Una vez más, mil gracias a Charlaine Harris por sus personajes.
18.
Estaba muy nerviosa con eso de que Eric recogiese a Jess, era un gran paso, era su prueba de acceso a nuestras vidas y mentiría si dijese que no estaba encantada con la manera en que los dos se relacionaban, no habían pasado ni un día juntos y era increíble lo cómodos que se les veía. Ver cómo habían ido al colegio por la mañana había sido espectacular, como si se conocieran de toda la vida, como si les uniesen lazos que no les ataban en la realidad pero habían conseguido desarrollar. Mi hija iba encaramada a él y los dos hablaban de lo que fuese y se reían. Mis vecinas estaban alucinando, un pedazo de dios nórdico llevaba a mi hija en brazos al colegio y yo me sentía la mujer más feliz y orgullosa de, al menos, el hemisferio norte. Cuando volvió me apeteció arrastrarle a mi cama y atarle a ella, pero la realidad decía que había que ir a trabajar. Jodida responsabilidad...
Eric me dejó en la oficina y cuando entré en mi despacho me encontré con Alcide sentado en mi silla. Me acerqué y besé su mejilla.
_ Buenos días, jefe – sonreí como el gato que se había comido al canario.
_ Buenos días, Sookie – levantó una ceja y sonrió-. Se te ve contenta, ¿has pasado buena noche...?
_ He dormido muy bien, gracias, ¿y tú?
_ También, pero me extraña que hayas dormido. Vaya, ¿Northman se está haciendo mayor? – soltó una carcajada.
_ Podría haber pasado la noche en blanco, pero tú querías que viniese a trabajar, ¿no?
_ Entonces, ¿todo arreglado entre vosotros?
_ Sí, por fin hemos hablado. Han sido una sucesión de malentendidos – suspiré.
_ Me alegro, pese a lo que pueda parecer a simple vista, Eric es un buen hombre – se levantó y me abrazó-. A ver si conseguís no ser tan gilipollas y os dedicáis a lo que mejor parece que se os da – le miré extrañada-, haceros felices, aunque, hay que reconocer, que haceros infelices también se os da bien... – se dirigió a la puerta y sonrió antes de salir-. No lo jodáis...
Suspiré, teniendo en cuenta lo cabezones que éramos, cabía la posibilidad, desde luego.
La mañana se me hizo eterna, estaba ansiosa porque llegara la hora de comer. Llegué a Loki después de correr como una loca para llegar a tiempo. A la una estaba llamando a su puerta. Se me había olvidado lo que es comer con alguien hablando, comentando tu día, riéndote, pensé tontamente en todo de lo que Bill me había privado a lo largo de los años. Era increíble reconocer a toro pasado que una cosa tan simple era algo que no había tenido nunca con él. Las conversaciones no pasaban de ser educadas o con temas meramente de intendencia, con pocas risas y menos interés por lo que nos había pasado durante nuestras horas separados. Comparar a Eric con Bill era como comparar el día con la noche, la luz con las tinieblas, el bien con el mal, a un dios nórdico con un figurante de El Señor de los Anillos... Por suerte, mis días estaban ya libres de Bill y del tedio que mi matrimonio me ofrecía día sí y día también. La comida había sido deliciosa, no que esperara otra cosa del que en pocos días ya había sido nombrado el mejor restaurante de la ciudad y prácticamente del estado, pero lo mejor aún estaba por llegar. En cuanto el camarero retiró nuestros platos, nos sentamos y nos estuvimos besando y montándonoslo en el sofá, procurando que nuestro deseo no se nos desbocara, hasta que llegó la hora de volver a las responsabilidades que teníamos y a la que él voluntariamente había adquirido. Me despedí con un beso y recordándole que a las cinco estaría en casa.
Nunca había vuelto más de mala gana a trabajar, ni siquiera cuando nos comiámos en su casa los martes, quería estar con él, quería que recogiésemos a Jess y volver a casa, quería estar con él cada segundo... Tenía que hablar con Alcide sobre poder hacer parte del trabajo desde casa, las horas que pasara en la oficina después de otra sesión como la de hoy, que era de prever que sería lo que pasara cada día, iban a ser horas perdidas porque mi cabeza estaría en Bon Temps con ellos dos.
A las tres y diez sonó mi teléfono, sonreí al ver el nombre de Eric iluminándose en su pantalla.
_ Hola, ¿estáis ya camino de casa?
_ Hola, amor, bueno, por eso te llamaba... – la sonrisa se me cayó inmediatamente de los labios.
_ ¿Has tenido problemas en el colegio? – pensé rápidamente cuál podría haber sido el problema- ¿Te han puesto pegas para llevarte a Jess?
