Capítulo II

Harry se quedó inmóvil, bocabajo, mirando hacía la puerta vacía. Cambió la posición de su cuello en el suelo e hizo una mueca de dolor. Snape se puso rígido, sus labios retraídos en una fina línea. Estaba allí, eso era lo que Lupin quería, que alguien estuviera con el niño. ¿Qué más podía hacer? Era irónico, era crudo. Él era Severus Snape, no daba confianza. No manifestaba sus emociones, consecuencia de tener que cerrar su mente durante la mayor parte de su vida.

Uno de los miembros de equipo de rescate sorprendió a Harry mientras atendía un brazo roto. El chico no podía mover la cabeza para mirarlo de frente, pero su voz era relajante. El socorrista le explicó lo que iba a hacer y luego procedió a cortar las mangas y los hombros de la camiseta, encontrando varios rasguños y heridas abiertas. La mayoría estaban limpias —protegidas por su ropa—, pero era necesario lavar y vendar para evitar infecciones. A medida que el hombre presionaba un paño caliente a cada herida, los hombros de Harry se tensaban dolorosamente. Apretaba los ojos y reprimía un gemido tratando de ocultar su rostro en la gravilla; sus uñas arañaban el suelo débilmente, raspando polvo y ceniza.

Snape lo observaba con una sensación de impotencia que ascendía como bilis a su garganta. Harry era un niño —un niño tratando de manejar el dolor, tratando de ser un hombre—, sólo un niño. No pedía ayuda aunque el dolor era demasiado, simplemente lo aceptaba. Harry sabía que Snape estaba ahí, pero no le pidió nada, ni siquiera un mínimo de comodidad. El profesor se dio cuenta para su pesar, que el niño no contaba con él, mucho menos lo consideraba una opción. La revelación sólo hizo más claro para Snape que tenía que actuar… y ser la persona que nunca había sido, la persona que nunca tuvo oportunidad de ser. Esta vez las cartas estaban en su contra, pero si podía redimirse a sí mismo con esa pequeña oportunidad…

Con la imagen de Lily en su mente, sus piernas se movieron antes de que pudiera desentrañar sus pensamientos. Se arrodilló en el suelo a una corta distancia de la cabeza de Harry y respiró hondo.

—Potter…

Harry susurró algo cuando el socorrista lo tocó y negó con la cabeza ligeramente, como si no pudiera transmitir el dolor en palabras.

—Potter, mírame. Abre los ojos.

Harry volvió el rostro hacía la voz de Snape. Hizo una mueca y abrió los ojos por un momento, Snape se percató de que los tenía inundados de lágrimas.

—Sé que duele— dijo secamente—, pero pronto pasará.

¡Merlin! Ayúdame, Lily.

Las palabras de consuelo simplemente no venían naturalmente de él.

El socorrista colocó un trozo de gasa sobre la herida principal en el hombro del chico, levantó los ojos hacía Snape y asintió con la cabeza, diciéndo de manera rápida "Terminé", antes de pasar su vista a todo el cuerpo de Harry y alejarse de ellos.

Harry se relajó un poco. Suspiró profundamente y cerró los llorosos ojos.

—No, Potter. Mantenlos abiertos. Tines que permanecer despierto.

Snape sintió una punzada de simpatía cuando Harry abrió los ojos nuevamente totalmente cansado.

—No puedo— dijo Harry agotado.

—No tienes elección, Potter. Debes hacerlo—. Snape intentó pensar en algo para hacer que la mente de Harry estuviera alerta— ¿Has terminado tus deberes de vacaciones?—. Lo sorprendió con la guardia baja, pensó con sarcasmo, y estaba en lo cierto a juzgar por la mirada de desconcierto del muchacho.

—No exactamente… señor— contestó Harry con cautela.

—¿Y qué has terminado?— inquirió Snape levantando una ceja.

—Eh… nada, señor.

—No puedo decir que me sorprende— murmuró el hombre frunciendo el ceño. Aunque la verdad era la menor de sus preocupaciones que el niño no hubiera hecho su ensayo de DCAO— ¿Siempre lo dejas para el último minuto?

Eso explicaría sus notas, se burló la voz interior de Snape.

—Si, es más fácil de esa manera— respondió Harry secamente.

Snape distinguía una mentira cuando la escuchaba.

—¿Y cómo es exactamente más fácil garabatear todos tus ensayos en el espacio de dos semanas?— preguntó incrédulo.

Harry intentó bufar y torció la nariz de nuevo en el sucio suelo. El silencio no duro mucho tiempo… ni la paciencia de Snape.

—Veo que todavía tienes tus costumbres impecablemente intactas.

—Veo que todavía sigue siendo un… aggg!— los dedos de Harry se tensaron una vez más y contuvo el aliento para detener el grito.

Snape inmediatamente se acercó más.

