Saludos! Traigo a ustedes otro capi de este fic. Trataré de actualizar los otros fics que tengo lo más pronto posible. Me he tardado por que sufrí un horrible percance con el teclado de mi laptop (NOOOOOOO) pero me estoy aplicando para continuar.
Una nueva vida
Capítulo 2
Indispensable
Y ahí estaba. Después de ese viaje en helicóptero, Leona había llegado a esa base en donde la necesitaban. No esperaba mucho, a decir verdad, pero se llevó una grata sorpresa ante el recibimiento de sus nuevos subordinados. Como le habían dicho, eran todos bastante jóvenes y, por así decirlo, entusiastas
Ella, Leona Heidern, no era especialmente alegre ni le gustaba buscar diversión en todos lados como mucha gente que ella conocía, sino que se quería dedicar a hacer su trabajo y nada más. Aunque debía admitirlo, era una sensación agradable recibir toda aquella atención por parte de sus nuevos compañeros. Leona era una verdadera novedad. Todos habían oído hablar de ella pero nadie tenía el gusto de conocerla en persona. Y aunque su carácter taciturno y silencioso a veces era suficiente para ahuyentar o aburrir a quienes simplemente no atenían los ánimos de tratar con ella, todos allí se esforzaban por hacerla sentir como en casa.
Y Leona lo agradecía, pero muy en el fondo, algo le dijo que quizás todo aquello no iba a funcionar. Ellano había nacido para estar en un lugar así, imponiendo orden, sin embargo lo iba a intentar.
Porque no quería volver. No quería volver atrás y repetir lo mismo una y otra vez. No quería caer en el mismo círculo vicioso y tratar de suicidarse de nuevo. Principalmente porque sabía el daño que les haría si la volvieran a ver en ese estado…a Heidern, a Clark y sobre todo a Ralf.
Por el momento se encontraba plenamente consciente de que eso estaba mal, pero, ¿hasta qué momento esa conciencia le duraba, y en qué momento decidía de nuevo que su vida no valía nada?
Tuvieron una cena agradable, pero formal. Al finalizar un joven soldado le enseñó su habitación, la cual era mucho más amplia y menos austera que la que tenía antes.
Ella suspiró mientras colocaba sus maletas sobre la cama.
-Retírese.
Fue su primera orden impartida en toda la vida y la dijo con una voz seca y lo suficientemente fuerte y firme, tal como recordaba que Heidern lo hacía.
Una vez que estuvo sola, sacó su ropa de las maletas y la organizó dentro del ropero que tenía la habitación.
De entre las cosas sacó la foto que tenía con sus compañeros, y pensó que quizás lo mejor era tirarla a la basura. Sin embargo algo le dijo que eso quizás no sería lo más adecuado, tal vez se arrepentiría algún día de hacer tal cosa.
Tal vez Ralf, a pesar de haber hablado sin pensar, tenía la razón. Quizás no podría sola con eso, quizás necesitaría a alguien a su lado que tomara las riendas cuando ella cayera. Pero no podía darse por vencida de una forma tan fácil. Tenía que intentarlo, al menos. No podía quedarse así como así.
…
Mientras tanto, lo que quedaba del Ikari team pasaba un día terrible. En cuanto Leona se fue, cada quien se fue a cumplir con sus tareas. Mientras no tuvieran un remplazo para Leona, Ralf y Clark tendrían que repartirse las tareas que le correspondían a ella, lo cual quería decir: mucho papeleo para Ralf. De por sí estaba de mal humor, esto sólo lo empeoró.
Pero ¿Qué demonios? Con su actitud solo parecía que quería a Leona allí para que hiciera el trabajo "pesado" y eso no estaba bien.
Ralf suspiro y le dio una patada a una caja que contenía todos esos archivos que debía organizar y que odiaba tanto.
A pesar de haberse mostrado tan molesto cuando Leona se había ido, en su interior solo deseaba que ella estuviera bien. Esperaba poder decírselo algún día, cuando pudiera volver a verla.
"Hey, Leona, no me hagas mucho caso, ya me conoces. Solo seamos amigos".
