Una vez más, mil gracias a Charlaine Harris por sus personajes.
20.
No me podía creer que en un mes mi vida hubiese cambiado tanto. Había vuelto a encontrarme con Eric, había vuelto a ser su amante, había encontrado el valor para dejar a Bill y ahora Eric era quien dormía a mi lado, en mi cama. Me acomodé contra su cuerpo y me sentí protegida, invulnerable, fuerte y preparada para todo lo que tuviese que venir. En la última semana, había batallado contra mi miedo, contra Bill y contra mí misma. Era gratificante ver que por fin, todo encajaba y mi vida empezaba a tener sentido. Ya era hora, joder.
Al tercer día de quedarse con nosotras, Eric conoció a la abuela. No era que pensase que la abuela fuese a oponerse a nuestra relación, no hacía falta más que verme la cara de felicidad o ver como Jess sonreía y no se alejaba ni veinte centímetros de él para ver que era bueno para nosotras. Su paciencia era lo que ni de lejos era la mía, infinita, y, por ejemplo, donde a mí me alteraba la hiperactividad de Jess, él la disfrutaba y la apaciguaba. Por no hablar de cómo era conmigo, había venido para quedarse y lo demostraba cada día, en cada situación, a cada momento. El caso es que la abuela cayó tan rendida como nosotras dos ante él, este hombre nos tenía tomada la medida a las mujeres Stackhouse.
Al cuarto día, Lafayette me llamó y me dijo que el abogado de Bill se había puesto en contacto con él, que querían discutir el régimen de visitas a Jess y había preparado una cita para el lunes siguiente. Estuvimos hablando de lo que haríamos y cuando se lo dije a Eric, rápidamente se ofreció voluntario para reforzar nuestra postura con más abogados, psicólogos y lo que hiciera falta y el dinero pudiese pagar. Le agradecí inmensamente su apoyo, lo necesitaba, pero no de esa manera.
El quinto día Eric me sorprendió con el único escollo que aún nos quedaba, había quedado con su socia para la noche siguiente. No sabía si era algo que quería hacer, la última vez que la había visto su lengua había jugueteado con la de mi hombre y, aunque había entendido la razón, eso, sí que no. Aún así era algo que debíamos hacer, Pam era importante para él. Tampoco iba a ser tan difícil, sería algo tranquilo, una cena en Loki y luego una copa en Asgård. Hubiese preferido dos lugares neutrales pero entendí porqué los escogió, para que Pam se sintiese cómoda y relajada, yo ya le tendría a él de mi lado para sentirme apoyada.
Llegó el sexto día de nuestra nueva vida y no debería haber estado tan nerviosa pero la socia de Eric me ponía atacada. Le comenté a Alcide que esa noche habíamos quedado con ella y le pedí algún consejo para no dejarme intimidar ni, en su caso, comer por ella. Se rió y me avisó que Pam iría directa a la yugular, que no se cortaría y me diría todo lo que pensaba. Eric era su niño, nadie tonteaba con él y salía ileso. Me contó algo que Eric o no sabía o nunca quiso saber, la última novia de Eric, la que le había dejado, tuvo que sufrir las consecuencias por lo que le hizo. Pam estaba muy bien relacionada, conocía a mucha gente y algunos eran muy importantes, sólo tuvo que coger el teléfono y levantar un rumor. Era maestra, me dijo que me imaginara el resto. Consiguió que se acabara yendo al norte, lo más lejos posible de su Eric, para que nunca más le molestase ni siquiera con la posibilidad de su presencia en la misma ciudad o el mismo estado. Luego me miró y se sonrió viendo mi cara de pánico.
_ No te preocupes – dijo acercándose a besar mi mejilla-. Yo nunca te despediría, dijera lo que dijera...
