Una vez más, mil gracias a Charlaine Harris por sus personajes.
17.
Nunca había estado más nervioso en mi vida. Superar la prueba de la niña era primordial si quería que mi relación con Sookie prosperara, que casi me adoptara, no sólo fue un alivio y una alegría, fue un placer porque resultó ser la niña más bonita y encantadora del mundo. Pasar la noche con ellas fue increíble, me integraron en su pequeña familia como si nunca hubiese estado en otro sitio. Preparamos la cena, nos reímos, nos contamos historias, comimos y cuando Jess se quedó dormida en el sofá viendo a Bob Esponja, la cogí en brazos para acostarla. Lo dicho, una familia.
Limpiar el desorden de la cena, sentarse a ver una película abrazados, besarnos lánguidamente en el sofá mientras esperábamos el momento de irnos a dormir, sólo era un plus. En realidad, tenía miedo de que me pidiese que me quedara en el sofá. Mi sitio estaba junto a ella, en su cama, pero lo hubiese entendido de haberlo hecho. Cuando se levantó y me dio la mano para que la acompañara a dormir, fui el capullo más feliz del mundo. Joder, lavarme los dientes con ella, desnudarnos para meternos en la cama, darnos un beso de buenas noches y acomodarnos abrazados, era algo nuevo para mí y la sensación que me produjo casi hizo que mi corazón estallara de gozo. El sueño nos venció enseguida y fue la mejor noche en meses plagados de noches en blanco o de pocas horas de sueño.
Nos despertó el jodido pitido de la alarma del móvil. ¿Las cinco y media?, pero, ¿qué coño...? Sookie se desperezó a mi lado, moviendo su culo contra mí. Esperaba que hubiese puesto la alarma a esa hora demencial porque tenía ganas de empezar bien el día, porque, si no estaba listo, acababa de ponerme y ahora quien se movía contra ella, era yo. Deslicé la mano por su cuerpo, acariciando lo que encontraba a mi paso desde su cuello. Me entretuve en sus pechos y se le escapó un gemido, cuando mis dedos se perdieron entre sus piernas soltó una risita.
_ Buenos días, amor – me reí en su oreja-, espero que este fuese tu plan, cariño, porque no hay manera de pararme ya... – se movió más contra mi mano y contra mi erección-. Lo tomo como un sí.
_ Buenos días, amante... – dijo en un suspiro mientras un gemido se escapaba de sus preciosos labios- ¿A qué esperas...? ¿Necesitas una invitación formal?
No, no la necesitaba. En un abrir y cerrar de ojos me deshice de nuestra ropa interior y estaba dentro y moviéndome, no se fuese a arrepentir y, además, había oído quejarse a mis amigos padres las suficientes veces diciendo que había que aprovechar el momento por lo que pudiera pasar. Y yo lo hice, empecé a embestir dentro de ella desde atrás, besando su cuello y jugando con sus pechos y su clítoris, que despertarme junto a ella me había levantado cachondo y no sabía cuánto podría aguantarle. Por suerte, no hizo falta mucho, estábamos en la misma onda y tampoco tardó nada en correrse.
Hermosa manera de empezar un día, sí, señor.
_ Buenos días – repetí contra su pelo cuando recuperé el aliento y se volvió para mirarme y sonreírme.
_ Buenos días – se acercó y besó mis labios-, ¿has dormido bien?
_ ¿Estás de coña? No había dormido tan bien desde la noche que pasamos en Caddo... – la estreché contra mí, como si se me fuese a escapar y nos quedamos así unos minutos en silencio.
Al cabo del rato, levantó la vista hasta la mesita de noche y vio la hora, las seis y cinco, suspiró con resignación, habría que levantarse y empezar el día. Me preguntaba si tendríamos tiempo de jugar otro poco en la ducha antes de que saliésemos del dormitorio. No tardé mucho en obtener mi respuesta. Sí, hubo tiempo...
Faltaban unos minutos para las siete cuando se despertó Jess. Sookie la vistió y la preparó para el colegio, y en unos minutos estaban conmigo en la cocina. Los ojos de mis chicas se abrieron cuando vieron el desayuno, sí, ya lo había dicho, no era un chef, pero sabía preparar café, echarle leche a los cereales y hacer una macedonia. Parece ser que lo hice bien porque me gané dos besos, uno un poco pegajoso y otro que prometía mucho más...
Estábamos listos para irnos, cuando sonó un claxon, venían a recoger a Jess para ir al colegio. Nos miró con pena, seguía queriendo que yo la llevara. Sookie me miró preguntándome con la mirada.
_ Por mí bien, si no te importa que sepan de mí y lo que puedan decir..., a mí tampoco, no saben nada sobre nosotros.
