Una vez más, mil gracias a Charlaine Harris por sus personajes.
6.
Entré en la habitación después de discutir con Bill. Era de prever que no se lo tomara bien pero ya me había encargado de todo. Tanto Arlene como Claude estaban sobre aviso. Bueno, Arlene no sabía nada, claro, a ella le había dicho que mi amiga Tara había tenido problemas con su exnovio, que había ido a su casa recoger sus cosas pero la había amenazado y había intentado agredirla. Sabía que eso iba a funcionar con Arlene después de la mala suerte que había tenido con los hombres antes de que Terry se cruzara en su vida. Ella había tenido un problema muy similar, así que apelé a su compasión y le dije que no iba a ir a su fiesta porque me iba a quedar con ella porque tenía miedo y que Bill nunca aprobaría que lo hiciese porque no le caía bien Tara. Así que Arlene nunca diría que no había estado en su despedida de soltera. Era increíble la de mentiras que había contado a lo largo de toda la semana para poder pasar la noche con Eric, ¿merecía la pena el esfuerzo? A ver, él merecía todos los esfuerzos del mundo y algunos más, pero teniendo en cuenta mi situación, ¿merecía la pena meterse en semejante lío? Hasta ese momento, sí, sí había merecido la pena mentir a todo el mundo por la felicidad de fantasear con que esa era mi vida. Al menos a Claude no hizo falta mentirle, le dije que no quería dormir en casa y supuso, con razón, que quería hacerlo con alguien. Ni que decir tenía que me apoyaba, le tenía mucha tirria a Bill, y me ofreció la coartada de dormir en su casa después de la despedida de soltera de mi amiga.
Y todo para poder estar todo el día con ese hombre que dormía boca abajo en la cama, entre sábanas revueltas por la pasión que sentíamos el uno por el otro. Recogí su camisa del suelo y me la puse, me encantaba hacerlo, sentir contra mi piel algo que le hubiese rozado a él, dejarme envolver por su olor. Tenía que dejar de pensar así. No podía permitírmelo, ¿cómo iba a volver a mi casa? ¿Cómo iba a dormir en una cama que oliese a Bill? Me acerqué hasta él y besé su hombro antes de taparle con la colcha. Miré alrededor buscando mis bragas pero no estaban en ningún lugar a la vista. No pasaba nada, así Eric tendría más fácil acceso una vez terminásemos de cenar. Salí cerrando la puerta con extremo cuidado y me dispuse a preparar la cena. Saqué los quesos y patés que habíamos comprado y los dispuse en unos platos, vacié la ensalada en un bol y salí al salón para ver dónde montaba nuestra mesa. Rebusqué en los cajones para ver si había algún mantel pero no encontré ninguno. La búsqueda no resultó inútil, en uno de los cajones había velas. Decidí ponerlo sobre una mesita pequeña y colocarla cerca de la alfombra ante la chimenea. Muy cliché, sí, pero éramos dos amantes en una escapada, estábamos en una cabaña aislada en el paraíso, con una vistas excepcionales. Todo en nuestra relación ya lo era, la chimenea no iba a suponer mucho más. Por el ventanal se veía la luna llena reflejada en el lago, encendí el fuego porque empezaba a hacer frío y coloqué las velas estratégicamente por la sala, cuando me pareció perfecta su ubicación, fui a la cocina y saqué el vino que había puesto a enfriar un poco antes, lo abrí y lo dejé respirando mientras iba a despertar a mi amante.
Entré en la habitación y seguía en la misma postura en la que le había dejado media hora antes. Me tumbé a su lado y comencé a acariciar su cara. Abrió los ojos y mi corazón se paró. No podía ser que cada vez que me mirara, dejara de respirar.
_ Hola, bello durmiente – susurré besando sus párpados-. ¿Tienes hambre? He preparado algo para cenar.
_ Sookie... – ¿por qué su voz sonaba triste? Bajó sus ojos por mi cuerpo y sonrió al verme con su camisa-. Te la voy a tener que regalar, así te acordarás de mí.
_ Estaría bien – me reí-, pero no necesito nada para acordarme de ti... – Dios mío, ¿había dicho eso en voz alta?
_ ¿Es algo que se estropee si tardamos en salir? – se rió bajito contra mi boca.
_ No, no realmente – el estómago le rugió-, pero tus tripas tienen otras ideas...
_ Las partes de mi anatomía no se ponen de acuerdo en mis prioridades – me llevó la mano a su erección.
