CHANTAJE.

La clase de Química había transcurrido sin novedad; estaba aburrido y fastidiado de estar viendo el mismo tema de los aminoácidos una y otra vez como pericos graznando en un perchero solo porque el profesor tenía muy mala memoria y era un necio empedernido.

¡Dios, que acabe ya la clase!, rogaba mentalmente.

De repente, alguien le lanzó un papel en la cabeza, quedando éste atrapado en el recién cortado afro del pelirrojo; mascullando mentadas de madre por adivinar quién lo había hecho, desdobló el papel y empezó a leer lo que se encontraba escrito:

"Judío: Te invito a una fiesta de té en mi casa después de la salida. Atentamente, el fabuloso Eric Cartman".

Kyle bufó.

¿Y ahora qué mosca le picó al culón? Que Kyle recordara, ambos apenas se toleran a causa de su "ami-enemistad". De seguro no era más que una mamada para joderlo como siempre lo ha hecho desde que tenía uso de razón, pensó el muchacho mientras escribía en el papel la siguiente respuesta:

"Jódete, culón. Tengo cosas mejores que hacer que ir a tu estúpida fiesta marica de té"

Y, arrugando el papel, se lo lanzó a Cartman, haciéndole el obsceno gesto del dedo.

El culón hizo caso omiso del gesto, incluso estuvo a punto de estallar de risa cuando leyó la respuesta airada del joven pelirrojo, pero se limitó a sonreírle con picardía.

Lo último sacó de onda al judío. Normalmente Cartman empezaba con sus pendejadas de que "eres un hijo de puta, judío" o "los judíos esto, los judíos lo otro", pero eso de que le sonriera…

Algo anda mal – se dijo en voz baja mientras se volteaba para atender nuevamente la clase.

No obstante, se volvió para mirar de reojo al marrano; éste aún continuaba sonriendo… Y qué macabro es el ver sonreír a tu enemigo de esa manera: inesperada.

Algo realmente anda jodidamente mal, pensó el joven por último.

Por su parte, Cartman enfocaba toda su atención en su víctima; él esperaba la respuesta negativa del pelirrojo a su supuesta fiesta del té, mas no se sintió ofendido por su respuesta sarcástica.

No cuando él tiene un as bajo la manga que haría que el judío esté en su poder y acate lo que él quiera, incluyendo una humillación pública.

Serás mío, judío – decía en voz baja -. Lo pagarás… bien… caro… judío.


Kyle estaba cambiándose de ropa en su casillero del gimnasio escolar.

Sus amigos y compañeros estaban en la cancha jugando una reta de basquetbol; Kyle quería unirse, mas recibió una llamada de su madre pidiéndole que fuera a la casa y cuidase a Ike, ya que ella y su padre saldrían a comprar los víveres de la quincena.

Ni modos, pensó el joven muy malhumorado. Otro día será.

- ¿Qué hay, judío?

- Hey.

- ¿Por qué no estás jugando con los demás cabrones? ¿Acaso los judíos no se tienen permitido jugar deportes?

Kyle cerró de un portazo su casillero.

Ya tenía suficiente con que no pudiera jugar con sus amigos por mandato de su madre como para que llegara el culón y empezara con las idioteces que son muy características de él.

Si el hijueputa quería pelear, pues que se las aguante, pensaba el muchacho mientras tomaba sus cosas y se disponía a salir por la puerta.

De repente, sintió que le jalaban de su mochila y, como si fuera un objeto ligero, lo aporreaban contra los casilleros.

Kyle, quejándose de mucho dolor, miró con odio a Cartman.

- ¡¿Pero qué carajos te pasa, cabrón? – exclamó el joven, furioso -. ¡¿Acaso buscas matarme de nuevo, malnacido hijo de puta?

Cartman esbozó una sonrisa que causó perturbación en el joven.

Lo repito otra vez: Algo anda jodidamente mal en este cabrón, pensaba Kyle mientras se esforzaba por levantarse.

Cartman, sin esperar que se incorpore totalmente, tomó a Kyle del cuello de su camisa y lo aprisionó nuevamente contra el casillero y, con frialdad, le dijo:

- Esta es la última vez que me desairas, judío.

- ¿Qué te desairo? – inquirió Kyle burlonamente - ¿A qué te refieres, pendejo? Refréscame la memoria, porque que yo recuerde, no te he desairado.

El castaño soltó una risita.

- Por supuesto que lo haré, pedazo de mierda.

Dicho esto, lo soltó, se dirigió a su casillero, de donde sacó una videocámara.

Kyle lo miró confundido.

¿Qué habrá en esa videocámara?, se preguntaba.

El castaño, notando la confusión de su presa, encendió sonriente la videocámara y se la entregó al delgado oriundo de Jersey...

