Una vez más, mil gracias a Charlaine Harris por sus personajes.
10.
¿Volveremos a vernos?, ¡¿volveremos a vernos...? !, ¡qué hombre más insufrible! Atreviéndose a decirme algo así delante de su cita, habiéndome metido mano pocos minutos antes. Y yo dejándole, para mi vergüenza. Era una zorra, con todas las letras, pero él, él..., ¡arggg! Había conseguido ponerme frenética. Cuando me dejó en el despacho en el que segundos antes yo le hubiese dejado follarme sobre la mesa pero no porque necesitara visuales nuevos para fantasear cuando estaba con Bill, sino porque él seguía siendo el hombre que más deseaba en el mundo, porque seguía siendo el único que quería junto a mí, dentro de mí, porque le había echado de menos todos los minutos de todos los días de todos los meses que habían pasado desde nuestro día en el lago. ¡Joder! Y tener que recuperar la compostura después de que me dejara con las ganas para salir y darme de boca con él y su pareja agarrados de la cintura, a punto de perderse en la noche, seguramente rumbo a su casa para hacerle todo lo que yo aún me moría porque me hiciera a mí. ¡Joder, mierda, joder...! Bill llegó hasta mí con expresión seria.
_ ¿Qué haces aquí? – preguntó secamente.
_ ¿Cómo que qué hago aquí? Iba a recoger nuestras cosas, quiero irme a casa. No me fio de las habilidades de Jase como niñero.
_ Ya... – su tono suspicaz me crispó los nervios.
_ Ya ¿qué, si puede saberse? – acabé saltando.
_ He visto a ese capullo venir para acá.
_ ¿A qué capullo, en concreto? Que esta noche estoy padeciendo a muchos...
_ El rubio – contestó decidiendo ignorar mi respuesta-, Northman.
_ Sí, él y la mujer que le acompañaba, esa a la que has estado devorando con la mirada durante muchos momentos de la noche, se acaban de ir si es eso a lo que te refieres – nos miramos a los ojos unos segundos-. Ahora ve a recoger los abrigos mientras busco a Alcide y me despido.
No contestó nada, ¿qué me iba a decir? Se dirigió al guardarropa a recoger nuestras cosas y yo me dirigí hacia mi jefe, el amigo de mi ex amante.
_ Alcide – murmuré tomándole del brazo-, nos vamos ya. Está siendo una gran fiesta, ¿no?
_ Ya lo creo – me miró con intención-, muy reveladora... – apreté los labios en una fina línea- Ya me contarás el lunes.
_ Alcide... – comencé a decir pero me paró con un gesto, Bill estaba detrás de mí- Diviértete – me empiné y le di un abrazo- Felices Fiestas.
_ Felices Fiestas, Sookie – me rodeó con sus brazos y besó mi mejilla. Cuando me soltó tendió la mano a Bill- Ha sido un placer conocerle por fin, señor Compton, que pasen una feliz Navidad – Bill se limitó a estrechar su mano y a hacer un gesto con la cabeza.
El trayecto a casa se me hizo más largo que si hubiésemos tenido que volver a Nueva Orleans. Cuando Bill quería castigarme con su silencio, lo hacía a conciencia. No porque me importase algo si hablaba por los codos o callaba para siempre, sino porque lo acompañaba de miradas, suspiros, chasquidos y demás sonidos varios con los que expresar su fastidio. Entonces yo sacaba mi ipod y ya la teníamos liada.
Jase que estaba en el sofá viendo la tele, se sorprendió de vernos de vuelta tan pronto pero se cuidó mucho de decir nada al ver la cara de Bill, que pasó de largo sin ni siquiera mirar a Jess que se había dormido junto a mi hermano. Le di un beso a modo de saludo.
_ ¿Qué tal la noche? – pregunté mirando el cuerpecito de Jess en el sofá junto a él.