Con ese ánimo me preparé para nuestra cita de esa noche como un cordero que va al matadero. Por supuesto, Eric nunca vería que Pam hacía mal, era incluso posible que, en ese caso, le hubiese parecido bien lo que le hizo a su ex, sabiendo lo que había pasado, casi que no me lo parecía hasta a mí, así que me dispuse a enfrentarme a la situación con la mayor dignidad que pudiese, sólo quería salir ilesa de la noche. Dejamos a Jess con la abuela con la promesa de ir a recogerla temprano para pasar el fin de semana en la casa de Eric, con eso Eric consiguió apaciguar su enfado, pero cuando se despidió de nosotros, me dejó muy claro que opinaba de mí por privarla de su Eric esa noche. Suspiré, mi pequeño adelanto en forma de una pequeña Pam...
Pese a todo, no fue tan malo, hizo lo que Alcide me dijo y fue directa a mi yugular, pero lo vi bien, no quería que nadie le hiciese daño a Eric, yo tampoco y otra cosa que no quería era a su lengua cerca de mi novio, y se lo hice saber. Le pareció justo. A partir de ahí todo fue fácil, poco a poco me fui relajando y acabé disfrutando de la cena. Pam no era tan diferente a mí, Eric tenía razón en eso, las dos le queríamos y, si se daba el caso, pelearíamos por él con quien fuese. No esperaba que se fuese a dar esa misma noche.
Cuando terminamos de cenar nos fuimos al club, todo iba bien, dos rondas después tuve la necesidad de ir al lavabo y Pam me acompañó, nos reímos un rato y me avisó que había visto a algunas de las víctimas de Eric. Las llamó así, me contó algo que me molestó y me gustó al cincuenta por ciento, yo era su primera novia en años, desde Dawn, se había pasado todo el tiempo entre nosotras tirándose a quien le daba la gana, tratándolas con desdén y sólo repitiendo ocasionalmente con las amigas, como Felicia, lo que era una gilipollez, en su opinión porque estaba claro que ella, por ejemplo, estaba enamorada de él. No supe cómo tomarme la información y me sonrió.
_ Tienes que estar alerta – cogió mi mano y la apretó con algo que se pareció mucho al afecto-. Eric te quiere, nunca te engañará, es así de asquerosamente fiel.
Otra información que pareció extemporánea, hasta que llegamos a la mesa. Una tenía a mi hombre cogido por detrás y comía la oreja mientras con una mano le tapaba los ojos y con otra le echaba mano a su..., no, mi polla.
_ Pero, ¿qué coño...? – rugí- ¿Por qué te está tocando esa puta?
Eric se puso rígido, se llevó las manos a la cara y se giró hacia la mujer.
_ Hola, amor – ronroneó ella, rozando sus labios-, he venido como te dije. ¿Quién es esta puta que se cree con derecho sobre ti? – besó su boca otra vez.
La cara de Eric era un poema, se quedó paralizado y no habría sabido decir si por sentirse pillado o por la sorpresa. Bueno, ya me aclararía eso, lo primero era partirle la cara a esa puta pelirroja.
_ Apártate de él – tiré de ella, retirándola de su boca.
_ Pobre, Eric – me miró con sorna antes de dirigirse a él-, ¿no le has explicado? Vaya, querida, Eric viene aquí a follarnos – sonrió-. Tú eres una mujer casada, te recuerdo, estabas en la fiesta de Alcide, no destroces tu matrimonio por él, te follará y luego volverá a mí...
Suficiente, le crucé la cara. No sabía si por lo que había dicho o porque la había creído. Sus palabras sonaron tan ciertas que mi corazón se partió. Cuando se recuperó del golpe se rió y me miró con una sonrisa de triunfo. Sentí la mano de Pam en mi brazo que ya se levantaba y eso me dio algo de serenidad.
_ Quizá a tu marido le interese saber dónde estás y con quién. Compton, ¿verdad?
_ Siempre a destiempo, Silvie... Compton fue su marido – dijo Eric levantándose y mirándola desde arriba mientras me cogía por la cintura-. Ahora lo soy yo.
