La segunda ley del Kybalion, el texto escrito en la tabla de Esmeralda por el filosofo Hermes Trimegisto, que significa tres veces sabio, y que dicta los más primordiales conceptos de la Alquimia, dicta: "Cómo Arriba Es Abajo, Cómo Abajo Es Arriba". Lo cuál quiere decir, que los fenómenos más grandes del universo, tales cómo el multiuniverso, las galaxias, las supernovas y los grandes milagros, son tan sólo un reflejo de las partículas más pequeñas y en apariencia insignificantes del universo.

Y de la misma forma, en la muestra más pequeña de percepción, en la partícula más pequeña, en la gota de rocío, en el granito de tierra, en el latir del corazón, se puede contemplar la creación entera…

Es por eso que, ante el espejo más perfecto forjado en las aguas del mar del inconciente; cualquier cosa reflejaría el absoluto, la más pequeña partícula de materia reflejaría una representación de la más absoluta perfección. Inclusive un hijo de hombre, cómo yo.

¿Qué pasaría, si de verdad lograba hacerla cruzar de este lado del espejo?

¿Qué pasaría si podía abrazar con mis manos de carne, el infinito?

Estos eran mis pensamientos mientras vagaba por las costas oscuras del mar del inconciente, lejos de todo tiempo y todo espacio. Me era imposible encontrar el camino de regreso a mi tiempo y espacio, a mi mundo, a mi hogar. Tenía el vago concepto, de que aquel lugar había perecido hacía mucho… ¿Lo habría hecho perecer yo mismo?... había pagado tan caro aquel espejo, tan caro… y ahora vagaba, ajeno a mi mismo, abrumado, ciego, paralizado por la vista de la inmensidad, Lot estatua de sal, que tuvo la osadía de voltear a ver, el poder definitivo de Dios…

Vague y Vague, perdido, con la muñeca del conejo en mis manos.

Capítulo 2: En el vacío.

El tiempo era algo difícil de percibir en aquel lugar, si es que se le puede llamar así. Uno simplemente avanza, por el infinito espacio color negro, evitando caerse al agua igual de oscura y misteriosa, en cuyas inmensidades se distinguen miles de puertas. El infinito océano funciona como inconciente colectivo de todos los mundos, además de cómo ante sala que conecta a todos. Caer en el agua puede tener efectos devastadores o reveladores, dependiendo quién y porqué caiga, aunque eh visto al conejo saltar sobre el agua sin verse afectado en absoluto.

Yo no me atrevo si quiera a tocarla con la punta del pie. Ya tuve que atravesarla al salir de mi mundo, y no tengo el valor de experimentarlo de nuevo, a pesar de la opción de regresar a la civilización por alguna de las puertas. Tengo la conciencia muy pesada, como para atreverme.

Simplemente camino por los escasos espacios de costa que el mar tiene; buscando algo que no conozco, mientras cargo los 7 fragmentos del espejo; las 7 Rosas Místicas.

Pasa algo de tiempo, sigo sin estar seguro de cuanto debido a la ausencia de sol y luna y a lo enrarecido de todo el ambiente; hasta que el hambre y el cansancio me fuerzan a detenerme. A pesar de todas las alteraciones que posee mi cuerpo, sigue siendo el de un ser humano. Necesito comida, necesito descanso… La imagen de Alice desaparece de mi memoria reciente, va y se refugia en lo más recóndito de mi alma, lo más secreto y vital. Sostengo frente a mi la muñeca maltrecha que me ah entregado el conejo. Es pequeña, de pésima calidad. ¿De donde la ah sacado?

La descarto a un lado. En realidad no sé nada de muñecas, no es un tema que me interese. Mi mente aún considera imposible contener todo lo que es Alice en un simple pedazo de plástico. Y sin embargo, ¿que otra opción queda?... cómo dijo el conejo, tengo 7 intentos…

- 7 años de mala suerte…

Tomo un pedazo de cristal al azar; una de las Rosas Místicas. El conjuro para introducirlo en la muñeca sin dañarla ni a ella ni al espejo, es relativamente simple, aunque el hechizo del conejo a echo que sea complicado manejar el cristal. Es cómo una especie de sello.

