hooolaaaa jeje a todas esas fans de Ed y Bella jeje

recuerden de ke nada me pertenece solamente es una adaptacioon

Capitulo 16

Todo se complicaba, pensó Bella mientras atravesaba la amplia galería flanqueada de ventanas que llevaba al gran salón de baile. En aquella galería había cuadros que habrían emocionado a cualquier artista con alma. Había muebles cuidadosamente pulidos desde hacía siglos. Pero Bella pasaba a su lado sin siquiera mirarlos.

En lugar de simplificarse, la vida parecía hacerse cada vez más compleja. ¿No le había dicho Edward que la vida nunca era sencilla? Era absurdo desear que estuviera equivocado.

Casi una semana antes, Bella había yacido medio dormida junto a él en una estrecha cama de un barco, hasta que se volvieron de nuevo el uno hacia el otro e hicieron el amor otra vez. ¿No los convertía eso en amantes?, se preguntó, deteniéndose junto a una ventana. ¿Y no se suponía que los amantes debían estar a gusto juntos y desearse mutuamente? Sin embargo, había pasado casi una semana, durante la cual Edward se había mostrado impecablemente cortés y, al menos en apariencia, sumamente atento. Hasta se había mostrado amable a su manera. Pero, sobre todo, había hecho todo lo posible por evitar tocarla.

Bella apoyó las manos en el antepecho de la ventana y miró hacia abajo. En el patio de armas se estaba efectuando el cambio de guardia. Mientras observaba aquel elaborado ritual, se dijo que tal vez Edward pensara que ya era hora de que ella también cambiara de guardia. Y se preguntó qué haría si él se marchaba.

Naturalmente, había sabido desde el principio que tendría que sufrir interminables habladurías. Su enlace seguía siendo una noticia candente, y no solo en Cordina y en el resto de Europa, sino también en Estados Unidos. Le resultaba imposible hojear una revista sin encontrarse una foto suya.

Pero aquello la traía sin cuidado, se dijo encogiéndose levemente de hombros. Los cotilleos iban y venían. Sin darse cuenta, hizo girar el diamante alrededor de su dedo. No, los cotilleos no le importaban. Pero Edward, sí. Quizá demasiado.

Si se comprendiera mejor a sí misma, ¿sabría cómo encarar lo que estaba sucediendo? ¿O más bien lo que no estaba sucediendo? No, la vida nunca resultaba fácil.

Sin duda, enamorarse ya resultaba bastante complicado cuando todo era normal. Pero habiendo tantas páginas en blanco y tantas responsabilidades que atender, lo cierto era que producía más temor que alegría.

Se dijo que Edward regresaría a su granja. A su país, a su vida. Su familia, ella y unas pocas personas más ya lo sabían. Pero, aunque Edward se lo pidiera, ¿podría irse con él? No se lo pediría, se dijo, intentando quitarse aquella idea de la cabeza. Después de todo, ella no era más que una amante más en su vida, una mujer cualquiera, una simple anécdota. Para Edward no podía ser como para ella. Porque para ella no había nadie más.

Responsabilidad. Bella cerró los ojos un momento y procuró concentrarse en aquellas palabras. Debía pensar en sus responsabilidades y dejar de soñar. No habría boda. Ella no llevaría el hermoso vestido blanco, ni el velo que todos los modistos del mundo ansiaban diseñar. Y tampoco habría pastel, ni espadas cruzadas. Solo habría un final, una despedida amable. Ella no tenía derecho a exigirle otra cosa. Pero, sin poder remediarlo, deseaba que fuera de otro modo.

Al darse la vuelta y, ver una figura al otro lado de la amplia galería, se asustó y retrocedió hacia las ventanas.

- Jasper -Bella bajó la mano que se había llevado instintivamente al corazón-. Me has asustado.

- No quería molestarte. Parecías... -infeliz, quiso decir. Perdida- pensativa.