_ No... – hizo una pequeña pausa- Bill está aquí...
_ ¿Qué? – me levanté de la silla como con un resorte- ¿qué hace ahí? – empezaba a hiperventilar.
_ Tranquila, he llamado a Jason y ya viene de camino y Jess y yo nos vamos a ir a merendar y a hacer los deberes, ¿verdad, cielo? – oí a mi hija resoplar y preguntarle si podrían jugar primero- En cuanto termines de hacerlos, cuanto más rápido los hagamos, más tiempo para jugar – ni siquiera podía apreciar lo genial que sonaba eso en boca del hombre que quería que formara parte de nuestras vidas.
_ No dejes que se la lleve – era lo único en lo que podía pensar-, por favor, Eric... – supliqué con lágrimas de miedo.
_ Tranquila, amor, no pasa nada, ya está aquí Jason y viene con refuerzos... – le oí decir desde mi desesperación- ¿quieres hablar con mamá?
_ ¡Mami! – gritó Jess pero pude oír al sheriff Dearborn presentarse.
_ ¡Hola, tesoro! – intenté recuperarme de mi momento de pánico- ¿Qué tal tu día en el cole?
Durante los siguientes minutos, Jess me contó todo lo que había hecho mientras Jason intercalaba alguna palabra y se reía. Le pasó el teléfono a mi hermano que me tranquilizó, lo malo es que terminó con un "pero, qué coño..." seguido de un "luego te llamamos". Pero, ¿qué coño, Jason? ¿Qué maneras eran esas de cortar la comunicación con una madre al borde de un ataque de nervios? Recogí mis cosas y fui corriendo al despacho de Alcide, le conté por encima lo que había pasado y cuando vio lo atacada que estaba se ofreció a llevarme. No me dio opción a negarme, cogió su chaqueta y me empujó hacia la puerta. Desde el coche, volví a llamar a Jason, me dijo que estaban en casa y que todo había salido bien pero el susto ya no me lo quitaba nadie. En cuarenta minutos estaba entrando como alma que lleva el diablo por la puerta de casa. Me abracé a mi hija, despachurrándola contra mi pecho, sorbiéndome los mocos entre lágrimas de alegría por ver que estaba bien. Los ojos de Eric se encontraron con los míos y si eso fuese posible, le amé aún más. Me senté con ellos, que estaban en la cocina haciendo deberes, hasta que caí en la cuenta de que me había dejado a Alcide fuera. Salí y el coche no estaba, le llamé y le pedí perdón por haberle olvidado con la situación. Se rió, me hacía falta oír risas, y me dijo que era un momento para estar en familia, que él sólo había sido mi chófer y que ya le invitaríamos a algo cuando las aguas se calmaran, que teníamos mucho que celebrar.
Eric fue perfecto esa tarde, ayudó a Jess, jugó con ella, vio La Sirenita con ella, que el príncipe Eric siempre había sido su favorito, y mi príncipe Eric le habló sobre Copenhague y le contó muchas cosas mientras ella le miraba embobada, con lo que La Sirenita quedó olvidada y su príncipe pasó a la historia. Ya tenía un nuevo favorito. Yo les miraba en silencio, el susto me había dejado sin fuerzas y necesitaba esos momentos de cotidianidad para recuperarme. Así nos dio la hora de la cena, iba a levantarme para preparar algo cuando Eric me detuvo.
_ Baña a Jess, ya me encargo yo – me guiñó un ojo.
_ ¿Cereales y macedonia para cenar? – me reí de verdad por primera vez aquella tarde.
_ Vaya, señorita Stackhouse – ronroneó-, ha vuelto... – se inclinó para besarme y me palmeó el culo-. Ahora, obedece, yo me encargo.
_ Mandón – le hice un puchero.
_ Y hay que ver lo que te gusta... – dijo bajito mirándome a los ojos con su sonrisa sexy. Oh, Dios, estaba perdida.
Cuando volvimos del baño, había preparado la mesa. Miré lo que había "preparado", ensalada de raviolis, otra que no sabía de qué era, salmón, rosbif y algunos fiambres más para elegir . Muy listo, se había traído la cena del restaurante. Le miré sonriendo encantada con lo considerado que era.
_ No sabía qué le gustaría – miró a Jess-, por eso he traído un poco de todo, por si acaso...
La cena fue fantástica, claro, a Jess le encantó, lo que me sorprendió, la ensalada que resultó ser de cus-cus, se comió todo lo que Eric le fue dando para que probara, lo que ya era un milagro, con lo que me costaba a mí que lo hiciera, cría cuervos...
Cuando terminamos de cenar, Jess estaba cansada después de un día tan ajetreado. Se colgó de Eric y le recordó que le debía un cuento para dormir. Eric me miró pidiendo mi permiso, ese había sido un momento madre-hija, y cuando sonreí su cara se iluminó. Se acercó a mí y me abrazó.
