Capitulo 8.

Alfred intento encontrar a Matthew y Yao durante un par de horas, pero finalmente se rindió.

Cuando puso un pie en el barco de nuevo, ya anochecía y se empezaba a suscitar el bullicio que se originaba en el pueblo cada noche.

-Bienvenido de vuelta, Alfred—lo saludo Toris con una pequeña sonrisa—¿paso algo?—pregunto notando inmediatamente su estado depresivo.

-No, nada, los héroes siempre están bien, jajajaja—rio una risa vacía tan diferente a sus risas usuales.

-Ammm… ¿estás seguro?

-Sí, ¡no pada nada dude! ¡¿Quedo algo de comer? ¡Me estoy muriendo de hambre!

-Si… creo que Elizabetha-san te guardo algo…

-Jajajaja, ¡gracias!—y corrió hacia la cocina antes de que pudiera preguntarle por su estado de nuevo.

Toris suspiro, había conocido a Alfred en el momento en que había puesto un pie en el barco junto con sus hermano e Ivan, e inmediatamente se habían hecho mejores amigos, así que como tal conocía la costumbre de este de guardarse todos sus problemas, resguardándolos con una actitud alegre y despreocupada.

Suspirando una vez más, decidió volver a sus labores, cuando Alfred estuviera listo para hablar el estaría ahí para escucharlo.

-¡Elizabetha, tengo hambre!—anuncio Alfred entrando en la cocina con paso apresurado, y parándose en seco cuando vio al otro ocupante de esta aparte de Elizabetha—¿… A-ARTHUR?—pregunto viendo sorprendido al británico que se tambaleaba alegremente de un lado al otro.

-¡Mi muchacho!—exclamo Arthur tomando otro trago de la botella de ron en sus manos.

-¡¿Qué diablos pasa aquí?

-Salí por unos momentos, para llevarle la comida a Roderich, cuando volví ya estaba así—explico Elizabetha con un suspiro recargada a un lado de la puerta de entrada.

-¡Vamos Alfred bebe conmigo! ¡Olvidemos nuestras penas juntos!—rio Arthur acercándose y ofreciéndole de su botella de licor.

Alfred aprovechando la oportunidad tomo la botella de las manos de Arthur manteniéndola fuera de su alcance.

-Ya has bebido demasiado Iggy, ve a descansar.

-¡No he bebido nada git! ¡Ahora dame esa botella!—exclamo enojado tratando de recuperar la botella.

Ese era el problema de Arthur cuando se emborrachaba, aparte de que tendía a cometer locuras, un momento podía ser la persona más alegre del mundo y al siguiente podía tratar de asesinarte o se soltaba llorando como viuda con esposo recién muerto.

-¡Que me des esa botella git!—exclamo fuertemente el británico sacando su pistola y apuntándole con ella.

-Alfred, creo que deberías...—empezó Elizabetha para ser interrumpida por el oji-azul.

-¡No! ¡Ya estas borracho!, ¡y además lastimado! ¡Así que no tomaras una gota más!

Arthur gruño furioso y acciono el arma apuntando a Alfred, por fortuna la borrachera de Arthur tenía otro defecto, podía tratar de asesinarte, pero su puntería con la pistola y su manejo de la espada en esos momentos era pésima.

Alfred bufo hastiado, el solo quería algo de comer y después irse a dormir hasta que pudiera olvidar al oji-morado, solo para encontrarse con su borracho capitán que había arruinado sus planes.

-Toma—le dio la botella a Elizabetha bruscamente acercándose al capitán amenazadoramente y sin ningún aviso lo cargo en su hombro en donde el británico empezó a pelear inmediatamente.

-¡¿Qué crees que haces? ¡Suéltame git!

-No can do, Iggy, ¡me hare cargo de esto y luego volveré a comer!—sonrió saliendo de la cocina con el británico escandaloso en su hombro.

Arthur peleo contra su agarre gran parte del camino y finalmente rindiéndose comenzó a murmurar palabras ininteligibles, lo más probable maldiciendo su propia alma, pero si sus maldiciones no funcionaban normalmente, menos lo harían borracho, así que en verdad no se preocupaba.

Alfred abrió la puerta del camarote del capitán y entrando con paso seguro, camino hasta quedar frente a la cama donde dejo al capitán caer sin cuidado alguno.

-¡¿Qué crees que haces git?—exclamo Arthur incorporándose en la cama con trabajo.

