Una vez más, mil gracias a Charlaine Harris por sus personajes.
11.
Salí con una sonrisa en los labios de la fiesta, para qué lo iba a negar. Volver a ver a Sookie había sido un shock, saber que todo este tiempo había estado tan cerca y que, incluso, había hablado con ella, no era para menos. Me daba rabia haber mantenido a Alcide al margen porque habría acabado con mi suplicio de esos meses mucho antes. Pero no importaba, ahora tenía un objetivo, hacer que la señora Compton se arrepintiera de haberme dejado. Fui a la casa de Felicia y nos divertimos, no quise cerrar los ojos en ningún momento porque ella no merecía que mi mente volara a otro cuerpo cada vez que lo hacía, así, que, por primera vez, le hice el amor mirándola a los ojos, observando cada una de sus reacciones que, tenía que ser sincero, nunca hasta ese momento me había importado.
A la mañana siguiente llamó Alcide para quedar a comer. Quedamos en Chianti, que estaba cerca de donde se encontraba visitando a una amiga, no quise preguntar quién después del fiasco de Sophie Anne. Nos saludamos y me senté a la mesa bajo la atenta mirada de medio restaurante. El servicio era bueno y la comida también, yo seguía tomando notas para mi restaurante. Miré a Alcide después de que nos sirvieran la cerveza y un entrante de mozzarella para ir picando mientras nos traían los primeros platos, se moría de ganas por preguntarme por Sookie, sonreí para mí, dudaba si ponérselo fácil, eso sí, en cualquier caso, era mi puerta abierta hacia ella.
_ ¿Me lo vas a contar? – dijo al fin.
_ No hay mucho que contar, Al.
_ ¿Por qué no te creo? – se paró un momento como meditando la respuesta- Ah, sí, porque vi como te quedaste después de lo de Caddo y has sido una espina en el culo desde entonces.
_ Qué exagerado eres... – me reí-, ya sería para menos.
_ No, no lo fue.
_ En cualquier caso, no es algo de lo que quiera hablar – bajé la vista y alisé las arrugas del mantel.
_ Es que no me puedo creer que Sookie y tú... – su expresión de incredulidad me hizo sonreír.
_ Pues sí, Sookie y yo.
_ Me extraña porque ella es muy diferente al resto de tu harem – le miré ofendido-. Entiéndeme, si quitamos a Felicia y a alguna más, ¿qué sabes del resto? Te las follas y ya está – me moría de ganas por decir que sabía de ellas lo mismo que había sabido de Sookie, por lo que a mí respectaba, podrían estar tan casadas como ella y no tener ni idea.
_ No me amargues la comida, Alcide, aquí se come bien y seguro que tenemos mejores cosas de las que hablar – hice una pausa rectificando-, no es que Sookie no sea digna de... – me detuve considerando lo que quería decir-. Aquello fue extraño y se complicó. No quiero volver a recordarlo, si no te importa. Sobre lo de haber sido un tormento para vosotros, me gustaría disculparme de alguna manera y querría invitar a todos los que me padecieron a la fiesta de fin de año en Asgård – me levantó la ceja sonriendo-. No te preocupes, no creo que ella vaya, no lo hago por eso y, además, yo estaré en la zona VIP, total, van a quedarse con la plebe.
_ Mira que eres borde, si no fuera porque a mí no me engañas... Quieres que vaya – afirmó.
_ Estaría bien, me complace ponerla nerviosa – concedí con una pequeña sonrisa.
_ Se lo diré el lunes, pierde cuidado, si es por mí, te la llevaré. Quiero a Sookie y a ti te conozco por encima de esa máscara que te pones, eres infinitamente mejor que un marido que no la hace feliz desde hace mucho más tiempo del que crees.
_ ¿Y por qué empeñarse en seguir con él? – no pude evitar el tono molesto, me había dejado por él.
_ Por su hija, claro, no se me ocurre otra razón – oh, otra cosa que no sabía, y mi expresión habló por sí misma-. ¿No lo sabías?
_ Alcide, no sabía nada de ella. El último día que la vi, confirmé sin querer que tenía pareja. Tu Sookie no fue tan diferente del resto, ya ves, pero no voy a contarte nada más.
_ ¿No fue tan diferente? De tu almacén a mi cabaña hay un gran trecho, Northman – me sonrió con afecto-. Sí que lo fue pero, está bien, no más hablar de ella.