El cristal se introduce. No sé cómo proceder ahora. Podría darle conciencia temporal a la muñeca; proyectar mis pensamientos en ella y darle movimiento, pero no me siento ni con la fuerza para mantenerme a mi mismo conciente. Recito las palabras, que activarían el espejo de estar entero, esperando que Alice, se refleje en la muñeca. Esta empieza a brillar; es un brillo color azul bastante hermoso. El brillo se mantiene en un constante crecimiento, iluminando la muñeca, iluminando el lugar entero; se escucha un terrible "¡Crack!" mientras el plástico de la espalda cede, dejando un par de líneas de luz emerger de el, similares a alas. Ahora recuerdo, Alice tenía lazos de luz, también similares a alas… lo cuál significa que esta funcionando. En verdad esta funcionando no lo puedo…

¡CRACK!

La muñeca estalla en muchos pedazos, uno hiere mi rostro al salir volando. La rosa mística está intacta y lentamente vuelve a apagarse, retrayendo los lazos de luz.

El conejo se burla de mí. Sé que debo conseguir una muñeca de mejor calidad. Mucha mejor calidad.

Paso los siguientes supongo-que-días reanudando mi inútil vagabundeo, echando fugaces vistazos a las puertas dentro del agua. Alguna tendría un mundo con jugueteros, alguno podría tener la muñeca que necesito para el ritual. Pero simplemente no tengo el valor. Sólo sigo vagando con la inútil esperanza de encontrar alguna pieza de muñeca en la absoluta nada.

Me pareció que lo encontré al año. O quizás alguien me guió a él sin que lo supiera.

Necesito que el conejo me explique que rayos hace un enorme árbol, un árbol tan grande que el cielo de ningún mundo pareciera incapaz de contenerlo, plantado en mitad de aquel mar.

Pareciera una extensión misma del mar, un punto más corpóreo quizás. Había escuchado de un árbol de la vida, sosteniendo todos los mundos, pero creí que era una mentira cuando llegué al mar del inconciente y no estaba en ningún lado. Creí que el mar por si mismo sostenía las puertas, pero ahora una nueva incógnita aparecía.

Si el agua sostiene los mundos. ¿Qué es lo que se sostiene en las ramas de este árbol de la vida?

.

Lo que fuese – me dije a mi mismo, mientras me aferraba con todas mis fuerzas al tronco, tratando de escalarlo – es una esperanza mayor que este suelo.

Una esperanza de muñecas.

Rápidamente me di cuenta de que escalar con mis manos desnudas el enorme y sólido tronco no me iba a servir de nada. Pero conmigo no traía nada más que lo necesario para el ritual, y las rosas místicas. Tomé una de las decisiones más arriesgadas de mi vida, y que sin embargo a la larga, resultaría increíblemente fructífera.

Sujete una de las rosas místicas, sopesando la resistencia del cristal. No era tan fácil de quebrar, quizás habían sido los golpes de la Alice reflejada, más que los míos, lo que habían roto el espejo. Ignoré el pensamiento por el momento, y con el alma palpitando en la mano que sujetaba la rosa, enterré el cristal en el tronco.

Cedió. El cristal quedó enterrado en el tronco, sobresaliendo lo suficiente como para sujetarme de él. Todo esto, sin mostrar una sola fisura. Sonriente por mi éxito, tomé otra rosa mística, y repetí el movimiento, esta vez enterrándola en el tronco con la otra mano. Mientras tuviera la fuerza, mientras tuviera la voluntad, podía usar esas 2 rosas como escala.

Enterré ambas rosas en el tronco unos centímetros más arriba y me apoyé de ellas. Desenterré después una, y volví a enterrarla un poco más arriba, repitiendo el proceso luego con la que había quedado abajo.

Poco a poco, con mucho dolor, con muchísimo esfuerzo; quizás el mayor que eh hecho en mi vida; fui ascendiendo.