—¿Dónde te duele?

—Estoy bien.

—Es obvio que no es así, ¡no seas tonto!— exclamó Snape con el rostro surcado de confusión— ¿Te duele la pierna?

Harry volvió a mirarlo a los ojos.

—¿Por qué sigue aquí? ¿Para verme sufrir?

—No seas estúpido, Potter.

—Eso es lo que hace, ¿no, profesor? Le gusta ver sufrir a la gente. A mí, a mis amigos, a Sirius. ¡Todo esto es sólo diversión para usted! Perdí a la única persona que…— se interrumpió sin ser capaz de decir lo que pensaba, no delante de Snape—. Apuesto a que le encanta cada minuto de esto.

—¡Suficiente!

Harry se alejó por reflejo de Snape. El hombre podía manejar la ira, pero había algo más acechando en los profundos ojos de obsidana. Era como mirar a los ojos de un animal herido.

—Black y yo no soportabamos, como bien sabes, pero nunca desearía la muerte de nadie— Eso es una mentira, lo sabes bien, siempre has deseado la muerte de todos ellos, salvo la de Lily. La mente de Snape estaba en guerra consigo mismo. Eso era hacía años y ni una sola vez se me ocurrió desearlo en serio—. Puede que mi reputación haga creer lo contrario, Potter, pero nunca ha sido así—. Harry tragó saliva y una expresión de vergüenza lo invadió. Snape desvió la mirada, fingiendo ocuparse en sacar el polvo de su capa, aunque sus esfuerzos fueron por supuesto, inútiles—. Si vale de algún modo— dijo finalmente— Yo… siento… tu pérdida.

Sus palabras quedaron flotando en el pesado aire, sinceras y verdaderas. Harry no podía sostener más tiempo la mirada y Snape se alegró de no tener que dar más explicaciones, aunque estaba en duda en cuanto a por qué la opinión del chico le había provocado tal afán de decir todo aquello. ¿Qué le importaba lo que el chico dorado pensara de él? Sin embargo, cuando Harry le miró con los ojos de Lily, era como si ella le juzgara, como si fuera ella la que esperaba la verdad.

Las palabras débiles del chico le sacaron del interior de su propia mente.

—Él era todo lo que tenía…— dijo Harry apenas en un susurro—, todo lo que tenía—. Su respiración se agitó. A pesar del dolor que atravezaba su cuerpo en oleadas, Harry se encogió de hombros y pretendió enterrarse en el suelo. Sacó su brazo sano y con un gemido lo colocó sobre sus ojos. Se aislaba. Snape pensó que del resto del mundo. En ese momento no había animosidad, no había rencores mezquinos, sólo un niño con una enorme cantidad de dolor; él también lo sentía—. Él murió por mí.

—No, Potter. Black fue por su propia voluntad, igual que tú fuíste esa noche. Fue por proteger a un ser querido ¿Y si no hubiera sido una trampa? ¿Y si tú hubieras muerto? ¿Si tú hubieras caído por el Velo? ¿La culpa sería de Black?

—¡Por supuesto que no!

—¿Entonces por qué caes tan rapidamente en la conclusión de que fue tu culpa? Si comienzas a culparte por las cosas que no pueden evitarse, el resultado final será convertirte en un hombre resentido y amargado. Eres muchas cosas, Potter, pero no eso—. Harry negó con la cabeza, dudoso—. Mírame, Potter— le tomó el rostro con una mano y miró los vidriosos ojos—. Me enorgullezco de mi brutal honestidad. Y no diría esto si no fuera cierto: No fue tu culpa.

El pecho de Harry se agitó. Las lágrimas de tristeza y frustración se agolparon en sus ojos y trató desesperadamente de cerrar distancia.

Snape se sentó en cuclillas, mirando la angustía interior del chico con una sensación de impotencia. Todo estaba mal. Éste era un muchacho de quince años atormentado por la culpa. Un muchacho de quince años que había visto la muerte mucho más que un chico de su edad debería de ver. Harry se sentía solo, y lo que era peor, se sentía culpable de ello. Negó con la cabeza ante su propio fracaso. Había jurado proteger al hijo de Lily, pero fracasó al proteger a Harry de sí mismo. Aún cuando lo había visto antes hecho un desastre… cuando todos lo habían hecho.

No supo qué le obligó a hacerlo — si un ataque de simpatía, una punzada de empatía, o una obligación real de hacer las paces—, pero se acercó vacilante y poso su mano en la de Harry, envólviendola de calor. Hubo un momento de pausa dónde no pasó nada más que sentir el toque de las manos. Snape contenía el aliento.

Entonces sintió que los pequeños dedos de Harry se doblaban y se aferraban a su mano débilmente, apretando suavemente.

Snape exhaló. Había hecho lo correcto.


