Una vez más, mil gracias a Charlaine Harris por sus personajes.
16.
Por primera vez habíamos tenido sexo de reconciliación, no era que no nos hubiésemos follado antes en circunstancias semejantes, de enfado y frustración, pero esta vez, fue diferente. Nos hicimos el amor para pedirnos perdón por toda la estupidez que nos había llevado a pelearnos, y lo hicimos porque Eric tuvo la lucidez de recordar dónde estábamos, que si por mí hubiese sido, habríamos acabado en mi mesa, en uno de los sillones, contra la pared o sobre la moqueta de mi despacho.
Por primera vez hablamos de nosotros, nos comunicamos, nos contamos nuestros temores y lo que había pasado los días previos. Escucharle decir que iba a querer y consentir a mi hija, que nos quería proteger, con la vehemencia que lo hizo, era un placer adicional, tanto que la única manera de la que supe demostrárselo fue con mi cuerpo.
Por primera vez nos confesamos que nos queríamos. Qué diferente hubiese sido todo sin meses atrás hubiese sido lo suficientemente valiente para contarle de mi vida y de mi hija, y, después de ver su reacción, enfrentarme a todo...
Lo que no esperaba es que diese ese paso adelante, que me pidiera que nos quedásemos con él, donde nos pudiese proteger y amar, para demostrarme que era bueno para nosotras, literalmente. No pude reaccionar, me derretí. Me dejó sin habla y con las lágrimas agolpándose en mis ojos de lo que sus palabras me produjeron. Su mirada era tan limpia y sincera que no me cupo ninguna duda de la sinceridad de sus palabras. Mi expresión le debió confundir un poco.
_ Sé que es precipitado, pero ya hemos perdido muchos meses. Me gustaría formar parte de vuestra vida, Sookie, quiero todo lo que te dije, no me voy a mover de aquí. Esperaré lo que haga falta, pero dame la oportunidad de empezar a quereros ya – esperó mi respuesta y sus ojos comenzaron a mostrar su nerviosismo y preocupación por mi reacción, o, en este caso, mi falta de ella.
_ No sé qué decir, Eric...
_ ¿Te parece mal? – era tan adorable cuando el hombre hermoso y poderoso se mostraba inseguro- Quiero decir, no pensarás que me he pasado, ¿verdad?
No lo pude evitar más y sonreí acariciando su mejilla.
_ Te quiero aún más por tus palabras... – le besé con suavidad- Ahora toca levantarse de esta cama y volver a casa.
_ Te llevo.
_ No hace falta... – balbucí.
_ No es una sugerencia, es un hecho, te llevo – me miró a los ojos con determinación. Me palmeó el culo y sonrió-. Arriba, una ducha rápida y a casita – me quedé quieta sin poder apartar los ojos de él-. Vamos – me urgió-. Tenemos que irnos y si te entretienes – bajó la voz y sonrió dejándome sin aliento-, no podremos jugar en la ducha...
_ Primero tengo que llamar a mi hermano, está con él y decirle que iré un poco más tarde... – se giró rápidamente y me pasó el teléfono que había en su mesita y me apremió con la mirada.
Se levantó para darme un poco de intimidad y llamé. Le expliqué a Jason, sin entrar en detalles, que estaba con Eric y que en algo más de una hora estaría allí. Podía notar la sonrisa de mi hermano a través del teléfono, mientras me decía que me tomara mi tiempo, que teníamos mucho de lo que "hablar", a ver si por esas me relajaba. Supongo que él también debió notar mi sonrojo porque cambió de conversación y me dijo que iba a encargar una pizza para comer con Jess, que ya se comería las verduras conmigo, que para eso era su tío favorito. Debería haberle recordado que era su único tío, pero era verdad, si hubiese tenido cien, sería su favorito igualmente. Colgué y me dirigí al baño donde me esperaba Eric con todo preparado.
_ Después de usted, señorita Stackhouse – se inclinó a mi paso y me sujetó la puerta de cristal de la ducha.
_ Gracias, señor Northman – sonreí con coquetería.