Y lo que el afro pelirrojo vio en el aparato lo hizo sentirse más confundido aún.

"Stan… Oh Dios… ¡Sí! ¡Oh, sí!"

Ahora sí le chingaron la madre.

Kyle estaba congelado de miedo, asombro y de confusión.

- ¿D-Dónde conseguiste esto? ¿Qui…?

Cartman, sintiéndose triunfante, le respondió:

- Kyle, Kyle, Kyle… ¿Acaso olvidas que soy un aficionado a la fotografía y al arte en movimiento? ¿Olvidaste las fotos de los experimentos que hice con mi culo en el rostro de Butters? ¿Cómo crees que lo conseguí?

Los labios de Kyle temblaron de rabia e impotencia, a tal grado de que sólo masculló algunas palabras apenas audibles:

- Malnacido…

Cartman rió.

Pobre judío imbécil, pensó el sujeto con descaro.

- Malnacido tal vez, pero esta vez tienes que admitir que soy más listo que tú, judío.

Kyle no resistió más.

Se abalanzó encima del castaño para golpearle, mas éste, en un movimiento rápido, logró agarrarle del cuello y lo aprisionó una vez más contra el casillero.

- Si yo fuera tú, no me atacarías, pendejo.

- ¡Maldito! – exclamó el joven con la respiración entrecortada- ¡Suéltame!

- ¿Para que intentes golpearme de nuevo? No, señor. No sin antes escucharme.

- ¡Suéltame! – exclamaba el pelirrojo, ahora falto de aire - ¡Me ahogo!

Cartman lo soltó.

Kyle se sobó alrededor del cuello, impresionado ante la cantidad de fuerza que el hijo de perra le aplicó alrededor de esa parte del cuerpo.

¿De dónde habrá agarrado tanta fuerza el culón para hacer lo que le hizo?

Mientras el joven pensaba en aquella pregunta, Cartman le dijo maliciosamente:

- Apuesto diez dólares a que todos se divertirían con esto.

- ¡No te atreverás!

Cartman guardó la cámara en su mochila y, mirando con una mezcla de lástima socarrona y desprecio, replicó:

- Por supuesto que me atrevería, Kyle. Es más, pienso subirlo por el Facebook llegando a casa. A Stan le agradaría saber cómo te mueres por él. Tal vez incluso te haría el favor de que deje a la puta barata de Wendy y tenerlo para ti solito.

El pelirrojo sintió nuevamente las ganas de madrearlo, pero tuvo que contenerse.

Tenía un compromiso en ese momento con su familia y no iba a permitir que un perro tan cabrón como Cartman le retrasara.

Resignado, empezó a negociar:

- ¿Cuánto quieres por el video?

El tipo rió con cinismo.

- ¿Qué?

- ¿Qué cuánto quieres por ese puto video, culón?

Cartman hizo el ademán de pensar.

Kyle, a muy exasperado y con prisa, exclamó molesto:

- ¡Maldición, cabrón, no tengo tu tiempo! Me esperan en casa.

Cartman sonrió.

Lo había pensado.

Y muy bien.

Kyle, mientras tanto, tomó sus cosas y se dirigió a la puerta.

Que se chingue el muy perro, pensó el joven. Sea cual sea el pago, no lo haría ni aunque le pusiera un cuchillo…

- Espera, Kyle – dijo de pronto.

El joven se detuvo.

Cartman prosiguió mientras se acercaba lentamente al judío:

- Hagamos un trato, Kyle.

- ¿Un trato? ¿Contigo? ¡Ni en tus sueños!

Kyle dio un paso adelante, sólo para sentir nuevamente el jalón por parte de Cartman, quien le dijo en tono serio:

- Si no quieres que suba el video al Facebook, tendrás que venir mañana a mi casa después de clase.

- ¡¿A tu casa? – protestó el pecoso.

- Sip. A mi casa.

- ¿Para qué? ¿Para que asista a tu fiesta marica de té?

Cartman guardó silencio por un momento.

Kyle suspiró con resignación.

La respuesta era bastante obvia.

- Vale – dijo el pelirrojo, ya con mucha prisa -. Asistiré a tu jodida fiesta de té. ¿Satisfecho con la respuesta?

El castaño sonrió.

El pecoso tomó aquella sonrisa como una respuesta.

- Bien – dijo el muchacho, sintiéndose por fin aliviado de poder irse en paz -. Espero que con esto quede zanjado el asunto, culón.

- Ten por seguro que sí, rata judía.

Kyle le hizo el gesto del dedo del medio mientras salía del baño de hombres, dejando solo a un Cartman sonriente…

Y con un pensamiento de lo más retorcido y macabro que uno no se podría imaginar.

- Eres mío… Kyle Broflovski.