Todo lo que reconozcais no es mío.

Gracias por vuestros anteriores rewiews, alertas y favoritos.

"No me acuerdo de olvidarte"

Guy Pearce


Capítulo 9

Se quedaron mirándose fijamente. Lily observaba las expresiones que cruzaban la cara de su marido. Había pasado tanto tiempo irrecuperable... pero lo peor de todo era que no estaba segura de sus sentimientos. ¿Seguiría amándolo con la misma intensidad que antes? O mucho más importante, ¿le amaría él a ella? Un sonido rompió el silencio y la habitación quedó vacía. James se había ido.

James por su parte apareció en los límites del castillo. Hogwarts había sido un hogar para él durante mucho tiempo. Sirius, Remus, Peter, Dumbledore, las noches de luna llena, las chicas, el cuarto de Gryffindor, los partidos de Quidditch... todos los recuerdos perdidos llegaron a él en apenas unos segundos, dejándolo confundido y mareado. Tenía que encontrar al director. Tenía que saber lo que pasó esa noche. Tenía que ver a Harry. Sabía por las noticias de los periódicos lo que más o menos había pasado en su ausencia. Pero él necesitaba saberlo todo.

Era verano, por lo que en el castillo no había casi nadie. Una gran figura apareció a su vista cerca del bosque. Parecía de alguien demasiado grande para ser solo un humano...

-Hagrid-susurró el moreno. Corrió a su encuentro sin pensar en nada más que en ver a su gran amigo.-¡Hagrid!-gritó acercándose.

-¿Harry?- el semigigante se dio la vuelta, quedándose de piedra al ver a quien tenía delante- no puede ser...- y dicho esto cayó desmayado. James, preocupado, fue a socorrerlo. Estaba tan contento de ver a Hagrid. Odiaba sentirse perdido e inseguro y ahora que sabía todo sobre su pasado se sentía mejor, pero mucho más enfadado.

-Despierta grandullón, necesito tu ayuda- tras un toque de varita, el semigigante despertó y sus ojos se llenaron de lágrimas.

-¿Estoy muerto James? ¡No debí de haberme comido esos huevos de escreguto de cola explosiva! Pero fue sin querer, lo juro.

-Tranquilo Hagrid, no estás muerto- los dos hombres se quedaron mirando. Ambos sentados en el suelo y sumergidos en sus pensamientos. Entonces Hagrid habló:

-Si no estoy muerto... entonces tú estás en la Tierra. No recuerdo a ningún fantasma con tanto color como tu, aunque debo reconocer que estás bastante pálido...

-Estoy vivo Hagrid.

-Pero eso es imposible. Yo vi vuestra casa casi en ruinas. Yo saqué a Harry de allí. Estabais muertos, Lily y tú estabais muertos. Yo os vi con mis propios ojos.- James se extremeció ante sus palabras.

-No sé qué pasó esa noche, por eso quiero ver a Dumbledore. -Hagrid se mordió el labio y una mueca triste ensombreció su semblante.

-James, Dumbledore murió hace más o menos un año. Snape lo mató.

-¡Snape!- gritó furioso- ¿cómo se atrevió? No puedo creerlo. Siempre supe que sería una sabandija igual que lo era de pequeño.

-No, espera James, él era bueno solo que...

-¿Quién es el director ahora? ¿La profesora McGonaggal sigue viva?

-Si, ella pasó a ser la directora de Hogwarts hace poco.

-Tengo que encontrarla.

-Espera que te acompaño- ambos fueron hacia el castillo. Había zonas donde las paredes estaban destrozadas y algunas torres habían desaparecido.

-Aún está en proceso de arreglarlo. Pero la directora tenía muchas cosas que hacer después de la batalla así que la reparación va más lenta de lo que se pensaba- aclaró Hagrid. James mientras tanto no podía evitar mirar con melancolía el castillo. Había tantos recuerdos encerrados entre esas paredes... la gárgola se encontraba abierta, cosa que durante el curso escolar casi nunca pasaba. Las de veces que le habían mandado al despacho del director con Sirius... no, no quería pensar en Sirius. Más tarde, en la tranquilidad de su casa podría dedicarse a ello.

