recuerdn de ke nada me pertenece
ojala les guste
Capitulo 24
- Así que le dije al profesor Sparks que había que ser de piedra para pensar en Homero teniendo en clase a una mujer como Lisa Barrow.
- ¿Y te comprendió? -le preguntó distraídamente Bella a Emmett mientras miraba cómo izaban hasta el techo la lámpara que acababan de limpiar.
- ¿Bromeas? Ese hombre tiene el corazón de una ciruela -Emmett sonrió y se metió las manos en los bolsillos traseros del pantalón-. Pero conseguí una cita con la divina señorita Barrow.
Bella se echó a reír mientras revisaba las notas que llevaba en un portafolio.
- Podría decirte que no asistes a Oxford para engrosar tu pequeña leyenda negra.
- Pero no lo harás -él paso un brazo sobre sus hombros-. Tú nunca me sermoneas. He echado un vistazo a la lista de invitados. Y ha sido un placer descubrir que la hermosa Lady Lawrence ya ha confirmado su asistencia.
Bella bajó el portafolios y lo miró con el ceño fruncido.
- Emmett, Lady Alison Lawrence tiene casi treinta años y está divorciada.
Él puso su mirada de monaguillo encantador, ribeteada de malicia.
- ¿Y?
Bella sacudió la cabeza. ¿Habría nacido precoz?, se preguntó.
- Tal vez debería sermonearte.
- Eso déjaselo a Jasper. A él se le da mucho mejor.
- Ya me he dado cuenta -murmuró ella.
- ¿Es que se ha metido contigo?
Ella volvió a fruncir el ceño mientras observaba cómo acababan de izar la lámpara.
- ¿Suele hacerlo?
- Oh, lo hace sin malicia -dijo Emmett.
- El Príncipe Perfecto.
La cara de Emmet se iluminó.
- ¿Lo recuerdas?
- No. Me lo dijo el doctor Franco.
- Ah -su brazo se tensó un momento sobre los hombres de Bella-. Anoche, cuando llegué, apenas tuve tiempo de hablar contigo. Tenía muchas ganas de preguntarte qué tal te va.
- Ojalá pudiera decírtelo... Pónganlas a lo largo de los ventanales -dijo, dirigiéndose a los hombres que estaban introduciendo en el salón las largas mesas para el banquete. Aquellas mesas irían engalanadas con finos manteles de hilo blanco, pensó Bella, echando otro vistazo al portafolio. Y después quedarían cubiertas con deliciosos manjares que ayudarían a los invitados a aguantar la larga noche del baile-. Físicamente, me han dado el alta con ciertas reticencias. Creo que el doctor franco habría preferido tenerme en observación un poco más. En cuanto al resto de las cosas, todo son complicaciones.
Emmett la tomó de la mano y giró el diamante de modo que sus facetas atraparan la luz.
- Supongo que esta es una de esas complicaciones.
Ella se puso tensa y lego se relajó.
- Solo temporalmente. Las cosas pronto volverán a su cauce -Bella pensó de repente en los sueños, en el termo-. Emmett, quería preguntarte por Nanny. ¿Tú crees que está bien?
-¿Nanny? -él la miró con sorpresa-. ¿Es que ha estado enferma? No lo sabía.
- No, no ha esto enferma -Bella vaciló porque aquella guerra de lealtades la confundía. ¿Por qué no le hablaba sin ambages de sus sospechas acerca de la anciana niñera? ¿Por qué no se lo decía y acababa de una vez?-. Pero ya es muy mayor, y los ancianos a veces se vuelven raros o...
- ¿Seniles? -esta vez, fue él quien se echó a reír, apretando la mano de su hermana-. Nanny tiene el cerebro como de cemento. Si te ha estado regañando, es solo porque cree tener derecho a hacerlo.
- Por supuesto -sus dudas no se disolvieron, pero decidió guardárselas para sí. Se limitaría a observar y a esperar, como se había prometido.
- Bella, por ahí se dice que Edward y tú sois la pareja de la década.
