hola aki les dejo el new cap jeje les digo ke ste es el ante penultimo cap pero noc preocupen ke habra mas ejej
y respondiendo a la pregunta de Naty, keria Rose si saldra pero hay ke esperar jeje estoy segura de q esa historia facinara jejeje pero hay k ser pacientes jeje
recuerdn d ke nada m pertenece
Capitulo 28
Bella perdió la cuenta de los valses que bailó, de las copas de vino que bebió, de las muchas anécdotas y bromas que escuchó. Había sido una estupidez ponerse tan nerviosa, se dijo. El baile era alegre y bullicioso, como debían ser los bailes. Y ella estaba disfrutando.
Y disfrutó aún más cuando se encontró de nuevo bailando en brazos de Edward.
- Demasiada gente -le susurró él al oído. Lentamente, con habilidad, giró con ella hacia las puertas de la terraza. Al instante se encontraron bailando a la luz de la luna.
- Esto es precioso -allí también había flores. Flores blancas que emanaban una delicada fragancia a vainilla-. Es realmente precioso.
- Una princesa siempre tendría que bailar bajo las estrellas.
Bella se echó a reír, pero, tuvo una sensación extraña. La cara de Edward parecía estar cambiando. Parecía difuminarse poco a poco. ¿Era más joven de lo que parecía? ¿Eran sus ojos más cándidos, menos recelosos de lo que creía? El olor de las flores también parecía cambiar. Rosas, rosas caliente, húmeda.
El mundo se volvió gris. Por un instante, dejaron de existir la música, las fragancias, la luz... Luego, Edward la agarró con firmeza por los brazos.
- Bella... -Edward intentó tomarla en brazos y llevarla a una silla, pero ella se resistió.
- No, estoy bien. Solo me he mareado un poco. Estaba... -se interrumpió y miró su cara como si la viera por primera vez-. Estábamos aquí -musitó-. Tú y yo, justo aquí, en mi fiesta de cumpleaños. Bailamos un vals en la terraza. Había tiestos de rosas alineados contra la pared. Hacía un calor sofocante. Después del baile, tú me besaste.
«Y yo me enamoré de ti». Pero Bella no se lo dijo. Solo lo miró fijamente. Se había enamorado de él a los dieciséis años. Ahora, tantos años después, nada había cambiado. Y todo era distinto.
- Lo recuerdas... -Edward la apretó suavemente al notar que temblaba.
- Si -su voz era tan baja que Edward tuvo que acercarse para oírla-. Lo recuerdo. Te recuerdo.
Edward sabía que no debía presionarla, así que habló con delicadeza.
- ¿Algo más? ¿Recuerdas algo más, o solo esa noche?
Ella sacudió la cabeza y deseó apartarse de él. De pronto, descubrió que aquel recuerdo le resultaba doloroso. La memoria la hacía sufrir.
- No puedo pensar. Necesito... Edward, necesito estar sola un momento. Solo un momento.
- De acuerdo -él miró hacia el salón de baile atestado de gente. Bella no podría atravesarlo en el estado en que se encontraba. Pensando rápidamente, la condujo hacia las puertas del otro lado de la terraza.
- Te llevaré a tu habitación.
- No, mi despacho está más cerca -Bella intentaba aguantar en pie, obligándose a dar cada paso-. Solo quiero sentarme un momento y pensar. Allí nadie me molestará.
Edward la condujo hacia el despacho porque estaba más cerca, y porque allí tardaría menos en volver en busca del médico. Tardaría menos en decirle a Carlisle que su hija estaba recuperando la memoria y que había llegado la hora de dar el siguiente paso. Había que efectuar los arrestos inmediatamente.
El policía que seguía a Bella estaba bien entrenado, se dijo Edward. Él ni siquiera habría notado su presencia si Carlisle no le hubiera dicho que Bella era vigilada continuamente, y no solo por Edward, sino también por otras personas.
El despacho estaba a oscuras, pero cuando Edward empezó a encender las luces, ella lo detuvo.
- No, por favor, no enciendas la luz.
- Ven, me sentaré contigo.
Ella se resistió de nuevo.
- Edward, necesito estar sola.
A él le costó no sentirse rechazado.
- De acuerdo, pero quiero que sepas que voy a avisar al doctor, Bella.
- Si tienes que hacerlo... -se estaba clavando las uñas en las palmas de las manos mientras intentaba mantener el dominio sobre sus emociones-. Pero antes dame unos minutos.
Edward tuvo ganas de abrazarla, pero se contuvo.
- Quédate aquí hasta que vuelva. Procura descansar.
Ella aguardó hasta que Edward cerró la puerta. Entonces se tumbó en el pequeño sofá que había en un rincón de la habitación. Y no porque estuviera cansada, sino porque ni siquiera creía tener fuerzas para sentarse.
Demasiadas emociones. Demasiados recuerdos pugnando por abrirse paso, y todos a la vez. Había creído que recordar sería un alivio. Pero en realidad le dolía, la agotaba y la asustaba.
Ya podía recordar a su madre. El funeral. Las oleadas y oleadas de pena. La devastación: la suya, la de su padre, y cómo se habían aferrado el uno al otro. Recordaba que una vez Emmett le había regalado por Navidad un absurdo par de zapatillas con largas trompas de elefante que se curvaban hacia arriba. Recordaba haberse batido con Jasper en un combate de esgrima y haberse enfadado cuando él la desarmó.