- Estaba mirando a los guardias -le dirigió la misma sonrisa cortés que dedicaba a todo el mundo. A todo el mundo, menos a Edward. Pero, a diferencia de Jasper, ella no lo notaba-. Están tan guapos y elegantes con sus uniformes... Iba de camino al salón de baile para asegurarme de que todo está en orden. Resulta difícil de creer que quede tan poco tiempo para el baile y tantas cosas por hacer. Ya han llegado casi todas las respuestas, así que...

- Bella, ¿tienes que hablarme como si fuera alguien con quien has de mostrarte cortés?

Ella abrió la boca y volvió a cerrarla. Jasper acababa de describir su actitud a la perfección. No podía negarlo.

- Lo lamento. Todavía estoy tan aturdida...

- Preferiría que conmigo no utilizaras esa facha de cortesía -Jasper era joven, alto, y parecía enfadado-. Con Edward no pareces necesitarla.

La voz de Bella se helo de repente.

- Ya me he disculpado una vez. No tengo intención de hacerlo una segunda.

- No quería que te disculparas -su hermano se acercó a ella con el paso rápido y medido de un hombre que tenía la obligación de saber adónde iba. Algún día, gobernaría Cordina; el sendero ya estaba trazado-. Lo que pretendo es que le des a tu familia la misma consideración que le das a ese extranjero.

Bella estaba harta de sentirse culpable. Su tono no era de disculpa, sin o de desafío.

¿Eso es un consejo o una orden?

A ti jamás ha podido nadie darte una orden -le espetó él, liberando la ira que llevaba semanas refrenando-. Ni tampoco un consejo. Si te comportaras como es debido, no habríamos tenido que pedir ayuda a un extranjero.

- No entiendo a qué viene ahora hablar de Edward.

- ¿Ah, no? -Jasper la agarró del brazo mientras hablaba; era una vieja costumbre suya-. ¿Se puede saber que hay entre vosotros dos?

La voz de Bella se había helado poco antes. Tras oír su última pregunta también se helaron sus ojos.

- Eso no es asunto tuyo.

- Maldita sea, Bella, soy tu hermano.

- Eso me han dicho-dijo ella con frialdad, olvidando el daño que podía causarle-. Y también que eres unos años más joven que yo. No creo que tenga que darte cuentas de lo que hago con mi vida privada.

- Puede que sea más joven que tú -dijo Jasper con los dientes apretados-, pero soy un hombre, y sé lo que está pensando un hombre cuando mira a una mujer como el americano te mira a ti.

- Jasper, deberías dejar de llamarlo «el americano», como si fuera de una raza inferior. Y, además -continuó antes de que él pudiera contestar-, si no me gustará su forma de mirarme, te aseguro que se lo diría. Soy muy capaz de cuidar de mí misma.

- Si lo fueras, hace unas semanas ninguno de nosotros habría tenido que pasar por un infierno -vio que ella palidecía, pero siguió adelante, impulsado por la ira -. Te secuestraron, te mantuvieron retenida durante días, y por último te hospitalizaron. Durante días nos sentimos completamente impotentes. Solo podíamos rezar y esperar. ¿No se te ha ocurrido pensar en lo que hemos pasado? Quizá tú no nos recuerdes, quizá ahora no signifiquemos nada para ti. Pero eso es lo que nosotros sentimos por ti.

- ¿Crees que a mí me gusta todo esto? -a Bella se le saltaron de pronto las lágrimas-. ¿Acaso no sabes que me esfuerzo cuanto puedo por recordar? Pero, no, claro, tú tenías que acorralarme en un rincón para criticarme, para venirme con exigencias, para ofenderme...

Jasper sintió que su ira se disolvía de repente, sustituida por el remordimiento. Había olvidado por un momento lo desvalida que parecía Bella de pie junto a la ventana.

- Siempre hago lo mismo -dijo suavemente-. Tú solías decir que practicaba para gobernar Cordina dándoos órdenes a Emmett y a ti. Lo siento, Bella. No puedo evitar quererte, aunque aún no estés lista para asumirlo.

