UNA CONFESIÓN ACCIDENTADA.

Kyle estaba sentado en la parte alta de las gradas de la solitaria cancha de basketball; en sus manos traía un extraño paquete que le habían dejado a las puertas de su casa con una nota que decía: "Para el esclavo. Espero que te aprendas los pasos".

¿Qué se aprenda los pasos? ¿De qué pasos está hablando el muy hijo de puta?

El pelirrojo se quedó boquiabierto al ver lo que había dentro del paquete: Un set de tres discos de música árabe e hindú y dos dvd's de "Aprenda usted mismo" de danzas árabes.

El culón ahora sí que se está pasando en serio, pensó Kyle. Si lo que el tipo quería era que se la bailara, pues que se joda.

Ya había la iniciativa en sus manos: Desde hacía tres días que había aceptado ser el esclavo de Cartman luego de ser golpeado y violado. Había hecho todo lo que éste le pedía, desde hacer la tarea de química, fregarle el excusado… Y calmar sus apetitos carnales al final de la jornada del día.

Kyle se llevó la mano al estómago al acordarse de ese último detalle.

Dos días seguidos, dos veces al día: Tragarse o dejar que se le escurra el semen del tipo en su rostro hacía que perdiera el apetito por completo.

Pero ya no más Kyle el Esclavo.

Tres días ya son más que suficientes para tolerar tanta vejación y humillación. Tenía que recuperar ese video y destruirlo antes de que ese espiral de abusos se volvieran una costumbre para él y un vicio para Cartman.

Pero para poder hacerlo, tendría que seguirle el juego.

No había otro modo de hacerlo.


Stan llevaba un tiempo observando a Bebe desde el área de las verduras del supermercado; aprovechaba todas las distracciones de Wendy y las diligencias a las que le enviaba su madre para poder pasar su tiempo contemplando la bella flor en la que se había convertido la rubia.

¡Dios, sí que es hermosa!, pensaba mientras la observaba discretamente.

Si tan sólo Kyle estuviera junto a él; de seguro su mejor amigo le ayudaría a conquistarla escribiéndole poemas y cartas de amor como un Cyrano de Bergerac…

Kyle…, susurró el pelinegro muy pensativo.

Algo estaba pasándole a Kyle, no había duda alguna.

El alegre e inteligente pelirrojo judío había evolucionado en la última semana; su alegría había desaparecido poco a poco conforme la semana avanzaba. Si bien ambos compartían el almuerzo y hablaban de todo, el joven se volvía taciturno y tímido cuando se acercaba la hora de la salida. Incluso le rehuía cuando se le acercaba a preguntarle si no quería ir con él y con Wendy a comer en algún lado o para invitarle a jugar videojuegos en su casa.

Incluso Kenny había dado reparo de aquél cambio hace unas horas, cuando justamente fue a la escuela luego de haber muerto dos días antes…

- Hola, Stan – dijo una voz femenina.

Stan sacudió su cabeza en señal de haber salido de un profundo pensamiento y se volvió hacia la chica que le había dirigido la palabra.

Era Bebe.

- ¡Oh! Ho-hola, Bebe – le devolvió el saludo muy nervioso - ¿Co-cómo has estado? Ahmm… Te ves… Bella.

Bebe observó al joven pelinegro muy extrañada.

- ¿Te encuentras bien, Stan? – inquirió la joven muy preocupada.

- S-sí, Bebe. Es sólo que… ¡Wow! Me siento… Impactado.

- ¿Impactado? ¿Por qué?

- Bueno… Siendo honesto… Ehmmm…

- ¿Sí? – inquirió la joven arqueando una ceja.

Stan rogó en ese momento que no vomitara como normalmente le sucedía cuando estaba cerca de Wendy o de otra chica que le gustase.

Pero, extraordinariamente, nada de eso pasó con Bebe.

Increíble… Pero cierto: No vomitó la cara de Bebe.

Stan sonrió y, armándose de valor, le respondió:

- Me siento impactado por tu belleza de ángel.

Y se tapó la boca al mismo tiempo que cerraba los ojos.

¡CARAJO!, pensó el chico reprochándose a sí mismo.

No debió haberlo dicho. Definitivamente no debió haberlo hecho.

Stan abrió los ojos para ver la reacción de la rubia; ésta se quedó roja como un tomate, con los ojos muy abiertos como dos platos hondos y con la mueca de un "¡¿wtf?".

- ¡Dios mío, perdóname, Bebe! – exclamó el joven, muy apenado – No era mi intención…

- Gracias, Stan.

Stan se sorprendió.

- ¿Qué?

Bebe sonrió.

- Fue muy tierno de tu parte decirme eso. Gracias.

Dicho esto, le dio un beso en la mejilla, hizo el ademán de despedirse y se fue. Stan, por su parte, estuvo al punto del desmayo.

¡Bebe le dio un beso en la mejilla! ¡Aquello podría ser que signifique algo..!

O nada.

- ¡Tengo que contárselo a Kyle! – exclamó el joven muy feliz de haber dado una confesión accidentada a la chica…

Su chica.


Bueno, de nuevo diré: GRACIAS POR SUS REVIEWS, CHICOS!

Me está dando un poco de trabajo pensar hacia dónde dirigir esta historia; alguien (no menciono nombres; no quiero tener pleitos con nadie) comentó hace unos minuticos que no veía el como Kyle se iba a enamorar de su violador ni veía el como Cartman enmendase esa situación.

Y estoy de acuerdo con esa persona porque... Ni yo misma sé a dónde llegará esa historia.

Sí, yo soy de ese tipo de escritores que dejan que el río fluya y que las ideas surjan en el momento menos idóneo, tal como me sucedió ahora con este capítulo tan chusco sobre Stan y Bebe (pienso que la rubia sería buena opción para Stan).

En fin, gracias por sus ánimos!