Capítulo 3: En el ombligo de la Luna

Ginny Weasley estaba en el asiento del avión, que hacía el vuelo de conexión entre Ciudad de México y Veracruz. Estaba sumamente acalorada, pero también pensativa, por haber dejado tirado a Harry en Inglaterra. La verdad, era que había dejado a Harry precisamente para tener un motivo para volver a él.

Miró distraídamente el folleto que había estado leyendo. "México" pensó, había aprendido un vago español con ayuda de Hermione, pero aun así se sentía extraña al pensar que estaba en un país completamente diferente, ni siquiera su capital se asemejaba al enorme Londres que ella conocía. "En el ombligo de la luna" era un curioso significado para el nombre de un país, pero ahí estaba ahora ella.

Se sacó los cascos del walkman, y lo guardó en su mochila, justo cuando el piloto habló:

-Señores pasajeros, el vuelo A139 de AeroMéxico está a punto de llegar al Aeropuerto Internacional de Veracruz. Por favor, abrochen sus cinturones, desconecten cualquier dispositivo electrónico, y esperen a que llegue la señal de desembarcar.

Ginny se abrochó el cinturón, y miró por la ventana. Estaba el cielo despejado, alegremente iluminado por el sol, siendo esta su postal de bienvenida. Vio la ciudad allá abajo, y sonrió. "Será interesante ver que resulta de todo esto", pensó.

Rápidamente salió del aeropuerto, impaciente por encontrarse con su compañero. Ubicó con la mirada a un chico que tenía un cartel que decía "Ginebra Weasley", y fue hacia él, abriéndose paso entre la multitud.

-Eres Ginebra Weasley, ¿Verdad?

-Ginny- dijo ella. –Ginny Weasley.

-Mucho gusto. Soy Gustavo Rebolledo, y me han enviado a por ti.

-Mucho gusto, igualmente- dijo Ginny, estrechando la mano de Gustavo.

Ginny miró a Gustavo. Él era un chico alto, de unos dieciocho años, y musculoso, pero no tanto. Llevaba pantalones de camuflaje, un par de botas de combate sobre los pantalones, y una boina negra en la cabeza, con un extraño símbolo en ella. Sonrió al ver lo lindo que era.

-¿Vamos?- dijo el, tomando la maleta de Ginny.

-Vamos- dijo ella, arrimándose al brazo de Gustavo.

Llegaron al estacionamiento, en donde un enorme Hummer H1 imponía presencia. Gustavo dejó la maleta en la parte trasera del vehículo, y cuándo ambos estuvieron en él, comenzó a explicarle cómo sería su año en México.

-Ginny, en la Escuela de Magia y Hechicería Nanciyaga, a diferencia de Hogwarts, tenemos una formación militarizada. Vale decir, que, además de formar ciudadanos, formamos soldados que defiendan a la patria. ES importante que sepas eso, dado que ello es lo que influirá en tu formación. Tenemos un plan común de Pociones, Hechizos, Transformaciones, Historia de la magia, y obviamente, Defensa contra las Artes Oscuras. Y dependiendo si quedas en el Calmecac o en el Tepochcalli, tendrás que tomar otras asignaturas.

-¿Otras?

-Sí, el Calmecac era la escuela para los hijos de los nobles. Acá nosotros formamos a los futuros oficiales, con asignaturas cómo idiomas, administración de empresas, y derecho internacional. En el Tepochcalli, por el contrario, tenemos asignaturas más enfocadas a la acción en combate, cómo tácticas especiales, artes marciales avanzadas, estrategia militar y policial, cosas así. Además que al plan común se le unen las asignaturas de tiro militar y policial, y rituales.

-¿Rituales?- preguntó Ginny.

-Sí. Hay veces en las que, para hacer un hechizo, debes crear las condiciones. La maldición Imperios, por ejemplo, funciona mejor cuándo se dan unas determinadas condiciones. Es por ello que además tenemos que preparar las condiciones para nuestros hechizos.

-Interesante- dijo Ginny.

-Es genial. Sin duda, aprendes un montón, y puedes mezclarte con los muggles sin problemas después. Además que sales con cargo de oficial de reserva desde aquí.

-¿Tan así es?- preguntó Ginny.

-La verdad, es que el régimen de trabajo es bastante duro. No nos matan de hambre ni nos congelan, pero si nos inculcan una profunda disciplina, además de un acondicionamiento físico increíble. En las antiguas escuelas aztecas de magia, a los guerreros se les daba un profundo entrenamiento. Se buscaba que fueran personas idóneas para desenvolverse en todos los ámbitos de la vida.