Nos duchamos entre risas, caricias y besos. Nos volvimos a duchar después de hacerlo contra los azulejos de la pared, con premura y mucho, mucho deseo. Podría estar así el resto de mi vida, en los brazos de este hombre que me hacía gozar tanto como me hacía feliz.
Conseguimos salir del baño y vestirnos, toda una proeza porque cuando estaba con él me estorbaba toda la ropa que separaba su piel de la mía. Volví a pedirle que me llevara a la oficina, que necesitaría el coche al día siguiente y entonces me di cuenta de lo que quería.
_ Te quieres quedar – murmuré sorprendida más por no haberme dado cuenta que por lo que quería.
_ Quiero conocer a tu hija y a tu hermano – se encogió de hombros con sencillez-, no me importa dormir en el sofá si es lo que quieres por respeto a la niña, pero voy a hacerlo. Y mañana, cuando la dejemos en el colegio, volveremos.
_ ¿No tienes que ir al club? – el tono me salió más áspero de lo que quería. El simple hecho de que estuviese allí a la vista y la disposición de cualquiera me ponía enferma. Era mío.
Le vi sonreír satisfecho mientras prestaba atención al tráfico de la autopista.
_ Ya no suelo ir a Asgård, sólo ocasionalmente y las mantengo a raya, si es eso lo que te preocupa. Ahora tengo una vida diurna, me ocupo exclusivamente de Loki – se volvió a mirarme rápidamente y su sonrisa iluminó el coche-. He estado haciendo mis deberes y adaptando mi vida a la de mi novia y su hija...
Me encontré sonriendo en la penumbra del atardecer como una tonta porque me había llamado su novia. Sentí su mano sobre la mía y me volví para mirarle. Seguía con los ojos fijos en la carretera y la sonrisa que no le abandonaba, y sus dedos se entrelazaron con los míos y se los llevó a los labios para besarlos. Tenía un nudo en la garganta, quería llorar de lo feliz que me hacía, quería gritar por lo estúpida que había sido, quería pedirle que parara en la primera zona de descanso que encontrara y saltarle encima, pero ya estábamos cerca de Bon Temps y ya habría tiempo esa noche. Ahora tenía novio...
Tomó la salida y, siguiendo mis indicaciones, en cinco minutos más estábamos en la casa de Jason. Nos dirigimos de la mano a la puerta. Cuando Jason salió nos miró sorprendido, no esperaba verle a él. Se estiró y se puso en plan hombre de la familia, quizá queriendo impresionar a un hombre que le sacaba casi una cabeza. Me reí, buena suerte con eso, hermanito.
_ Soy Jason, el hermano de Sookie – dijo con voz firme y un poco amenazante.
_ Eric Northman – le respondió con la misma seriedad-, es un placer conocerte, por fin.
_ Yo también, espero que ese sea un sentimiento que me dure, ni que decir tiene, que si le haces daño te las vas a tener que ver conmigo y no te confíes con mi tamaño... – levantó las cejas para enfatizar sus palabras.
_ Por supuesto, no esperaría menos de ti. Supongo que podremos comprobar eso del tamaño en otro momento y bajo circunstancias menos dramáticas, porque no va a haber ocasión de hacerlo por esa razón, quiero a tu hermana.
_ ¡Tío Jase! – se oyó a Jess gritar desde la cocina- ¡No encuentro el chocolate!
_ ¡Jason! – le regañé- La pizza pase pero, ¿chocolate?
_ ¡Mami! – gritó y vino corriendo hasta donde estábamos, tirándose a mis brazos- ¡Ya estás aquí!
_ Hola, tesoro, ¿cómo está mi amorcito? – me reí busqueándola.
_ Bien, ¡el tío Jase y yo hemos comido pizza! – estaba encantada de haberlo hecho un día entre semana, sabía que tocaba comida sana los días de colegio. Miró a Eric con los ojos muy abiertos, impresionada por su tamaño y se escondió en mi hombro-. ¿Quién es este hombre, mami? – me cuchicheó al oído.