Algo había cambiado. Era una parte de Snape que Harry nunca había visto. Una parte de la que no se fíaba, temeroso de que fuera una mentira, pero la esperanza era genuina. Por el momento, permitió que el cambio de perpectiva relegara sus dudas a un segundo plano.

El hombre no tenía la dulzura de Lupin y Harry podía sentir las asperezas de su mano al rozarla, pero no había fuerza en su agarre. Sintió como si se estuviera ahogando y Snape lo hubiera salvado. Seguridad. Eso es lo que era. Snape no le soltaba, y Harry en realidad no quería que lo hiciera. Lo necesitaba para sentirse conectado a la realidad. En cuestión de segundos, su mundo había girado sobre su eje, pero por primera vez sólo quería quedarse y disfrutar verdaderamente de la comodidad que se estaba dando antes de que se la arrebataran, como siempre pasaba.

Por favor, que no se vaya.

La voz de Snape impreganaba el aire de espesor.

—¿Has hablado con alguien acerca de cómo te sientes…?

Todos dicen lo mismo…

—Nunca es de ayuda.

—¿Qué pasa con Granger y Weasley? Ellos te consideran un miembro extra.

Harry frunció el ceño.

—Ellos han estado muy ocupados. Hermione está lejos, en Egipto con sus padres, y Ron tiene su propia familia que atender.

Eran excusas justas, reconoció Harry, pero no evitó que se sintiera decepcionado. Snape apretó la mano de Harry en señal de comprensión, y el chico se percató de que el hombre había notado su decepción, ya que cambió rápidamente de tema.

—¿Dices que tu tía Marge está enferma?

—Llamaron por télefono esta tarde. Tío Vernon no dijo que era lo que tenía, pero escuché la conversación. Creo que está en el hospital.

—Así que dejó a un muchacho de quince años a cargo de la casa. La lógica muggle en su esplendor, seguro.

Harry se encongió por dentro. Tío Vernon se pondría furioso cuando viera que ya no había una casa para volver. Sintió una pequeña oleada de culpabilidad y tuvo que obligarse a recordar que lo habían dejado solo, encerrado en una habitación sin poder valerse por sí mismo. Pero era muy difícil no sentirse responsable.

—¿Te preocupa?— preguntó Snape con una expresión alarmada al percatarse del sentimiento de Harry.

—¿Tía Marge?— inquirió Harry, no sabía qué decir sobre eso. Si decía que no, parecería desalmado y provocaría más preguntas—. Ella es…— eligió sus palabras con cuidado— de voluntad de hierro. Estoy seguro de que volverá a estar sana muy pronto.

Es una lástima.

Harry alcanzó a ver la mirada peculiar que Snape le dirigía y decidió terminar con eso.

—¿No querías visitarla junto a tu familia?— preguntó Snape.

—La Orden me dijo que debía quedarme aquí—. No importaba si hubiera querido ir o no. Harry pasó la lengua por sus labios con una extraña sensación que se arrastraba hasta su garganta.

—Así que tus tíos estaban contentos de dejarte aquí solo.

Harry podía sentir la bruma envolverlo, sofocándolo, provocando que sus palabras se distorcionaran y nublando su cerebro.

—Si… bueno… no les gusto mucho— respondió distraídamente. Se arrepentió de inmediato por su larga lengua, pero eso fue todo lo que le vino a la cabeza mientras intentaba calmar las náuseas.

Snape miró alrededor intentando volver a hablar cuando, de repente, miró la cara de Harry y escuchó sus palabras saliendo a borbotones:

—Señor… M-me siento mal.


El rostro de Harry tenía un tono verduzco que Snape vio de inmediato.

—Señor… M-me siento mal— dijo el chico y Snape entró en acción enseguida. Su mano libre fue directamente a la frente del niño en busca de fiebre. Era leve, aunque estaba más pálido de lo que lo había visto durante toda esa noche.

—¿Qué tan grave es la náusea?

—Mmmh… No tan mala…. E-estoy mareado, eso es todo.

Snape frunció el ceño.

—Me temo que no puedo darte nada para eso, tienes todavía restos de la anestesia raquidea en tu sistema. Funciona veinte veces más que una poción de analgésicos comunes, por lo que cualquier otro calmante o antemético es considerado inseguro.

—Es-está bien. Puedo lidiar con eso— dijo Harry, tragando grueso.

—Esperemos que no tengas que lidiar con eso por mucho tiempo. Has pasado por muchas cosas hoy, Potter, y has estado acostado sobre tu estómago por tiempo considerable. Trata de respirar profundamente.

Harry consiguió dos largas y profundas exhalaciones, pero fue alcanzado de repente por un fuerte dolor y no podía dejar de apretar la mano de Snape, como si fuese un bálsamo. Antes de que el hombre pudiera preguntar dónde estaba el dolor, la voz de alarma del sanador Thompson resonó en el aire.

—¡Señor Snape!