-Me gusta- dijo Ginny.

La tarde avanzaba, y los dos llevaban horas viajando por la selva mexicana. Pararon un momento a comer un bocadillo en una gasolinera, siguieron avanzando con su viaje, hablaron de mil y una cosas, y entre ambos parecía haber mucha química. Avanzaba la tarde, y juntos llegaron hasta una vieja casona patronal.

-Ginny, hemos llegado. Bienvenida al Naualotlcalli- Nanciyaga.

-Genial- dijo ella, admirando el paisaje.

La casa estaba emplazada en medio de un bosque. Con un jardín muy bien cuidado, un camino curvo llegaba hasta el frontis de la casa, en donde una fuente lanzaba parsimoniosamente agua hacia arriba. La casa, pintada de blanco, con sus techos altos, se veía adorable. Tan sólo la malla metálica que conformaba el cerco, y la garita de un guardia alteraba la tranquilidad que provocaba.

-Buenas tardes, mi sargento- dijo Gustavo, llevándose la mano a la frente. –Traigo a la nueva cadete.

-Ya era hora. Los instructores están que se suben a las paredes.

-Ya me imagino. Un par de derrumbes en el camino me retrasaron.

-Allá tú. Pasa- dijo, levantando la barrera metálica.

Ginny miró la amenazante M16 que llevaba el guardia, y le preguntó a Gustavo:

-¿Qué aspecto tiene este lugar para un muggle?

-El de un recinto militar, común y corriente. Este es un territorio militar, lo que quiere decir que, si alguien se acerca demasiado, tenemos la facultad de darles un tiro.

-¿Y ustedes dependen de algún ministerio o algo?

-El Ministerio de Magia mexicano tiene jurisdicción sobre este lugar. Ellos arreglaron todo para que parezcamos una organización "legal"- dijo, haciendo las comillas con los dedos.

-Entiendo.

-Y sobre los estudios, aquí no aprobamos por años, aprobamos por asignaturas. Deberás rendir exámenes de diagnóstico, y a partir de ellos se decidirá en qué nivel académico estás. Puedes estar en el nivel de defensa contra las artes oscuras de un maestro, pero (y tal como supongo), si jamás has tomado un arma, irás con los novatos. ¿Se entiende?

-Si- dijo Ginny, bajándose del Hummer.

-Otra cosa más: Hay muy pocas chicas. Espero que entiendas que de repente los chicos se pueden comportar como unos descerebrados cerca de ustedes.

-Tú no te comportaste como un descerebrado.

-Ya tengo novia- dijo Gustavo.

-Vale- dijo Ginny, sintiéndose repentinamente desilusionada.

-Ya llegamos al casino. Mira, allí está el director, el comandante David Reyes.

David se acercó a ellos. Llevaba un uniforme de salida, cuajado de medallas, que hablaban de muchas batallas mágicas en su haber. Se detuvo a tres pasos de Ginny, y la saludó:

-Bienvenida, cadete Weasley. Soy el Comandante David Reyes, y estoy a cargo de este colegio. De seguro, que el cadete Rebolledo le ha explicado ya el sistema de trabajo de este lugar: Pues bien, usted ahora debe ser seleccionada para el Calmecac, o para el Tepochcalli, que determinarán su futuro. También debe rendir las pruebas de diagnóstico. Pero eso dejémoslo para después. Venga acá- dijo él, dándose media vuelta, yendo hacia el frente.

Ginny lo siguió, y cuándo estuvo frente a todos, el comandante, sacó un silbato, y tocó tres veces. Inmediatamente, todos los cadetes dejaron lo que estaban haciendo, se levantaron de sus asientos, y en posición de firmes, esperaron a lo que se les fuera a decir.

-Muy bien, cadetes, cómo se habrán dado cuenta, ha llegado una nueva alumna a nuestras filas. Saluden a la señorita Ginebra Weasley, proveniente del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, de Inglaterra.

-Bienvenida, cadete Weasley- dijeron todos a coro.

-Muy bien, cadetes, descansen- dijo el comandante. Todos los cadetes volvieron a sus asientos, y a sus discusiones.

Ginny comió su comida, luego, escoltada por Gustavo, fue hasta el almacén, en donde le dieron sus ropas. Luego, caminando lentamente, fue hasta las barracas de chicas, pensando en lo que le esperaba del otro lado.