_ Pobre – le apreté mientras deslizaba mi mano por él y dejó escapar un gemido-. Pensé que querrías comer...
_ Primero a ti, después lo que sea que hayas puesto.
Y eso hizo. Hacer el amor con Eric siempre era divertido y excitante, pero esta vez era como si su cabeza estuviese en otro sitio. No era que me dejara a medias, como me pasaba en casa, ni que desatendiera ninguna parte de mi cuerpo, no, ni mucho menos, pero era como si algo le preocupara. Cuando terminamos, nos quedamos abrazados unos instantes, acariciándonos. Me reconcomía lo que había pasado y acabé sucumbiendo.
_ ¿Qué te pasa? – besé su cuello y seguí acariciando su pecho.
_ Nada – dijo tras una pequeña pausa, demasiado larga como para que fuese "nada"-. Venga, a comer – dijo y se levantó llevándome consigo.
Me llevó en volandas hasta el sofá y me dejó allí mientras él volvía a recoger sus boxer y su camisa. Me ayudó a ponérmela y se sentó junto a mí, admirando mi decoración.
_ Vaya..., ¿te has molestado por mí?
_ No ha sido una molestia. Quería que tuviésemos una cena agradable.
Y la tuvimos. Me levanté a coger el vino y le serví una copa. El tiempo con él era, como mínimo, muy grato y siempre me sabía a poco. Eric me contó de su adolescencia y de sus años en al universidad en Estocolmo. Intercambiamos anécdotas, después de todo, no éramos tan diferentes pese a habernos criado en dos países tan lejanos. Como teníamos la misma edad, habíamos crecido escuchando prácticamente lo mismo, bueno, yo más country, lo que él encontraba una abominación, y habíamos visto casi las mismas películas y teníamos una cultura similar. No quería pensar en todo lo que tenía en común con este hombre y todo lo que no tenía con el que me esperaba en casa. Me rellenó la copa, apurando la botella, y se quedó mirando el fuego como hipnotizado.
_ Sookie – dijo al fin en un tono muy bajo-. Me gustaría repetir esto. No quiero limitar nuestra relación a los martes y viernes.
Me dejó sin habla, ¿qué le iba a contestar a eso? ¿No puede ser, cariño, no creo que a mi marido le guste la idea de que salga contigo? Me miró esperando pacientemente mi respuesta pero casi con miedo de escuchar lo que le tendría que decir. Levantó las cejas animándome a decir algo pero sólo balbucí su nombre.
_ Eric...
_ Sí, bueno, no creo que te parezca algo repentino. Llevamos tres meses viéndonos dos veces en semana, quiero salir contigo en una cita normal. Ir a comer, al cine, a bailar, presentarte a mis amigos, conocer a los tuyos..., ya sabes. Y luego volver a casa para comerte, claro – añadió con su sonrisa más sexy.
_ ¿Y si yo no puedo? – conseguí decir.
_ No pido mucho, Sookie, sólo quiero verte más...
_ Eso no era lo que...
_ Sí, ya lo sé – me cortó-. Somos amantes, lo sé, eso fue lo que acordamos, pero quiero verte más – volvió a repetir y el tono con el que lo dijo me rompió el corazón.
_ Eric... – murmuré- Eres siempre lo mejor de mi semana, ya te lo he dicho. Pero no puede ser, nosotros somos amantes, no podemos pretender ser novios o algo así.
_ No puedo seguir así – empecé a hiperventilar, ¿me iba a dejar?
_ ¿Quieres dejar de verme? – la voz apenas si me salía del cuerpo. Eric se me quedó mirando unos segundos que se me hicieron eternos.
_ Ahora mismo no podría... – confesó-, pero va a ser algo que acabará pasando, Sookie, quiero más de ti – me miró atentamente-. Te voy a dar tiempo para que arregles lo que sea que hay en tu vida que te impide estar conmigo, si necesitas ayuda, pídemela, pero hazlo, porque tú y yo somos geniales juntos y no me refiero en una cama. Tenemos tanto en común que asusta un poco, y eso es algo que los dos sabemos pese a que has evitado cuidadosamente darme alguna pista sobre tu vida que me lleve a sabe lo más mínimo de ti.
No supe que decir, ¿sabía Eric algo de mi vida? ¿Me estaba dando tiempo para dejar a mi marido? Me asustó que alguien que a quien había intentado ocultar mi vida y mi identidad, supiera algo así. ¿Me había estado espiando? No, eso era imposible, ¿verdad? Como si hubiese estado leyendo mi mente, siguió hablándome.