_ Muy bien, se despertó con una pesadilla hará un par de horas y la bajé conmigo porque tenía miedo – me arrodillé al lado de su carita y la besé, mi tesoro. Hice amago de levantarme para llevarla a su cama y Jason me lo impidió-. No, déjame, yo lo hago, esta señorita ya está muy grande.
Subimos juntos y le abrí la cama para que la acomodara dentro. La tapé bien y después de asegurarme que no se despertaría y que estaba perfectamente dormida, bajé a la cocina. No quería encontrarme con Bill, que se había ido a la cama nada más llegar. Me quería entretener para que cuando llegase a la cama, estuviese dormido. En la cocina me esperaba Jase.
_ ¿Qué ha pasado?
_ Uno de los invitados ha tonteado conmigo – Jason abrió los ojos y soltó una carcajada.
_ ¿Sólo uno? Lo siento, cariño, pero me parecen pocos, esta noche estabas muy guapa. Mucho más de lo habitual, que tú ya sabes que eres preciosa para nosotros – siguió riéndose hasta que reparó en que no me hacía ni chispa de gracia-. ¿Quién era? ¿Me tengo que temer lo peor...?
_ Sí, estaría bien que te lo temieras...
_ No me jodas... – se sorprendió y bajó la voz para añadir- ¿Él?
Cuando Jason dejó a Crystal, por fin, le acabé contando mi breve indiscreción, pero quizá puse demasiado énfasis en la envidia que me daba por haber sido más valiente que yo, con lo que mi hermano se dio cuenta de lo importante que había sido para mí lo que, en principio, sólo había parecido una aventura. No siguió preguntándome porque, claramente, no estaba preparada para responder ninguna cuestión, ni a él ni siquiera a mí misma. Aún tenía que procesar lo que había pasado esa noche, lo que había sentido al verle o estrechar su mano. La sensación de sus labios quemando mi piel delante de todos, la agonía de sus manos volviendo a casa en la oscuridad del despacho.
Me levanté y le acompañé hasta la puerta, le di un beso y me despedí de él hasta la comida de Navidad. Jason no forzó más la conversación pero cuando ya se dirigía a su camioneta se volvió y me dio un abrazo y me dijo que si necesitaba hablar, no dudase en llamarle.
Cerré bien las puertas y apagué las luces antes de subir a dormir. Me asomé para ver a Jessica que dormía plácidamente y me acerqué para besar su frente. Entré en mi habitación y me dirigí al baño sin dedicar ni una mirada el bulto en la cama. Me tomé mi tiempo para desmaquillarme y desvestirme, mi mano siguió el rastro de la mano de Eric sobre mi piel. Entré en la ducha y dejé que el agua cayera sobre mi cara mientras mis manos se perdían entre mis piernas soñando con fuesen otras más grandes y fuertes. El agua amortiguó mis jadeos y luego borró el rastro de mis lágrimas de impotencia porque ese cabrón se había metido tan debajo de mi piel que ahora ya formaba parte de ella.
Me puse el pijama y salí, tiempo más que suficiente para que mi marido se hubiese dormido. Me acosté a su lado procurando no tocarle y sin poder evitar evocar mi única noche con otro y sus brazos rodeándome. El sueño iba a ser algo difícil de conciliar esa noche.
_ ¿Qué es lo que necesitarías hablar con Jason que no puedas hacerlo conmigo? – murmuró Bill sobresaltándome- ¿Eh, Sookie? – giré la cabeza para mirarle a la cara y así nos quedamos unos instantes.
_ Después de tu comportamiento anterior – dije al fin-, cualquier cosa, Bill.
_ ¿Me tenía que gustar que ese hombre te follara con la mirada delante de mí?
_ Eres un exagerado, el señor Northman no ha hecho eso pero y si lo hubiese hecho, ¿qué? Tú no lo aprecias pero aún soy deseable y que yo sepa, tú miraste igual a su pareja.
_ Es posible – concedió-, pero su pareja no reaccionó ante mí como tú con él...