_ Se van a enterar de todas formas, seguro que la señora Fortenberry ya ha encontrado la manera de averiguarlo y lo ha ido contando por ahí, además, ya me consideran una loca por haber dejado escapar a un marido como el mío..., quizá estaría bien que viesen por quién lo he dejado escapar – levantó la ceja sonriendo con malicia.
_ Pues, ¿a qué esperamos?
Salimos los tres de la mano y Sookie se fue a saludar a la mujer que esperaba en el coche con otra niña de la edad de Jess. Me miró y una sonrisa compresiva se dibujó en sus labios, se limitó a abrazar a Sookie, a acariciar el pelo de Jess y se fue diciéndonos adiós con la mano.
El tráfico, para ser un pueblo pequeño, era sorpredentemente lento en las proximidades del colegio, con lo que paramos relativamente lejos de la entrada. Me volví a Sookie y volví a preguntarle si estaba segura, me respondió con un beso y se volvió hacia su hija.
_ ¿Lo llevas todo? – preguntó- ¿el bocadillo y la fruta? – Jess asintió con una sonrisa- ¿El dibujo para la señora Snyder? – volvió a asentir-. Pues a la calle, sal por el otro lado – salí y le abrí la puerta- ¡Eh, mi beso! – se volvió y se abrazó a su madre-. Te quiero.
_ Te quiero, mami.
Salió y suspiró antes de mirar hacia arriba y encontrarse con mi sonrisa. Me agaché para ponerme a su altura.
_ ¿Qué quieres que hagamos?
_ No lo sé – me confesó.
_ Bueno, ¿qué hace Lizzy con el amigo de su madre?
_ La lleva de la mano y la deja en la puerta.
_ Podemos superarlo – su carita se iluminó y me recordó mucho a la expresión de su madre.
Le tendí las manos invitándola a saltar sobre mí. La cogí cuando se me tiró y me levanté con ella izándola por encima de mi cabeza mientras se reía. La bajé y la llevé en brazos hasta la puerta, mientras hablábamos y nos reíamos. Con el rabillo del ojo podía ver que las madres y algunos padres de los otros niños no nos quitaban ojo. Bueno, esa era la idea, darle en las narices a Lizzy y a todo el pueblo con el nuevo amigo de su madre. Cuando llegamos a la puerta, la puse delante de mí y me la llevé a la cara para besar su mejilla.
_ ¿Qué tal lo hemos hecho? – cuchicheé- ¿Se va a poner verde de envidia Lizzy? – soltó una risita y asintió colgándose a mi cuello.
_ ¿Me vas a recoger? – ahí me había pillado.
_ No lo sé, ¿quieres que lo haga? – era su sangre Stackhouse, seguro, me tenía ya en el bote- ¿No se enfadará el tío Jase con nosotros? – se quedó un momento dudando la respuesta-, bueno, yo le pregunto a tu madre y si ella me dice que puedo, lo haré, ¿qué te parece?
_ Vale – me dio un beso y la puse en el suelo. Corrió hacia sus amiguitas y se volvió para decirme adiós con la mano.
Me quedé allí, mirando, hasta que entró en el colegio, ignorando a las madres que me miraban con ojos abiertos y sin ningún disimulo. Volví al coche con una sonrisa en los labios y cuando entré Sookie tiró de mi solapa y me besó. Por si a sus vecinas no les había quedado claro todavía... Estaba a punto de mandarlo todo a la mierda y dar un espectáculo casi a las puertas de un colegio cuando me separé de su boca. La saboreé en mis labios con los ojos cerrados y suspiré.
_ Estoy por rogarte que volvamos a casa... – murmuré abriendo los ojos y ella se rió.
_ No me tientes que hoy tengo mucho trabajo y no creo que a Alcide le haga gracia que no vaya.
_ Supongo que habrá que posponerlo hasta la hora de comer – ronroneé recordando que en mi despacho había un sofá fantástico-. Por cierto, Jess quiere que la recoja, le he dicho que te preguntaría por si a Jason le molestaba – la miré con atención para saber si me confiaría a su hija a ese nivel.
_ Tengo que preguntarte esto, ¿quieres hacerlo por mí o porque te gusta mi hija?
_ Por las dos, lo hago por ti y porque ella me gusta...
_ No seas diplomático, no quiero que me des la respuesta políticamente correcta o la que creas que quiero oír.
_ Me gusta tu hija, creí que se me había notado. Es una niña preciosa y divertida, es inteligente y curiosa, es todo lo que le puedes pedir a un niño y más. Y, además, es tuya. ¿Necesito más razones para que me guste?
_ ¿Quieres recogerla? – insistió-. Yo llego casi dos horas después...
_ Claro que quiero recogerla – casi me indigné con su pregunta-. ¿Aún no has entendido que estoy en esto del todo? Te quiero en mi vida, eso incluye a Jess.