Comimos en paz y fue agradable y divertido volver a conectar con él. Nos despedimos hasta la semana siguiente, también iría a mi fiesta, claro, y tenía la sensación de que no sería el único.
La semana pasó volando entre fiestas y los preparativos de la nuestra. Pam me miraba desaprobando que volviese a dejar entrar a Sookie en mi vida, aunque fuese para tomarme la revancha por lo que me hizo, pero se cuidaba mucho de decirlo en voz alta. El sábado por la mañana estuvimos dando los últimos toques, sacando las listas de invitados para los porteros y batallando con los proveedores para tener provisiones de todo tipo. El catering también lo servíamos nosotros, era la presentación de nuestro otro proyecto y estaba muy nervioso con eso, casi tanto como con la perspectiva de verla otra vez.
Cenamos con todo el personal, como todos los años, y nos preparamos para la fiesta que empezaba a las diez. Poco a poco la gente comenzó a llenar el local, nuestros invitados iban llegando, todos menos la única a la que yo quería ver. Alcide me miraba cada cinco minutos sonriendo, o mejor, riéndose de mí porque no dejaba de controlar la puerta. Aún tuve que esperar hasta las doce, como si fuese una Cenicienta al revés, pasadas las doce, la puerta se abrió revelando a la mujer más bella del mundo, para mí y, posiblemente, para el ochenta por ciento de los hombres que había allí. Decir que estaba espectacular se quedaba corto, no había palabras para describir lo que me hizo sentir. Venía acompañada por un hombre que me dejó sin palabras, y eso era difícil. Pensé que vendría con su aburrido marido pero se presentó con una versión festiva y brillante de Lady Gaga, si eso cabía, en versión masculina y negra. Avanzó, aunque yo diría que se contoneó en dirección a Alcide y le abrazó para desearle feliz año. Nunca me había sentido celoso de mi amigo, nunca hasta que sus brazos rodearon su cintura y la levantó para ponerla a su altura y besar su mejilla. Cuando la puso en el suelo, paseó la vista por la sala, vio a Felicia y le sonrió incómoda. Interesante. Siguió hasta encontrarse conmigo. Me sostuvo la mirada todo el tiempo, no hizo amago de apartarla ni por un momento, y estoy seguro de que su expresión de deseo era un reflejo de la mía. Pam se acercó y me dijo algo que no acabé de entender, haciéndome apartar la mirada de ella para atenderla. Cuando volví a levantar los ojos ya no estaba, se había diluido entre la gente y no había rastro de ella. Y así comenzó nuestra danza alrededor de los invitados.
Alcide se acercó a mí y le miré con fastidio por su osadía de haberla cogido así, sabía perfectamente que me estaba provocando. Me miró fingiendo inocencia.
_ Vaya, si que sois íntimos, ¿no? Yo no abrazo a mis empleadas y las elevo a mi altura para besarlas...
_ Quizá deberías hacerlo, seguro que serían más felices – sonrió beatíficamente.
_ Ya...
_ ¿Qué pasa, Eric, te ha molestado que sea cariñoso con Sookie? No le doy mucho tiempo a Bill, me gustaría posicionarme ahora que ya vuelvo a estar libre gracias a ti.
_ Porque sé que lo dices de coña, que si no te echaba del club ahora mismo, que lo sepas – soltó una carcajada.
_ Bueno, quizá no sea tanta coña. Tú dijiste que ya se había terminado y Sookie es especial, ¿verdad? – le eché una mirada asesina y él volvió a reírse-. Voy a por una cerveza, ¿te traigo otra?
_ Sí, haz algo útil... – farfullé entre sus risas.
Seguí escaneando la sala buscándola mientras Alcide volvía con las bebidas. Cuando llegó me hizo un gesto con la cabeza indicándome una dirección. Allí estaba, con su brillante amigo, hablando con mi abogado ¿o diría tonteando con él?. Ese capullo estaba despedido... Me fui para ellos.
_ Señora Compton – le ofrecí mi mejor sonrisa-, me alegro de que haya podido venir... Está usted arrebatadora – me acerqué a ella y me bajé para besar su mejilla recreándome unos segundos más de lo que sería normal-, para comérsela – murmuré separándome de ella-, ¿verdad, Bobby? ¿Y su esposo? ¿En casa con su pequeña?
Su acompañante soltó una carcajada mientras mi abogado se iba sabiéndose prácticamente despedido por haber osado tontear con ella.