- Oh, Jasper -Bella se acercó a él y lo abrazó por vez primera. Su hermano era tan altivo, tan severo, tan impetuoso... Sin embargo, esta vez, Bella sintió cierto orgullo al reconocer en él todas aquellas cualidades. A ella no le resultaba fácil esperar a que la situación se aclarase. Y tampoco debía de resultarle fácil a un hombre como Jasper-. ¿Antes discutíamos mucho?

- Continuamente -él la abrazó con fuerza un momento y luego le dio un beso en la coronilla-. Padre suele decir que es porque los dos nos creemos que lo sabemos todo.

- Bueno, al menos yo ya no puedo decirlo -dando un rápido suspiro, Bella se apartó de él-. Por favor, Jasper, no desconfíes de Edward. Yo también tenía mis dudas al principio, pero lo cierto es que está haciendo un gran sacrificio quedándose aquí y soportando todas estas absurdas maniobras, cuando en realidad lo que quiere es regresar a su país.

- Sí, ya sé que es difícil -Jasper se metió las manos en los bolsillos y miró por la ventana-. Sé que Edward no está obligado a quedarse y que, si lo hace, es por hacernos un favor. La verdad es que, en realidad, me gusta bastante.

Bella sonrió, recordando que Emmett le había dicho lo mismo.

- Eso me parecía.

- Es solo que no creo que estas cosas deban salir de la familia. Ya es bastante con que lo sepa Loubet. Pero supongo que es inevitable.

- ¿Te enfadarías si te dijera que prefiero tener a Edward a mi lado antes que a Loubet?

Por primera vez, Bella vio que Jasper sonreía. Su sonrisa fue rápida y comprensiva.

- Si dijeras lo contrario, pensaría que te has vuelto loca.

- Altezas... -Jasper y Bella se volvieron a unísono. Jane Smithers hizo una impecable reverencia-. Les ruego me perdonen, príncipe Jasper, princesa Bella...

Iba, como de costumbre, impecablemente arreglada, con el pelo rubio pulcramente recogido en un severo moño y la cara más bien flaca cubierta con una discreta capa de maquillaje. Su dicción era perfecta, límpida y sin acento. Su traje, clásico y bien cortado. Y, a ojos de Bella, sumamente anodino. Jane Smithers era inteligente, rápida, eficaz y callada. De estar en una habitación con más de cuatro personas, nadie notaría su presencia. Quizá solo por eso, Bella se sentía obligada a ser amable con ella.

- ¿Me necesitas para algo, Jane?

- Ha recibido una llamada, Alteza. De la señorita Christina Brandon.

- ¿La señorita...? -Bella se quedó pensando un momento, intentando asociar algún dato a aquel nombre.

- Fuiste a la universidad con ella -le dijo Jasper, apoyando una mano sobre su hombre. Le parecía extraño tener que explicarle a su hermana quién era su mejor amiga-. Es americana, hija de un constructor.

- Sí, fui a visitarla a... Houston. La prensa dice que asistirá a mi boda, y que puede incluso que sea mi dama de honor -Bella recordó el dossier de prensa que le habían facilitado. Christina Brandon era una mujer alta, guapísima, con una espesa mata de pelo negro y una sonrisa maliciosa-. ¿Y dices que ha telefoneado, Jane? ¿Ha dejado algún mensaje?

- Me pidió que la localizara, Alteza -Jane no dejó entrever ni en el gestó más insignificante lo que pensaba de aquella petición-. Y que le dijera que volvería a llamar a las once en punto.

- Entiendo -Bella miró su reloj. Aún tenía quince minutos-. Entonces, será mejor que baje a mis habitaciones. Jane, si no te importa, ¿podrías ir a revisar el salón de baile y anotar todo lo que quede por hacer? Me temo que ahora no tengo tiempo para hacerlo yo misma.

- Por supuesto, Alteza -la secretaria hizo otra genuflexión antes de echar andar por el pasillo.

- Qué mujer tan extraordinariamente interesante -comentó Jasper, sarcástico, cuando Janet estuvo lo bastante lejos como para no oírlos.

- Jasper... -murmuró Bella, reprendiéndolo automáticamente, a pesar de que estaba de acuerdo con él.