- ¿Ah, sí? -ella se limitó a levantar una ceja, pero con el pulgar tocó el diamante de su índice-. Al parecer, estamos haciendo muy bien el papel que nos han asignado en esta farsa.
- ¿Lo es? Una farsa, quiero decir.
- Oh, ¿tú también vas a empezar con eso? -Bella se apartó de él con impaciencia y se acercó a las puertas de la terraza-. Ya he tenido esta conversación con Jasper.
- No es que quiera meter la nariz donde no me llaman -Emmett la siguió con la misma impaciencia. Sin embargo, aunque casi estaban discutiendo, ninguno de los dos alzó la voz. Los sirvientes eran célebres por su fino oído-. Pero es natural que me preocupe.
- ¿Te preocuparías si estuviéramos prometidos de verdad? -dijo Bella con frialdad. Con excesiva frialdad. Y su tono le dio a Emmett la respuesta que esperaba.
- Verás, es que me siento responsable -dijo él al cabo de un momento-. Al fin de cuentas, fue más o menos idea mía, y...
- ¿Tuya? -Bella dejó los portafolios sobre la mesa dando un golpe.
Emmett empezó a balbucir y deseó haber mantenido la boca cerrada y los ojos bien abiertos. Si había algo que intentaba evitar por todos los medios, era discutir con una mujer. Sabía que siempre estaba abocado a perder.
- Bueno, le comenté a padre que parecería un tanto extraño que Edward te acompañara a todas partes, que viviera aquí y... Demonios -desconcertado por la tranquilidad de Bella, por su gélida mirada, se pasó una mano por el pelo-. Habría habido toda clase de habladurías.
- ¿Y a mí qué me importan las habladurías?
- Tú nunca has tenido que vértelas con esa clase de comentarios -dijo Emmett con resignación, pero sin amargura-. Mira, Bella, puede que yo sea el más pequeño de los tres, pero soy el que tiene más experiencia tratando con los viscosos tabloides de poca monta.
- Al parecer, con razón.
Él también sabía ponerse muy digno.
- Sí, con toda razón, en efecto. Pero, a diferencia de ti, yo he decidido vivir mi vida de esa manera. Y no soportaba la idea de ver tu nombre y tu fotografía expuestos por todas partes como de una vulgar mercancía se tratara. Enfádate, si quieres. Prefiero que te enfades a que vuelvan a hacerte daño.
Bella podía enfadarse con él. Sabía que tenía derecho a hacerlo. Podía haberle dicho, pomposa y expeditivamente, que se ocupara de sus propios asuntos. Que, al sugerir la idea de su compromiso con Edward, la había hecho más daño que cualquiera escándalo. La sortija que llevaba en la mano era solo un aderezo de aquella farsa. Un día, al mirarse la mano, descubriría que había desaparecido. Que todo se había acabado.
Podía enfadarse, sí, Pero de pronto sintió que el amor se derramaba dentro de ella, cálido y dulce. Emmett era tan joven y tan dulce...
- Maldito seas, Emmett -dijo, pero lo abrazó-. Debería enfurecerme contigo.
Él apoyó la mejilla contra su sien.
- ¿Cómo iba a saber yo que te enamorarías de Edward.
Bella podía negarlo y salvar su orgullo. Pero, en lugar de hacerlo, sacudió la cabeza y suspiró.
- Sí. Yo tampoco podía saberlo.
Justo cuando se apartaba de él, Bella vio que un lacayo acompañaba a dos mujeres al interior del salón. Había dado instrucciones de que Christina Brandon y su hermana fueran llevadas a su presencia en cuanto llegaran.
Bella reconoció a la alta y espectacular morena vestida con un traje de Saint-Laurent por las fotografías y los recortes de periódico que le habían proporcionado. Pero no sintió nada, salvo una punzada de pánico.
¿Qué debía hacer? Podía cruzar corriendo la habitación o sonreír y esperar. ¿Debía mostrarse educada o cálida, afectuosa o divertida? Dios, cómo odiaba no saberlo.
- Es tu mejor amiga -le susurró Emmett al oído-. Siempre dices que Christina es para ti como una hermana.
