Una vez más, mil gracias a Charlaine Harris por sus personajes.
19.
La semana pasó volando, la cotidianidad se había apoderado de nuestras acciones. Después de comer con Alcide, nos fuimos a casa, el capullo de Bill la había puesto muy nerviosa y pensó que estaría mejor en casa. Recogimos a Jess, que estuvo encantada de que su madre, por variar, la recogiese, y fuimos a la casa de su abuela. No tenía porqué pero estaba nervioso, su abuela era la mujer que les había criado a Jason y a ella, tenía ganas de conocerla pero sabía que su aprobación sería imprescindible si quería formar parte de sus vidas. De camino paré en una floristería y le compré un ramo, para intentar causar mejor impresión. No debía sentirme así, ya sabía que a las abuelas le gustaba, era encantador y las hacía reír pero con Adele, que así se llamaba la abuela, la cosa era diferente, no tenía que seducirla, tenía que hacer que me aceptara...
Paré delante de la granja y bajamos los tres. Sookie me miraba extrañada.
_ Es una anciana, Northman, no veo porqué estás tan atacado...
_ Porque es importante para ti, porque su opinión me importa, porque necesito su aprobación, porque...
_ Vale – me cortó-, lo pillo, pero, dime, ¿por qué no le ibas a gustar? Eres guapo, inteligente y encantador, te has metido a mi hija en el bolsillo en unos minutos, mi abuela no es muy diferente, ¿sabes?
_ Ven, Eric – Jess me cogió de la mano y tiró de mí hacia la puerta de la casa. Entró corriendo y gritando- ¡Abuelaaaa! ¡¿Dónde estás? – se paró delante de las escaleras decidiendo para dónde tirar y me arrastró hacia la cocina-. ¡Traigo a Eric! – la cabeza canosa de una anciana se asomó entonces y me miró sorprendida, rápidamente se secó las manos en el delantal y se lo quitó para salir-. Abuela este es Eric.
Por ridículo que quedara decir que una niñita había arrastrado y empujado hasta su abuela, bueno, su bisabuela, a alguien de mi tamaño, había sido así.
_ Encantado de conocerla, señora Stackhouse – sonreí torpemente y Jess me tiró del brazo, la miré extrañado y me señaló el ramo-. Oh..., le he traído unas flores...
_ Ah, gracias, hijo, has sido muy amable, no tenías que molestarte.
_ ¿Te gusta, abuela? – Jess se apretó a mi pierna y Sookie soltó una risita detrás de nosotros-. Es muy alto y cuenta historias divertidas, pero no sabe cocinar.
_ Pues habrá que enseñarle, ¿no crees? – sonrió cogiéndola por la barbilla.
_ Pero yo no sé...
_ Entonces habrá que enseñarte a ti también, ¿no? – sonrió la abuela acariciando su pelo-. Anda, pasa a la cocina que acabo de hacer galletas.
_ ¡Bien! – gritó y salió corriendo.
_ Vaya, así que tú eres Eric – me sonrió con picardía-, no te imaginaba así, me temo que mi nieta no te ha hecho justicia – solté una carcajada y le ofrecí mi brazo para que se cogiese-. Gracias, guapo, qué caballeroso, vamos a la cocina a poner esas flores en agua y me cuentas alguna de esas historias que tanto gustan a mis niñas.
_ Será un placer hacerlo, ya veo de donde han heredado sus niñas el encanto.
_ Menudo seductor estás hecho – se rió-, me parece que tú y yo nos vamos a llevar muy bien – se volvió y miró a Sookie que había permanecido callada todo el rato-. ¿Qué, hija, no dices nada?
_ Hola, abuela – se acercó y besó su mejilla.
_ Anda, pasa y vigila que Jess no se esté comiendo todo.
_ Sí, abuela – me guiñó un ojo y siguió hacia la cocina.
En cuanto nos quedamos solos, se paró y me miró a los ojos. Su mirada me atravesó, por un momento fue como si pudiese ver dentro de mí.
_ Pareces un buen hombre.
_ Espero serlo.
