_*2*_

El pequeño Alud caminaba solito por la calle sin preocuparse por ser la única figura en la recién llegada oscuridad. Ya antes había salido, bueno, siempre lo hacía en compañía de Marhu o Assimo, a ellos no les gustaba caminar por la zona de construcción cercana a la residencia del doctor Fujiyama san pero ese era el camino más rápido para llegar al centro de la ciudad.

La creación de Nightbird iba tan contento caminando por la calle que no se dio cuenta cuando los pocos hombres que trabajaban en la construcción lo descubrieron, al principio pensaron que era una broma del jefe pero solo ver que era uno de esos pequeños monstruos metálicos pensaron en que podían darle un susto…

¿Por qué tan solo?- le gritaron desde lo alto de la construcción.

El pequeño levantó la cabeza mientras saludaba con la manita.

Voy a ver a mi Otosan- contestó Alud con toda sinceridad.

Los hombres se vieron entre ellos reprimiendo una risilla.

Por aquí paso, sí, sí, por aquí fue- dijo uno disfrutando la sonrisa de anhelo que mostraba la carita de Alud- tienes que seguir por allá- señaló hacia su derecha- no hay pierde ¡Corre, te está esperando!

¡Arigato!- gritó el pequeño corriendo hacia donde le señalaban.

Pero no había logrado ni dar dos pasos cuando cayó estruendosamente hasta el fondo de un hoyo gigantesco, el pequeño se había torcido su bracito metálico al caer encima de él, lástima que no pudiera llorar porque al menso así hubiera podido callar las risas de los hombres.

¡Quédate en el suelo, monstruo! ¡Sí, regresa a tu planeta! ¡No los queremos ahí!

El pequeño mecha no entendía a que se referían esos hombres, por qué le habían hecho esa broma ¿en serio por ahí había pasado su creador? Alud se sentó en el terroso terreno escuchando como se alejaban los trabajadores. ¿Y ahora cómo saldría de ese hoyo? ¿Cómo regresaría a casa? ¿Cómo iba a saber su Okaasan y el doctor Fujiyama dónde estaba?

Alud enterró su carita metálica entre sus bracitos, el lastimado y el funcional…

El doctor Fujiyama había recibido una llamada a su teléfono celular en último momento avisándole que su reunión se había cancelado, por un lado le agrado recibir la noticia, así podría regresar y descansar, por otro estaba un tanto decepcionado ya que ahora tendría que esperar hasta un mes después para esa reunión.

Tan pronto como la limosina volvía a tomar el camino que lo acercaba hacia residencia se sonrió para sí mismo, pasaría la noche con Alud, le gustaba mucho pasar las noches con Alud, podía hablarle de todo y el niño siempre lo miraba como si él fuera el humano más inteligente de todo el mundo.

Tal vez hasta podrían ir a ver las luciérnagas en el jardín, sí, eso le gustaría a Alud…

Cuando la limosina entró por la reja de la residencia tuvo un mal presentimiento ¿por qué la casa estaba tan silenciosa? ¿por qué no escuchaba las risas infantiles? Se asomó por la ventanilla… Nightbird estaba de pie frente a la puerta principal.

Algo andaba mal…

Nightbird acostumbraba ir y venir de la residencia Fujiyama como quería y cuando quería, siempre había sido así desde que regresó de Cybertron, sabía que ahí cuidarían de su pequeño mientras ella se desaparecía…

No le gustaba que Alud preguntara sobre su creador, no porque no quisiera decirle sino porque no podía decirle ¿por qué no le habían dado la capacidad de hablar? En ocasiones lo odiaba… No importaba, esa misma noche aunque fuera a señas ella le explicaría a Alud quien había sido su creador…

La ninja silenciosa regresó unas horas después de que el doctor Fujiyama se fuera, qué extraño, no podía localizar la firma de la chispa de su creación. Tuvo un mal presentimiento, entró a la casa sin que nadie se diera cuenta ¿dónde estaba Alud? Las dos inteligencia artificiales terrestres corrían de un lado a otro… ¡Habían descubierto la desaparición del pequeño! Nightbird le dio tal golpiza a uno y otro juguete humano que el doctor Fujiyama tardaría días en repararlos.

¡Habían perdido a su Alud! ¡Habían…! No… no era necesario engañarse ¡Ella había perdido a su Alud! ¡Sus vagabundeos le habían costado a su Alud! ¡Lo único que le importaba en todo el Universo estaba perdido! ¡Perdido!

Le hubiera gustado gritar, al menos así tal vez el miedo a no volver a verlo se iría pero no, no estaba por ningún lado y no podía localizarlo ¡Tan lejos se había ido! ¡No, no ,no,no! No quería creer que Alud no estaba por ahí ¿estaría bien? ¿estaría herido? ¿Por qué no lo encontraba? ¿qué significaba? ¿Era algo malo? No, no podía caer en ese estado de histeria que había visto infinidad de veces en las hembras humanas o en la estúpida de Arcee cuando protegía inútilmente a Daniel…

No, tenía que conservar el procesador frío, tenía que hacer algo…

Sin saber a dónde tenía que empezar su búsqueda salió a la puerta de entrada justo en el momento en que la limosina de Fujiyama llegaba.

"¡Perdí a mi Alud!" gritaba en silencio el brillo aterrado de sus ópticos…

-¡Guau, guau!

Alud levantó la cabecita, ¿quién le hablaba? No veía a nadie "Guau, guau" otra vez ese sonido, de pronto recurrió a la información de su pequeño procesador, claro, era un perro, los perros ladran, no hablan, por eso no había entendido al principio, él creía que se trataba de una persona.

El pequeño mecha bajó la vista a la base de sus pies, ahí estaba un peludo San Bernardo moviéndole la cola, Alud lo reconoció al momento, esos perros llevaban un barril con algo que los humanos bebían para mantenerse calientes cuando los aludes de nieve les caían encima en las montañas (eso decía la tele, y si la tele lo dice entonces es verdad)

Hola- dijo el pequeño- cómo llegaste aquí.

El perro le movía la cola como diciendo "Hola, tú qué haces aquí" o tal vez solo ladraba porque a los perros les gusta ladrar.

Me porte mal- continuó Alud como si el perro le hubiera pedido una explicación- salí de mi casa buscando a mi Otosan y ahora…

Otra vez volvió a enterrar la carita entre sus bracitos.

"Auuuuuhhhh"

El perro comenzó a aullar y gimotear para llamar la atención del extraño niño porque era un niño ¿no? Bueno era mucho más alto que un hombre pero finalmente un niño es un niño.

No te entiendo- habló de nuevo Alud- no hablo perro…

"No tengas miedo… Tranquilo…"

¿Había hablado el perro? Alud lo miraba con mucha curiosidad, podría jurar que escuchó a alguien hablarle, giro su cabecita en todas direcciones, sí, había escuchado a alguien pero no había nadie más que él y el perro…

¿Tú me hablaste?- le preguntó al perro.

El animal continuaba gimoteando como si quisiera que lo siguiera…

Voy contigo- dijo Alud poniéndose de pie y siguiendo al perro.

El San Bernardo parecía conocer un camino entre la arena y la maquinaria que lo sacó del hoyo a muchos más metros más lejos de la construcción.

Extrañamente el miedo que primero sintió el pequeño ahora se había ido, era como si alguien estuviera a su lado, como si sintiera que lo estaban cuidando… sí, tal vez esa era la magia que llevan consigo los perros…

Continuara…