_ Es Eric – nuestros ojos se encontraron y nos sonreímos.
_ Yo soy Jess – dijo con un hilo de voz-. ¿Cómo estás?
Eric reprimió una risa por los modales de mi hija y le tendió la mano, Jess se la estrechó y su manecita se perdió entre la de Eric, y él se inclinó para saludarla llevándosela a los labios.
_ Muy bien, Jess, estoy encantado de conocerte, eres mucho más guapa de lo que pensé – Jess soltó una risita.
_ Ah, gracias, y tú muy alto – dijo con rimbombancia, convencida de que le hacía un cumplido.
_ Sí, es verdad – se rió-, gracias por notarlo.
_ Venga, cariño – la puse en el suelo-, recoge tus cosas que nos vamos a casa – entró corriendo y en un santiamén estaba con nosotros otra vez, al lado de Eric, mirando desde abajo con admiración-. Vamos, despídete de Jason.
Se colgó al cuello de mi hermano y le besó y le dijo algo al oído. Jason se rió y le respondió igual, Eric y yo nos miramos extrañados pero la sonrisa que mi novio, qué bien sonaba, tenía en los labios se me contagió. Mientras seguían con su conversación fui a la camioneta de Jason y saqué la silla infantil para ponerla en el coche de Eric. Cuando me volví me quedé helada, Jess iba de la mano de Eric hacia el coche. Jason se me acercó y me abrazó sonriendo contra mi sien.
_ Me alegro tanto por ti. Parece un tío estupendo...
_ ¡Mamá! – me llamó Jess.
_ Vamos – me dejó ir Jase-, tu familia te espera...
Besé a mi hermano y me fui hacia ellos, Eric abrió la puerta de atrás para colocar la silla. Jess nos miraba pensativa y extrañada por lo que hacíamos.
_ ¿Y tú coche, mami? – dijo al fin.
_ Está en la oficina, cielo – me limité a decir.
_ ¿Por eso te ha traído Eric? – me miró como encontrando sentido a lo que pasaba y se sentó en su silla.
_ Sí, y se va a quedar con nosotras para llevarme mañana, ¿te parece bien?
_ ¿No vive cerca? – prosiguió su interrogatorio camino de casa.
_ No, vivo en Shreveport – intervino Eric-, ¿quieres venir un día a mi casa con tu mamá?
_ ¿A hacerte una visita? – se interesó.
_ Y a quedarte a dormir, podríamos ir al zoo o al parque de atracciones por la mañana, a Caddo – me miró sonriéndome con complicidad-, ¿te gustaría visitar el lago?
_ ¿Sabes pescar?
_ Sí, ¿y tú?
_ El tío Jase me está enseñando pero es un poco aburrido si no me cuenta historias, ¿sabes historias divertidas?
_ Algunas, sí – se rió.
_ ¿Me contarás alguna esta noche para dormir? – los dos me miraron esperando mi autorización pero yo estaba tan sorprendida con el intercambio que no me di ni cuenta- Mamá... – me llamó la atención-, ¿puede?
_ Sí, ¿puedo...? – sonrió expectante, deseoso de poder hacerlo. Tuve que reprimir una carcajada, si esos dos hacían frente común, iban a poder conmigo, lo veía venir.
_ Pero una rápida, que es tarde y mañana hay que levantarse pronto.
_ ¡Bien! – lo celebró Jess- ¿Y mañana me puede llevar al cole?
Paró el coche y salí para quitarle el cinturón de seguridad.
_ ¿No quieres ir con Violet como todos los días? – Eric salió del coche y vino hacia nosotras.
_ No, quiero que él me lleve – se volvió a Eric para que le ayudara a presionarme y se cogió de su mano.
_ ¿Por qué quieres que te lleve Eric, si puede saberse? – me interesé mientras abría la puerta.
_ Porque quiero que Lizzy vea que el amigo de mi madre es mucho mejor que el de la suya.
Entró y nos dejó a los dos en la puerta, con la boca abierta. Eric soltó una carcajada y pasó tirando de mí que me había quedado petrificada en el sitio. Me cogió por la cintura y se acercó a mi oído.