Llamaron a la puerta del despacho y sin esperar a que respondiesen James entró.

-Juro solenmemente que esta vez no he sido yo- le dijo a la mujer sentada tras el escritorio. La profesora Mcgonaggal no había cambiado mucho y solo unas pocas de arrugas más daban testimonio del paso del tiempo.

La directora se encontraba seriamente preocupada por su salud mental. Llevaba muchos años sin oír esa frase. Esa frase que tantas veces había escuchado de parte de James Potter y sus compinches cuando venían a su despacho para ser castigados. Ellos siempre decían lo mismo al entrar.

-Y yo juro solenmemente que no te creo nada- dijo con voz queda. Desde luego se había vuelto loca de remate. Ya sabía ella que tanto trabajar no era bueno. En este momento James Potter estaba frente de ella, con muchos más años y con una sonrisa entristecida curvando sus labios en vez de la sonrisa pícara a la que la tenía acostumbrada.

-Las viejas costumbres nunca cambian, ¿verdad profesora? Pero aunque ha pasado bastante tiempo, te puedo asegurar que estás tan guapa como siempre-dijo James galantemente. Hacerle la pelota a Mcgonaggal era una costumbre que no podía dejar. Aquella mujer le había dado más tirones de orejas que su propia madre y esposa juntas.

-¿Resucitando entre los muertos Potter? Y yo que creía que me había librado de tus travesuras- dijo ella con una sonrisa melancólica. Sus ojos estaban empañados y su mirada perdida. James supo entonces que su profesora favorita creía estar soñando... o que estaba loca.

-Nunca pensé que diría esto Potter, pero me alegro de que hayas vuelto de una maldita vez- la voz del retrato de Snape interrumpió el precario silencio.

La familia Weasley comía en silencio por primera vez en la vida. Ninguna broma ni comentari se escuchaba en todo el comedor.

Ron y Hermione se miraban entre ellos con muecas preocupadas. Malfoy comía con la cabeza agachada sintiéndose incómodo ante la presencia de las personas que hasta hace poco odiaba. La señora Weasley intentaba sacar tema de vez en cuando, encontrándose como respuesta escuetos monosílabos. El señor Weasley miraba confuso a todos sin saber que era lo que ocurría. George ya no solía hacer bromas. Percy aún estaba deprimido y Harry observaba como Ted devoraba la gelatina de su postre. Snape en la esquina flotaba con expresión aburrida.

-¡Por fin!-gritó el fantasma sobresaltando a todos.

-¿Qué pasa?- le preguntó Harry desconfiado. Snape esbozó una sonrisa malévola.

-Nada que te interese Potter- y dicho esto, desapareció.

-¿Qué crees que es lo que pasa?- preguntó Ron.

-Claramente Weasley, lo que sea que haya estado esperando ha ocurrido- respondió Malfoy.

-O a lo mejor solo quiere hacerse el interesante y dejarnos con la duda- replicó Hermione.

-¿Tu qué piensas Harry?- la voz de Ginny interrumpió los pensamientos del moreno.

-Aunque suene raro, creo que estoy de acuerdo con Malfoy.- Hermione le fulminó con la mirada. A la castaña no le gustaba quedar por debajo del Slytherin.- Debo irme- el joven se levantó y tras disculparse con la señora Weasley, se dirigió a la puerta de la casa.

-Espera Harry, te acompaño- el moreno solo extendió su mano y la pelirroja la cogió sin dudar. Juntos se desaparecieron.