-Duerme—ordeno Alfred dándose la vuelta para salir de la habitación.

-¡Tú no puedes ordenarme nada mocoso!—rugio Arthur tomando un candelabro que se encontraba cerca de su cama y golpeando a Alfred con el.

Alfred soltó un aullido de dolor y viendo rojo se volteo rápidamente golpeando a su capitán que una vez que hubo registrado que Alfred efectivamente lo había golpeado se abalanzo sobre el oji-azul con un rugido de guerra.

Ambos oponentes rodaron en el suelo golpeándose furiosamente por todos lados, entre el tumulto tiraron varias cosas que se encontraban en el camarote, algunas valiosas otras no, pero en general dejando un verdadero desastre. Pero a ninguno de los dos le importaba, lo importante e ese momento era sacar la frustración, enojo y tristeza que estaba alojada en su interior.

No supieron cuanto duro la pelea, y no es que eso importara mucho, pero solo pararon cuando sintieron las lagrimas nublar su vista e impedirles ver claramente a su oponente.

-¡¿Por qué Kiku-chan?—exclamo Arthur llorando amargamente con Alfred atrapado debajo de el contra el suelo.

Lloro unos minutos mas y dejando a Alfred en el suelo, que en ese momento también lloraba libremente, se paro lentamente y se dirigió al gabinete donde guardaba el licor, una de las pocas cosas que no habían sufrido ningún daño durante la pelea, y sirvió dos vasos de whisky.

-Arriba muchacho—gruño ayudando a Alfred a recargarse contra la pared y haciendo lo mismo junto a él le ofreció uno de los vasos.

Alfred tomo el vaso y bebió su contenido rápidamente, gruñendo dejo el vaso junto a él y dirigió su mirada al techo mientras Arthur a su lado bebía los contenidos de su vaso lentamente.

Duraron varios minutos en la misma posición, uno al lado del otro cada uno sumido en sus propios pensamientos. Finalmente el silencio se hizo demasiado para Alfred y respirando profundamente sin apartar su vista del techo, pregunto:

-Así que… Kiku te rechazo—era una confirmación no una pregunta.

-Si—confirmo Arthur tomando otro sorbo de alcohol.

Pasaron unos minutos más en silencio y finalmente Alfred volvió a hablar.

-Mattie me rechazo a mi también… prácticamente huyo de mi...—sonrió amargamente poniendo su brazo sobre sus ojos tratando inútilmente de esconder sus lagrimas.

-Hm—gruño Arthur dando otro sorbo.

-¡Maldita sea Arthur! ¡¿Es lo único que dirás? ¡¿Hm? ¡¿Es esto lo único que haremos, sentarnos y beber hasta que nos desmayemos o algo?—exclamo viendo al otro furiosamente y parándose de golpe.

-¡¿Y qué quieres que hagamos? ¡Nos rechazaron! ¡Jugaron con nuestros sentimientos y nos dejaron!—exclamo Arthur parándose frente a él y en el proceso tirando el vaso que se hizo añicos.

-¡No se! ¡Algo!—exclamo tomando al británico del cuello de la camisa dispuesto a iniciar la pelea de nuevo.

-¡Caballeros!—grito una voz desde la puerta sorprendiéndolos a ambos.

-¿Elizabetha?—pestañeo Arthur volteando a ver la puerta extrañado.

-¿Toris?—pregunto Alfred haciendo lo mismo.

-Hicieron demasiado ruido, Alfred—sonrió el castaño como disculpándose.

-Alfred, si serias tan amable de soltar al capitán, creo que por hoy ya rompieron muchas cosas—pidió Elizabetha, aun que más bien se sintió como una orden.

Alfred soltó la camisa del británico y se volteo para ver a las personas paradas en la puerta mientras el capitán a su lado sacudía su camisa y hacia lo mismo.

-Bien, y ahora, por lo que entendí las pequeñas geishas los rechazaron—dijo la castaña viéndolos con los brazos cruzados.

Ambos asintieron negándose a verla a los ojos.

-Entonces… ¿Qué harán?—pregunto esta vez Toris.

Arthur ante la pregunta gruño molesto y los vio furioso.

-¡Nada! ¡¿Qué no escucharon? ¡¿O no estuvieron presentes en esa parte de la discusión? ¡Nos rechazaron y no haremos nada!

Elizabetha sin inmutarse le devolvió la mirada.