No consideraba que ella se mereciera algo tan simple, pero ¿qué más podía hacer? Pedirle disculpas de rodillas no era una opción, aunque era probable que ella se lo mereciera luego de la forma en que él le habló.
Pero, ¿En qué estaba pensando? Se rascó la nuca con molestia mientras se tiraba en la silla en aquel polvoso y molesto lugar, en el cual permaneció hasta más tarde, cuando le dio hambre.
Mientras comía tranquilamente, Clark se apareció por ahí, apenas asomando la cabeza por la puerta.
-Leona habla por teléfono con Heidern, parece que ya llegó allá. ¿Quieres hablar con ella?- preguntó quitándose la gorra y abanicándose un poco con ella, aparte de todo en ese lugar hacia un calor del demonio.
-No- fue la seca respuesta que recibió Clark. Soltó un silbido como de fastidio y se fue de ahí, dejando a un frustrado Ralf que había dejado caer su cabeza sobre el escritorio.
Con un demonio, claro que quería hablar con ella pero ¿qué le iba a decir?
Por su parte, Leona hablaba con Heidern. Le decía que todo estaba bien, que había llegado perfectamente a salvo y que no se preocupara.
-Espero que no tengas ningún problema, Leona. Si algo pasa no dudes en llamarnos, con gusto buscare la forma de apoyarte como sea.
-Muchas gracias-contestó ella tranquilamente.
Luego de intercambiar unas palabras más, salió de su cuarto con toda intención de dar una vuelta por las instalaciones. Al ser todo tan diferente, se preguntó si el cambio no terminaría de desestabilizarla, pero trató de ver todo por el lado amable.
Luego de un buen rato, se fue a dormir.
…
Al día siguiente, se despertó muy temprano y comenzó a cumplir con sus funciones. El lugar necesitaba, para empezar, de mucha organización, algo en que ella, con su seriedad, era una especialista.
Pronto recibió las primeras órdenes que tenía que hacer cumplir.
Debía ir a evacuar un edificio en una ciudad cercana, pues habían tenido una amenaza de bomba. Ella organizó al grupo en tres partes, el primer equipo debía alejar a la gente que quisiera acercarse al edificio, otro equipo se encargaría de evacuarlo, y un tercer equipo que iría en busca de la bomba.
En pocos minutos llegaron al lugar y pusieron manos a la obra. Ella fue al frente del equipo de búsqueda de la bomba.
Acordaron separarse para cubrir mejor el edificio, que constaba de unos diez pisos.
Leona fue al cuarto piso. A su paso cuidaba que los soldados que estaban desalojando gente estuvieran bien. Debía admitir que estaba un poco nerviosa, pero trató de deducir dónde podían haber escondido la bomba, en caso de que la hubiera.
-Comandante-fue llamada por el radio. Era extraño que alguien la llamara así- creemos que la bomba esta en el quinto piso.
-Bien, me adelantaré, vengan pronto.
Siguió corriendo por las escaleras mientras la gente corría hacia abajo.
-Mantengan la calma- decía al azar mientras subía, manteniendo la mirada al frente.
Llegó al quinto piso, y se encontró con que este estaba lleno oficinas. Buscar allí sería lento y difícil.
Sin que su rostro siquiera se inmutara por el inconveniente. Comenzó su tarea rápidamente. Recorrió con la mirada las oficinas que no tenían nada sospechoso. Incluso había algunas que estaban semi vacías
Luego llegaron otros a ayudarle. Cada segundo contaba.
A la memoria de Leona llegó una situación similar hacia algún tiempo con los Ikari warriors.
En el piso había un cuarto más escondido que los demás, y ahí estaba la bomba.
Seguramente en ese piso había algún sitio escondido, un punto ciego donde muchos no buscarían en el primer momento.
Entonces Leona se quedó parada a la mitad del pasillo, y se dio la vuelta hacia las escaleras. Bajo las escaleras había un espacio triangular, cerrado por una pequeña pared y una puerta.
Estaba cerrada con llave. Sin pensarlo, Leona se hizo un poco hacia atrás y le dio una patada con toda su fuerza. El cuarto estaba desordenado, lleno de papeles, pedazos de madera botes de pintura, y todo muy polvoso.