El cuartel general de la Orden del Fénix, la ahora casa de Harry, estaba en condiciones mucho mejores de lo que Ginny recordaba. Las paredes antes verdosas y sucias ahora eran de un color amarillo claro, dándole luminusidad. Los objetos tenebrosos habían sido sustituidos en su mayoría. Los cuadros habían desaparecido y el suelo estaba limpio y reluciente. La casa ahora parecía un hogar de verdad.

-Conseguí convencer a Kreacher para redecorarlo todo. Nunca debes subestimar el poder de un elfo.

-Todo está ahora tan distinto- Harry miraba a Ginny con calidez. Le había echado mucho de menos y quería pasarse todo el tiempo posible con ella.

-¿Quieres ver mi nuevo cuarto? Antes era el de Sirius pero me he adueñado de él.

-Claro.

Ambos subieron hasta el último piso con paso rápido y fueron al cuarto. Ginny se quedó con la boca abierta al ver como estaba decorado.

-¡Harry Potter! ¿Qué significa esto?- el moreno solo pudo reírse al ver la expresión de su novia. Desgraciadamente el chico fue incapaz de quitar los múltiples posters que decoraban su habitación sobre motos y mujeres ligeras de ropa. Su padrino era bastante fan de las dos cosas.

-Ginny, te juro que intenté quitarlo. ¡Ay, Ginny! deja de golpearme mujer que todo es una bromita...

Con un golpe de varita las paredes cambiaron, los póster desaparecieron y el color rojo y dorado de la habitación resplandeció.

-Uno de estos días estaba bastante aburrido. Así que me puse a buscar algo interesante que mi padrino hubiese hecho en su habitación. Ya me dirás cual fue mi sorpresa al ver que la inicial de el nombre de las muggles en los póster formaban un hechizo. Al pronunciarlo la habitación cambia de esta forma.

-Sirius era muy ingenioso cuando quería.

-Lo sé. Supongo que era una doble tapadera para fastidiar a sus padres. Si lo descubrían tendrían que elegir entre un montón de mujeres semidesnudas o entre los colores de Gryffindor.

Ginny se fijó en las fotos que decoraban la habitación. Las chicas habían desaparecido pero sus lugares eran ocupados por fotos de los amigos de Sirius y más póster de motos. Se fijó en las fotos. Allí estaban Remus, Peter y Sirius, siempre acompañados del padre de Harry. James y Harry eran casi como dos gotas de agua. Le hubiese gustado conocer a los padres de Harry. Allí también había fotos de Lily, en donde parecía incómoda entre Sirius y James. La pelirroja supuso entonces que los padres aún no estaban saliendo.

-Fui a la antigua casa de mis padres hace poco.

-Si, Hermione me ha contado algunos de los lugares donde fuisteis.- Ginny se dio la vuelta para encararlo. Le gustaría mucho que le dijese todo sobre su misión secreta, pero no creía que Harry fuese a decírselo alguna vez.

-Ya, pero fui de nuevo otra vez. Quería saber cosas sobre mis padres y allí encontré varios objetos suyos.

Harry señaló una caja en un rincón la cual estaba repleta de objetos.

-Álbum de fotos, ropa, cartas, juguetes... todo estaba en uno de los cuartos cerrados con algún hechizo. Supongo que solo yo podía abrirlo o algo así ya que parecía que nadie había entrado en varios años.

-¿Quieres que los miremos?- Ginny observaba como Harry se pasaba nervioso la mano por el pelo. Ella sabía que para él todo lo referente a sus padres le sería difícil.

-Sinceramente no me he atrevido a hacerlo.

-O sea, que luchar contra miles de mortífagos vale, pero ver objetos inofensivos es demasiado para el Elegido ¿no?

-Estoy hecho un sentimental.

-Si, pero eso es lo que me gusta de ti.


Si, lo sé, he tardado un montón para actualizar y comprendo que la gente que me leia puede que se haya cansado y ahora no lea. No tengo excusa que valga. Solo espero que os haya gustado este capítulo

Tricia