_ Te lo dije – murmuró en mi oído-, te dije que me iba a robar el corazón.
_ Mientras no te olvides, ahora que tienes una pequeña Sookie a la que consentir, de hacerlo también con la Sookie grande... – respondí en el mismo todo mordisqueando su lóbulo.
_ Ve preparándote – susurró mientras en su garganta moría un gemido-, en cuanto se duerma te vas a enterar.
Se echó al hombro a mi hija que se reía a carcajadas y corrió escaleras arriba. Comencé a recoger la cocina con una sonrisa en los labios y con un nudo en el estómago con la anticipación por lo que me esperaría después. Mientras recogía pensé en mi día, había sido largo y estresante, ¿en qué coño había estado pensando Bill para ir al colegio? ¿Le había ido alguien con el cuento de Eric? Posiblemente, pero no tenía posibilidad de saber que él la recogería. ¿Quería enfrentar a Jason que era quien habitualmente lo hacía? Demasiadas preguntas y pocas respuestas. De repente, ahogué un grito, estaba tan absorta en mis pensamientos que me sobresaltó su cuerpo grande y musculado contra mí. Había apoyado los brazos en la encimera, a cada lado de mi cuerpo, y su boca ya estaba en mi cuello. El recuerdo de aquel día en su cocina me asaltó y dejé escapar un gemido.
_ ¿Necesitas ayuda...? – dijo en un susurro y su voz me erizó la piel de todo lo que escondía y prometía-. Dime, Sookie, ¿hay algo que pueda hacer por ti?
Y sí que lo había... Durante los siguientes minutos me hizo sentir especial, me mimó y me adoró como no esperaba menos de mi amante. Y se tomó su postre sobre mis pechos desnudos, me untó de mousse de chocolate y se lo comió todo. Mientras lo hacía mi único pensamiento lúcido era pensar si me habría dejado chocolate para mojar lo que yo quería comerme. Lo hizo.
Cuando después de seguir en la ducha, acabamos en la cama, nos abrazamos como la noche anterior y nos dormimos. Podría acostumbrarme a eso, a estar en sus brazos, a descansar en ellos y dormir como un bebé después de que me dejara satisfecha, el resto de mis días.
La mañana siguiente no fue diferente de la anterior. Después de dejar a Jess en el cole, suponía que ahora se iba a convertir en una rutina, con lo que tendría que llamar a Sue para preguntarle si quería que recogiéramos también a Violet, me dejó en el trabajo y me despidió con un beso hasta la hora de comer. Alcide volvía a estar esperándome, su expresión más preocupada esta vez. Le conté lo que había pasado y me dijo lo mismo que Eric, que debería llamar inmediatamente a Laf para informarle. En cuanto se salió de mi despacho, eso fue lo que hice. Laf se extrañó y dijo que se movilizaría para poner coto a sus acciones, pero quizá, debería haber esperado un poco para empezar a jugar a las casitas con Eric, bueno, el dijo el Señor Grande y Follable, que se ajustaba perfectamente a su descripción pero ya no lo sería nunca más, ahora era mi hombre, mi novio, por raro que sonase esa palabra en gente de nuestra edad. No quería admitir que tenía razón porque no había podido aguantar más sin él y, a esa alturas, ya no sabría, ni querría, seguir sin él.
La mañana se fue deslizando entre trabajo y soñar despierta. Mala suerte si tocaba despertarse con un sobresalto. Aproximadamente a las doce y media, cuando estaba a punto de salir para ir al encuentro de Eric, Bill entró como una estampida en mi despacho.
_ ¿Cómo has podido? ¿Desde cuando dura? Te vas a arrepentir de esto... – gritó diciéndolo todo de corrido y casi sin inflexión.
_ ¿Qué haces aquí? – intenté fingir una tranquilidad que estaba muy lejos de sentir.
_ ¿Que qué hago aquí? ¿Eres estúpida además de una puta? – me miró sorprendido- ¿Desde cuando estás con ese tío?
_ Eso a ti no te importa, pero te voy a contestar, desde hace pocos días.
_ ¿Y ya recoge a mi hija? – evidentemente no me creía-, ¿por qué no te creo?
_ No me importa lo que creas. Nos hemos hablado algunas veces, nos hemos visto y hemos decidido darnos una oportunidad hace unos días – nada que no fuese estrictamente cierto-. ¿Desde cuándo estabas tú con Lorena? – puso una expresión presumida- No, no te confundas, no me importa que te hayas estado acostando con ella los últimos tres años – se sorprendió-, sí, lo sabía, y no, no me importa. Lo que yo haga con Eric es única y exclusivamente, asunto nuestro. Si le doy permiso para recoger a mi hija del colegio porque yo aún no he llegado, lo puede hacer y tú no tienes ni voz ni voto en eso porque es alguien que la quiere y que se preocupa por su bienestar.