-¿Nada… capitán? ¡Vaya! Creí que el hombre que se había atrevido a secuestrar a mi esposo, que lucho y venció a Ivan, que ha robado muchos más barcos de los que se pueden contar y se ha enfrentado en varias ocasiones contra el capitán Antonio Carriedo y ha salido victorioso de todas ellas, fuera tan cobarde.

El camarote quedo en silencio cuando la castaña dejo de hablar dejando que sus palabras surtieran efecto.

De repente, en medio del silencio surgió una risa, una risa que dejaría helados a los hombres más valientes, y los haría correr en dirección contraria, y surgía de la boca del capitán que los vio con una sonrisa y mirada altanera.

-Jajajaja, sabía que por algo había dejado a Roderich traerte a bordo, Elizabetha, ¡Alfred! ¡Elizabetha! ¡Dígales a los hombres que se preparen! ¡Atacaremos antes del amanecer! ¡Toris tráeme ropa limpia y dile a Eduard que deberá tener esa ruta preparada para cuando volvamos! ¡Ahora mismo bastardos ¿o quieren que los aviente al agua?

-¡Si, capitán!—salieron los 3 con paso apresurado a cumplir las órdenes del capitán.

Definitivamente el amor de ese chico lo había cambiado, no podía creer que había actuado tan suave solo por él, pero él era el gran capitán Kirkland y lo que fuera que quisiera siempre lo obtenía.

-Serás mío, Kiku-chan, quieras o no—sonrió el rubio viendo las estrellas que empezaban a asomarse a través de su ventana.

-¿Están seguros de que quieren trabajar aru?—pregunto Yao a sus dos hermanos que se dedicaban a terminar de arreglarse para las citas de la noche.

-Estamos seguros, Yao-ni—sonrió Kiku tristemente arreglándose su maquillaje—Francis-sama se enojara si no salimos.

-¡No me importa aru! ¡Si están tristes...!

-Vaya, vaya, ¿mis pequeñas geishas están tristes?—murmuro Francis entrando en la habitación.

-Francis-sama—murmuraron los 3 haciendo una pequeña reverencia.

-Oh, no se preocupen por mí, solo vine a ver como se preparaban mis 3 bellezas, así que continúen por favor—sonrió recargándose en la pared y viendo como los 3 continuaban arreglándose en silencio.

Yao, Kiku y Matthew trataron de arreglarse lo más rápido posible tratando de salir de la vista del hombre que los veía atentamente.

-Oh, Mathieu, tienes tu obi mal puesto—dijo de repente Francis acercándose al inmóvil Matthew que se encontraba parado frente al espejo—déjame ayudarte mon petite—sonrió acomodando su obi cuidadosamente hasta que quedo bien acomodado—no puedes ir a las reuniones así mon petite, debes cuidar tu apariencia… aun que… supongo que una prostituta no debe preocuparse por eso, oui?—fruño el seno de repente volteando a Matthew y propinándole una cachetada que lo tiro al suelo.

Matthew sorprendido comenzó a llorar poniendo una mano en su lastimada mejilla que a través del blanco maquillaje, en el cual se podía notar la clara marca de la mano de Francis, se empezaba a notar un tono rojizo.

-¡Matthew!—exclamo Yao preocupado haciendo ademan de acercarse.

-¡Yao!—lo paro la voz del francés que le dirigió una mirada amenazante.

Yao se quedo parado a medio camino viendo como Francis empezaba a dar vueltas alrededor del aterrado Matthew. Kiku parado detrás de él tomo su mano que temblaba furiosamente.

-Así que… mon petite, ¿realmente creías que podrías esconderlo de mi?

-No sé de lo que Francis-sama habla—susurro Matthew con la mirada baja y todavía con la mano en su mejilla lastimada.

-No me mientas que no estoy de humor para ello—siseo Francis furiosamente tomando el cabello de Matthew en su mano y dándole un fuerte jalón que obligo a Matthew a levantar la cabeza mientras soltaba un ahogado grito de dolor.

-En serio, en serio, no sé de lo que Francis-sama, está hablando—sozollo Matthew mientras sentí como la mano en su pelo lo apretaba más fuertemente arrancando otro quejido de dolor.

-¡Hablo de tus pequeñas escapadas por el pueblo con tu amante!

-¡Yo no tengo ningún amante!

-¿Ah, no?, entonces debió ser mi imaginación cuando te vi besarte con ese hombre en el parque.