_ Oh, bueno, perdona – la mejor defensa, un ataque-. Me pasé peleándome con ese tío y sus exigencias dos semanas y mi equipo lo tuvo que aguantar meses. No era así como nos imaginábamos al cabrón gilipollas de Night&Day.
_ Ya, bueno, ahora es el cabrón gilipollas que te pone.
_ ¿Qué quieres que te diga, Bill? La vista aún me funciona, sí, está como Dios, ¿contento?
_ No.
_ ¿Por qué, porque esta vez quien ha deseado a otro, por variar, he sido yo? – dije sin pensar lo que decía.
_ Así que te gusta – se sorprendió con mis palabras y me dí cuenta de lo que había salido de mi boca.
_ Esto no tiene sentido... – intenté zanjar con tono más conciliador- Tengo ojos y puedo apreciar lo que veo, como tú y como todos. No voy a discutir sobre eso y menos a estas horas... – me miró sin decir nada como calibrando la veracidad de mis palabras- Buenas noches, Bill, que descanses.
Me di media vuelta y recé porque el sueño viniese pronto.
Los siguientes días fueron los más largos que había tenido desde que volvimos de nuestra noche en la cabaña. La Navidad, generalmente fuente de alegrías para mí, este año acabó siendo una pesadilla. Bill se recuperó de su enfado y trató de volver a la normalidad pero después de encontrarme otra vez con Eric, yo no pude. Jess estaba tan excitada con las fiestas que no paraba ni un segundo, entre arreglar la casa, las compras de última hora, preparar la comida, recibir gente y visitar amigos, cuando por fin pasó la Navidad y pude volver al trabajo, dudaba de mi salud mental. Me refugié en mi despacho y me senté mirando por la ventana, intentando tener un momento de tranquilidad antes de dedicarme a mis tareas. Demasiado bonito para ser verdad. Alcide llamó a la puerta y pasó, cerrándola tras él. Se sentó frente a mí, al otro lado de la mesa y se quedó mirándome fijamente.
_ ¿Eric? – dijo al fin.
_ No quiero hablar de eso... – intenté eludir contestar aunque esa era otra forma de hacerlo.
_ Estoy muy harto de oíros esa respuesta, ¿sabes? Él también dice lo mismo – el corazón se me encogió.
_ Pues a lo mejor es que los dos coincidimos en que no hay mucho que contar – razoné.
_ O que a lo mejor hay demasiado que contar y duele – levantó la ceja para remarcar su afirmación que estaba demasiado cerca de mi verdad para mi gusto.
_ Como sea, me vas a perdonar si no comparto esa parte de mi vida contigo, Alcide, eres mi amigo y te aprecio, pero también eres mi jefe y ahora resulta que hablamos de uno de tus amigos. Así que, no, no voy a hablar de eso – suspiró mirándome con cara triste.
_ Sookie, no sé qué ha habido entre vosotros. Viendo como os comportasteis los dos en la misma época, puedo situar bastante bien cuándo pasó. Los dos estabais bastante hundidos – le miré con expresión descreída-. Os conozco a los dos, esa es la ventaja que tengo sobre vosotros, yo sé que eres fuerte pero vulnerable y sensible a la vez, y también sé que debajo de esa fachada de pichabrava tocahuevos que tiene Eric, por más cabrón que parezca, es un hombre dulce y amable.
_ ¿Qué más da ya, Alcide? – dije con cansancio-. Eso ya pasó, para bien o para mal, terminó.