Leona llamó por ayuda mientras se internaba en el pequeño cuarto; había escuchado un ruido.
No tardó en encontrar una caja, donde se escuchaba algo parecido al tictac de un reloj.
La sacó del cuarto y la dejó en el piso. Luego trato de abrirla, era de madera, y necesitaba alguna herramienta. Alguien le facilitó un desarmador, y no se había equivocado, era la bomba. Con mucho cuidado se quitó todo su armamento que traía encima, y se dedicó a tratar de desactivarla.
Todos sus compañeros permanecían en silencio a su alrededor.
-Salgan todos de aquí, con cuidado- ordenó ella, en voz alta- pónganse a salvo. Tienen menos de cinco minutos.
Se quedaron de pie, viéndola. Ella, acuclillada en el piso, observaba la bomba.
-Eso fue una orden- repitió, mientras su frente comenzaba a sudar.
Se fueron marchando poco a poco. En cuanto se quedó sola, trató de desactivar la bomba.
Se concentró y trató de hacer lo mejor que podía. Fueron tres largos minutos y le quedaba poco tiempo.
No iba a morir allí, no podía morir allí.
Finalmente solo le quedaba un cable que cortar. Si se equivocaba podía explotar todo.
Tomó las pinzas y las abrió, sujetando con ellas el cable mientras cerraba los ojos.
Abrió los ojos de nuevo y se dio valor. Cerró las pinzas con fuerza.
…
-Ya pasaron los cinco minutos- susurró una chica que formaba parte del equipo de Leona- quiere decir que funcionó.
Subieron alegremente las escaleras y la encontraron allí, sentada junto a la caja. Respiraba agitadamente, mientras la felicitaban.
Entregó la caja a uno de ellos y le ordenó que lo llevara a la base. Bajo del edificio y sin mencionar nada más subió a uno de los jeeps y esperó a que sus compañeros se subieran, y condujo en completo silencio hasta allá.
Al llegar a la base les dijo a todos que habían hecho un buen trabajo, y caminó hacia su habitación. De su bolsillo sacó un pedazo de papel. Estando en su cuarto, lo desdobló y lo leyó en voz baja, de nuevo.
"Buen trabajo, Leona Heidern".
Lo había encontrado pegado en la caja que contenía la bomba. Se recargó contra la puerta y lo estrujó en sus manos una y otra vez.
¿Cómo era posible? ¿Quién había hecho eso?
Al parecer alguien se había enterado de su nuevo cargo. Alguien peligroso, al parecer.
En cuanto a lo de la bomba…claro que estaba asustada por ello. Era muy diferente desear suicidarse que morir por una bomba, cuando no estaba lista para ello. Sobre todo luego de darse cuenta de que dicha bomba, en cierta forma, estaba dedicada a ella.
…
-Hey, Ralf…-llamó Clark cerca de la puerta de su habitación- parece que Leona hizo un buen trabajo con lo de la bomba.
Trataba de ocultarlo, pero Ralf estaba quizás todavía más nervioso que Leona al respecto.
-¿Y qué...- contestó, como si quisiera restarle importancia- debería mandarle una tarjeta o algo así?
-Mmm…amigo, hacerte el ofendido simplemente no te va.
Ralf, quien estaba acostado en su cama, se puso de pie. Y caminó hacia la puerta. Salió de su cuarto seguido de Clark.
-Vamos- insistió este- es importante que Leona sepa que la apoyamos.
-No somos sus padres- repuso Ralf con un dejo de burla- no necesita nuestro apoyo. ¿Qué no recuerdas que la deprimimos?
Clark negó con desaprobación.
-Eres tan simple. ¿Porqué no solo admites que estas decepcionado y que quieres que ella vuelva?
-Sí, por supuesto, para pedirle que se case conmigo y pasar el resto de mis días unido a una chica que pasara de depresión a depresión. Lo que he soñado toda mi vida.
Clark frunció el ceño y caminó más rápido alejándose de su amigo.
Ralf sabía que con eso él solo quería decir: eres un idiota.