- Qué que sus credenciales son irreprochables y que nadie puede discutir su eficiencia, pero, Cielo Santo, debe de ser aburridísimo tener que vérselas con ella cada mañana.

- Bella se encogió de hombros ligeramente.

- La verdad es que no es un modo muy estimulante de empezar el día. Pero supongo que, si la contraté, alguna razón debía de tener.

- Dijiste que querías una mujer soltera y con la que no pudiera encariñarte demasiado. Cuando se marchó, Martha, la predecesora de Jane, te pasaste semanas deprimida.

- Entonces, está claro que hice bien al elegir a Jane -al ver que Jasper le dedicaba otra rápida sonrisa, se encogió de hombros-. Será mejor que baje antes de me llamen -pero no le dijo que quería echarle un vistazo rápido a sus notas y refrescarse la memoria acerca de Christina Brandon. Sin embargo, antes de irse, le tendió la mano-. ¿Amigos?

Jasper se la estrechó, haciendo una reverencia burlona.

- Amigos. Pero seguiré vigilando al americano.

- Como quieras -dijo ella con desenfado, y, dándose la vuelta, echó a andar por el corredor. Jasper la miró hasta que dobló la esquina, en dirección a la escalera. Quizá fuera hora de mantener una pequeña charla con Edward Masen.

Una vez en su habitación, Bella se sentó en el diván con un montón de papeles en las manos. Había recopilado minuciosamente aquellas notas, siguiendo las indicaciones de Edward y de su secretaria. Estaban ordenadas alfabéticamente y escritas con letra pulcra y clara. Eran, por fuerza, muy precisas. Aquellas palabras escritas sobre papel eran la única referencia que tenía acerca de las personas que antes del secuestro formaban parte de su círculo cercano. Ya que su amnesia debía mantenerse en secreto, no podía permitirse cometer un absurdo desliz.

- Christina Brandon -musitó al encontrar las dos hojas en las que se resumían todos sus conocimientos acerca de una mujer que antaño había sido su mejor amiga. Habían pasado cuatro años juntas en París, estudiando en La Sorbona. Cuando cerraba los ojos, Bella casi creía ver París: las calles lavadas por la lluvia, el tráfico caótico, los hermosos y vetustos edificios, las pequeñas tiendas polvorientas y los jardines cuyos colores rompían el corazón. Sin embargo, no conseguía ver a Christina Brandon.

Chris, se corrigió, leyendo el diminutivo de su nombre. Chris había estudiado Historia del Arte y poseía una galería en Houston. Tenía una hermana menor, Alice, de la que unas veces contaba maravillas y que otras le hacía desesperarse. Había tenido algunos romances. Bella alzó las cejas al leer la lista de los hombres con los había salido, si bien nunca lo bastante en serio como para pensar en casarse. A sus veinticinco años, Christina Brandon seguía soltera y sin compromiso, y era una artista independiente y una exitosa mujer de negocios. Bella sintió una vaga punzada de envidia que vino y se fue tan rápidamente que casi le pasó desapercibida.

Interesante, pensó. ¿Habría rivalidad entre ellas? Le habían proporcionado datos y cifras, pero nadie podía decirle cuáles eran sus sentimientos íntimos hacia aquellas personas.

Cuando sonó la línea privada, Bella sujetó las notas con una mano y con la otra descolgó el teléfono.

- Hola.

- Lo menos que puedes hacer cuando una vieja amiga te llama desde el otro lado del Atlántico, es estar disponible.

A Bella le gustó al instante la voz de Christina Brandon. Er a una voz cálida, irónica y, en cierta forma, indolente.

- Chris... -titubeó un instante y luego se dejó guiar por su intuición-. ¿Es que no sabes el trabajo que da ser princesa?

La risa de su amiga le produjo alivio, pero no acabó de tranquilizarla.

- Ya sabes que, cuando la corona te pese demasiado, puedes tomarte un descanso y venirte conmigo a Houston. Dios sabe que siempre me viene bien un poco de ayuda extra en la galería. ¿Qué tal estás, Bella, en serio?