_ Silvie, reina – dijo Pam-. ¿Cuántas veces hay que prohibirte la entrada al club? Tu acoso a Eric termina aquí – hizo una seña y una mujer se acercó a ella con una sonrisa.
_ Miriam, cielo – la saludó besándola-, tú que eres juez, esta mujer acosa a Eric desde hace meses, ¿cómo procedemos contra ella?
A Miriam le cambió la expresión y miró con desagrado a Silvie.
_ Déjame hacer un par de llamadas y vendrán unos agentes.
Ni que decir tenía que a Silvie le cambió el color. Algo parecido al culpabilidad me pinchó en el pecho, había estado dispuesta a creerme sus palabras, sin apenas darle más consideración. En mi cabeza, Eric era capaz de eso de lo que ella le acusaba, ¿tendría que vivir con esta angustia el tiempo que estuviésemos juntos?, ¿hasta que encontrase a otra? Eric debió notar mi cambio de humor aunque no me miraba, porque fue algo físico. Vi a Pam sonreírme con pesar y hacerle un gesto asintiendo, quizá en respuesta a uno anterior suyo. Me llevó casi en volandas a su despacho y nos sentamos en el sofá.
_ Sookie... – dijo después de unos minutos de silencio en los que me dejé abrazar-. No es verdad lo que ha dicho.
_ Sí lo es, que ahora no lo hagas no quiere decir que no lo hayas hecho – murmuré sin mirarle.
_ Es cierto, lo he hecho, durante años, con ella también una vez, pero nunca significó nada. Ni con ella ni con nadie, era sexo. Después de Dawn nunca volví a hacer el amor hasta que no te encontré, tienes que creerme.
_ ¿Por qué?, a mí también me follabas... – le recordé.
_ Sí, pero sólo la primera vez, que repitiéramos ya era una señal de que eras diferente para mí. Has sido la única que ha estado en mi cama, Sook, la única mujer que, con Pam, ha entrado en mi piso, bueno y mi asistenta, pero no creo que a Antonio, su marido, le haga gracia que la metamos en esta conversación – intentó aligerar el tono-. Lo que quiero decir es que siempre hubo indicios de que esto nuestro no era pasajero, que estaba dispuesto a quererte como me dejaras, al principio no lo vi claro, tardé un mes, al menos – me cogió la cara y me hizo mirarle a los ojos-, me molestaba tanto que te escabulleras en cuanto cerraba los ojos y me dejaras en mi cama solo y deseando estar abrazándote toda la noche, odiaba tanto despertarme en una cama vacía que me negaba a verlo. Contaba las horas para que llamases a mi puerta, imaginaba durante toda la semana lo que te haría cuando te viese, quizá si era muy bueno, si conseguía engancharte a mí, aunque fuese a mi cuerpo, me acabarías conociendo, queriendo saber de mí, deseando también no irte.
_ Nunca me quería ir... – confesé.
_ Me imaginaba que alguien te esperaba en tu casa, pero vivía con la esperanza de que le dejaras, aún no sabía que era una preciosa niña – sonrió con dulzura al hablar de Jess-. El caso es que me he tirado a muchas, más de las que imaginas, que he sido borde y desconsiderado con ellas porque no podía permitir que se acercaran a mí, no quería hacerlo. Lo de Sophie Anne – le miré extrañada-, Silvie – me aclaró-, ha sido una venganza. Me la tiré y ella insistió varias veces después de aquello pese a que le dijese que no repetía, que tuvo su oportunidad. El día de la fiesta, estaba allí, es cierto, era la pareja de Alcide, su chica. Él es mi amigo, no podía dejarle seguir con alguien así aunque se enfadara conmigo. Esta ha sido su vendetta, yo le fastidié su plan, ahora, ella me jode el mío. Si la dejas, ella gana...