Después de todo, no era gran cosa la que le tenía que decir. No le iba a pedir que volviera, claro que no, pero ese era todo el problema que tenía metido en la cabeza desde el día anterior. Simplemente no podía aceptar que ella realmente se hubiese ido.
Ralf nunca se distinguió por ser sentimental. De hecho, como buen soldado se enorgullecía de saber separar las cuestiones emocionales de su trabajo, aunque esta vez no le estaba saliendo muy bien.
Pero…Leona era especial, no era un asunto que simplemente pudiese dejarlo indiferente. Si podía explicarlo de ese modo, él la quería. En esos momentos pensaba que, como quien quiere a una buena amiga, él simplemente estaba preocupado por ella y esperaba que no le ocurriera nada malo.
En el pasillo se encontró con Heidern.
-Ralf, necesito que vayas a mi oficina. Tengo algo qué hacer, pero estaré allí en un momento.
-Sí señor.
Ralf caminó a la oficina de Heidern con paso firme.
Entró y se sentó a esperar. En el escritorio, cerca del teléfono, estaba el número con el que podía llamar a Leona. Alargó su mano tratando de alcanzar el dichoso papel en el que estaba anotado.
Pero entonces apartó su mano mientras cerraba el puño.
-No- se dijo a si mismo con firmeza. No ganaba nada. No podía ponerse el teléfono en la oreja y quedarse mudo en cuanto ella contestara, no podía ser así de idiota.
En ese momento, Heidern entró a la oficina. Ralf se puso de pie.
-Siéntese- dijo, haciéndole una seña al coronel- disculpe mi tardanza.
-Oh, no es nada, ¿Qué es lo que ocurre?
-Bien, yo hablé con Leona. Me imagino que usted sabe de lo de la bomba.
-Escuché que fue muy fácil para ella. Es como para sentirse orgulloso, ¿No?
Heidern asintió con una ligera duda en su rostro. Ralf, muy a pesar suyo, había hablado con sinceridad.
-Comienzo a creer que esto será muy pesado para ella. Leona es muy joven, y nunca ha estado al frente de algo. con la voluntad nbo alcanza.
-¿No debió pensar en eso antes de mandarla allá?- preguntó Ralf alzando la ceja.
Se quedaron en silencio efectuando una pequeña guerra de miradas. Ralf tenía algo de razón. Pero Heidern estaba tan preocupado de protegerla que nunca pensó que al mandarla allá podía exponerla a mayor peligro. Pero ni que Leona fuera una mujer indefensa. Ella podía ser depresiva, inestable, callada, antisocial, pero indefensa nunca.
Heidern suspiró y bajó la cabeza, mientras se recargaba hacia atrás en su silla.
-Hace mucho que no ocurre gran cosa por aquí- dijo detenidamente- me preguntaba si no tendrías algún inconveniente en ir con ella un tiempo.
Ralf lo meditó unos segundos, pues lo había tomado por sorpresa. No, Leona no necesitaba ayuda, y la de él menos que la de nadie. No, aunque quisiera convencerse de lo contrario, Leona no lo extrañaba, no pensaba en él, no tenía ganas de verlo, porque él nunca fue indispensable.
Y le dolía sobretodo preguntarse en qué momento había comenzado a pensar en singular, porque ya no era si Leona los extrañaba, sino si lo extrañaba a él. ¿Cuándo? ¿Cuándo había ocurrido?
Prefirió no pensarlo y simplemente negó con la cabeza.
-No creo que sea necesario. Ella estará bien.
-¿así lo crees?
-No lo dudaría ni un segundo- aseguró, fingiendo una sonrisa, pero a final de cuentas hablaba con la verdad- ella estará bien, solo le hace falta algo de experiencia.
…
Leona miraba el teléfono de su oficina. ¿Levantarlo o no?
Heidern no la dejaría sola, y ella estaba algo intranquila, pero…ese papel no significaba gran cosa, ¿O sí? ¿Quién querría hacerle daño?
Al final decidió no llamar. No quería que pensaran que no podía manejarlo. Iba a tratar de seguir, iba a demostrarles que podía hacerlo.
Porque podía, porque ella era Leona Heidern,y algo tan simple no la iba a derrumbar.
Continuara…
Nos vemos!
Atte Yereri
