Una vez más, mil gracias a Charlaine Harris por sus personajes.
21.
Íbamos camino de Camden cuando Jorge, el marido de Claire, pensó en hacer una parada en Merlotte's. No éramos habituales del bar de Sam, él y yo no nos llevábamos bien, era demasiada competencia para él, pensé con una pequeña sonrisa. A esa hora el local estaba bastante lleno pero hubo suerte y conseguimos una mesa. Jorge me contaba que quería empezar a poner tapas en el pub. Era una buena idea, seguro que tendrían éxito, pero mi mente no estaba con él, hacía rato que se había ido detrás de una rubia al otro lado del establecimiento. Bella, voluptuosa, llena de promesas debajo de su traje de chaqueta ajustado. Sus amigos se reían por algo que había dicho, sonreí involuntariamente y quise estar allí, escuchando lo que fuese que decía, haciéndome eco de su risa.
_ Pero, tío – se quejó Jorge-, ¿dónde estás? – siguió mi mirada hasta ella y se rió- Acabáramos..., qué si no.
_ No la mires, estás casado y ella es mía.
_ Vaya, el señor la vio primero, hay que joderse... – soltó una carcajada y levantó las manos como si se rindiera- Toda tuya.
_ Toda mía -repetí sin apartar los ojos de ella.
Siguió bebiendo con sus amigos mientras nosotros nos tomábamos nuestra hamburguesa y cuando Sam se acercó a ella y empezó a tontear me puse serio, eso sí que no. Al cabo de unos minutos se levantó, esa era mi oportunidad. Me levanté rápidamente y me puse en su camino. Quedó como un encontronazo fortuito, pero con tan mala suerte que mi cerveza se derramó sobre su pecho. La camisa se pegó a sus senos y dejó traslucir un bonito sujetador de blonda que se ajustaba a sus grandes y preciosas tetas. Joder... Ella tiró de su camisa hacia delante dejándome una espléndida panorámica de su pecho. Ahogué un gemido por la vista y cogí algunas servilletas para secárselas. Lo hice, lo juro, lo intenté, al menos, durante unos segundos pasé el tisú de las servilletas por su escote pero en algún momento del que no fui consciente, mi mano se quedó descansando sobre una de ellas. Una risa me volvió a la realidad, subí la vista hasta su cara y me encontré con una sonrisa y unos ojos burlones, moví la mano como si me quemara pero sonreí mientras pedía perdón por el lapsus que mis manos acababan de tener.
_ Lo siento, por un momento se han independizado de mi cerebro – le dediqué mi mejor sonrisa haciendo aspavientos con mis manos.
_ Seguro que sí – se rió.
_ No puedes quedarte así – miré su pecho otra vez y ella me levantó las cejas con media sonrisa-. Ven...
La cogí de la mano y la llevé al pasillo en el que estaban los aseos. Entramos en el de señoras y me quité la camisa, se la di mientras ella me miraba extrañada, después seguí con la camiseta que llevaba debajo. Y se la tendí mientras volvía a coger la camisa.
_ Toma, póntela, al menos está seca – se había quedado hipnotizada mirando mi pecho, no era que no esperara que lo hiciera, ya estaba acostumbrado a que me desnudaran con la mirada-. ¿Hola? – castañeé los dedos delante de ella para sacarla de su trance-. Eh, mírame a la cara, no me mires el pecho... – me reí y ella soltó una carcajada.
_ Perdona, pero menudos pectorales, guapo...
_ Los tuyos tampoco están mal – ronroneé deseando acercarme un poco más y volver a tocarlos pero esta vez con mi boca. Contuvo la respiración como leyendo mis pensamientos y agité la camiseta para que la cogiera y poder salir del paso-. Póntela, es lo menos que puedo hacer.
Me sonrió y me pidió con un gesto que me volviera. Lo hice a regañadientes y entonces, descubrí que estaba frente al espejo. Se giró un poco y comenzó a desabrocharse la camisa, se la quitó y se secó el pecho bien con ella, levantando la blonda y metiendo su mano dentro. Por alguna extraña razón eso me excitó mucho. Palpó el encaje y comprobó que estaba demasiado mojado por lo que decidió quitárselo, ahí sí que estaba ya a punto de darme la vuelta y lamer la cerveza que quedara en sus pechos, pero me quedé sin aire cuando la vi llevarse mi camiseta a la cara y aspirar su aroma, cerró los ojos y se mordió el labio inferior. Ese gesto y la visión de mi ropa cayendo sobre sus curvas me pareció mucho más sensual que toda su desnudez. Cerré los ojos para quedarme con esa visión y recuperar el dominio de mi cuerpo que estaba muy revolucionado.
_ Ya – la oí decir y me di la vuelta.