_ Lo ha pasado mal – me informó-. Su marido no era malo, sólo inútil y alguien que nunca le convino porque no tenía nada en común con ella. Es más, ni siquiera ahora con una hija, tienen algo que compartir después de tantos años... – su tono era serio y preocupado- ¿Estarás a la altura?
_ La idea es estar más que a la altura, es ser el hombre que las dos necesitan en sus vidas de la manera que sea – dije en un susurro pero con convicción.
Durante unos segundos me miró sonriendo y apretó mi mano como sólo las abuelas saben hacer, llevándome años atrás cuando la mía me hacía blåbärspaj, que era mi tarta favorita, y, de repente, supe que iba a adoptar aquella mujer, lo mismo que había adoptado a la niña y sabía que ya nunca podría alejarme de la madre.
_ Vamos, hijo, ¿quieres un café? – su voz sonaba emocionada- ¿Cuándo vamos a empezar con las clases de cocina?
_ Tengo una idea mejor, ¿cuándo va a venir a cenar conmigo? – le regalé mi mejor sonrisa.
_ No creo que a mi nieta le parezca bien que tengamos una cita, Eric... – me siguió el juego.
_ Seguro que lo supera – moví la mano quitándole importancia- y, si no nos la llevamos también.
Entramos riéndonos en la cocina y Sookie nos miró extrañada y complacida. Me tendió una taza de café y me dio un beso.
_ ¿De qué os reís? – se interesó.
_ Oh, de nada – Adele me guiñó el ojo-, cosas nuestras...
Durante la siguiente hora, nos reímos, hablamos y Adele se informó de todo lo que consideró necesario saber sobre mí, aplicándome un tercer grado. Cuando se sintió satisfecha, lo dejó y me dio su nihil obstat en forma de beso y con un "bienvenido a la familia". Era oficial, las mujeres Stackhouse me gustaban.
La primera prueba la superé con nota. Era importante que Adele me aprobara porque casi me había instalado en la casa de su nieta. Había decidido que no iba a pasar más noches sin ella y, desde que Sookie parecía ser de la misma opinión, ni siquiera lo hablamos, lo dimos por hecho. Así dejamos que la semana se deslizara hasta la siguiente. Pam. Y presentía que ésta iba a ser más difícil...
Todas las mañanas cuando iba a Loki después de dejar a Jess en el cole y a Sookie en el trabajo, Pam estaba esperándome. Su ceja perfectamente perfilada se curvaba hacia arriba y sus zapatos caros golpeaban el suelo con desaprobación. No le había dicho nada a Sookie, esperaba que Pam entrara en razón y entendiera que era feliz con ellas. El caso es que lo entendía, lo que no le parecía bien era que me hubiese entregado a la vida familiar así, que me hubiese tirado sin pensármelo a ese abismo. Desde luego que era algo nuevo para mí, la última vez que viví en familia tenía dieciocho años, y fue con mi madre. Yo salía de la adolescencia para ir a la universidad y ella era una mujer que acababa de descubrir su enfermedad y la ocultaba para que su hijo pudiese tener libertad y hacer su vida. En esa semana había pensado en ella más de lo que lo había hecho en los ocho años que hacía que había muerto. Cada vez que alguna de las dos me hacía sonreír o que mi corazón se llenaba de amor, pensaba en lo que a ella le habrían gustado, que las querría como yo.
Aquella mañana no había sido diferente, Jess se había colgado de mi cuello y me había dado un beso al dejarla en el colegio, Sookie se había colgado de mi cuello y me había dado un beso, mientras una de sus manos se apoyaba peligrosamente cerca de mi bragueta, al dejarla en su trabajo, Pam me taconeaba con desaprobación y yo seguía acordándome de mi madre.
_ ¿No piensas hacerlo nunca, Northman? – la voz de Pam me sacó de mis pensamientos.
_ Perdona, Pam – la miré sin entender-, estaba distraído.
_ ¿Se puede saber dónde estabas? – me regañó como una maestra a un niño despistado en clase.
_ Lo siento, pensaba en mi madre...
_ ¿Y eso...? – su tono se suavizó.