- Yo... -cosa rara, de pronto Bella deseó contárselo todo, absolutamente todo. Había algo tan reconfortante en aquella voz desprovista de rostro... Pero recordó que tenía responsabilidades. Obligaciones -. Estoy bien.

- Eh, que soy yo, Chris, ¿recuerdas? Dios mío, Bella, cuando me enteré de lo del secuestro, estuve a punto de... -se interrumpió, y Bella oyó que maldecía por lo bajo-. Hablé con tu padre, ¿sabes? Quería ir a Cordina. Pero me dijo que por el momento no era aconsejable.

- Seguramente tenía razón. Necesitaba algún tiempo para recuperarme, pero me alegro de que quisieras venir.

- No voy a preguntarte nada sobre ese asunto, cielo. Estoy convencida de que lo mejor es que lo olvides por completo.

«Si tú supieras... », Pensó Bella, y dejó escapar una risa rápida y espontánea.

- Creo que lo estoy consiguiendo.

Chris aguardó un momento. La respuesta de Bella no parecía haberla convencido del todo. Pero, al final, lo dejó pasar.

- Bueno, cuéntame qué demonios pasa por ahí, en Camelot.

- ¿Que qué pasa?

- Sí, lo de ese romance secreto que está a punto de convertirse en boda. Bella, sé que siempre has sido muy discreta, pero no puedo creer que a mí no me hayas dicho ni una palabra, ni una sola palabra, sobre Edward Masen.

- Bueno, supongo que en realidad no tenía mucho que contarte -aquello llevaba el membrete de la verdad, pensó Bella con amargura-. Todo ha ocurrido tan deprisa... Ni siquiera habíamos hablado de compromiso hasta que Edward vino aquí el mes pasado.

- ¿Y tú padre qué dice?

Bella esbozó una seca sonrisa y se alegró de no tener que ocultar su expresión.

- podría decirse que prácticamente lo arregló él.

- La verdad es que me parece muy bien. Un ex policía americano... Tú siempre has dicho que jamás te casarías con alguien demasiado pertinente.

Bella sonrió un poco.

- Pues, al parecer, lo decía en serio.

- La verdad es que empezaba a pensar que nunca darías ese paso. Siempre has sido tan exigente con los hombres... ¿Recuerdas al modelo de la clase del profesor Debare?

- ¿Te refieres al chico que hacía de modelo? -aventuró Bella, y Chris se echó a reír.

- Pues claro. Echaste un vistazo a ese magnífico ejemplo de perfección masculina y solo se te ocurrió decir que era un oportunista vanidoso y superficial. Y, mientras, las demás babeando sobre sus pectorales... Pero, claro, la verdad es que luego le pidió a Sylvia cincuenta mil francos...

- Pobre Sylvia -murmuró Bella, sin saber qué decir.

- Ah, bueno, qué más da, ella podía permitírselo. En fin, Bella, sé que estás muy ocupada. Solo llamaba para decirte que pienso ir con mi hermana Alice a pasar unos días contigo.

- Sabes que siempre sois bienvenidas -dijo Bella automáticamente, pensando a toda velocidad-. De todos modos, tienes que venir para el baile. ¿Podrás quedarte luego?

- De eso se trata. Espero que no te importe que me lleve a Alice, pero es que la pobre está volviendo loco a mi padre. Ahora dice que quiere ser actriz.

- ¿Ah, sí?

- Ya conoces a mi padre, siempre tan estirado. No soporta la idea de que una de sus pequeñas se meta en el mundo de la farándula. Otra cosa es que quisiera ser agente de Bolsa... En fin, que he pensado que a los dos les hace falta pasar unos días separados por unos cuantos miles de kilómetros. Así que si hay un par de camas libres en ese palacio tuyo...

- Oh, no te preocupes. Podemos poner unos catres plegables.

- Sabía que podía contar contigo. Entones llegaremos el día anterior al baile. Así podré echarte una mano... y de paso conocer a tu prometido. Por cierto, Bella, ¿qué tal la experiencia de estar enamorada?