Fue como si un balde de agua fría callera sobre los tres geishas, Francis había visto a Alfred y Matthew, y peor los había visto besarse.

-Yo no…

-¡No mientas!, te vi claramente pequeña prostituta, ¡y ustedes dos!—rugió soltando el pelo de Matthew y volteándose a ver a Yao y Kiku—¡ustedes dos lo han estado cubriendo mientras iba por el pueblo con su amante de acompañante y mientras se prostituía con el como la prostituta que es!, ahora si quiera sé por qué salían todos los días de paseo…

-Francis-sama… por favor... déjeme explicar—suplico Yao.

-Recibirán su castigo cuando vuelvan, ahora márchense, la prostituta se quedara aquí conmigo, como geisha ya no tiene ningún valor, así que asumirá una nueva posición como prostituta.

Matthew al oír las palabras de Francis abrió los ojos aterrados y empezó a sozollar mas fuertemente.

-Por favor… Francis-sama… yo nunca… el… yo nunca he estado con nombre alguno… por favor créame…-suplico desde su posición en el suelo.

Posición que Francis aprovecho para propinarle una fuerte patada que lo hizo soltar otro grito de dolor.

-No te atrevas a mentir en mi cara—siseo Francis volviendo a tomar los cabellos de Matthew y obligándolo a pararse.

Yao y Kiku vieron la escena anonadados sin poder moverse de su lugar.

-Francis-sama...—empezó Yao de nuevo tratando de hacerlo entrar en razón.

-¡No quiero más palabras de ninguno de ustedes dos! ¡Ahora márchense a sus citas o sufrirán el mismo destino que él!—siseo Francis levantando la mano con la intención de propinarle un golpe a Yao.

-¡NO!—exclamo Matthew soltándose del agarre en su pelo y posicionándose entre Francis y Yao—p-por favor… Francis-sama… a-aceptare mi castigo… d-demo no le haga daño a mis hermanos… p-por favor déjeme tomar sus castigos también… e-es mi culpa y-yo me v-vi a escondidas con ese hombre…. Y-Yao-ni… y-y Kiku-ni n-no tienen nada que ver… e-ellos no sabían nada—susurro entre sozollos viendo al suelo.

-Matthew...—susurraron Yao y Kiku detrás de el sorprendidos.

-Jajajaja—rio Francis cruelmente—que lindo la prostituta se preocupa por sus hermanos—se acerco a Matthew tomando su mentón en sus mano—debiste pensar en eso antes de traicionarme, mon petite—susurro besando brevemente en los labios mientras las lagrimas y sozollos de Matthew se hacían más fuertes—que pena, estoy seguro que tu mizuage se hubiera vendido a un precio muy alto—suspiro—supongo que ahora deberás pagarme todo con tu cuerpo—y le dio otra fuerte cachetada tomándolo de nuevo de sus cabellos lo arrastro fuera de su habitación y a través del pasillo.

Yao y Kiku siguieron ambas figuras hasta al frente de la habitación de Francis donde aventó a Matthew hacia dentro bruscamente causando que el rubio callera al suelo desecho en lagrimas y sozollos con su kimono y peinado todo desarreglado, y se volteo a ver a los dos con una fría mirada.

-Francis-sama... por favor… el no...—trato una vez mas Yao sabiendo lo que pasaría en esa habitación si dejaba a Matthew a solas con el hombre.

-No me repetiré una vez mas Yao, o salen en este momento a hacer su trabajo o compartirán el mismo destino de su querido hermano pequeño.

-Váyanse...—susurro la vocecita de Matthew—por favor... váyanse...

Yao viendo que no había nada que pudiera hacer, y aguantándose las lagrimas de impotencia, tomo la mano de Kiku y lo guio escaleras abajo. Poniéndose los okobo escucharon como Francis cerraba la puerta de su habitación fuertemente y se empezaban a escuchar los gritos ahogados de Matthew.

Bajando la mirada salieron tristemente por la puerta sintiendo su corazón encogerse con cada nuevo grito y quejido.

desuyodesuyodesuyodesuyo

Eiri observo al niño que dormía tranquilamente recostado en el suelo.

Por la poca luz que entraba de la única ventana en la habitación, sabía que ya había anochecido, y aun que al principio parecía que el niño poseía una energía infinita, apenas empezaba a anochecer cuando este caía rendido entre bostezos y murmullos.