_ No sé si puedo aguantar con esta incertidumbre, Eric, mirar alrededor y pensar cuantas de las que me miran con odio o a ti con lujuria, saben de verdad de lo que yo disfruto.
_ No me digas eso, Sookie – su expresión me partió el alma-. Da igual lo que haya pasado antes, soy tuyo como no lo he sido nunca de nadie – me besó con suavidad, sus labios dulces y tentadores intentando borrar mis dudas-. Dame la oportunidad de demostrártelo...
Su forma de demostrármelo fue besarme durante un rato con un amor que ya le había sentido pero no como esa noche. Nos hicimos arrumacos y hablamos un poco más en su despacho. No sabía cuanto tiempo pasó hasta que alguien llamó a la puerta. Era Pam.
_ ¿Mejor? – se sentó a mi lado en el sofá y me cogió la mano-. Ya nos hemos encargado de esa zorra, Miriam ha conseguido que una juez amiga firme una orden de alejamiento contra ella.
_ Gracias, Pam – una pequeña sonrisa se curvó en mis labios.
_ No me lo agradezcas, haz que no me arrepienta de haberte dado el beneficio de la duda en lo que a mi niño se refiere.
_ Estoy aquí – intervino Eric.
_ Sí, sí, sí – le ignoró con un gesto-, pero sigue en pie, si le haces daño, te mato. Y eso implica no dar pábulo a lo que cualquier zorra vaya contando, que te lo he visto en la cara, guapa – bajé los ojos, tenía razón, me lo acababa de advertir y acto seguido, me tragué todo lo que ésa quiso decir de él-. Bien, que no se repita, porque encajáis muy bien juntos y me fastidiaría mucho que jodieseis esto que tenéis. Ahora, a casita a follaros hasta que no podáis andar – se levantó, nos miró y nos apremió-. ¡Vamos!
Nos levantamos más por cómo nos había ordenado casi que por ganas de hacer lo que nos decía, que eran muchas. Cogí mis cosas y besé su mejilla para despedirme, Eric la abrazó y hundió la cabeza en su hombro sonriendo.
_ Te quiero, rubia – murmuró.
_ Vale, pero ya te he dicho que no eres mi tipo – puso los ojos en blanco y le palmeó el culo.
_ Es verdad, te quiero – le hizo un puchero separándose de ella.
_ Mira que eres sentimental, Northman... – su sonrisa de fastidio mutó en una de sincera devoción y Eric le devolvió la misma y besó su frente.
_ Mañana te llamo, aún tienes que conocer a Jess... – sonrió sabiendo lo que venía a continuación.
_ Estás de coña, ¿verdad? – su expresión de miedo me impactó- Por favor, Eric, niños, no.
_ Esta te va a gustar, es un poco una mini tú, sin la parte borde y fashion victim.
_ Eso se puede arreglar – murmuró considerándolo y tosí, estaban hablando de mi hija, Pam se rió-, la parte fashion, digo. Bueno ahora, largo, que tenéis que hacer...
Cogimos un taxi hasta su piso y obedecimos a Pam aunque tan sólo fuese para borrar el recuerdo de la noche. No nos costó mucho, el amor en sus ojos, sus caricias, su consideración, su manera de demostrarme que era la única en su corazón y en su cabeza, consiguieron disipar cualquier duda que aún me quedara.
Pese a todo, fue el mejor fin de semana de la historia. Jess disfrutó como nunca, Pam se convirtió en su tía favorita y volvió a casa con algún que otro conjuntito, excesivamente caro, ya tendría que hablarlo con Pam... Fuimos al parque de atracciones, llevamos a Jess al cine, hicimos un picnic en el parque, todo perfecto. Cuando llegamos a Bon Temps, Jess iba dormida y Eric la subió a su cama y se reunió conmigo en nuestro dormitorio. Hmmm, me gustaba como sonaba eso...
_ Me lo he pasado muy bien este fin de semana – me empiné y le besé-. Gracias.