_ Hola, guapo, soy Lafayette, pero me puedes llamar como quieras, tigre – le miré serio y no pude contener la carcajada, me gustaba ese tío.
_ Te llamo como tú quieras, cielo, pide por esa boquita – ronroneé.
_ Me gustan los hombres juguetones y a ti te va la marcha, ¿eh, rubio? – me guiñó el ojo y sonrió seductor- ¿Te puedo confiar a mi chica unos segundos mientras voy a retocarme el maquillaje?
_ Por supuesto, pero no te aseguro su integridad teniendo ese aspecto tan deslumbrante.
_ No creo que la ataquen teniéndote a ti de escolta, guapo.
_ No, nadie se le acercaría – sonreí y la miré-, pero, ¿quién la salvaría de mí? – Lafayette se quedó callado un momento sopesando lo que le había dicho y me sonrió.
_ Nada de eso, vikingo – se volvió a Sookie-. Vuelvo enseguida, cariño.
Nos quedamos mirando como se iba con aires de reinona y nos miramos cuando se perdió entre la gente.
_ Señor Northman – dijo con voz suave y sensual que hizo que mi estómago se llenara de mariposas. ¿Cómo podía ponerme así que simplemente dijera mi apellido?-, bonita fiesta.
_ Señora Compton, me alegra que haya podido venir al final – sonreí-. Pensé que después de nuestra última... conversación no lo haría.
_ No había motivos, tenía razón, no tengo un amante – se paró a considerar lo que iba a decir y sonrió para sí-. Lo tendré en breve, por eso esta fiesta me plantea la oportunidad de conocer gente... – mi expresión debió cambiar por completo porque una sonrisa insinuante se adivinó en sus labios-. ¿Se encuentra bien, señor Northman? ¿Necesita algo de mí...? ¿Le puedo ofrecer algo...?
Me acerqué a ella y la arrinconé contra la pared. Puso la mano entre mis piernas y acarició mi erección. No me podía creer lo que estaba haciendo, sabía que tenía truco, mi mente me lo gritaba pero mi deseo había silenciado a mi cabeza desde antes de que ni siquiera entrara.
_ Sookie... – gemí.
_ Vaya, señor Northman, es un placer volver a "verle" – ronroneó al darme una caricia mucho más larga y placentera mientras yo reprimía un jadeo-. Lástima que usted ya tenga, al menos, una amante – me soltó y se escabulló hacia Lafayette que venía de vuelta. Se volvió un segundo para mirarme, me levantó la ceja sonriendo mordaz y me tiró un beso. Me reí, qué hija de puta... No, eso no iba a acabar así.
Se nos fue toda la noche rozándonos. Ella deslizaba sin querer su mano por mi culo mientras se hacía sitio para pasar, yo rozaba su pecho al ir a soltar una copa. Mientras bailábamos, porque también bailamos un par de canciones, acariciaba su espalda desnuda metiendo la mano dentro de su vestido. Entonces ella se pegaba a mí, se daba media vuelta y movía sus caderas frenéticamente al ritmo de la música. Cuando no pude más la arrinconé en un recoveco por el que se accedía de la zona privada.
_ Estas jugando con fuego, Sookie...
_ ¿Tú crees? – se rió pero pude ver su sonrojo en la oscuridad.
_ ¿Crees que puedes excitarme así e irte de rositas? – acaricié su mejilla, taladrándola con la mirada y pegándome más a ella. La cogí por la cintura y entré con ella en mi despacho.
_ Eric... – musito asustada.
_ Sookie – la besé con todo el ansia acumulada durante tantos meses-. No te resistas más, cede ante mí, por favor...
_ No puedo – jadeó contra mi boca-, aún no...
_ ¿Qué quiere decir eso? – mis manos rebuscaban debajo de su vestido frenéticamente y las suyas me habían sacado la camisa y acariciaban mi piel.
_ Dime que me deseas... – murmuró y su lengua comenzó a recorrer mi lóbulo.
_ Ya sabes que te deseo – la cogí en volandas y sus piernas rodearon mi cintura, y la llevé a la mesa. Nunca me había alegrado tanto de ser ordenado y dejar la mesa despejada siempre al irme.
_ Dime que me has echado de menos... – me atrajo contra su boca mientras sus manos me quitaban el cinturón y se iban para mi bragueta y las mías ya estaban dentro de ella.
_ Cada jodido día – me sacó del pantalón y me llevó a su entrada- Dime que tú también lo has hecho – empujé y me deslicé por el placer de volver a estar dentro de ella.