_ Me hubiese gustado tanto que me viese ahora... – levanté los ojos hasta ella y vi su expresión confundida- Míranos, Pam, nos va genial, nos ganamos la vida muy bien, más que muy bien, increíblemente bien. Somos felices – me levantó la ceja-, bueno, yo lo soy. Estoy con la mujer que quiero y me ha salido una hija, que no es mía, pero no me importa, la sangre no es lo que hace amar – su expresión de incredulidad me extrañó y sonreí-. Tú no eres de mi sangre y te quiero...
Eran muchos años consiguiendo que Pam se desinflara y se le cayese la máscara, porque sólo yo sabía que lo suyo, pese a ser innato, en muchos momentos era una pose, y ahora estaba enmascarando su preocupación por mí. Tenía que conseguir que creyese en mi criterio y si tenía que echar mano de lo que sentíamos el uno por el otro, lo haría. Ella era mi familia, la única que tenía, la única que contaba, y su opinión era fundamental para mí. La necesitaba en mi vida tanto como a Sookie, así que tenía que conseguir su aprobación a como diese lugar. Lo preparé cuidadosamente, cenaríamos en Loki y luego nos tomaríamos una copa en Asgård, dos lugares donde Pam se sintiese segura y en su salsa, donde no pensara que Sookie estaba invadiendo ningún terreno y la viese como una amenaza. Donde yo también me sintiese cómodo y pudiese ser el puente entre las dos. Parecía el plan perfecto y así se lo hice saber a Pam.
_ Quiero que la conozcas bien, te gustará tanto como a mí, tenéis mucho en común aunque os mate a las dos reconocerlo, y aunque no tuvieseis mucho, me tenéis a mí, así que espero que pongas de tu parte porque esto es importante para mí.
_ Eric... – empezó a decir.
_ No, Pam, hazlo por mí. Os necesito a las dos, os quiero, y no puedo prescindir de vosotras. Es como si me pidieran que prescindiera de un brazo, no, son míos y me gustan los dos.
_ Muy gráfico, Northman... – puso los ojos en blanco- Está bien, pero no te prometo nada, si no me gusta, lo diré – suspiré temiéndome lo peor-. Aunque no voy a ir predispuesta a que me desagrade y que no se te olvide que lo hago por ti.
_ Sí, cariño – me reí- yo también te quiero. Entonces, ¿a las ocho mañana por la noche? – la presioné para concretar.
_ ¿Mañana...? – mi mirada la mortificaba, lo sabía, la estaba chantajeando emocionalmente, era un cabrón, lo sabía, pero también era un hombre con una misión y ella se rindió-. Está bien, estaré aquí a las ocho. No lleguéis tarde...
Me levanté y la estreché contra mi pecho, Pam bufó pero sabía que sonreía contra mi hombro.
_ Gracias, rubia, tienes mala leche y eres fría y sin corazón, pero eres mi familia y te quiero – susurré en su oído.
_ No me vas a hacer llorar, Northman, no seas sensiblero. Y suéltame que me arrugas el vestido – se deshizo de mi abrazo y me sonrió. Se empinó y besó mi mejilla-. Me pone negra que siempre consigas lo quieres de mí, que lo sepas, espero una gratificación en forma de regalo muy caro para quitarme el mal sabor de boca – se dio media vuelta para irse y se paró en la puerta sonriendo con malicia-. Estoy visualizando unos zapatos. Ya sabes mi número...
Me reí mientras se iba y comencé a trazar mi plan para vendérselo a Sookie, que no sabía cómo se lo tomaría, aún le molestaba el beso que nos habíamos dado en Nochevieja... Hacía unos días que había empezado a trabajar en casa por las tardes, pero no estaba muy seguro si cuando fuésemos camino de Bon Temps, sería buena idea hablarle de la cita que teníamos la noche siguiente o esperar a tenerla contenta después de comérmela en la cama... Quizá sería mejor antes, si esperaba tanto, igual se molestaba por usar mis habilidades para disuadirla.
