¡Reencuentro!
Emmett Pov
La frustración recorría mi cuerpo; quemando las venas y haciendo mi cabeza explotar.
-Tan cerca.- Masculle con los dientes apretados.
Di una patada al asfalto del estacionamiento.
-¡Emmett!- Bella salió del edifico detrás de mí.- ¿Qué sucede?
Estaba tan disperso que ni siquiera me intereso que Bella estuviera corriendo con ese pésimo equilibrio suyo; Y no estaba exagerando, Bella se caía al intentar silbar y caminar al mismo tiempo.
-Voy a dar una vuelta.- Anuncie con la voz tensa.- No quiero saber de nadie.
De nadie que no sea Rose. Termine para mí.
-Emmett.- Bella rezongo, molesta por mi actitud.
Ya me encontraba de espaldas a ella, ignorándola y caminando hacia mi Jeep.
¡En el mismo edificio! Probablemente en la misma habitación y no había podido verla. Una cosa no me cuadraba, ella estaba ahí, quizás me había visto y a pesar de todo no se me había acercado. Tal vez ella no conocía de ni estancia en el edifico o de que yo grabaría su canción. Cualquiera que fuera la razón ya no importaba, había tomado una decisión y esa era volver a conquistarla. Teniendo en cuenta su actitud distante era como estar al principio de todo esto, ella poniendo una barrera y yo intentando derrumbarla. Estaba bien, si ella quería jugar yo también podía hacerlo.
Lo que Rose nunca recordaba es que cuando juegas con fuego te puedes quemar.
Sin darme cuenta había ingresado al estacionamiento de un gran centro comercial. Luego de haber estado un par de horas dando vueltas por la ciudad decidí entrar y tratar de pensar sin elpendiente de sufrir un accidente.
Tome un gorro que había en el auto y me baje luego de estacionarlo.
Sabía que el gorro no sería de mucha ayuda para que no me reconocieran, solo contaba con la esperanza de que siendo lunes por la mañana el lugar no estuviera tan concurrido como normalmente lo estaba. Entre por una de las puertas laterales y al parecer mis deseos habían sido escuchados; el lugar se encontraba semivacío, una que otra persona o pareja yendo de un lado a otro.
Solté el aire que había estado reteniendo y comencé a caminar con la cabeza gacha, no se me daba la gana que alguien me reconociera y empezar a correr de regreso al vehículo antes de que las cámaras aparecieran.
Recorrí los pasillos, subí y baje escaleras sin que en ningún momento levantara la mirada o abandonara mis cavilaciones.
Era hora de darle una visita a la Quinta Avenida, al departamento de Alice y Jasper y pedir un poco de ayuda. Alice me ayudaría,- de eso estaba seguro-, al igual que Allison. Jasper era una historia diferente, o mejor dicho, desconocida. Durante la cena con mis padres todo había resultado bien: charla amena, risas, anécdotas e intercambios de teléfonos y planes para salir, pero eso no me aseguraba nada. Aun me quedaban los hijos de Rose, por mi parte no había problema de ningún tipo, los niños parecían adorables, además de que a mí me encantaban los niños; lo que no sabía era como se lo tomarían ellos en caso de que mis planes con Rose funcionaran. Por si no fuera poco, quedaba el más importante de los detalles: Rose disfrutaba complicándose la vida.
-Perdón.- Me disculpe con un señor al chocar con él, obligándome a levantar la mirada.
El señor siguió su camino y pareció no reconocerme.
Vague un poco la mirada buscando algún índico de que era hora de marcharme, en cambio me encontré con la razón más poderosa del mundo para quedarme. La sangre se me fue a los pies, el estomago se me lleno de cientos de mariposa cayendo al vacio, la cabeza me daba vueltas y ya no sentía el piso sobre mis pies. Estaba en un sueño.
Sus rizos dorados como los rayos del sol y en diferentes matices caían sedosos hasta su cintura, las curvas parecían tan perfectas y definidas, como si hubieran sido moldeadas a la perfección. El color claro de su blusa resaltaba el tono de su piel: cremosa y suave. Los jeans ajustados terminando en unos stilettos rojos que solo ella podía llevar con tanta facilidad y luciendo cómoda.