—¿Qué pasa?— preguntó Harry con voz ahogada, asustado.

Snape miró a un lado, pero la atención de Thompson todavía estaba en la pierna de Harry. Los otros dos miembros del equipo de rescate estaban a su lado.

—Potter— dijo Snape—, debo ir sólo un momento, pero regresaré—. Cuando intentó ponerse de pie, Harry no le soltó. Miró al chico confundido, pero los ojos verdes le dijeron todo lo que necesitaba saber: no quería que se fuera y el darse cuenta lo asustó y le agradó al mismo tiempo. Observó el miedo escrito en el frágil rostro y dijo enérgicamente—. Estaré justo detrás de ti.

Harry no lo soltó por completo, pero aflojó el agarre para que Snape pudiera deslizar la mano.

Que no sea una mala noticia. No más malas noticias, pensó Snape, pero había un presagio oscuro en el aire, como una sombra que pendía sobre el lugar.

—¿Thompson?— dijo y posó su mirada en el terroso rostro ante él.

Sangre. Por todas partes. Más que antes. Sangre inundando la camisa del sanador, que goteaba desde el borde hasta el suelo.

Un tubo salía de la pierna de Harry y flotó en el aire como un globo, con una pequeña bola de luz brillante al final. Snape observó cómo uno de los sanadores agitaba su varita a la bola de luz y envíaba un líquido rojo al tubo.

—Señor Snape, seré franco— susurró Thompson sin mirarlo. Sus manos estaba ocupadas con los miembros mutilados de Harry—. El niño está perdiendo sangre más rápido de lo que el reabastecimiento por vía intravenosa puede reemplazarla.

—Dice que se siente mal— dijo Snape con rápidez, mantiendiendo la voz baja para que Harry no lo escuchara.

—Es por la pérdida de sangre, señor Snape. Lo siento, pero no tenemos más remedio que amputar.

Amputar.

Amputar.

Ahora el que sentía mal era Snape.

—¿No hay otra ma…?

—No. Me gustaría que la hubiera, pero no. Tendremos que hacerlo aquí, no podemos hacerlo aparecerse o viajar por traslador en este estado, no hasta que hayamos eliminado la pierna. Dudo que hacer un viaje de otra manera no provocaría un shock, podría ser demasiado para él. Hemos llamado a San Mungo y están esperándonos.

El sanador Thompson colocó un fajo de tela en la parte interior de la rodilla ensangrentada de Harry y de repente la voz del niño chilló:

—¡Ay! ¡Profesor, profesor! ¡Aggh! ¡Es mi pierna!… ¡La siento!

Snape miró al sanador Thompson, cuyas manos habían dejado de moverse y miró fijamente al profesor. Ambos negaron con la cabeza incrédulos. Thompson habló primero:

—El bloqueo espinal se está desvaneciendo.

—Thompson, no puedo darle analgésicos y otro bloqueo espinal puede causar parálisis permanente. Tendrá que ser sin anestesia— dijo Snape con pánico.

—No hay más opción. Si no lo hacemos ahora, podría perder más que su pierna. Su vida es mi prioridad en este momento. Tendremos que ser rápidos, antes de que el el bloqueo espinal desaparezca por completo—. Cuándo vio la expresión de Snape, endureció la suya—. Necesita que le digan que esto pasara rápido— le dijo en voz baja—. No será una experiencia agradable para él, señor Snape. Necesita que esté con él cuando se ponga difícil.

Snape no necesitaba que se lo dijera. Se habría quedado con Harry con o sin anestesia.

El sanador miró a Harry, a las heridas en la parte posterior de su cabeza. Suspiró y se volvió hacía Snape.

—Cuando le diga, me da una señal e inciaremos con el procedimiento—. Snape inclinó la cabeza y respiró profundamente para calmarse— ¡Oh! Y señor Snape, mantengalo entretenido. Podría ayudar desviar su atención a cualquier dolor que pueda sentir.

Snape volvió junto a la cabeza de Harry y se arrodilló a su lado. La mueca de pánico incrementó en el rostro del chico cuando le vio.

—¿Qué está pasando?— preguntó Harry.

Mucho, pensó Snape, mucho te está pasando. Esto es demasiado. Lily, si estuvieras aquí ahora mismo… Snape negó con la cabeza tratando de desterrar esos pensamientos de su mente, pero era tan difícil. Los ojos que lo miraban buscaban respuestas, pero la única respuesta que tenía devastaría al niño. ¿Qué hay de malo, Severus? Nunca has tenido problemas en hacerlo sentir miserable antes, ¿qué importa hacerlo una vez más?… No seas rídiculo, esto es difetente y no puedo hacerlo… Entonces, ¿por qué sientes que podrías?

La guerra en el cerebro de Snape se mostraba también en su rostro, con el ceño arrugado transmitía toda la aprehensión que sentía.