Aquello bastó para que el pánico de Bella se difuminara. Las dos mujeres se inclinaron para hacer una reverencia. La más joven no le quitaba ojo al príncipe, mientras que la mayor miraba sonriente a Bella. Dejándose guiar por su intuición, esta se acercó a ella con las manos extendida. Christina salió a su encuentro.
- Oh, Bella -riendo, Christina extendió un brazo y la hizo detenerse, Bella vio que tenía una mirada dulce, pero llena de ironía. Su boca resultaba encantadora cuando sonreía, pero también era firme-. Estas guapísima. ¡Guapísima, guapísima! -de repente, Bella se encontró envuelta en un fuerte abrazo. Christina llevaba un perfume caro y femenino que Bella no conocía.
- Me alegro de que estés aquí -Bella dejó que su mejilla descansara contra el pelo cuidadosamente recogido de Christina. Y se dio cuenta de que no era mentira. Necesitaba una amiga: simplemente una amiga, no una pariente, ni un amante-. Debes de estar exhausta.
- Oh, ya sabes lo nerviosa que me pone volar. Has perdido peso. Qué poco considerado por tu parte.
Bella se apartó de ella y sonrió.
- Solo cinco quilos.
- ¡Solo cinco! -Christina alzó los ojos al cielo-. Ya te contaré los horrores de un pequeño y carísimo balneario al que fui hace un par de meses. Engordé cinco quilos. Príncipe Emmett -Christina extendió la mano, esperando que se la besara-. Dios mío, ¿es el aire de Cordina lo que hace que todo el mundo esté tan guapo?
Emmett le besó la mano, pero mientras lo hacía su mirada se deslizó hasta Alice.
- El aire de Houston debe de ser mágico.
A Christina no le pasó desapercibida su mirada. Al igual que el beso, la esperaba. Al fin y al cabo, Alice nunca pasaba inadvertida entre los hombres. Y eso era precisamente lo que Christina temía.
- Príncipe Emmett, creo que no conoce a mi hermana, Alice.
Emmett ya había tomado la mano de Alice. Sus labios se detuvieron sobre ella solo unos segundos más que sobre la de su hermana. Pero unos pocos segundos pueden ser mucho tiempo. Emmett reparó en su larga y lustrosa melena negra, en sus poéticos y soñadores ojos azules, en su boca grande y carnosa. Su joven corazón se perdía fácilmente.
- me alegro de conocerlo, Alteza.
Alice no tenía voz de niña, sino de mujer. Una voz tan densa y tan oscura como su pelo.
- Estás preciosa, Alice -Bella la tomó de las manos, apartando a su hermano a un lado-. Me alegro mucho de que hayas venido.
- Esto es tal como lo describías -Alice esbozo una repentina y alarmante sonrisa. Alarmante porque era tan natural como un amanecer-. Estoy deseando verlo todo.
- Entonces, tendrás que tomarte tu tiempo -Emmett apartó suavemente a su hermana-. Yo te
lo enseñaré. Estoy seguro de que Bella y Chris tendrán muchas cosas de qué hablar -despidiéndose de las otras dos mujeres con una leve reverencia, llevó a Alice hacia la puerta-. ¿Qué quieres ver primero?
- En fin -Bella se quedó mirándolos, sin saber si debía poner mala cara o echarse a reír-. Hay que reconocer que no pierde el tiempo.
- Y Alice no se queda atrás -Christina dio golpecitos con el pie en el suelo y luego decidió olvidarse de ellos. Al fin de cuentas, no podía pasarse la vida haciendo de carabina-. ¿Estás muy liada?
- No mucho -dijo Bella, reorganizando mentalmente su agenda-. Pero mañana no tendré tiempo ni de tomarme un respiro.
- Entonces, tómatelo ahora -Christina la agarró del brazo-. ¿Podemos tomar té con pastas en tu habitación, como hacíamos antes? No puedo creer que ya haya pasado un año. Hay tantas cosas que contar...
«Si tú supieras», pensó Bella mientras acompañaba a su amiga por el pasillo.
ohh llego Alice jeje ke pasara ahora? jeje keden kn la duda
espero su RR
bye