Se calló y asintió aceptando mi posición. Cambiamos de tema y estuvimos trabajando un rato después de contarnos las fiestas y las ganas que teníamos de que pasaran. Formábamos un buen equipo, me encantaba que confiara en mí y que me viese tan capacitada para llevar tanto peso de la empresa en mis espaldas. El cargo de responsabilidad que ocupaba ahora había sido lo único bueno en un año que había prometido ser memorable pero que se torció por mi cobardía. Me daba coraje que mi vida se hubiese visto en semejante compromiso por un hombre que ni siquiera había llegado a conocer fuera de su casa y de una cama, no era posible que su carencia, que había sido decisión mía, me recordaba una y otra vez, me hubiese roto de esa manera, cuando tenía una hija fuerte, sana y feliz y un gran trabajo, cuando contaba con amigos y familia que me querían y me apoyarían tomase la decisión que fuera. Y ahí estaba departiendo con uno de esos amigos, que resultaba que además era mi jefe, realizando un trabajo que me gustaba y que me daba una fuerza que cada vez más me empujaba a soñar con que me daría el ánimo para partir de cero y comenzar una nueva vida con mi hija y sin hombres que viniesen a joderlo todo. Terminamos nuestra reunión y Alcide se levantó, rodeó la mesa y sacó algo de su bolsillo.
_ Papá Noel dejó esto para ti en mi casa – se rió.
Lo abrí, la cajita era de una joyería, por un momento pensé si no sería inapropiado aceptar el regalo de mi jefe, pero los ojos impacientes y expectantes de mi amigo me disuadieron. Dentro había un pequeño colgante de plata con un carácter en chino o japonés, no supe precisar.
_ No deberías haberte molestado, Alcide – murmuré avergonzada porque yo no le había comprado nada.
Lo saqué para verlo bien y me lo cogió de la mano para ponérmelo.
_ Déjame – me giré para que me lo abrochara-, estaba haciendo mis compras y cuando lo vi pensé en ti – se rió-. Este kanji significa "fuerza" – se me hizo un nudo en la garganta-. Es para recordarte que eres fuerte y que no debes flaquear en lo que quieres, sea lo que sea.
Me giró para mirarme y me besó en la mejilla. Sin poder controlarme le di un abrazo que fuera de contexto hubiese sido completamente inapropiado.
_ Gracias, Alcide, yo... – se me quebró la voz.
_ No tienes nada que agradecerme, este año hubiese sido nefasto sin tu ayuda. Esto es una nadería para lo que te mereces – se mordió el labio y se miró los pies-. También..., ¿qué vas a hacer en Nochevieja? ¿tenéis algún plan?
_ No, a Bill no le gusta celebrarlo, solemos quedarnos en casa, cenar con amigos y poco más... ¿Por?
_ El equipo que trabajó en la reforma de Loki ha sido invitado a la fiesta de Asgård – dijo con voz tranquila y mirando atentamente mi reacción.
_ No parece una buena idea, Alcide – intenté sonreír pero se me quedó en una mueca que reflejaba mi ansiedad.
_ Bueno, tu nombre estará en la lista de invitados, por si acaso.
Me sonrió con complicidad y salió. No, no iba a pasar, no después de como me había tratado en la fiesta, aunque reventara de ganas. Pero el día se me fue pensando en él y en la dichosa invitación. El martes, Laf y yo habíamos empezado a quedar para comer después de mi pequeño ataque de nervios post-Eric, era el que trabajaba más cerca de mi empresa y también el que mejor me conocía. Por desgracia algo se había roto con Amelia y con Tara en una nueva relación, sólo quedábamos nosotros dos. Cuando le conté lo de la fiesta pude ver su cabeza malévola hacer planes para el sábado.
_ No, Laf, ni se te ocurra.
_ Oh, vamos, me muero por ir a Asgård de Gaga – me hizo un puchero-, hazlo por mí...
_ Sabes que Bill se va a poner frenético, bastante mal están las cosas después de la fiesta – bajé los ojos.
_ ¿Qué pasó? Jason me dijo que la cosa se había puesto fea.
_ No mucho, Eric, que estaba allí con una mujer impresionante a la que mi marido miró con lujuria, se reveló como el cabrón que nos había estado atormentando con su reforma, si eso no era suficiente, insinuó que yo era la responsable de su mal humor aquellos días, algo que, claro, sólo pillé yo, y después de arrastrarme a un despacho vacío me metió mano, me puso a cien y me dejó porque, qué lástima, él ya no era mi amante.