—¿Señor?— inquirió Harry con estremecimiento.

Snape miró hacía abajo y cerrró los ojos, eligiendo con cuidado sus palabras. ¿Cómo le digo a un adolescente que está a punto de perder una pierna? Era un concepto tan lejano, tan profundamente impensable, pero hacía mucho que sucumbió a la idea de que, en la vida, todo lo que salía mal probablemente acabaría. Sus desgracias, sin embargo, con frecuencia eran eclipsadas por los problemas de Harry. Era verdad, la única persona con más mala suerte que él, era Harry, y eso no le alegraba. El niño todavía tenía a su familia, pensó Snape sin embargo. Sí, pero ¿dónde están ahora?

—Potter, los daños causados en tu pierna durante el derrumbe… el sanador Thompson no puede reparlos— dijo manteniendo su voz fuerte y enérgica—. Estás perdiendo mucha sangre, por eso te sientes mal. La única manera de avanzar es que el sanador Thompson ampute—. Para su consternación, sintió la huída de color de su rostro cuando pronunció la palabra.

Harry no dijo nada, seguía mirándolo con la boca abierta. Ni siquiera parpadeaba. El brazo extendido de Snape agarró con firmeza la mano de Harry de nuevo, pero Harry no correspondió el agarre.

—¿Potter?

La boca abierta de Harry se cerró de golpe.

—Está bien— asintió con la cabeza en el suelo—. Que lo haga.

Por un momento, Snape se sintió confundido.

—¿Has entendido lo que te dije?

—Si, señor— contestó Harry con torpeza.

—¿Recuerdas lo que te dije sobre el bloqueo espinal?—. Harry le miró con el ceñor fruncido—. Potter, no podemos darte más anéstesicos. La cantidad de adormecimiento que sientes ahora es todo lo que sentirás en el procedimiento. El bloqueo espinal se está desvaneciendo, por lo que Thompson debe comenzar tan pronto como sea posible para que sea más fácil para ti ¿comprendes?

Hubo un breve momento de silencio en que el Harry no dijo nada y Snape le permitió dárselo para reponerse. Finalmente, Harry lo miró con los ojos muertos y asintió resueltamente.

—Puedo manejarlo.

—Me quedaré contigo durante el procedimiento—. Harry le miró agradecido, pero también con vergüenza por necesitarlo—. Por primera vez aplaudo tu valentía Gryffindor— dijo el hombre, sin la más ligera insinuación de una sonrisa en su rostro. Apretó más la mano de Harry y miró hacía el sanador Thompson, le asintió con la cabeza antes de volver su atención al niño cuya vida cambiaría drásticamente.


No podía ver lo que estaba pasando, pero no sentía la ocasional punzada aguda en la pierna, era una sensación de tirón que le provocó más náuseas que antes. La mayoría de la gente no quiere ver su propia pierna ser cortada, pero sin mirarla, su mente se imaginaba una escena sangrienta dónde los sanadores la arrancaban como una pluma de ave. El dolor parecía ir y venir, el bloqueo espinal trabajaba ahora en ondas, y no pudo evitar que su dolor se mostrara. Snape hablaba sobre el colegio, de su lechuza… cosas triviales hasta que se agotaba la lista. Harry se sorprendió cuando el dolor se intensificó y sentía lo que sólo podía describir como si le robaran su carne. Se mordió los labios y apretó con fuerza la mano de Snape, como si se le fuese la vida en ello. Era lo único que podía hacer para dejar de gritar. Al hombre, al parecer, no le importaba en lo más mínimo.

A medida que el dolor se calmaba de nuevo, como una marea, se llenó de vergüenza y fue incapaz de mirar a Snape. Se sentía débil y la preocupación burbujeaba desde su interior, a pesar del extraño cambio de atmósfera entre ellos, el hombre no siempre parecía comprensivo. Un día Snape podría acordarse de su posición y entonces tendría todas las armas para mostrar hasta qué punto él, Harry, era débil. Pero necesitaba que alguien tomara su mano, y Snape estaba ahí. Cuando lo miro, Snape parecía contemplarlo intensamente, y luego desvió el rostro.

—Estás preocupado por la hostilidad que hay entre nosotros—. Harry no quería hablar sobre ello, pero el hombre parecía interpretar a la perfección su expresión—. Potter, mi apego al Señor Tenebroso se ha disuelto a partir de esta noche… , tal vez pueda bajar el tono de hostilidad ya que no estoy obligado a seguir actuando— dijo y suspiró, Harry se sorprendió por su repentirna sinceridad—. Yo no soy, de ninguna manera, un hombre feliz, Potter, ni tú eres mi persona favorita. Has sido una espina en mi costado desde antes de que nacieras… pero ahora me doy cuenta de que mi actitud hacía ti ha sido, a veces, desagradable.

