Con un golpe seco Dean, dominado por el demonio, golpeó la cabeza del ángel contra la pared. "Todos vosotros, malditos ángeles mentís. ¿Os paga vuestro padre para eso? Siempre me has usado, supongo que cuando un chico de quince años se enamora de ti, te hace gracia porque no era nada, quince años para ti no es más que un mota de tiempo en tu universo. ¿te divertiste conmigo Cass?"
"Dean, déjalo ya, no sabes lo que dices."
Se volvió con tanta ferocidad, que Sam dio un paso atrás, como si de un animal salvaje se tratara. "Sam no te metas, tu no sabes lo que pasó, no eras más que un crío al que todos protegíamos, para que fueras feliz, para que el niño bonito de papá fuera feliz."
Sam volvió a acercarse a su hermano, pero la mirada de Castiel le hizo detenerse.
Dean se movió veloz y ágilmente hasta el cuello de Castiel y lamió su pie con cuidado, como si tuviera que hacer un trabajo perfecto. Lo hizo hasta logró su objetivo y escuchó el gemido de los labios de ángel.
"Como puedes ver soy yo Cass, porque nadie sabe como hacer disfrutar como yo."
"No se lo que eres, pero no eres Dean."
El cazador llevó su mano hasta la entrepierna de Castiel y la frotó con decisión, mientras que al mismo tiempo, introducía su lengua en la boca del ángel, le besó apasionadamente, recorriendo cada uno de los rincones de su boca, hasta que notó que la lengua de Castiel penetraba también en su boca y lo escuchó gemir con mayor intensidad todavía.
Pero alguien le agarró con fuerza y tiró de él para separarlo de Castiel, sus cuerpo se separaron y el ángel estuvo a punto de perder el equilibro y caer al suelo. Era uno de las cosas malas que había adquirido después de estar rodeado siempre de humanos; se dejaba llevar demasiado por las emociones de su corazón, sin importar las consecuencias.
"¿Pero que…?"
Dean se volvió de mala gana, dispuesto a gritar al que hubiera hecho eso y si se trataba de su hermano, no tendría ningún problema en partirle la cara. Pero cuando se encontró con su padre ahí delante, mirándole a los ojos, penetrando en su mente con su mirada terrible, el cazador sintió que la habitación daba vueltas a su alrededor.
"John sigue siendo un digno adversario, no como tu ángel; con un buen polvo podría matarlo mientras durmiera. Tal vez debería intentarlo así. Pero no sería tan divertido. Pero tu padre… incluso muerto sigue siendo terrible, cualquier demonio le tendría miedo."
"Papá."
John no pronunció una palabra y lanzó a su hijo contra la cama de un solo golpe, algo que un ser humano normal y corriente no podría hacer. Aturdido el muchacho intentó levantarse, sentía que el demonio de su interior también estaba sorprendido; pero John no se lo permitió, parecía saber lo que hacía sin problemas. Tapó su boca para que no pudiera decir nada, no quería saber lo que aquella criatura podía obligarle a decir y lo peor era que una vez todo aquello terminara, Dean lo recordaría y con un movimiento rápido que ni el propio Castiel fue capaz de prever, sacó de su espalda un cuchillo, que lanzó a los pies de Castiel. Soltó a Dean pero sacó el Colt y le apuntó con él.
"¿Cuándo has recuperado el Colt?" Preguntó Sam.
"Es una historia muy larga y ahora mismo no tengo tiempo para contarla. Tu hermano está poseído."
"¿Cómo que está poseído? Te aseguro que lo sabría.
Con la misma rapidez de antes, John cogió el brazo de su hijo y con un cuchillo que sacó de su cinturón e hizo unos cortes en la piel de Dean, hasta formar una figura que Sam no comprendió. Dean gritó pero con el peso de John sobre él no pudo hacer nada. Gritó con todas sus fuerzas y Sam se movió hasta él pero su padre lo detuvo con una mirada, igual que detuvo a Castiel.
"¿Qué es lo que estás haciendo?" Dijo Castiel.
"Intento dormir al demonio, que nos de tiempo para recuperar a Dean. Cass, te recomendaría que no te acercaras a él hasta que todo esto haya terminado."
"Ya no es un niño y llevamos mucho tiempo…"
"No estoy hablando de cómo me parece, sino de las posibilidades que tienes de que te mate en cuanto vuelva a estar en forma o que te haga algo similar a lo que Dean cree que le hiciste."
"Nunca le haría nada malo y lo sabes."
Dean cerró los ojos, parecía haberse quedado dormido pero John les aseguro que el muchacho no tenía control sobre su cuerpo. "Además Dean está agotado, cuando todo esto termine cuando le recuperemos, os va a necesitar a los dos."
"Y a ti también papá."
John miró a Sam a los ojos y por un momento el joven cazador creyó que su padre le iba a decir algo, tal vez un terrible secreto, pero su mirada cambió de nuevo.
"Hazme caso Sam, cuida de tu hermano, cuando vuelva a ser él mismo… estará muy débil." Miró de nuevo a Castiel. "No digo que alguna vez vaya a aprobar vuestra relación, pero ahora estás con mi hijo."
"Siempre he estado con él. Aunque no te lo creas amo a tu hijo, Dean es…"
"Castiel ya es suficiente, como digo no estoy diciendo que la vaya a aprobar alguna vez, pero ya estás con él, ya que dices que le quieres tanto, hazme el enorme favor de cuidar de él."
"¿y que hay de ti, papá?"
"Es complicado, pero prometo explicarlo."
Se levantó y fue hasta la puerta.
"Piensas marcharte así, sin decir nada más, vienes, haces cosas que… no lo se papá, han pasado muchas cosas últimamente y pensaba que estando tu aquí, al menos podrías contarme algo, no se, como y porque has vuelto."
"Os lo diré te lo prometo, pero lo primero es tu hermano."
Para Sam no era suficiente, pero conocía perfectamente a su padre y no diría nada hasta que no fuera el momento apropiado, si había sido capaz de desaparecer de la faz de la tierra durante tanto tiempo hasta encontrar a Azacel, podía hacer cualquier cosa. Por eso, lo dejó marchar, porque en algo tenía razón John, lo primero era recuperar a Dean y ayudarle a volver a ser el mismo.