_ ¿Pese a todo? – preguntó con timidez y me estrechó contra su pecho.
_ Pese a todo. Gracias por ser tan bueno con Jess.
_ ¿Otra vez vamos a tener esta conversación? Lo dices como si me estuviese esforzando en quereros y no es así, no se me ocurre cómo no hacerlo. Sois adorables, ella más que tú, que lo sepas.
_ No me cabe duda – me reí y le empujé suavemente, bajé la voz para añadir-. Ahora a la cama...
_ ¿Necesitaré el pijama? – dijo con el mismo tono recortando la distancia que acababa de poner entre los dos.
_ No en los próximos minutos.
Le empujé sobre la cama y salté encima, desabroché su camisa y la abrí para poder tocar su piel, hacía ya muchas horas que su pecho desnudo no encandilaba a mis dedos, pasé mi cara por él, su vello rubio y suave me hizo cosquillas y me deleité en su olor. Mi lengua salió a jugar, quería saborearle, disfrutar de su suavidad tanto como mis dedos y mi piel. Nunca había creído posible que alguien excitara mis sentidos tanto como él lo hacía, estimulaba mi cuerpo y mi cerebro como nunca nadie lo había hecho antes y jamás lo harían después, de eso estaba segura. Fui descendiendo poco a poco por su pecho hasta detenerme en la cintura de su pantalón, pasé mi lengua por la frontera que trazaba y mordisqueé un poco su bajo vientre, me encantaba que sus pantalones fuesen tan bajos. Se convulsionó debajo de mí y sonreí por su anticipación. Clavé los ojos en los suyos mientras desabotonaba el pantalón, no quería perderme su expresión cuando le sacase de su prisión y le pusiese en otra, en mi boca. Movió la cadera involuntariamente con un jadeo que me hizo apretar las piernas, joder, era increíble el efecto que un sólo sonido que se escapara de sus labios conseguía tener en mí. Una de mis manos acabó entre mis piernas y entonces me paró.
_ Ven aquí... – me subió otra vez y me echó sobre la cama-. Déjame a mí – murmuró y su mano ocupó el lugar que segundos antes había tenido la mía.
_ Eric... – me retorcí bajo su mano experta.
_ ¿Sí, amor...? – gimió en mi oído mientras lo lamía.
No tenía tiempo para conversaciones, le cogí y acaricié mi clítoris con él antes de ponerle en mi entrada, me apremiaba tenerle dentro. ¿Algún día dejaría de desear esto? ¿Llegaría el día en el que nos cansáramos el uno del otro y esto ya no fuese algo que nos muriésemos por hacer? No podía concebir ese día, no, sería imposible cansarme de tanto placer y de tanta perfección. No, era demasiado el deseo...
Nos giramos y me puso encima, se incorporó para tener más acceso a mi boca y a mis pechos y comenzó a ponerse serio, cogiéndome por las caderas, marcando el ritmo, cambiando el ángulo hasta encontrar el perfecto para hacerme gritar, y luego silenciando mis gritos con su boca para no despertar a Jess. Así hasta llevarme a la locura.
No, definitivamente, nunca me cansaría de esto. Ese casi fue mi último pensamiento coherente mientras recuperaba el aliento sobre su pecho y me dejaba abrazar por él. Así, satisfecha y contenta, me dormí esperando que me diese fuerzas para afrontar el día siguiente.
A la mañana siguiente, teníamos la reunión con Bill y con su abogado. Alcide me había dado el día libre y Eric no estaba muy contento porque quería estar cerca de mí, pero lo entendía y no había hecho ni siquiera amago de pedírmelo. Me despidió con un beso y me dejó delante del edificio del bufete de Lafayette. Cuando llegué estaban todos esperándome, entramos en la sala de reuniones tras un breve saludo. Nuestros abogados discutían mientras nosotros dos permanecíamos mirándonos en silencio, en un momento determinado, Bill se inclinó hacia su abogado y le dijo algo al oído, él le miró confundido y claramente contrariado.