Ese es el eufemismo del siglo.

Puede que sea el malvado maestro de pociones, el murciélago grasiento de las mazmorras… —. Ante la mirada de asombro de Harry, añadió una pequeña sonrisa—. Si, no soy sordo, señor Potter, estoy consciente de los numerosos sobre nombres que he acumulado en los últimos años; pero ten en cuenta esto: nada de lo que sucede aquí será usado en tu contra, te doy mi palabra. Además, es posible que te desagrade mi toque, pero sostengo tu mano… ¿es posible dada mi reputación?— ¿Snape acababa de hacer una broma? Si la situación fuera diferente, Harry se habría reído—. Sé que te sentirías mejor si fuera Lupin quien estuviera sentado aquí en mi lugar…

Y entonces sucedió algo extraño: Harry se encontró queriendo tranquilizar a Snape.

—¡N-no, señor! No creo que me gustaría que él… me viera así… usted sabe.

No podría mostrar debilidad, no enfrente de él… no después de lo que pasó.

Su dolor no era nada en comparación con la pérdida del mejor amigo de Remus.

—Sabes que, de todas la gente, yo no soy…

—¡Lo sé!— dijo Harry con impaciencia después de que su pierna diera una punzada de dolor—. Pero es diferente. No me pregunté por qué…—. Snape ladeó la cabeza y Harry continuó—. Si Remus estuviera aquí, sentiría que es por obligación, por… por lo de Sirius. No es lo mismo con usted. Profesor, usted no tenía que estar aquí. Usted podría haberme dejado, aprecio mucho que no lo hiciera.

Se hizo el silencio entre ellos, interrumpido sólo por el murmullo de los sanadores y el roce de sus instrumentos. Snape respiró fuerte.

—Potter, tus parientes ¿te dejan solo en la casa con frecuencia?

Harry se sorprendió por el repentino cambio de tema.

—Eh… bueno, tienen que hacerlo. Ellos no pueden quedarse conmigo todo el tiempo. Tío Vernon tiene un trabajo al que ir.

Snape resopló.

—Quiero decir ¿solamente se levantan y se van?

Harry dudó e hizo su mejor esfuerzo para no sonar como un mentiroso.

—En realidad no.

—¿Eres intencionalmente despistado, Potter? Porque recuerdo perfectamente que habías dicho que no te llevabas bien con ellos.

—Yo nunca dije eso.

—Tus palabras exactas fueron "no les gusto mucho". ¿Así que cuánto les gustas?— preguntó Snape.

—Basta, señor— contestó Harry—, les agrado bastante.

Se removió un poco, haciendo una mueca de dolor que cortaba la sensación de adormecimiento.

—Eres un terrible mentiroso.

—¿Qué quiere que le diga? Debió haber visto lo suficiente en nuestras lecciones de Oclumancia para tener una idea general, señor— dijo Harry con irritación.

—Por si no lo recuerdas, rara vez me detengo en un recuerdo el tiempo suficiente para darme cuenta de su importancia— aclaró Snape—. Ese no era el punto de mi enseñanza.

Harry permaneció en silencio. Un grotesto crujido sonó por detrás, los sanadores seguían trabajando. En ese momento, Harry no estaba seguro si realmente sentía dolor o si sólo reaccionaba al sonido. De cualquier forma, apretó los dientes y se tragó la bilis que venía de su garganta. Para su sorpresa, Snape sacó su varita y lanzó un rápido "muffilato" entre ellos y los sanadores. El sonido se ahogó rápidamente, para su gran alvio. Snape, sin embargo, aún no terminaba con la conversación.

—¿No te tratan como parte de la familia?

Si claro, como la indeseada mascota de la familia.

—Defina "familia"— murmuró Harry.

—Potter, no seas tonto. Supongo que te alimentan… ¿te visten…?

—Probablemente debería seguir con su hipótesis después, profesor.

Los ojos de Snape brillaron y sus labios se contrajeron en una densa y fina línea. Esa expresión normalmente infundía miedo en Harry, pero las olas de dolor filtrandose a través de lo que quedaba del bloqueo espinal parecía quitarle la capacidad de atención.

—¿Te alimentan o no, Potter? Y ni siquiera pienses en mentirme— exclamó Snape voz profunda y penetrante.

—Tomo lo que puedo durante el día. La señora Weasley me envía comida una vez por semana. Ella dice que me veo muy delgado.

—Entonces la respuesta es no, no lo hacen. Y eso está mal—. Cambió de postura en el suelo y miró hacía otro lado. Harry vio que soltaba su mano—¿Y cuál es, si puede saberse, el castigo que te dan si los desobedeces?

—Depende del estado de ánimo en el que están— respondió Harry evasivamente.

—¿Alguna vez te golpearon?— inquirió Snape seriamente, y Harry se sorprendió por la furia genuina en los ojos que le devolvían la mirada.