_ Sale a las tres.
_ Eres consciente de que esta noche también la voy a pasar en tu casa, ¿verdad?
_ Soy consciente de que vas a pasar todas las noches conmigo, en mi casa o en la tuya, porque no pienso dormir nunca más lejos de ti, ¿aún no has entendido que estoy en esto del todo? – me parafraseó para mi deleite.
Sonreí y puse el coche en marcha y nos fuimos a empezar nuestras mañanas. Durante el camino hablamos de naderías, de lo que íbamos a comer esa noche, de que Jess necesitaba ayuda con las matemáticas, de que los martes y los jueves, daba clases de ballet en la academia de la señorita Parson, que me querría engatusar y que le diese dulces, pero no lo haría bajo ningún concepto para ganármela. Lo demás lo dejaba a mi sentido común y apelaba a él para que me diese cuenta de, al menos, por ahora quién no tenía voz ni voto en las decisiones sobre su hija. Lo dijo tan seria que no se me ocurrió rechistar, tampoco es que fuese a hacerlo, me parecía lo más lógico. Llegamos a Shreveport y la dejé en el edificio de Herveaux e Hijos con un beso y a regañadientes, y me fui para Loki. Pam estaba allí esperando porque no me habían podido localizar.
_ ¿Se puede saber dónde estabas? – me gritó enfadada y aliviada al cincuenta por ciento.
_ En Bon Temps, no lo he oído.
_ ¡¿En Bon Temps? ! – volvió a gritar- ¡No me jodas...! ¿Y no has podido llamarme entre polvo y polvo? ¡Me tenías preocupada, capullo!
_ Siento haberte preocupado, pero no creo que tenga que avisarte si me voy a la casa de Sookie a pasar la noche.
_ ¿Y el señor Compton qué opina?
_ El señor Compton ya es historia.
_ No me gusta.
_ No es a ti a quien le tiene que gustar.
_ No, pero soy quien luego recoge los pedazos... – suavizó la mirada- Ten cuidado, estaré vigilándola, que no se pase ni un pelo, que me la como.
_ Pam, no lo has entendido, estamos juntos. Por primera vez desde Dawn, tengo una novia, quiero que funcione y quiero que tú formes parte de nuestras vidas, eres parte fundamental de la mía...
_ Sabía que estabas enamorado pero no que estuvieses tan pillado, Northman – se sorprendió-. Aún así, si te hace daño, yo se lo haré a ella. No hace falta que se lo digas, ya lo haré yo...
_ Te quiero – besé su frente y la abracé-, pero si me jodes esta relación te vas a enterar.
_ Sí, sí, sí, estás muy seguro de ella, Eric, eso nunca es bueno, también lo estabas de Dawn – hizo una pequeña pausa-. Le concederé el beneficio de la duda, pero más le vale besar por donde pisas...
Mi día pasó volando. Con el papeleo y los proveedores, despachando con los empleados, yendo a mi casa para recoger ropa, mi portátil y algunas cosas más, y dándome prisa para terminarlo todo a tiempo para la una, que era lo hora a la que había quedado con Sookie. Con puntualidad británica, a la hora en punto alguien llamó a mi puerta y entró sonriendo. El camarero acababa de servir la comida justo en ese momento y comimos riéndonos y comentando cómo había sido nuestro día. El tiempo que nos sobró, lo dedicamos a meternos mano como unos adolescentes mientras nos besábamos en el sofá. A las dos se levantó para irse y me besó para despedirse y recordarme que a las cinco estaría en casa y dándome una lista de teléfonos útiles. Me pasé por la cocina para recoger la comida para esa noche y llamé a Pam para decirle que me iba a Bon Temps, que la llamaría desde allí para darle el teléfono de la casa también por si no podía contactar conmigo de otra manera. Hizo un comentario sarcástico acerca de la vagina mágica de mi novia pero lo ignoré, no quería decirle una bordería a Pam, era mi amiga y siempre lo sería.
Llegué a las tres menos diez a la puerta del colegio. Las mismas madres que me habían desnudado con la mirada por la mañana, lo hacían por la tarde. Suspiré y me dispuse a evitarlas mientras mi niña salía del colegio. A las tres y tres, Jess salió como una flecha del colegio. Aprovechando mi altura, me hice ver haciéndole señales y ella vino corriendo encantada hacia mí. Se me abrazó a las piernas con entusiasmo y yo me reí. La levanté como si fuese una muñequita y ella gritó de emoción porque iba a levantarla por encima de mi cabeza como por la mañana. Nos íbamos para el coche, con Jess encaramada a mi cuello cuando alguien gritó a nuestras espaldas.
_ ¡Deja a la niña en el suelo! – me giré sorprendido y allí estaba.
_ ¡Papá! – gritó Jess encantada.