_ Lo mismo me equivoco pero creo saber qué me ocultas. No voy a pedirte más de lo que me puedas dar..., por ahora – se paró y sus ojos me taladraron. Se acercó hasta mí y su boca rozó la mía-. Nací en Estocolmo hace treinta y cinco años, llevo doce viviendo aquí – su boca bajó por mi mandíbula con pequeños besos y se detuvo en mi cuello antes de dirigirse hacia mi hombro-. Soy co-propietario de Asgård, supongo que lo conoces, es, probablemente, el mejor club de la ciudad, con mi mejor amiga Pamela – sus manos habían abierto su camisa y estrujaban mis pechos y pellizcaban mis pezones. Yo quería pararle, quería que dejara de contarme su vida pero sus acciones me tenían paralizada-. Nos va muy bien, tanto que vamos a abrir otro local, un restaurante, en el centro, para primeros de año – su lengua se acercaba a mis pezones, hasta que llegó a uno de ellos y lo engulló después de mordisquerlo-. El ático es mío y tengo también una casa en Ekerö que heredé de mis abuelos, pero hace dos años que no voy por allí – se pasó al otro, no era nada considerado desatenderlo-. Estudié ciencias políticas pero siempre me interesó el arte y la literatura. Cuando tenía veinte años tenía un grupo en el que tocaba el bajo, no éramos malos y teníamos un montón de fans, todas chicas, debería añadir – me besó entre los pechos-. Mi madre se llamaba Liv, me arrepiento de no haber pasado más tiempo con ella por haberme venido detrás de una mujer que me traicionó y que, obviamente, no me quería – prosiguió su camino inexorable hasta mi sexo-. Le hubieses gustado tanto como a mí. Pese a lo que eso me quitó de estar con ella, no me arrepiento, de haberme venido siguiendo a aquella mujer, de no haberlo hecho, nunca hubiese podido acabar en esta cama junto a ti...
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas. La mezcla agridulce de sus palabras tristes con el placer inmenso con el que me estaba obsequiando, estaba haciendo mella en mí. ¿Por qué no había aparecido en mi vida diez años antes? Ahora, ya era tarde. No podía ser y tendría que hacer frente al dolor que supondría seguir sin él, pero no podía seguir así, tendría que hacerlo.
Nos quedamos un rato abrazados en la alfombra delante de la chimenea, mirando crepitar las llamas. De repente, se levantó y me cogió de la mano. Me llevó al baño del dormitorio y abrió los grifos para llenar la bañera. Mientras caía el agua, nos besamos con suavidad, lánguidamente, con amor, intentando que no me ahogara el sentimiento que escondían nuestras bocas. Cuando el agua estuvo a su gusto, nos metimos y me apoyó contra su pecho. No hablamos mucho y, en cualquier caso, fue de naderías, no era ese el objeto de bañarnos. Era la intimidad que desprendía, era la confianza y el amor que sus manos me mostraban mientras me acariciaban, era la reafirmación de que ese era nuestro sitio. Cuando nuestros dedos empezaban a entrar en el punto de no retorno de la pasa, salimos y me secó con suavidad y dulzura, me cogió en brazos y me llevó a la cama. Miró su móvil y lo puso a las seis para despertarnos y me abrazó. Sólo eso. Me besó otra vez y me miró a los ojos.
_ Buenas noches, amor.
Mientras su voz se apagaba y se abrazaba a mi espalda, amoldándose a mi cuerpo, me creí morir. No podía ser que ese hombre perfecto me amase, no, era imposible, yo no le había dado ninguna razón para hacerlo. No era posible que ese hombre, tan espectacular por fuera como por dentro, me quisiese en su vida en otro lugar que no fuese en su cama. No podía darle otra cosa y seguro que él no querría más de alguien tan deteriorado y con tanto equipaje como yo. De todas formas, como ya no habría un mañana, tampoco nunca tendríamos la ocasión de saberlo. La perspectiva de una vida sin la sensación que su proximidad me daba, era asfixiante y abrumadora. Cerré los ojos para no llorar y me dispuse a afrontar lo que sería vivir sin tocarle y sin sentirle cerca. Sin su voz dulce y ronca llamándome amor, que no amante.
Gracias por el apoyo y los ánimos a las chicas de Sookie Stackhouse y Eric Northman: Apasionados!. Me alegra que os estén gustando los fics :D