Abrió la boca para responder, pero gruñó cuando sintió un repentino tirón en la pierna y una punzada profundamente dolorosa resiguió un camino hasta la espalda.

Snape volvió a tomar la mano de Harry, intentando tomar su pulso discretamente, aunque el chico podía sentir los dedos en la vena.

—¿Es muy fuerte el dolor?— le preguntó al chico.

—Puedo soportarlo— respondió Harry, respirando entrecortadamente. Clavó las uñas en la palma del hombre, pero éste no se inmuto siquiera. A medida que el dolor disminuía ligeramente, Harry se relajó hasta donde pudo, pero el dolor empeoraba lentamente.

—Ahora responde mi pregunta, Potter ¿Te han golpeado?

Harry aclaró su garganta, incómodo.

—A veces— dijo en voz baja, pero rápidamente agregó—, pero sólo cuándo algo realmente malo sucede.

—¿Te pegaron hoy?

Harry desvió la mirada.

—No pudo evitarlo. Sólo estaba molesto y necesitaba a alguien a quien culpar.

Recordó la pasajera tristeza que vio antes de que su tío le echara sin contemplaciones a su habitación.

—Tu tío, supongo—. Al asentimiento de Harry, Snape miró el estado de su cara, la contusión de antes… —. Cerca del ojo, fue donde te golpeó— afirmó. Harry le miró asombrado. Se había olvidado de que pudo haber dejado una marca—. Ya está amarillenta, eso significa que está curada. Me preguntaba cómo era que parecía curarse tan rápidamente si te la habías hecho durante el colapso—. Negó con la cabeza y chasqueó la legua, mirando con furia hacía la distancia—. Te encerró en tu habitación.

—Si— dijo Harry en voz baja.

—Sin comida.

—Si.

—Te golpeó.

—Estaba molesto, profesor. Frustrado, preocupado y…

—¿Eres siempre el recepetor de sus frustraciones?

Harry se quedó callado, sintiéndo un látido ardiente viajando a través de su pelvis.

—Respóndeme.

—En general— respondió aprentando los dientes.

—¿Por qué?

—Porque no le gusta la magia, por eso— dijo, y enseguida un grito que parecía venir desde su interior escapó— ¡AAAGH!


Harry clavaba sus uñas con tanta fuerza en su mano que Snape estaba seguro de que le saldría sangre.

—Respira profundo. Terminará pronto, sólo un poco más— le dijo al muchacho, pero su mente estaba en dos lugares a la vez. Mientras miraba hacía bajo se percató de que ni siquiera podría comprender la situación desde el punto de vista de Harry. Haber estado bajo la maldición cruciatus no era suficiente. Momentáneamente, desvío los ojos de Harry y miró al sanador Thompson. Parecía exhausto pero ejercía fuerza.

La pierna estaba aún parcialmente adherida. Harry no pasaba lo peor todavía. En ese momento, no pudo negar lo que estaba sintiendo. Estaba asustado y preocupado por el niño, sólo un niño. ¡La guerra al diablo!, pensó. En ese instante, se trataba de un niño, no un arma o un peón.

Sentía que todo era un fracaso. Había tratado de manterlo oculto, pero se enfureció, tanto consigo mismo como con los Dursley por ser tan terribles excusas de seres humanos. Había conocido a Petunia como una niña malvada, pero nunca pensó que lo sería en la edad adulta. ¿Quién en su sano juicio podría permitir el deplorable trato que le daban un pobre niño? ¡Malditos Dursley! Si los mortífagos no van por ellos, lo haré yo.

Se dio cuenta al fin de que se había equivocado con el niño, una sola noche devastó su percepción. Su rencor personal empañó la verdad y había provocado a un niño que ya estaba dañado. Al infierno los Dursley ¿Qué clase de persona era él?

Mientras los minutos pasaban, Harry respiró profundamente, el dolor disminuía y Snape le dió otro apretón al hombro del muchacho, como diciéndole que todo estaba bien.

De pronto algo hizo "click" en la cabeza del maestro de pociones.

—La alacena bajo las escaleras— dijo de depente, como si no hubiera nadie más allí.

Harry estaba sin aliento, y parecía nervioso ante esas palabras.

—La puerta dice "Habitación de Harry" ¿Por qué?— preguntó Snape con lentitud, aunque ya sabía la respuesta.

—Estoy seguro de que puede deducirlo, señor.

Snape suspiró.

—Vi algo en tus recuerdos. Una imagen fugaz al igual que las demás, no pensé más en ella en ese momento. Asumí que te habías encerrado ahí como los niños sin cerebro que… ¿Con qué frecuencia te metían allí?

—Yo dormía allí hasta que fui a Hogwarts— respondió Harry en voz baja. Algo parecía estar tirando de su labio inferior hacía abajo y lo hacía temblar.

