CURACIÓN Y AMENAZA.
El castaño asentó la bandeja en la punta de la cama y, en tono autoritario, le dijo al asustado pelirrojo:
- Extiéndete boca arriba, esclavo.
El aludido obedeció.
Cartman sonrió al ver que el muchacho había accedido a su demanda finalmente.
Se volvió hacia la bandeja y la destapó: En ella había alcohol, algodón, dos recipientes con agua destilada y con agua oxigenada, jabón y unas vendas.
- No te muevas – ordenó fríamente con tranquilidad.
Kyle tembló.
¿Abusará de él nuevamente?
De pensar que sí, el pelirrojo cerró los ojos…
- Voy a curarte.
Y fue cuando entonces que el joven aludido se volvió, sorprendido.
¿Cómo puede estar tan tranquilo luego del daño que le hizo irreversiblemente?
En esos momentos sentía las ganas de golpearlo… Pero no.
No lo hará.
Y se desconoció a sí mismo.
En situaciones normales se habría abalanzado encima sin importar que perdiera la vida; lo habría injuriado e incluso lo habría humillado en público, pero no era así.
El miedo se apoderó de su alma en el momento en que debería reunir fuerzas y defenderse; su instinto de supervivencia imperó por encima de su raciocinio, algo que no suele ocurrir en sus pugnas con Cartman.
Mientras meditaba sobre su pérdida de raciocinio, Cartman se puso manos a la obra.
Con cuidado observó el rasguño del brazo; afortunadamente la herida no era muy profunda, por lo que sonrió y empezó a lavar la herida.
Kyle hizo una mueca de dolor al sentir como el castaño pasaba con delicadeza el jabón en la herida; sin embargo, tuvo que admitir que el tipo era muy cuidadoso y muy… ¿gentil?
Movió la cabeza.
No podía creer lo que veía.
Aquél Eric Cartman que le curaba las heridas no era el Eric Cartman de hacía una hora. El de antes era un hombre sediento de venganza, lujuria e ignominia, dispuesto a clavar el cuchillo en su corazón si quisiera, pero éste… Éste era un hombre devoto, de buen tacto y cariñoso.
¿Qué demonios está pasando aquí?, se preguntaba Kyle mientras veía cómo Cartman le vendaba el brazo.
- Ahora ponte boca abajo, esclavo – ordenó el hueso fuerte mientras se limpiaba las manos con una toalla.
Sin ánimos para protestar, el pelirrojo obedeció cuan esclavo a su señor.
Una vez en esa posición, Cartman empezó a examinar la cavidad rectal del chico; todavía había rastros de su semen y sangre en aquél orificio, por lo que remojó una toalla pequeña de papel con el agua oxigenada y empezó a limpiarlo.
No quería arriesgarse a ser descubierto por los demás.
No hasta haber poseído por completo al judío desde el alma hasta su corazón…
- ¡Argh! – gimió Kyle de dolor mientras empezaban a brotar más lágrimas de sus ojos.
- Tranquilo, judío. Terminaré pronto.
- ¡Dios!
Cartman siguió hasta que vio que ya no había riesgo de alguna infección. No obstante, para evitarlo, se levantó del lecho, se dirigió a una cómoda y abrió el cajón. De ahí sacó una pomada especial para esa clase de rozaduras, de la cual aplicó una generosa cantidad en el área cercana a recto y en el mismo.
Fue una suerte haber pensado en ello el día anterior mientras pasaba por el centro comercial.
Mientras, Kyle se limpiaba las lágrimas, tratando de soportar el dolor terrible que le producía esa área del trasero; sin embargo, el dolor empezó a desaparecer a medida que Cartman masajeaba con más suavidad su área.
Era una sensación nueva.
Intensa.
Una sensación que Kyle inútilmente reprimió para evitar dar motivo a Cartman para que abuse de él nuevamente.
El mismo Cartman se dio cuenta de ello a medida de que Kyle empezaba a responderle con un ligero movimiento de caderas.
Y simplemente siguió.
Kyle sentía que esa sensación aumentaba cada vez más… Y todo esto fue por contribución del castaño, quien empezó a pasar su lengua por la espalda baja, saboreándolo como un dulce de mantequilla.