El corazón se salía de mi pecho al comenzar a acercarme hacia ella. Las piernas me temblaban y mi pulso era un caso perdido.
Tan pronto estuve detrás de ella su aroma embriago todos mis sentidos, dulce y delicado con un toque fresco.
Acerque mis labios a su oído.
-Eres buena escondiéndote.- Murmure las palabras que tanto había deseado pronunciar.- Pero yo soy mejor buscándote.
Se giro rápidamente y pude ver como contenía la respiración.
Rosalie estaba frente a mí.
Era mejor de lo que recordaba el verme reflejado en su mirada, en esos ojos azules tan cristalinos y hermosos. Sus mejillas estaban sonrosadas y sus labios de un leve tono carmín entre abiertos. Su belleza seguía impecable.
-Emmett.- Sus labios enmarcaron mi nombre.
Su respiración era profunda y cadenciosa, pero no de la manera en que se respira normalmente, sino la que aparece cuando intentas tranquilizarte para no sufrir de un colapso. Sus ojos resplandecían con tantas emociones y a tal velocidad que no pude identificar ninguna.
Mi mente clamaba por una muestra, una prueba, de que esto no era un sueño, pues todo lucia tan irreal. Rosalie estaba frente a mí, tan bella como siempre y yo no lo podía creer. La frustración que antes se había apoderado de mí había desaparecido y reemplazada por una enorme felicidad que me deba ganas de gritar y comenzar a correr y brincar; tenía la sensación de que en cualquier momento explotaría. Aunque en un recoveco muchas otras emocionas aguardaban su turno para revelarse.
Alce mi mano con lentitud, en busca de la prueba que demostrara que esto realmente estaba sucediendo. Con dos de mis dedos acaricie con suavidad sus mejillas, comprobando que su piel era tan tersa como la recordaba y que en efecto: todo era real. Negándome a poner distancia extendí mi mano y acune su rostro.
Ella en ningún momento separo su mirada de la mía.
Rosalie Pov
-Escúchalos mientras estas en la bañera.- Alice me tendía tres CDs y yo me resistía a tomarlos.- Te ayudaran a entender muchas cosas y a darte cuenta de que tu no eras la única que sufría.
Yo era la que sufría más y la que seguía sufriendo, pensé con amargura pero tome los discos.
-Háblame si necesitas algo.- Me dio un beso en la frente y salió de la casa junto con los niños.
Subí a mi habitación, sintiendo como mis dedos se quedaban sin circulación a causa de la fuerza con la que apretaba las cajitas.
Entre al baño y abrí la llave de agua caliente para que se llenara la tina.
La ansiedad y la curiosidad no me permitieron esperar a que la bañera estuviera lista, prendí el sistema de sonido y coloque el primer CD que Emmett había grabado.
Las canciones no eran distintas a los que me había imaginado; frustración, enojo consigo mismo y hasta reproche, una repetición explicita de lo que había escuchado de sus labios hace 6 años. Eso solo me hizo sentir peor, sabía que mi actitud en ningún momento fue correcta y también comprendía hasta que punto me había vuelto insoportable pero creo que nunca alcance a entender hasta que punto había lastimado a los demás.
Antes de que terminar el primer disco había ido a cerrar la llave del agua, no me levantaría de la alfombra hasta que no terminara de escuchar los discos por completo.
Con los siguientes discos comprendí las palabras de Alice.
Sus palabras se dulcificaron al igual que su voz y ya no había sentimientos negativos. Él me había buscado, y quizás lo seguía haciendo.
Me descubrí sintiéndome bien al darme cuenta de que nunca la había dejado de preocupar y que tal vez aun sentía algo por mí.