Snape se percató de que Harry no había respondido realmente a su pregunta, pero no le importó en ese momento. Encerrado en una habitación, muerto de hambre, obligado a dormir en una alacena, abandonado en la casa, víctima de abuso. La mente de Snape se quedó con la última palabra. Solía pensar que Harry Potter era muchas cosas: arrogante e irritante, molesto, mimado, James Potter reencarnado. Con forme la noche avanzaba, cada una de esas ideas se evaporaba, una por una.

—¿Por qué no le dijiste a nadie sobre eso? Seguramente sabes que no es normal para un niño pequeño dormir en una alacena— exclamó Snape con un repentino tono de impaciencia que al parecer era contiagoso.

—¡Porque no soy normal! ¿Está bien? Soy un monstruo que hizo cosas raras y molestaba a su familia cada vez que lo hacía.

—¿Ellos te dijeron eso?

—Todos los días.

—¿Y eres consciente de que todo lo que te decían es mentira?

—Por supuesto que lo estoy, no tengo cinco años. Sé que no merezco sus malos tratos, pero intento soportarlo con una sonrisa. Seré mayor de edad en un par de años, y entonces podré decir "Hasta nunca".

—"Hasta nunca"—repitió Snape en voz alta—. Tienes quince años, Potter, no deberías tener que sonreír y soportar cualquier cosa.

—Si, bueno… tampoco tendría que derrotar a un Señor Tenebroso, pero como usted me dijo alguna vez, profesor, la vida no es justa— espetó Harry, volviéndo la cabeza.

Snape no dijo nada. ¿Qué podría decir ante eso? Sin embargo, sintió que el niño aplastaba su mano, casi podía sentir sus propios huesos haciéndose añicos con la fuerza con la que eran sostenidos. Con un pausado "Finite incantatem" canceló el hechizo "muffliato" a su alrededor y miró al sanador Thompson, quien se había desplazado hacía el otro extremo de la pierna de Harry, su espalda sudorosa era lo que ahora veía Snape.

—Thompson ¿Hasta cuándo?

—Ya casi está. ¿Cómo le va?— inquirió Thompson sin mirarlo.

—Como era de esperar.

—Muy bien. Tenemos un traslador listo. No tardaré mucho.

Un pequeño ruido llamó la atención de Snape. Harry aún tenía el rostro oculto, enterrado en el suelo, pero el hombre podría decir debido a la tensión en el cuello y la forma en que los hombros de Harry se inquietaban, que algo andaba mal. Harry hizo ruido otra vez, era como un lamento desde el fondo de su garganta. Respirando profundamente, Snape puso su mano libre en la nunca de Harry, dandóse cuenta de lo que le pasaba exactamente.

¡Estúpidos, orgullosos e idiotas Gryffindor!

—¿Cuántas veces te lo tengo que decir, Potter? ¡No lo escondas! Esto es más de lo que muchos podrían soportar. ¡Permítete un poco de libertad, chico!— exclamó para enseguida bajar la voz—. Harry, no es signo de debilidad. Sientes dolor, no te avergüences de demostrarlo.

Snape escuchó un sollozo.

—Yo… sólo quiero q-que… acabe— logró decir Harry, cansado, antes de volver la cabeza hacía Snape y permitir que sus lágrimas cayeran.

Snape quería que todo acabara también. El dolor, el abuso, su propia culpa… todo.

No había nada más que decir. Susurró palabras tranquilizadoras sólo para que Harry supiera que no estaba solo.

—Está bien. Estarás bien…

En ese momento, era lo único que podía decir.


Mucho dolor. Le dolía tanto que no podía precisar de dónde venía. Ya no podía recordar lo que se suponía era sufrir, sólo sabía que lo estaba haciendo y que no podía pensar con claridad. No podía hablar, o seguir.

Las palabras de Snape llenaron el aire a su alrededor, pero apenas podía entenderlas. Lo único que le mantenía cuerdo era esa mano apretando la suya.

Alguien gritó. No fue Snape. No, Snape estaba con él, murmurando palabras suaves, ininteligibles.

La voz se fue apagando, pero aún la escuchaba. El sonido de los escombros bajo él llenó de bruma y dolor la mente de Harry. De pronto, había otro hombre delante de él, mirándolo y hablandole, pero no podía saber lo que estaba diciendo. El hombre puso su mano sobre el hombro de Harry y le dio una mirada extraña a Snape.

Sintió que algo se caía dentro de él cuando la mano de Snape fue arrancada de la suya.

Lo último que vio fue la ganchuda nariz del profesor perderse de vista cuando sintió el tirón familiar de un traslador.


N/T:

¡Hola!

Muchas gracias por sus comentarios, sus alertas y sus favoritos =)

Aún nos resta el Epilogo y terminamos.

¡Saludos y gracias por leer!

Látex.