_ ¡Qué cabrón...! – se rió casi con admiración, para mi asombro-, me muero por conocerle. Y tú, pendón, ¿cómo no me lo habías contado antes?
_ Porque mi marido se puso histérico y no me ha dejado ni a sol ni a sombra estos días, lo que me ha puesto histérica a mí.
_ Razón de más para ir a Asgård para que te relajen – levantó la ceja y parpadeó con sus pestañas postizas que casi me abanicaban-. Te voy a dejar tan espectacular que se va a correr sólo con mirarte, reina.
_ No vamos a ir, Lala.
_ Sí, sí, vale, hay que encontrarte un vestido que corte la respiración.
_ Lafayette – dije con tono de madre llamando al orden.
_ Bueno, no pasa nada, tú te lo pierdes...
Le miré con suspicacia, había sido demasiado fácil. Terminamos nuestro almuerzo y nos despedimos hasta el día siguiente. Lo malo fue que había plantado la semilla en mí. Eso de presentarme espectacular ante Eric y hacerle lo mismo que me había hecho a mí en la fiesta era demasiado tentador, pero una vez más, Bill se interponía entre la diversión y yo.
Cuando llegó el jueves, y yo seguía con la mente en la fiesta a la que no iría porque no me atrevía, Bill hizo algo sorprendente. Durante la cena me informó de que en Nochevieja iríamos a la cena que daba en su casa la señora Krasiki, era una pequeña fiesta para algunos empleados y habíamos sido honrados con una invitación.
_ ¿En Nochevieja? – pregunté sin salir de mi asombro- ¿La señora Krasiki? En realidad, Bill, no voy a poder ir – dije cogiéndome mi kanji para ver si mi infundía la fuerza necesaria para decir lo que iba a soltar a continuación-. Laf se muere por ir a un club y como a ti no te gusta celebrarla, hemos trasladado nuestra noche de chicas al sábado – en ningún momento dije que era a Asgård, que no tenía ni idea de si Bill lo sabía y más valía curarse en salud.
_ Pero tienes que venir conmigo – me miró confuso.
_ No, lo siento, como tenía la noche libre – me encogí de hombros- me comprometí con él y voy a ir con Lala. Puedes ir tú solo a la casa de la señora Krasiki, seguro que a ella le encantará y no se dará ni cuenta de que no estoy – sonreí.
_ ¿Qué insinúas? – su fingido tono indignado era ridículo pero conseguí aguantar la risa.
_ No insinúo nada, afirmo, Bill, pero no pasa nada. No me importa si vas solo...
Sonreí, fuera con lo viejo, adelante con lo nuevo. Y, de repente, Bill ya era historia.
Al día siguiente, fui al despacho de Lafayette a contarle lo que había pasado y que iríamos a Asgård, después de todo. Se levantó y me abrazó. Rápidamente se pudo en modo abogado pitbull.
_ Hay que moverse con rapidez, no me fío de Bill. Prepararé todo el papeleo para presentarlo el día dos. ¿Crees que esa señora Krasiki y él...? – asentí-. Bien, más vale estar preparados – pulsó el interfono-. Vicky, cariño, dile a Di que venga, por favor.
En los minutos siguientes, los que tardó en llegar la tal Di, había elaborado una lista de exigencias y de peticiones para presentar en la demanda, bajo mi mirada atónita. Cuando llegó Di, se sentó a mi lado, después de las presentaciones, y escuchó atentamente las instrucciones de Laf, le dijo lo que necesitábamos y cómo y dónde obtenerlo. Di apuntó nombres, direcciones y discutió con mi amigo la mejor manera de conseguir nuestro objetivo, o el suyo, que yo no había dicho ni mu desde que me senté. Cuando su colaboradora se fue, me miró con una amplia sonrisa.
_ ¡Nos vamos de tiendas! Encontré el vestido perfecto para ti...
Y digo si lo era.
Este es el kanji para fuerza 力, o, al menos, eso dice el traductor de Google, claro.