_ Está viviendo en mi casa, en la que vive también mi hija – dijo con rabia.
_ No, vive en la mía y ayuda a mi hija a hacer los deberes, juega con ella, ven los dibujos, le prepara la cena y luego le cuenta un cuento para dormir.
_ ¡Eso debería hacerlo yo...!
_ Pues haberlo hecho cuando tuviste ocasión, ahora ya es tarde – intenté bajar el tono porque seguro que al otro lado de la puerta estaban ya cotilleando-. No quiero pelear contigo, Bill, pero no te voy a permitir que vuelvas a hacer algo como lo de ayer. Eric es un buen hombre y es bueno para nuestra hija tanto como para mí, no te voy a consentir que me jodas la vida incluso cuando ya no formas parte de ella. Deberías aceptar que hay alguien más que quiere y cuida de Jess en vez de ponerte histérico. Al menos, una de nuestras parejas lo hace, porque no veo yo a tu Lorena muy maternal...
Alcide llamó a la puerta y asomó la cabeza, haciéndose el sorprendido. Casi solté una carcajada ante su actuación.
_ Ah, hola, Bill – fingió relativamente bien-. Venía a recoger a Sook para ir a comer con nuestro cliente – me miró y sonrió, sí, me imaginaba con qué cliente era...
_ Sí, claro... – farfulló Bill y se dirigió a mí- Ya hablaremos.
_ Que tu abogado se ponga en contacto con el mío – le aconsejé-, no más escenitas.
Se volvió para replicarme pero la presencia de Alcide le disuadió.
_ Ya nos pondremos en contacto, aunque no lo quieras, tendremos que hablar...
_ Siempre estoy dispuesta a hablar, Bill, pero no te voy a permitir más faltas de respeto.
_ Sí, bueno, adiós...
En cuanto se fue me senté en mi silla y me agarré a la mesa temblando.
_ ¿Estás bien? – se acercó Alcide y se sentó a mi lado en la mesa.
_ No, pero lo estaré. En algún momento esto dejará de pasar, ¿no?
_ Claro que sí, simplemente no esperaba que rehicieses tu vida tan rápido. Bill es un capullo pero no es mala persona, sólo gilipollas – me reí-. Ahora, levántate, nos vamos a comer.
_ He quedado con Eric... – balbucí.
_ Qué curioso, yo también.
En unos minutos llegamos a Loki y Eric nos recibió preocupado por la tardanza. En cuanto le expliqué se puso frenético, no quería a Bill cerca de mí, quería contratar al mejor abogado del país para que asegurarse de que no tendría que soportar nunca más sus insultos. Por más agradecida que estaba por su consideración y preocupación, realmente, no era lo que tenía que hacer.
_ Lo que tienes que hacer es ocuparte de nosotras, que de Bill ya me encargo yo – dije con un tono más enfadado de lo que en realidad estaba y enseguida me arrepentí al ver su mirada herida-. Ha sonado mal, lo sé, Bill será un capullo pero es el padre de Jess, no puedo privar a mi hija de eso y tampoco quiero privarle a él, ha sido un padre mediocre pero quizá ahora teniendo la presión de alguien tan fantástico como tú, se pondrá las pilas. Eso no puede ser malo de ninguna manera para Jess, cuantos más la queramos, mejor, ¿no te parece? Lo que me lleva a sugerirte algo, Alcide – mi jefe que intentaba camuflarse con el mobiliario con nuestra discusión, me miró interesado-, ¿sería posible hacer el trabajo desde casa, al menos dos o tres días a la semana? Al menos hasta que todo esto pase, me sentiría mucho más tranquila. Haría todas las gestiones que necesitaran mi presencia en la oficina por la mañana y podría ir a recoger a Jess y trabajar desde casa el resto de la tarde – me miró sorprendido-. Piénsatelo al menos, por favor.
El camarero llegó en ese momento con los platos y nos sirvió. En cuanto se hubo ido, Alcide me miró con una sonrisa.
_ En principio me parece buena idea, no tendría inconveniente, sólo si necesito tu presencia algún día tendrás que quedarte.
_ ¿De verdad? – me hubiese tirado a su cuello y le habría besado si no hubiese quedado raro y a Eric no le hubiese dado un síncope.
_ Claro. A partir del lunes, tienes nuevo horario, danos un margen para organizarnos.
No me lo podía creer, mi nueva vida comenzaba a tomar forma, ¿qué podía salir mal?