_ Cada segundo... – jadeó.
Entraba en ella con furia, con rabia, ciego aún por el dolor que me causó que me dejara. Pensaba que follándomela otra vez, me la sacaría de la cabeza, al final, sería como las demás, otra que quería repetir, pero estaba muy equivocado. Cuanto más dentro de ella entraba, más se colaba ella dentro de mí. Con cada embestida, conquistaba un poco más de mi mente y de mi cuerpo que a esas alturas ya eran suyos.
_ Eres mía, Sookie... – no sabía de donde salía aquello pero lo dije y mordí su hombro-, ¡dilo! – ordené.
_ Lo soy..., sólo tuya – dijo en un susurro y sus palabras me devolvieron la amargura.
_ ¿Por qué lo hiciste...? ¿Por qué me dejaste? – gemí contra su cuello.
_ Volví pero ya no me querías... – dijo en un susurro apenas audible. Me separé un poco y paré el ritmo en seco.
_ ¿Volviste...? – no me lo podía creer, ¿cuándo?
_ El martes no fui y no hacerlo me enfermó, pero el siguiente, sí volví y tú ya no me esperabas... – empezó a llorar-. Ya no me querías en tu vida...
_ No, amor, por favor, yo siempre te quise ahí – besé sus lágrimas-, pero me dolió que me dejaras, no podía quedarme en mi casa otra semana esperándote cuando creía que ya no volverías.
_ Volví... – repitió entre sollozos mientras comenzaba a moverse otra vez contra mí-. Era lo único que deseaba.
_ Lo siento – comencé a entrar y salir otra vez, pero esta vez con movimientos suaves y profundos, intentando darle todo el placer del que nuestra estupidez nos había privado-. Mírame, amante – abrió los ojos que brillaban por las lágrimas-, ahora estamos juntos, ya nada nos va a separar...
Me besó y, después de tantos meses, la felicidad de volver estar con ella, en ella, hizo que fuese magnífico. Seguía sin querer reconocer el sentimiento que se escondía detrás de mi dolor, de mi resentimiento y de, ahora, mi arrepentimiento, mientras conseguía que gritase mi nombre retorciéndose de placer en mi mesa y mi propio cuerpo explotaba de gozo, mi corazón se henchía con ese sentimiento al yo me negaba a darle nombre.
_ Feliz Año Nuevo, señorita Stackhouse – murmuré cuando recuperé el aliento, besándola.
_ Feliz Ano Nuevo, señor Northman...
Estábamos en nuestra nube, besándonos y acariciándonos cuando alguien comenzó a aporrear la puerta.
_ ¿Sookie? – la voz de su amigo Lafayette se escuchó al otro lado, incluso, por encima de la música- Por el amor de Dios dime que no estás haciendo lo que yo creo con el señor Grande y Follable – se me escapó una risita.
Sookie se levantó y se arregló la ropa y el pelo, y fue corriendo a abrir. Lafayette entró como un rayo de destellos brillantes.
_ ¿Pero, qué pasa contigo, pendón, ahora piensas con el coño? – me puse serio y me fui para decirle lo que pensaba mientras me ajustaba el cinturón-. No – me paró-, no hablo contigo – se volvió hacia ella-. Nadie será más feliz que yo cuando por fin podáis estar juntos, pero ahora no era el momento y lo sabes. Deja que te arregle el maquillaje y salgamos de aquí, Bill está ahí fuera.
_ ¿Qué...? – Sookie se llevó la mano a la boca con espanto.
_ Por suerte, tu jefe le ha entretenido mientras yo venía a avisarte y no me ha visto – la puerta se abrió de nuevo y entró Pam con unas cervezas.
_ Sentaos como podáis y dad un par de tragos rápidos, Alcide viene para acá con un tío que parece ser el marido de, aquí, la rubia – la miró con dureza-. Entra en el aseo y arréglate un poco, que parece que acabas de follarte a alguien.
La puerta volvió a abrirse y Pam se tiró a mis brazos y me besó. Por suerte, me quedé paralizado y no hice nada extraño. Su lengua salió a jugar y entendí lo que estaba intentando, pese a que no quería hacerlo, respondí a su beso. Momento que escogió Sookie para salir y darse de boca con su marido y conmigo besando a mi socia. Había que joderse. Perfecto, sí, Feliz Año Nuevo, señor Northman.