_ Suelta a mi hija.
Joder, y ahora, ¿qué? Intenté serenarme porque por mucho que fuese su padre, no podía dejarle a la niña.
_ Bill – intenté suavizar el tono para no asustarla-, ¿qué tal todo?
_ Sabía que esa puta...
_ ¡Eh! – me puse serio pero intenté que mi voz no se alterara-, cuida tu lenguaje delante de la niña.
_ No me digas lo que puedo o no decir delante de mi hija, ¿quién coño eres tú? Sólo el que se tira a su madre.
_ No voy a volver a repetírtelo – no sé si estaba consiguiendo mantener la calma por el bien de Jess, pero si seguía insultando a Sookie era fácil que no lo hiciera-. No hables así delante de Jess, y menos refiriéndote a su madre.
_ Tiene que aprender lo que es.
_ También puede aprender lo que tú eres..., así que vamos a relajarnos mientras hago una llamada, ¿si?
_ Dame a mi hija.
_ Hasta tú entiendes que no puedo hacer eso – me saqué el teléfono del bolsillo y se lo di a Jess- ¿Me ayudas, cielo, y me lo sujetas?
_ ¡Qué chulo es! – los cogió con las dos manos y con cuidado- Papi, tú no me dejas cogerte el teléfono...
_ Porque se te puede caer, hija.
_ No, ¿ves? – lo agitó delante de la cara de su padre y casi se le cayó-. Uy, lo siento... – balbució mirándome.
_ No ha pasado nada, a ver, marca los números que yo te diga, vamos a llamar al tío Jase y a mamá, ¿vale?
Primero llamé a Jason y le expliqué, me dijo que no me moviera, que venía volando, y lo cumplió, estaba hablando con Sookie e intentando apaciguarla cuando llegó con alguien de la oficina del sheriff, que me miró con curiosidad y me tendió la mano.
_ Soy el sheriff Dearborn – se la estreché.
_ Eric Northman.
_ Bill – inclinó la cabeza a modo de saludo mientras Jason cogía a la niña, que estaba hablando con su madre, de mis brazos y se alejaba un poco-. ¿Algún problema?
_ Sí, este cabrón no me ha dejado a mi hija...
_ Este señor no tiene que dejarte nada, no está en su mano, si su madre le ha pedido que recoja a Jess, lo hace y se la lleva, tú no puedes estar aquí, lo sabes...
_ Es mentira todo de lo que me ha acusado.
_ Y, aún así, no puedes estar aquí.
_ Él no es su padre.
_ No, su padre eres tú, no seas capullo y lo jodas más – le recomendé pero no estaba para atender a razones. Esto no iba bien.
Me fui hacia donde estaba Jason con ella y la cogí en brazos.
_ Jess, papá ha venido a darte un beso y a ver cómo estás – la niña le tendió los brazos y se colgó de su cuello.
Jason me miró murmurando "qué coño..." por lo bajo, pero entendió que Bill, con él y con el sheriff al lado, no iba a hacer nada. Nos quedamos unos minutos todos allí mientras Jess informaba a su padre de lo que había hecho en clase, de lo que había comido, de lo que Violet le había dicho y de que Lizzy no le hablaba porque yo era mucho mejor que el amigo de su madre. Miré a otro sitio para disimular mi risa y no encontrarme con la mirada furibunda de Bill por encima del hombro de su hija.
_ Venga, Jess, papá tiene que volver al trabajo, sólo ha pasado a saludarte – la apremió Jason con una sonrisa-. Y tú, señorita, tienes que merendar y hacer deberes... – besó a su padre y le abrazó para despedirse.
_ ¿Puedo comer tarta? – nos miró a los dos con cara de cachorrito abandonado mientras volvía a mis brazos.
_ Me parece que no, señorita – me reí. Hice un gesto con la cabeza a Bill y nos dirigimos hacia el coche.
_ Jooo..., ¿por qué? – protestó con un puchero.
_ Porque tu mami se enfadaría conmigo – me encogí de hombros-. ¿Qué tal fruta? – resopló con una mueca-. Ah, no me mires así – imité su cara de cachorrito con puchero y todo, mientras le ponía el cinturón y ella se reía de mí-, sabes que no puedo.
Llegamos a la casa y le puse la merienda. Un gran vaso de leche y apfelstrudel, ¿qué?, llevaba fruta, ¿no?. Estábamos en la cocina haciendo los deberes cuando Sookie entró como una loca en la casa, se fue para ella y la estrechó contra su pecho.
_ Mamá – dijo con la voz apagada por el achuchón-, me estás estrujando...
_ Es que te he echado de menos... – se sorbió los mocos y las lágrimas soltándola. Me miró con alivio- Y a Eric, también...
Y se sentó con nosotros para terminar los deberes.