Cartman no pudo evitar hacer ese gesto. La piel del muchacho era en verdad una delicia para él. Era un delirio saborearla descaradamente, a tal grado de admitir que no había competencia para ello.
Ni siquiera la piel de Wendy era tan tersa, tan suave y de buen sabor como el que tenía a sus pies.
No, en definitiva Wendy se quedaba pendeja junto al muchacho.
- Para aquellos que piensen lo contrario, que se jodan, pensó Cartman mientras estimulaba a un Kyle sumiso y jadeante de placer.
- ¡Dios! – rugió Kyle.
- Veo que lo disfrutas, judío.
- ¡Cállate, malnacido! ¡Argh!
Y explotó.
La semilla del joven se regó en la cama como si fuera un vaso de leche. Cartman tomó un poco y se lo llevó a la boca.
Buena textura
Buen sabor.
Y es mío, susurró el castaño mientras volteaba al muchacho para que lo mirara. Éste estaba jadeante y sonrojado.
Incrédulo por lo que acababa de ocurrir.
- Ahora escúchame bien, judío pendejo – dijo Cartman con una sonrisa maliciosa -. Esto nadie lo debe de saber, ¿me entiendes? ¡Nadie! Tú ten la boca cerrada y yo no te haré más daño.
- Bastardo hijo de puta.
- ¡Hey! Recuerda que estás en mi casa, tarado. Y que aún tengo el video.
- Entonces entrégamelo, marica, y no diré nada.
Cartman se acercó a Kyle y le apretó el cuello con una mano.
Kyle sintió que el miedo nuevamente se apoderaba de él mientras que el castaño proseguía diciendo:
- No vuelvas a desafiarme, pequeña rata judía.
La mano empezó a apretar.
Kyle intentaba en vano desbaratarse de él.
¡Dios! ¿De dónde diantres sacaba fuerza ese sujeto para hacerme esto?, pensó el joven.
El castaño, al notar la lucha del joven, sonrió.
- Ahora… Esto es lo que haremos: Yo no le mostraré el video a nadie, ni siquiera a Stan o a tu familia… Si tú te conviertes en mi esclavo… Y me das todo el placer que quiero de ti.
Kyle seguía luchando.
El castaño simplemente prosiguió:
- Si veo que todo va según lo planeado durante un año, entonces te devolveré el video. De lo contrario… No sólo mostraré el video… Si no que también te podré… desaparecer.
El pelirrojo abrió más los ojos.
Cartman lo soltó, haciendo que el chico tosiera y respirara agitadamente con las lágrimas en los ojos.
- ¿Por qué me haces esto, Cartman? – inquiría el muchacho mientras volteaba su miraba hacia la puerta al mismo tiempo que el gordinflón.
- ¿Por qué?
Y soltó una carcajada.
- Tengo mis razones, Kahl… Y no tengo por qué darte explicaciones. Ahora, dime, ¿aceptas ser mi esclavo por un año…? ¿O…?
Cartman hizo el ademán de acercarse, mas Kyle se echó para atrás y, tratando de evitar que el hombretón abuse nuevamente de él, le respondió con un susurro:
- Lo haré.
El castaño se detuvo.
- ¿Qué? – inquirió el castaño, haciendo el ademán de que no oyó lo que dijo.
- L-lo haré, Cartman. Seré tu esclavo.
Cartman sonrió.
- Bien – dijo el pelirrojo -. Ahora vete a darte una ducha en el baño. Ya sabes dónde es, ¿cierto?
- S-Sí.
Cartman paró la oreja.
El pelirrojo suspiró y añadió:
- Amo.
- ¡Bien, Kyle! – exclamó Cartman alegremente - ¡Bien! Ahora… Puedes retirarte a… descansar de nuestra actividad. Mientras te duchas, yo te llevaré la ropa que dejaste en la cocina.
- Sí, amo.
Dicho esto, se retiró al baño para tomarse una ducha.
Cartman, por su parte, bajó a la cocina a recoger la ropa de su nueva mascota.
Estaba feliz, jodidamente feliz por lo que acababa de conseguir.