_ El señor Compton desearía hablar con su cliente en privado.
_ No – se limitó a decir Laf-. No hay nada que le vaya a decir en privado que no pueda decirle delante de nosotros, ¿verdad?
_ Sookie – me miró-, por favor...
_ Está bien – concedí.
_ No, no está bien, Sook, ¿qué pasa contigo?
_ Laf, está bien, no voy a conceder nada que tú no apruebes y si se pone impertinente, le puedo manda a la mierda yo sola, gracias. Por favor, dejadnos solos.
Salieron a regañadientes y nos miramos otra vez.
_ Gracias por acceder.
_ Estamos discutiendo lo mejor para nuestra hija, que sean nuestros abogados los que lo hagan no le beneficia mucho. Debería haber entendimiento entre nosotros...
_ Primero quiero que sepas que no me la iba a llevar, lo pensé cuando salí de la casa pero al llegar a la casa de la abuela, entendí lo estúpido que era – el corazón se me paró-. Nunca lo haría, eres una buena madre, mucho mejor que yo.
_ Tenemos caracteres diferentes, Bill, tú no tienes paciencia y ella es una niña, la necesita.
_ Es algo más que eso, tú tampoco tienes mucha paciencia – sonrió-. No me gustan los niños, Jess sí porque es mi hija, sabes que la quiero y que ahora no lo cambiaría por nada del mundo, pero que no quería tener hijos cuando nos casamos – se mordió el labio e hizo una pequeña pausa-. Le he visto con ella...
_ ¿Qué? – el estómago me dio un vuelco y me hice la tonta para recuperarme un poco.
_ A Northman, le he visto con ella. El día que fui al colegio y después... – confesó en voz baja.
_ ¿Nos has estado espiando...? – murmuré espantada.
_ No..., bueno, supongo..., no exactamente, quería asegurarme que Jess estaba en buenas manos, no me fiaba de tu criterio.
_ ¿Crees que metería a cualquiera en su vida? – me indigné- ¿Tan mal concepto tienes de mí?
_ ¿Le conocías de antes? – me quedé mirándole con la boca abierta- Hace un mes que le viste en la fiesta y ya vive con vosotras, un poco rápido, ¿no?
_ Bueno, Bill, hay gente que aprecia lo que tiene delante cuando lo ve. Tú no valoraste a tu mujer, preferiste a otras, él sí.
_ Tenía novia, Sookie, ¿recuerdas?
_ Cómo olvidar a aquella mujer que desnudaste con la mirada durante toda la noche, Bill, pero Felicia no era su novia, era su amiga. Aún no te has dado cuenta de qué ha sido lo que nos ha separado, no nos queremos y cada día era más duro permanecer juntos. De no haber dado este paso, a estas alturas, tú estarías liado con Lorena y yo le habría dado una oportunidad a Eric, y los dos volveríamos a dormir a una cama que no compartíamos ya.
_ ¿Serías su amante? – casi me miró con espanto, si él supiera...
_ ¿Te ibas a llevar las manos a la cabeza porque yo tuviese uno cuando tú te has pasado años engañándome con tu jefa? No seas hipócrita, Bill.
_ Me duele, ¿sabes?
_ La primera vez, duele, lo sé – dije secamente.
_ Lo siento – esquivó mi mirada.
_ No tienes porqué, ahora es el momento de arreglarlo. Terminemos con esto, firma lo que proponemos, quiero que formes parte de la vida de Jess pero no quiero que interfieras en mi vida y en la relación que estamos construyendo con Eric. Es bueno para nosotras y nos hace felices. Ya lo has visto, Jessica le quiere, juega con ella, hacen juntos los deberes, ven la tele, le cuenta historias y hace que su curiosidad se desboque y necesite saber sobre otros países y otras materias a las que no hubiese tenido acceso con nosotros. Por favor, si ha conseguido que le gusten el cus cus, los arenques y todas las verduras que le quiera dar preparadas de cualquier manera...