- Pues... -miró el anillo de compromiso y recordó lo que sentía cada vez que Edward la miraba o la tocaba-. La verdad es que no es muy cómoda.

Chris se echó a reír.

- ¿Es que pensabas que lo sería? Cuídate, querida. Nos veremos pronto.

- Adiós, Chris.

Bella colgó el teléfono y se quedó quieta un momento. Lo había conseguido. No había despertado las sospechas de Christina Brandon. Se había mostrado divertida, alegre... y engañosa. Malhumorada, Bella tiró con desprecio las notas, que se esparcieron, flotaron y luego cayeron al suelo. Siguió mirándolas con rencor hasta que oyó que llamaban discretamente a la puerta.

- Sí, adelante.

- Discúlpeme, Alteza -Jane entró en el cuarto de estar con su habitual sigilo-. Pensé que querría saber que en el salón de baile todo está en orden. Van a volver a colgar las cortinas -aunque miró los papeles esparcidos por el suelo, no hizo ningún comentario-. ¿Ha recibido ya esa llamada?

- Sí. Sí, ya he hablado con la señorita Brandon. Puedes decirle a mi padre que no sospecha nada.

Jane mantuvo las manos unidas delante de ella, sin inmutarse.

- ¿Disculpe, Majestad?

- ¿No intentarás decirme que no informas a mi padre? -preguntó Bella ásperamente, y se levantó, impulsada por los remordimientos y la desesperación-. Soy muy consciente de que todo el mundo me vigila, Jane.

- Su bienestar es nuestra única preocupación, Alteza -la voz de Jane siguió siendo incolora; sus manos siguieron unidas-. Si la he ofendido...

- Lo que me ofende es el disimulo -replicó Bella-. Todo este absurdo disimulo.

- Sé que Su Alteza ha de sentirse...

- Tú no sabes cómo me siento -la cortó Bella, dando vueltas por la habitación-. ¿Cómo ibas a saberlo? ¿Acaso tú no recuerdas a tu padre, a tus hermanos, a tu mejor amiga?

- Alteza... -al cabo de un momento, Jane dio un paso adelante. Sabía que había que tratar con sumo cuidado aquellos arrebatos emocionales-. Es posible que ninguno de nosotros comprenda realmente cómo se siente, pero eso no significa que no nos importe. Si hay algo que pueda hacer por ayudarle...

- No -más calmada, Bella se dio la vuelta-. No, no puedes hacer nada. Lo siento, Jane. No tenía derecho a gritarte.

La somera sonrisa de Jane apenas varió su expresión.

- Con alguien tenía que desahogarse. Pero yo esperaba... es decir, pensaba que tal vez, después de hablar con una vieja amiga, quizá empezaría a recordar algo.

- No, no recuerdo nada. A veces, me pregunto si alguna vez recuperaré la memoria.

- pero los médicos son muy optimistas al respecto, Alteza.

- ¡Médicos! Lo siento, pero estoy harta de ellos. Lo único que me dicen es que sea paciente -dando un suspiro, empezó a reordenar un jarrón de gardenias-. ¿Cómo voy a ser paciente si lo único que conservo son destellos de mi vida, de mis recuerdos?

- Pero, entonces, ¿recuerda algo? Jane avanzó unos pasos y, tras un breve titubeo, puso una mano sobre la de Bella-. ¿Algún fragmento de su vida?

- No. Solo impresiones. Nada concreto -la imagen del cuchillo era muy concreta, y demasiado espantosa como para detenerse en ella. Bella necesitaba algo que su mente pudiera asumir, algo que la tranquilizara-. Los fragmentos pueden unirse, ¿no es cierto, Jane?

- Yo no soy médico, Alteza, pero creo que, de momento, debería conformarse con lo que tienes.

- ¿Conformarme con qué? ¿Con el hecho de que mi vida empezara hace menos de un mes? -Bella sacudió la cabeza-. No, no puedo. No lo haré. Encontraré el primer fragmento de este rompecabezas.


reviews jeje