La mañana por fin dio a su fin y me fui a buscarla después de recoger la comida en la cocina. Me esperaba en la entrada y me saludó muy efusivamente cuando entró en el coche. Su boca se pegó a la mía hasta que el coche que estaba detrás consideró que ya había sido suficiente y comenzó a tocar el claxon. Estaba de buen humor, tendría que aprovecharlo. Así que en cuanto salimos a la autovía la informé de nuestra cita del día siguiente. No le hizo mucha gracia pero le jugué la misma carta sensiblera que a Pam, que era mi única familia aquí, que era mi hermana y la quería, que la familia la formaban las personas que amábamos y que nos amaban, sin necesidad de compartir orígenes ni sangre, era el cariño y la afinidad lo que nos unía. Funcionó, en pocos minutos me sonrió y me dijo que estaba bien, pero que no me garantizaba nada, que si era desagradable, ella también lo sería. Sonreí al darme cuenta de que las dos habían dicho prácticamente lo mismo, pero me cuidé mucho de decirlo en voz alta.
Al día siguiente, a las seis y media, estábamos en casa de la abuela para dejar a una Jess que no estaba muy contenta con nosotros porque nos íbamos y la dejábamos allí. Le prometimos que la recogeríamos por la mañana y nos iríamos a pasar el fin de semana a Shreveport. Nos dio un beso a regañadientes, más a su madre que a mí, y nos despedimos de Adele hasta la mañana siguiente. A las ocho menos cuarto, después de haber dejado las cosas en mi piso y de habernos metido mano un poco, conseguimos salir en dirección al restaurante. Pam llegó con su puntualidad británica unos minutos después que nosotros, impecablemente vestida para intimidar a Sookie, no me cabía ninguna duda, y consiguiendo su objetivo porque noté cómo se encogía a mi lado. Pasé mi brazo por su hombro y la estreché un poco contra mí mientras le echaba una mirada a Pam para que no se pasara.
Eran muchos años, lo comprendió al instante, puso los ojos en blanco y expresión de fastidio, le acababa de limitar la diversión.
_ Eric... – ronroneó con afecto mi nombre mientras besaba mi mejilla sólo para poder decir con desgana y desinterés el de mi chica-. Sookie – una sonrisa nerviosa se instaló en su boca y se limitó a saludar con la cabeza-. Tengo hambre – nos pasó y Sookie se pegó a mí buscando protección como si se la fuese a comer a ella.
_ Tranquila, parece peor de lo que es – susurré en su oído pero no me pareció que lo hiciera con un tono convincente a tenor de la mirada que me devolvió-. Además, estoy yo delante, no llegará la sangre al río...
_ Muy bueno tranquilizando a la gente, Northman – me puso los ojos en blanco y entró con el mismo gesto y la misma expresión que Pam segundos antes. Menuda noche se anunciaba-, eres lo que se necesita en un momento de crisis...
Nos sentamos a mi mesa, apartada del bullicio y de las miradas indiscretas, y durante unos segundos nos miramos sin saber qué decir. El camarero se acercó y alivió la tensión. Nos sirvió vino, Sookie me miró de reojo.
_ ¿No quieres vino? – caí en la cuenta de que no le había preguntado antes, el camarero se había limitado a traer lo que Pam y yo siempre bebíamos.
_ No..., digo, sí..., está bien... – murmuró después de llevarse la copa a los labios.
_ ¿Está bien? – el tono de Pam no dejaba lugar a dudas- ¿Nos han servido uno de los mejores vinos que hay y tú dices que "está bien"?
_ Pam... – intenté decir pero me cortó con un gesto sin apartar los ojos de Sookie.
_ Vamos a pasar este trago rápidamente. Si le haces daño, te mato. Así de simple – sonrió y no había en su rostro nada que indicara que no era muy capaz de llevar a cabo su amenaza. Sookie se atragantó con el vino-. Le he visto sufrir por ti durante meses, no lo voy a hacer más. Ahora parecéis la pareja del año, muy bien, estoy dispuesta a concederte el beneficio de la duda, pero más te vale hacerle feliz porque voy a estar observándote, y deberías saber que puedo convertir tu vida en un infierno. Es una de mis habilidades... – posó sus ojos en mí y su sonrisa se amplió- ¿A que sí, Northman?
Me quedé sin palabras, lo sabía, no era el mejor momento, pero reaccionar a ese discurso que acaba de soltar no era tan fácil. Sookie posó su copa en la mesa y me limpió con la servilleta parte del vino que había espurreado durante unos segundos.