_ Eso es lo que me molesta – dijo en voz baja-, que le prefiera a mí...
_ Le prefiere a mí, asúmelo. Él es la novedad, es alguien que le presta toda su atención y habla con ella, nosotros somos sus padres, somos quienes la regañamos y ponemos orden en su vida, esa no es la función de Eric, están estableciendo una rutina que se basa en el trabajo y en la diversión, pero su madre soy yo, soy la que decido. Eso es algo que Eric lleva a rajatabla, estaría bien que tú también lo hicieras...
_ ¿Le quieres?
_ Sí.
_ Yo no quiero a Lorena – apretó la mandíbula con rabia.
_ Y, a pesar de todo, eso nunca impidió que te acostaras con ella. Deberías saber que yo soy diferente.
Durante unos segundos que se me hicieron eternos, se me quedó mirando en silencio.
_ Te veo bien... – dijo al fin.
_ Gracias.
Se levantó y llamó a nuestros abogados que esperaban fuera y que volvieron a sus asientos.
_ ¿Dónde tengo que firmar? – preguntó a Laf. Su abogado intentó protestar pero le acalló- Es mi hija, es un buen acuerdo para ella, no quiero oír nada más.
Firmó, me pasó el documento y me sonrió antes de levantarse e irse. Y así terminaban diez años de matrimonio, uno de convivencia y otro de novios. Firmando el último documento que nos faltaba.
Cuando Eric me recogió para ir a casa, no le dije nada. Me miró pacientemente esperando que le contara pero no le dije nada. No hablé en todo el trayecto a casa, fijé la vista fuera del coche sin realmente ver nada y dejé la mente en blanco. Se limitó a abrazarme, besarme y ponerme la comida. Luego fue a recoger a Jess y la trajo a casa, hicieron los deberes, estuvieron viendo el nuevo canal favorito de mi hija, el del Viajes, y jugaron un rato. La tarde se fue, la noche también y cuando me abrazó en la cama, se atrevió a preguntar si se lo contaría.
_ Ha firmado – me limité a decir-. Todo ha terminado.
_ ¿Y no estás contenta? – preguntó extrañado por mi actitud.
_ Sí, pero han sido los últimos doce años de mi vida. No le quiero, ya no, pero le quise y ahora no es nada para mí, y – me paré, no quería seguir con mi tren de pensamientos.
_ Y piensas si en otros doce años, tú y yo estaremos en la misma situación – murmuró dándose cuenta-. Ven aquí – me atrajo hasta su pecho y besó mi frente-. Tú aún no pareces saberlo pero esto – nos señaló con la mano- es para siempre, no hago las cosas a medias y cuando me comprometo es de por vida, sea con una amiga, con un proyecto o con una mujer y su hija. ¿Tienes pensado dejarme cuando sea un cincuentón con poco pelo y barriga? Estaría bien saberlo, porque así podré hacer todo lo que esté en mi mano para evitarlo.
_ ¿Ah, sí? ¿y qué harías para retenerme?
_ Si por mí fuera, te ataría a mi cama y no te dejaría libre nunca, pero tienes que trabajar y luego está Jess, así que no es una solución factible – se rió-. La otra opción incluiría mimarte, quererte, hacerte el amor continuamente, pelearme contigo para poder acabar haciéndote otra vez el amor, ya sabes, para reconciliarnos, viajar mucho, reírnos, todo con el fin de envejecer juntos. ¿Crees que funcionaría?
Cuando quise darme cuenta estaba besándole como nunca y llorando de felicidad sobre su cara. Sí, sí que funcionaría...
Sólo un capítulo más, queda poco más que decir...
Gracias por vuestra atención y vuestros comentarios, favoritos y alertas, espero que os haya gustado tanto como a mí compartirlo con vosotros.