Conforme ganaba altura, se dio una reacción curiosa. Las 2 rosas místicas que había escogido para mi ascenso, empezaron a responder, emitiendo un pequeño brillo, que se hacía más fuerte con el paso del tiempo. No estaba seguro si respondían al ritmo con que las enterraba y desenterraba (porque sólo brillaban en el momento en que entraban en el árbol) o si respondían al árbol mismo. El vértigo me impedía detenerme a averiguar mucho sobre el tema, sólo podía disfrutar el ritmo destello azul-verde-azul-verde-azul-verde de las rosas, e interpretarlo cómo un "¡Tu puedes! ¡Te estoy esperando!" de Alice.

Me parece que me tomó un mes finalmente alcanzar el primer nudo de ramas. Tendría aproximadamente 14 ramas gruesas diferentes, dividiéndose en cientos de ramas más pequeñas secundarias. Descansé un par de días ahora que tenía donde apoyar mi cuerpo con más estabilidad, y en cuanto pude elegí una rama cualquiera y me puse a seguirla.

Para mi sorpresa, la rama terminaba en un cuarto completamente en blanco. Inmenso y vacío color blanco, sin nada que mostrar, aún más vacío que la playa de donde provenía. Estuve un tiempo en él por si pasaba algo, pero el vacío se mantenía igual. Regresé y probé con otra rama.

La siguiente rama, fue la más grata sorpresa que me ah pasado jamás, pues era un pueblo entero hecho de chocolate.

A pesar de mi incredulidad, en verdad me encontraba en un Pueblo por completo hecho de chocolate, con la única persona verdadera siendo un hombre obseso y calvo, saltando por todos lados comiéndose el mismo pueblo y sus habitantes (animales también hechos de chocolate). Evitando ser visto, tomé unos pedazos de una pared y me retiré del extraño lugar, agradeciendo mi suerte por haber encontrado por fin un poco de comida.

Las siguientes ramas desembocaban en lugares igual de bizzarros o incluso peores. Unos cuantos sitios más hechos de comida, palacios de cristal, eventos surreales de toda clase. Procuré no permanecer demasiado tiempo en ninguno para no ser descubierto; pero de cualquier forma, en cada uno de estos extraños lugares, sólo había una persona, diferente en cada uno.

Aquellas dimensiones a las que conectaba el árbol, definitivamente no eran mundos por si mismos, eran demasiado pequeños. Eran como espacios privados, dimensiones exclusivas de la persona…

Sueños. Caí finalmente en cuenta.

- Cada cabeza es un mundo, pero no esperabas este alcance, ¿o sí?

Descendía balanceándose de las ramas con gracia apoyándose de su bastón. Sabía que tarde o temprano vería sus orejas largas asomar de nuevo, y no me cayó tan de sorpresa la facilidad con que se movía por un sitio al que me tomó semanas llegar.

- Las puertas son mundos generales, agua que nutre, el árbol de los sueños individuales. Las puertas son planetas, las ramas personas… así funciona, ¿no es así? - le pregunté

El conejo aplaudió lentamente, mientras parloteaba

- bravo, bravo; así es exactamente. Pero esta usted muy lejos de su camino, me ah tenido muy preocupado; creí que ya se habría metido en alguna puerta y estaría haciendo muñecas, y yo no había visto por cuál. Me ah echo recorrer muchas puertas en su búsqueda, y vengo a encontrarlo en estas alturas. Usted y nuestro pequeño proyecto me interesan demasiado como para simplemente dejarlo andar solito por allí.

Me pesaba demasiado la cabeza como para reaccionar a la presión de aquel ser. En el fondo me dolía no haber tenido el valor de sólo saltar el agua, y haber tenido que subir el árbol.

- ten paciencia… ahmm… ¿cómo debo llamarte?

- Laplace. El señor debe llamarme Laplace – me respondió el conejo cortésmente.

- Ten paciencia Laplace – continué - En cualquiera de estos mundos de sueño, habrá una niña que sueñe con la muñeca más bonita. Se la quitaré… y traeré a casa a Alice.

- ¿En verdad? – Dijo Laplace, mientras se incorporaba – si, podría ser así. Pero recuerde, que ninguna niña ah visto a Alice… - su bastón se transformó en sombrilla, y Laplace dio un salto al vacío, descendiendo lentamente, sosteniéndola sobre su cabeza – sólo usted la conoce…

Desapareció.

