hello espero les gste

recuerden de ke nada me pertence

Capitulo 20

Abrió sigilosamente la puerta de su dormitorio, se acercó canturreando a las ventanas y descorrió las cortinas para que entrara la luz.

- Muy bonito.

Bella dio un respingo y, al darse la vuelta, maldijo para sus adentros.

- Nanny...

La anciana se irguió en el sillón y le lanzó una mirada firme y larga. Bella vio la desaprobación en su rostro, y sintió que la sangre le afluía a las mejillas.

- Sí, hacer bien en sonrojarte, señorita. Entrar de puntillas en tu habitación, al amanecer...

- ¿Has pasado la noche aquí?

- Sí. Lo cual no puede decirse de ti -Nanny tamborileó con sus uñas largar y curvas sobre el brazo del sillón. Percibía el cambio que se había operado en Bella, un cambio que ya había notado días antes, cuando la princesa regresó de su excursión en barco. Aunque anciana, Nanny seguía siendo una mujer-. Así que has decidido echarte un amante. Supongo que estarás muy satisfecha de ti misma.

Bella alzó la barbilla, desafiante.

- Pues sí.

Nanny la observó fijamente. Tenía el pelo desordenado, las mejillas encendidas y en los ojos el fulgor de la pasión satisfecha.

- Así es como tiene que ser -musitó-. Ya veo que estás enamorada.

Bella habría podido negarlo. Pero, cuando se disponía a hacerlo, se dio cuenta de que ello equivaldría a una mentira. A una mentira más.

- Sí, estoy enamorada.

- Entonces, te aconsejo que seas prudente -el rostro de Nanny parecía muy viejo y pálido a la luz de la mañana, pero sus ojos no tenían edad-. Cuando una mujer se enamora de su amante, arriesga algo más que su cuerpo y algo más que su tiempo. ¿Entiendes lo que quiero decir?

- Sí, creo que sí -Bella sonrió y, acercándose, se arrodilló a los pies de Nanny-. ¿Por qué te pasas la noche en un sillón cuando podrías dormir en tu cama?

- Puede que tú te hayas echado un amante, pero yo sigo velando por ti. Te traje leche caliente. Sé que sigues sin dormir bien.

Bella vio una gruesa taza sobre la mesita de noche.

- Y te preocupaste al no encontrarme aquí -se llevó la mano pequeña y áspera de la mujer a la mejilla-. Lo siento, Nanny.

- Imaginé que estabas con el americano -dejó escapar un pequeño suspiro-. Es una lástima que su sangre no sea tan azul como sus ojos. Pero pudrías haber elegido peor.

Bella sintió el peso del diamante en el dedo.

- Sin embargo, todo esto no es más que un sueño, ¿verdad?

- Tú no sueñas lo suficiente -dijo Nanny-. Por eso te traje la leche caliente. Y entonces descubrí que te habías ido a buscar otra clase de medicina.

Bella se echó a reír.

- ¿Te enfadarías si te dijera que esa medicina me gusta mucho más?

- No. Pero te aconsejaría que no se lo dijeras a tu padre todavía -dijo Nanny con sorna, y Bella sonrió-. En fin, puede que ya no necesites otra cosa que te he traído -estiró un brazo y recogió del suelo una muñeca de trapo, plana y carirredonda, con un delantalito de andrajos-. De niña, cuando por las noches tenías miedo, te abrazabas a esta muñeca.

- Pobrecita -musitó Bella, tomando aquel guiñapo.

-La llamabas Enriqueta Turuleta.

- Espero no le importara -dijo Bella, pasando una mano por el pelo de la muñeca. Pero al instante se puso rígida y pareció quedarse paralizada.

Una niña en una pequeña cama con colgaduras rosas, sábanas rosas y colcha rosa. Volantes blancos sobre un tocador. Capullos de rosa en el papel pintado. Una música que llegaba desde lejos. Un lento y romántico vals. Y una mujer, la mujer del retrato, sonriendo, murmurando, riéndose un poco al inclinarse sobre la cama, de modo que sus pendientes de esmeraldas brillaban en la semipenumbra. Su vestido era como las esmeraldas: verde y brillante. La tela producía un frufrú musical, como solo pueden hacerlo las mejores sedadas. Aquella mujer olía a flores de manzano, a primavera, a juventud.

- Bella -Nanny puso una mano sobre el hombreo de Bella y la zarandeó. Sentía su piel helada bajo la fina bata-. Bella...

- Mi cuarto -musitó Bella, mirando la muñeca-. Mi cuarto de pequeña... ¿De qué color era?

- Rosa -dijo Nanny, sorprendida-. Era todo rosa y blanco, como un a pastel.

- Y mi madre... -sin darse cuenta, Bella hundió los dedos en la muñeca de trapo. El sudor perlaba su frente, pero de eso tampoco se daba cuenta-. ¿Tenía un vestido de seda verde? Verde esmeralda. ¿Un vestido de noche'

- Sin tirantes -la anciana se esforzó por mantener la voz en calma-. Con la cintura muy ceñida. Y una falda con mucho vuelo.

- Olía a flores de manzano. Era tan hermosa...

- Sí -Nanny le apretó el hombro con fuerza-. ¿Te acuerdas?

- Yo... Ella venía a verme a mi habitación. Había música, estaban tocando un vals. Venía a darme las buenas noches.

- Siempre lo hacía. Primero a ti, luego a Jasper y después a Emmett. Tu padre y ella siempre subían a veros antes de que os durmierais. Ahora, creo que iré a buscar a tu padre.

- No -Bella se abrazó a la muñeca. No podía seguir reteniendo aquella imagen. Se sentía débil y desfallecida por el esfuerzo-. No, todavía no. No recuerdo nada más. Solo esa imagen. Y me quedan aún tantas cosas por recordar... Nanny... -con los ojos enturbiados, Bella volvió a alzar la mirada-. Yo la quería. Por fin puedo sentirlo. La quería muchísimo. Pero, ahora, recordarlo es como volver a perderla otra vez.

Mientras la anciana niñera le acariciaba el pelo, Bella bajó la cabeza y empezó a llorar. La puerta del dormitorio se abrió ligeramente y luego volvió a cerrarse sin hacer ruido.


corto? jeje ni tanto jeje

espero reviews bye