Y recordaba a su padre tendiéndole los brazos cuando ella se sentaba en sus rodillas y se acurrucaba en su regazo para abrirle su corazón. Su padre, tan circunspecto, tan orgulloso, tan firme. Antes que nada era rey. Pero ella siempre lo había aceptado así. Quizá por eso se había enamorado de Edward. Él también era un rey a su manera. El rey de su propia vida, de sus decisiones.
No se dio cuenta de que había empezado a llorar mientras un recuerdo se deslizaba en el siguiente. Las lágrimas surgían sigilosamente, en la oscuridad. Cerrando los ojos, estuvo a punto de quedarse dormida.
- Escúchame -aquel murmullo la sobresaltó. Sacudió la cabeza. Si era un recuerdo, deseaba ahuyentarlo. Pero el murmullo sonó otra vez-. Tiene que ser esta noche.
- Y yo te digo que no puede ser.
Bella comprendió confusamente que aquello no era un recuerdo y que al mismo tiempo sí lo era. Las voces estaban ahí, en ese momento, atravesando la oscuridad. Entraban por las ventanas que daban a la terraza. Pero no era la primera vez que las oía.
Sus lágrimas se secaron. Había oído antes aquellas voces en la oscuridad. Pero esta vez las reconoció.
¿Tan ciega había estado? ¿Tan estúpida era? Se incorporó lentamente, teniendo cuidado de no hacer ruido. Sí, se acordaba, y reconocía aquellas voces. Había recuperado la memoria, pero esa vez ya no le hacía daño. Ya no la asustaba. La llenaba de furia.
- Seguiremos el plan al pie de la letra. Una vez la hayamos sacado de aquí, tú te la llevarás a la casa. Usaremos una droga más potente y la mantendremos atada. Esta vez, no habrá ningún guardia que cometa un error fatal. A la una en punto, el príncipe recibirá un mensaje. Ahí, en pleno salón de baile, sabrá que su hija ha sido secuestrada otra vez. Y también sabrá qué tiene que pagar para recuperarla.
- A Aro.
- Y cinco millones de francos.
- Tú y tu dinero -la voz era baja, desagradable y demasiado familiar. Bella se acercó a la puerta y comprendió que tendría que esperar-. El dinero no significa nada.
- Me dará la satisfacción de saber que Carlisle ha tenido que pagarlo. Después de todos estos años, será una especie de compensación.
- Venganza, querrás decir -lo corrigió la otra voz suavemente-. Y la venganza es un plato que se sirve frío. Habría sido mejor que lo asesinaras.
- Ha sido más placentero verlo sufrir. Tú limítate a hacer tu parte y hazla bien, o Aro seguirá en prisión.
- Haré mi parte. Los dos conseguiremos lo que queremos.
Bella comprendió que se odiaban el uno al otro. ¿Por qué no se había dado cuenta antes? Ahora le parecía claro como la luz, pero esa misma noche había hablado con los dos sin sospechar nada.
Permaneció muy quieta, escuchando. Pero solo oyó pasos que se alejaban por la terraza. La habían utilizado a ella y también a su padre. La habían utilizado mientras fingían preocupación y hasta afecto. Pero ya no volverían a utilizarla.
Cruzó sigilosamente la habitación. Iría en busca de su padre y los denunciaría a ambos. No volverían a secuestrarla. Giró el pomo de la puerta y la abrió. Y entonces descubrió que no estaba sola.
- Oh, Alteza -un poco aturdida, Jane dio un paso atrás y le hizo una reverencia-. No sabía que estaba aquí. Hay unos papeles que...
- Creía haberte dicho que esta no se trabajaba.
- Sí, Alteza, pero yo...
- Apártate.
Fue su tono lo que la delató. Era frío y claro, pero bajo él bullía la pasión. Jane no vaciló. De su sencillo bolso negro, sacó un pequeño revólver. Bella ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar.
De repente, Jane se giró y apuntó al guardia que surgió de entre las sombras con el arma en alto. Ella disparó primero, y aunque solo se oyó un sonido amortiguado, el hombre cayó al suelo. Al intentar acercarse al guardia. Bella sintió el cañón de la pistola en el estomago.
- Si te pego un tiro aquí, tendrás una muerte lenta y dolorosa.
- Hay más guardias -le dijo Bella con toda la calma que pudo reunir-. Están por todo el palacio.
- Entonces haz lo que te digo, si no quieres que mueran por tu culpa -Jane solo sabía una cosa: tenía que sacar a la princesa del corredor y alejarla de allí antes de que acertara a pasar alguien. No podía arriesgarse a llevarla hacia el salón de baile. Finalmente, dio a Bella un rápido empujón.
- No conseguirás sacarme del palacio sin que nos vean -le advirtió Bella.
- Me da igual que nos vean. Los guardias no se atreverán a disparar mientras te esté apuntando a la cabeza -sus planes se habían venido abajo y no podía decírselo a su socio. No podrían sacar a una Bella drogada e inconsciente por la entrada lateral, que sus hombres vigilaban cuidadosamente. Y no podrían meterla sigilosamente en el maletero del coche que los aguardaba.
- ¿Qué pensabais hacer?
- Iba a decirte en privado que el americano necesitaba hablar contigo, en tu habitación. Para entonces ya nos habríamos ocupado de él. Una vez allí, te habríamos puesto una inyección. El resto habría sido sencillo.
- Ahora no lo es tanto -Bella no se estremeció al percibir la facilidad con que Jane hablaba de matar a Edward. No podía permitirse esa debilidad. En lugar de hacerlo, se obligó a pensar mientras Jane la conducía hacia las puertas de la terraza. Y hacia la oscuridad.
holla ke les parecio el cap jejej se kedaron mordiendose as uñas? jeje
espero rr