_ Por mí bien – dijo al fin con un tono sorprendentemente tranquilo-, siempre y cuando no vuelvas a meterle la lengua hasta la campanilla. En ese caso tendré que sacarte los ojos, es mío.
_ Me parece justo – se encogió de hombros-, de todas formas no es mi tipo...
_ ¿Y cuál es si puede saberse? – el tono casual con el que se hablaban me estaba dando escalofríos.
_ Es muy variado... – respondió vagamente.
_ ¿Pansexual? – le ofreció.
_ Pamsexual, en todo caso – se rió y por fin pude respirar-. Me gusta, Northman, a ver si no lo jodes tú tampoco, ¿eh?
Y a partir de ahí todo fue como la seda. Más o menos. Una vez terminamos la cena, en la que yo no dije ni tres palabras, sólo me limite a mirar de una a otra como si fuese un partido de tenis, fuimos a Asgård. Hacía bastantes días que no me pasaba por allí y mi nueva vida tranquila casi me pasó factura al sentirme abrumado por el bullicio de un viernes por la noche. De camino a nuestra mesa, Pam encargó nuestras bebidas a Ginger que me sonrió y me guiñó con afecto. Pam iba delante abriéndonos paso, hasta que no me fijé mejor en las caras no me di cuenta de porqué lo hacía, estaba apartando de mi camino el reguero de mujeres con el que lo había cimentado. Esperaba que Sookie no fuese consciente de lo que pasaba, pero eso era mucho esperar. Se pegó a mí y me agarró de una forma inequívoca, para que todas supieran que era coto privado. Una sonrisa se me escapó de los labios, me gustaba que mi mujer peleara por mí y se hiciera valer ante las demás, reclamándome como suyo. Lo era, de todas formas, pero esto, joder, cómo me ponía...
_ Si sigues haciendo esto, te voy a acabar arrastrando a mi despacho – murmuré en su oído.
_ ¿Lo dices como si fuese algo malo? – su aliento en mi cuello casi me hizo darme media vuelta para ir a mi despacho- Si te siguen mirando así, voy a acabar pegándome con alguien... – dijo entre dientes y tuve que pararme en medio de la marea de gente y comerle la boca.
_ Si sigues así, no llegamos arriba, te meto mano aquí mismo...
_ Es una manera de que se den cuenta de que eres mío.
_ No sabes como me pones – sonreí.
_ Que te crees tú eso – dijo Pam a mi lado y bajó los ojos hasta mi bragueta-, lo sabemos todos. ¿Sería posible que llegáramos al reservado para que podáis hacer manitas bajo la mesa?
Sookie me sonrió con malicia y me acarició por encima del pantalón. Cerré los ojos y gemí, no me podía creer el poder que ejercía sobre mi cuerpo. Cuando los abrí otra vez, se reía caminando detrás de Pam. Dios mío, sabía que acabaría siendo una mala influencia, ¿cómo iba a sobrevivir a dos Pam?
Ginger llegó a la vez que nosotros con nuestras copas, tomamos asiento, yo me puse de espaldas a la multitud, no quería ver a nadie que pudiese reconocer, para qué mentir, y durante unos minutos nos reímos y comentamos cómo iba todo en el club. La noche estaba siendo mucho mejor de lo que yo había esperado y Pam y Sookie parecían congeniar cada vez más, lo que, tenía que insistir, pese a ser un alivio, asustaba bastante. Después de terminarnos la segunda ronda, decidieron ir a retocarse el maquillaje. Al cabo de unos minutos, las vi volver riéndose, la marea de gente me privó de su vista, y cuando quise buscarlas, nos la vi. Pensé que se habrían parado en la barra o con alguien y me reí pensando que las dos no inventarían nada bueno. Llegó por mi espalda y me tapó los ojos mientras su boca hacía maravillas en mi oreja y su mano se perdía entre mis piernas. Así que era eso lo que había planeado, jadeé cuando su mano pequeña me frotó por encima del pantalón incitando aún más mi erección.
_ Pero, ¿qué coño...? – oí a mi lado y me quedé helado- ¿por qué te está tocando esa puta?