¿Y si no me hubiera ido? ¿Y si no me hubiera ido del país? ¿Y si me hubiera quedado y esperado a que me buscara? ¿Y si no me hubiera ido a Venecia esta ultima vez? ¿Y si hubiera decido regresar antes? Los "hubiera" se apoderaron de mi cabeza impidiendo pensar con claridad y dándome la sensación de que la casa de un momento a otro se había encogido unas diez veces su tamaño.
Tome las llaves del auto y Salí de la casa.
Ya no podía cambiar el pasado y eso debía de aceptarlo a como diera lugar, porque no importaba cuantas veces me imaginara con Emmett o en cuantas situaciones distintas lo hiciera no iba a cambiar nada con hacerlo. Imaginar una y otra vez como hubieran sido las cosas si Emmett y yo hubiéramos estado juntos durante el embarazo y el nacimiento de los gemelos no cambiaría el hecho de que las noches las había pasado sola y durante el parto el único presenta había sido Jasper, en lugar de que él sostuviera mi mano y nuestras familias estuvieran esperando en la sala de afuera. Imaginarnos despertando por la madrugada no iba a cambiar el hecho de que Jasper fue el que compartió ojeras conmigo y el imaginarnos criando a los niños juntos tampoco iba a cambiar el que Ian y Emily vieran a Jasper como a la figura paterna.
Me detuve en la luz roja y aproveche para dejar caer la cabeza contra el volante.
Pensar de esa manera no me llevaría ningún lado, todo lo contrario, solo me haría sentir peor.
El semáforo cambio y continúe conduciendo.
Si no podía pensar en el pasado debía d enfocarme en el futuro.
Emmett quería volver a verme y yo ya no lo evitaría. Había venido para ponerme en manos del destino y si eso era lo correcto, dejaría de resistirme. Aunque también estaba el pequeño detalle, o mejor dicho, los pequeños detalles: Emily e Ian. ¿Qué se supone que debía de hacer con eso? ¿Llegar y decirle: Te presento a tus hijos, perdón por habértelos ocultado durante 6 años? Eso no sonaba nada bien. Además de que no conocía el hecho de si era el mismo de antes o si había cambiado. Estaba la posibilidad de que fuera diferente y no tuviera cabida para niños en su vida, eso solo lastimaría a los niños, pero y si seguía siendo el mismo hombre que amaba a los niños y resultaba ser el padre perfecto, entonces no habría ningún problemas. La única manera de averiguarlo era no decírselo hasta yo encontrarme segura de que no habría ningún problema de que los conociera.
Cansada de conducir sin sentido por la ciudad y ya que me había tranquilizado, decidí entrar a un centro comercial que se encontraba cerca de ahí. La euforia de la gente por nuestra llegada había disminuido considerablemente así que era seguro bajar y pasear un rato, y de paso comprar un par de cosas.
Baje del auto con la bolsa sobre el hombro y entre por la puerta principal.
No había demasiada gente, de esa manera pude caminar e ir de tienda en tienda probándome cosas, ninguna me había convencido lo suficiente como para llevarla a casa, razón por la que continuaba con las manos vacías.
Me detuve frente a una óptica a ver unos lentes oscuros, no me vendrían nada mal llevar algunos a casa; en Nueva York eran obligatorios.
Sentí la presencia de alguien detrás de mí y luego un cosquilleo en mi cuello.
-Eres buena escondiéndote.-Escuchar su voz me congelo la sangre haciéndola arder.- Pero yo soy mejor buscándote.
Me gire en un solo movimiento para comprobar que no estaba alucinando su voz a causa de escuchar sus discos por tanto tiempo.
Usaba lo mismo que en la mañana, con el pequeño aditamento de un gorro. La playera se ceñía perfectamente a su musculoso cuerpo al igual que sus vaqueros.
Al igual que en la mañana me quede sin respiración a punto de sufrir un paro cardiaco.
-Emmett.- Saboree el nombre entre mis labios.
Volverlo a ver y el ver cómo me veía él a mi era como estar tres metros sobre el cielo. Sentir su piel sobre la mía simplemente fue como estar en la luna.
¿QUE LES PARECIO? ¿Lo arruine?
Hoy no tengo mucho que decir...
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