Abriendo un poco más la puerta se acerco a la durmiente figura del pequeño que sonrió entre sueños. Arrodillándose aparto unos mechones del rubio cabello para poder mejor su expresión.

Desde que el niño había llegado al barco, su mente había sido un desastre total, había tantas nuevas emociones y sentimientos que no había sentido jamás. Además de que el pequeño alegraba enormemente su vida diaria, con sus risas, anécdotas y ocurrencias.

¿Cómo podía ser que una persona tan pura existiera en este mundo?

Y aun más, una persona que todo este tiempo viajo con el temible capitán Arthur Kirkland, conocido por sus matanzas y saqueos. Simplemente no era posible.

-Eirin—llamo la voz de su hermano mientras este bajaba las escaleras tranquilamente.

-Nisan—saludo parándose y dándose la vuelta para poder ver a su hermano.

Era la hora en que usualmente le traía la cena, así que no le sorprendió su llegada, sin embargo cuando vio sus manos vacías comenzó a sospechar que algo andaba mal.

-¿Pasa algo?—pregunto pestañeando extrañado y saliendo de la pequeña celda.

Su hermano suspiro y señalo al niño que aun dormía.

-El capitán me envió por él.

Sintiendo un escalofrió recorrer su cuerpo vio a su hermano fijamente tratando de buscar una pista de lo que estaba pasando, el niño llevaba ya mucho tiempo en el barco y hasta ahora no había salido de su celda, y su indicación había sido que el niño se quedaría en ese lugar hasta que el capitán Kirkland se dignara a aparecer, pero por la ausencia de sonidos de pelea o del avistamiento de algún otro barco, sabía que ese no era el caso, así que ¿Cuál era la urgencia del capitán de ver al niño ahora?

-Mmmm.. ¿Eirin? ¿Qué pasa?—pregunto el pequeño sentándose lentamente y tallándose su ojo todavía con un poco de sueño en ellos.

Su hermano levanto una ceja extrañado, pero sin decir palabra alguna se dirigió a la celda, aun abierta, y obligo al niño a pararse jalándolo del brazo.

-¡¿Eh? ¡¿Qué pasa? ¡¿Quién eres tu desu yo?—exclamo el niño asustado, peleando contra el agarre del mayor que lo arrastro fuera de la celda y a través de la habitación sin decir una sola palabra.

-¡Nisan! ¡¿Qué pasa?—exclamo Eirin exaltado siguiéndolos.

Nor siguió su camino sin voltear, y solo se paro en el rellano de la escalera cuando sintió la mano de su hermano pequeño en su hombro y escucho una sola suplica:

-Por favor… dime…

Suspirando tristemente y sin voltearse a verlo dijo en su voz monótona:

-El capitán recibió un mensaje de nuestro espía, Sadiq ha muerto en manos de Arthur y Alfred… el niño pagara por eso…

Lo último que vio Eirin fue la mirada aterrada del niño dirigirse a el, antes de que su hermano lo jalara escaleras arriba dejándolo solo en la de pronto fría y silenciosa habitación.

Conitinuara….

Simplemente no tengo palabras… no me disculpare ya que he dicho anteriormente que no puedo evitar las tardanzas…

Y además aun que crei que las vacaciones me ayudarían a escribir tranquilamente, estas me distrajeron incluso mas!1 xD

Ah si, el hermano de Eirin (Islandia), es Noruega por si no era lógico xDD

Asi k no me keda mas opción k contestar sus reviews! Suplicarles k dejen mas! Y a los k tienen esta historia en sus favoritos muchas gracias! Me alegra que crean que esta historia es mereciente de ese honor!

himawari-hayashibara: Jajajajaja, hey, me gusta XXXHOLIC, d hecho lo amo con toda mi alma xDD

y no t comas sus piernas las necesitan para continuar el fic! xDD

Merlina-Vulturi: Jejejeje, gracias, y pues ya conocimos a otro integrante de la tripulación de Antonio, Noruega, y en el próximo capitulo los conoceremos a todos ^^

MusicianWish: No sufras por favor! Aquí esta la historia! Y aun que tal vez me tarde un poco planeo continuarla hasta al final! Asi que espero que continues leyendo ^^

HimeAzu-chan: Jajajaja, yo digo lo mismo, pero ya veremos que pasa, a veces estas historias tienen mente propia xD

Bueno ahí esta, muchas gracias por sus maravillosos revies, faves y demás! Espero k sigan leyendo!

Bye desu yo!