_ Me encanta tu hija, que lo sepas, tiene todas las papeletas para convertirse en mi ojito derecho – murmuró riéndose aún.
La cotidianidad y la comodidad con la trascurrió el resto de la noche, no dejó de asombrarme cada minuto que pasaba. Bañé a Jess rápido y la dejé viendo los dibujos pero ella había descubierto a Eric y quería estar donde él, con la ayuda de los dos preparé nuestra cena, se nos fue todo el tiempo riéndonos y hablando de todo. Me sorprendía lo bien que interaccionaban los dos, como si se conocieran desde siempre. Ella consiguió su historia divertida de cuando era un niño en Estocolmo e hizo mil preguntas sobre todo. Oírle hablar de su vida era un placer, tenía un don con las palabras y nos metía en las historias que contaba. Me sentí triste por no haber podido formar parte de sus recuerdos desde mucho antes, quería ser la mujer que hubiese ocupado su mente, la que hubiese curado sus heridas, la que le hubiese dado todo lo que era, todo lo que sería. Dejamos a Jess viendo la tele mientras cenábamos y cuando terminamos, volvimos al salón donde Bob Esponja hacía de las suyas en Fondo de Bikini. Jess se había quedado dormida en el sofá y me dispuse a cogerla para llevarla a la cama, Eric me detuvo y la cogió él. Un ¿dónde? se dibujó en su labios para no despertarla y yo le guié hasta la planta superior y su dormitorio. La dejó con delicadeza sobre su camita y la tapó con cuidado. Jess entreabrió los ojos y murmuró que quería su cuento con voz somnolienta, Eric se rió bajito y le dijo que mañana tendría su cuento. Jess le tendió los brazos demandando su beso de buenas noches y durante un segundo Eric se quedó quieto por la sorpresa, se inclinó y besó su frente.
Suspiró con una sonrisa en los labios, había pasado la prueba que yo más temía. Se volvió para mirarme y me guiñó un ojo. Besé a mi hija y cuando salimos de la habitación, me aprisionó contra la pared.
_ ¿Tú también quieres tu beso de buenas noches...? – susurró erizándome el vello. Sus labios se posaron sobre los míos y los besó con suavidad y dulzura. Se separó de mí y se volvió sonriendo.
_ ¡Eh! – me quejé-, ¿a dónde vas?
_ A fregar los platos de la cena – se rió escaleras abajo.
Corrí tras él con la sonrisa tonta colgando de mis labios. Le seguí hasta la cocina y entre los dos lo recogimos todo. Después, nos sentamos en el salón, diría que estábamos viendo la película del canal de cine clásico, pero ni siquiera sabría decir cuál era, su mano trazaba círculos en mi espalda y sus dedos hábiles buscaban mi piel con cierta premura y desesperación. Nos acomodamos más en el sofá y comenzamos a besarnos, con tranquilidad, lánguidamente, sonriendo entre besos, diciéndonos tonterías y sonriendo aún más. Así nos dieron las once. Me separé de él y sonreí con timidez.
_ Es tarde, mañana hay que levantarse temprano – se mordió suavemente el labio inferior sin querer hacer patente su frustración.
_ Sí, lo es... – afirmó sin querer soltarme.
Me hizo gracia su actitud, sólo necesité un segundo para decidirme. Me levanté y le tendí la mano y se la quedó mirando maravillado, como sin saber qué hacer con ella.
_ Vamos a la cama...
Me cogió la mano en silencio y se dejó guiar hasta mi dormitorio. Le di un cepillo nuevo y nos lavamos los dientes sonriendo, nos preparamos para irnos a la cama, nos desnudamos en silencio, él se quedó con sus boxer y su camiseta y yo me puse mi camisola, tomamos posesión de nuestros lados y nos miramos y nos besamos una última vez. Nos acomodamos el uno contra el otro y nos dispusimos a dormir.
La mejor noche en meses, desde aquella vez en el lago...