Abrí la puerta para que pasara y dejamos pasar a las chicas que esperaban fuera y que soltaron una risita al verla con el sujetador en la mano. Casi me sentí en la obligación de disculparme por lo que esas tontas habían pensado, pero no lo hice, de hecho, mis acciones fueron exactamente las contrarias, las que sustentaban sus pensamientos. Tiré de ella y se vino contra mi cuerpo, mis manos se perdieron en su pelo y mi boca se fue a la suya. Por un instante, pensé que se opondría, como si ya me hubiese pasado bastante, pero no lo hizo, cogió mi cabeza y abrió sus labios para profundizar su beso. Mis manos, esta vez dirigidas por mi cerebro, palparon su cuerpo, agarrándose a sus curvas y estrujando lo que encontraban a su paso. Recordé que las tontas estaban a punto de salir del aseo y tanteé con la mano hasta encontrar el pomo de la puerta del almacén. En cuanto lo encontré la cogí en volandas y entramos. Justo a tiempo, porque en ese momento, se abrió la puerta del aseo.
La apoyé contra la pared y la miré, el color anaranjado de la luz de emergencias se reflejaba en su mirada y hacía que pareciese que sus ojos llameaban, aunque lo cierto es que lo hacían de deseo. Su pecho se agitaba contra el mío y durante unos segundos nos perdimos en nuestras miradas, nuestras bocas volvieron a reclamarse y esta vez nuestras manos empezaron a buscar piel en lugar de aguantarse con la tela. Levanté mi camiseta y cogí sus pechos, masajeándolos y pellizcando sus pezones mientras me gemía en la boca. Bajé hasta ellos y los saboreé, sabían a cerveza, claro, y sonreí contra ellos. Levanté los ojos y me encontré los suyos fijos en los míos, sin apartar la mirada subí su falda y metí la mano entre sus piernas, estaba tan húmeda que me asustó lo lista que estaba para mí. Comenzó a moverse contra mi mano pero esa no era su idea, me quitó el cinturón y me abrió la cremallera para liberarme. Me cogió y pasando el pulgar por la punta me acarició con suavidad antes de llevarme hasta ella. La levanté un poco y la puse contra la puerta, apoyó una de sus piernas en las cajas de Coronitas mientras yo sujetaba la otra y entré en ella. La besé para sofocar sus gemidos y esperé hasta que los dos nos acostumbramos a la sensación. Comencé a moverme poco a poco, o esa era la idea, porque sin apenas darnos cuenta, perdimos el control de nuestras pelvis y empezamos a movernos frenéticamente al unísono, a cada embestida ella me recibía de manera que parecía que entraba un poco más. El placer era insoportable, sólo podía pensar en que no aguantaría mucho más cuando comenzó a convulsionarse en mis brazos y sus músculos internos a aprisionarme. No necesité más. Seguimos moviéndonos hasta que nuestra respiración se reguló, besándonos y acariciándonos.
_ Guau – murmuré apoyando mi frente contra la suya. Ella llevó sus labios a los míos y los rozó.
_ Feliz aniversario, señor Stackhouse – ronroneó contra mi boca y me reí.
_ Feliz aniversario, señora Northman...
_ Bonita variación sobre la historia original – soltó una carcajada.
_ Al menos este año hemos conseguido salir del aseo de señoras... – me reí por lo bajo besando su cuello.
_ Y tampoco nos ha pillado nadie metiéndonos mano en el pasillo – se sonrojó y escondió la cabeza en mi hombro. Sí, ese año fue bastante embarazoso...
_ El año que viene deberíamos probar algo diferente...
_ Oh – dijo decepcionada-, ¿no más representaciones de nuestra primera vez?
_ Cariño, nuestra primera vez fue en una cama, ¿te lo tengo que recordar? – me miró con fastidio, muy Pam, había que joderse, ya costaba distinguirlas de lo amigas que se habían hecho a través de los años-. Sí, supongo que te acuerdas... Pero me refería a probar a irnos de viaje, no sé, París, por ejemplo.
_ ¿París? – me miró con descreimiento- ¿Te estás volviendo clásico con la edad? – levantó la ceja y sonrió con malicia- ¿Muy mayor para estos trotes, Northman...?
_ Stackhouse, ¿me estás retando? Recuerda que la última vez que lo hiciste, caminaste con dificultad unos días...
_ Sí – soltó una carcajada-, pero eso fue porque nos caímos de la cama – no, no tenía gracia, reprimió la risa y me miró aguantándola-. No, cariño, tienes razón, no fue por eso, fue porque eres un dios del sexo – hizo una pequeña pausa-, aún... – soltó la carcajada que reprimía.
_ Te voy a dar yo dios del sexo, te vas a enterar – me apreté contra ella.
_ Vale – movió las caderas contra mí y me regaló una de sus preciosas sonrisas-, pero dámelo en casa...
Nos arreglamos la ropa y salimos del almacén de la mano, de camino a la puerta vimos a Jorge sentado con Laf y Tara que nos decían adiós con la mano, y Sam levantaba las cejas, como todos los años, negando con suavidad, con media sonrisa.
Un año más lo habíamos conseguido. Y, pese a todo, sumando...
FIN
¡Nos vemos en la próxima!