Pasé los días siguientes viajando de sueño en sueño, ascendiendo o descendiendo dependiendo de mis corazonadas. Alimentándome de comida robada de sueños que la tuvieran y descansando en las ramas. Cada cuando se repetían aleatoriamente una serie de eventos.

El primero, era que seguía encontrando sueños vacíos, en blanco. Me preguntaba que clase de mente estaba tan en paz, ni siquiera soñaba consigo misma.

El segundo, era que me encontraba con alguna muñeca en algún sueño. Con un poco de dificultad, la raptaba y la llevaba de regreso a mi escondite en el tronco principal e intentaba nuevamente el ritual, obteniendo tristemente, el mismo resultado explosivo que la primera vez; sin importar lo bonita, resistente o grande que fuera la muñeca.

El tercero, era repetir los rituales que mantenían alargándose mi vida. No estaba seguro de si envejecía o no en aquel lugar, pero tenía que mantenerme seguro. Una vez que me acostumbré a encontrar campos vacíos, los usaba para hacer el ritual. Así noté que los campos en blanco parecían acostumbrarse a mi presencia, y reaccionaban a mis pensamientos; proyectando imágenes del pasado en sus paredes, y amplificando la potencia del ritual.

El cuarto, era la ocasional visita de Laplace, siempre con comentarios cómo "¡Oh! ¿Ah fallado de nuevo? ¡Que pena! Pero, estoy seguro de que en el siguiente sueño, encontrará una mejor muñeca. Sino, siempre queda la realidad, y sus puertas"

Un día me animé a preguntarle por los campos en blanco, que encontraba ocasionalmente.

- mhhh… son espacios reservados, que desafortunadamente; nunca pudieron ser usados. Tómelos como campos nulos, Nule Fields…

- ¿reservados, que nunca pudieron ser usados?

- Así es señor Rozen… parece que en algunos mundos, algunos padres no desean conocer a sus infantes. Le sugiero ignorarlos, si les toma demasiada consideración, el pobre campo en blanco querrá reemplazar su verdadero mundo de los sueños, Señor Rozen, y si lo logra… sería una tragedia, señor Rozen… una tragedia. Se perdería a usted mismo, olvidaría todo lo que es y tendría que empezar de 0. Lo mejor, es ignorar los N Fields…

De nuevo el tiempo se me esfumaba. Saltos terribles de tiempo sin que lograra ningún avance más que muchas heridas por explosiones de plástico, porcelana, madera, inclusive tela. Ninguna parecía funcionar. Inclusive empezaba a desarrollar un gusto y ojo por algo tan poco masculino como las muñecas por todo el tiempo que pasé recolectándolas; buscando una que aceptara la rosa. Ninguna sirvió, hice volar verdaderas obras de arte de delicadeza, gusto y refinación en cientos de pedazos.

No me tomó tanto tiempo comenzar a tratar de crear mis propias muñecas. Empezando por desarmar las que creía más bonitas, y reensamblándolas mezclando sus partes, haciendo lo que creía era una serie de súper muñecas híbridas que sin embargo explotaban igual de bien. Cuando se me fue acabando la paciencia empecé a recolectar material mucho más dudoso de sueños que no tenían que ver con muñecas.

Roca, acero, oro, plata, cuarzo, hierro, cuero. Con estos materiales tenía que trabajar desde cero, darles forma humana femenina sin ningún tipo de guía. El resultado no sólo era sumamente feo debido a mi completo desconocimiento de cómo hacer muñecas; también me causaba heridas más graves cuando explotaba. Perdí bastante tiempo en curaciones, y cada vez que estaba herido, Laplace aumentaba sádicamente el número y duración de sus visitas llenas de reproches.

Cuando el número de sueños visitados llegó a los 5 dígitos, me convencí de que era inútil la búsqueda en el árbol, y comencé el descenso, hacía los mundos reales, hacía los mundos físicos con gente conciente que pudiera hacer la muñeca que necesitaba, o al menos enseñarme a hacerla, hacía el millón de puertas, hacía el terrible y oscuro mar del inconciente. Vi a Laplace sonreír en una rama lejana mientras bajaba.