ATENCIÓN: EL SIGUIENTE CAPITULO HABLA SOBRE MASTURBACIÓN. FAVOR DE NO MOSTRAR A MENORES DE EDAD. GRACIAS ^_^


LA DANZA DEL ESCLAVO.

Dulce sacrificio.

Esas eran las palabras que llegaron a la mente de Cartman mientras observaba la ropa que había seleccionado para Kyle.

Cartman no se ha cansado de admitirlo: Kyle tenía un cuerpo muy bello, casi femenino si se permitiera agregar por el cuidado, el sabor, la textura, el color y la belleza de su piel. No estaría de más preguntarse de quién lo habrá heredado, porque de su padre o de su madre era seguro que no.

El castaño empezó a reflexionar.

No, Sheila Broflovski tenía una piel parecida a la de su madre: suave pero no tan tersa y tierna. Y Gerald… No, el tipo no era de esa calidad de piel.

Podría ser que Kyle haya heredado ese detalle genético de sus abuelos; tal vez lo haya heredado de su abuela materna, de quien había escuchado que fue en su juventud una de las mujeres más bellas del pueblo.

Que le metan una patada por el culo si aquello era posible.

Volvió a ver el conjunto de ropa que estaba tendida en su cama: Un traje de odalisca árabe color verde como los bellos ojos de su esclavo judío. Junto al traje había una manta transparente del mismo color que le serviría para efectuar mejor su danza y darle más… Credibilidad a la actividad.

Sonrió.

Con sólo imaginarse aquél bello traje en el cuerpo del muchacho lo hacían arder de un deseo sumamente salvaje; de un deseo por saborear la piel tersa y blanca… De un deseo por saborear de nuevo la estrechez de su cavidad y marcarle con su esencia.

De un poderoso deseo por aspirar ese hermoso y delirante perfume de su piel sin recurrir a la fuerza.

Dios, qué depravado se estaba volviendo… Pero no dejaría pasar esa fabulosa oportunidad que se le presentaba.

Y más cuando su madre, Liane, se había ido a jugar póker con la señora Stotch, la señora Broflovski y la señora Marsh en casa de ésta última.

El juego le tomaría toda la tarde hasta bien entrada la noche, así que tenía qué aprovecharlo al máximo.

Tocaron el timbre de la puerta.

Cartman cerró cuidadosamente la puerta y bajó corriendo para abrir la puerta.

Era él.

- Pasa, esclavo, pasa. Te estaba esperando.

Kyle, suspirando, entró al lugar.

Cartman le hizo el ademán de que lo siguiera hacia su cuarto, en donde lo dejaría a solas para darle tiempo de que se alistara para el baile. El pelirrojo lo siguió con un "sí, amo", con aparente obediencia.

Al entrar a la habitación, Cartman, sonriente, le dijo:

- Te espero en el cuarto de mi madre.

Y tomándolo bruscamente de un brazo, empezó a apretarle con fuerza y agregó:

- Ni se te ocurra demorarte más de diez minutos ni vayas a hacer alguna pendejada. Recuerda que tengo ciertas cosillas sucias que harán que te hundas en lo más bajo, pequeño judío.

Kyle, sorprendido por ese repentino acto de violencia, asintió. El castaño, contento, se fue de la habitación, dejándole solo.

- Bastardo – dijo el joven muy asqueado mientras observaba el traje que estaba extendido sobre la cama.

Tuvo que admitir que el culón tenía buen gusto en cuanto al vestuario: Un traje compuesto por una falda transparente, un bustier y una tanga verdes. A su lado había un frasco de perfume, un lápiz labial, un delineador de ojos y un par de aretes de oro.

Menuda mariconería se volvió esto, pensaba el joven mientras se colocaba el traje.

Cartman andaba muy calenturiento ese día a juzgar por lo que le había proporcionado para la ocasión; más bien era de pensarse que Cartman tenía una mente muy enferma y cochina inundada con sus fantasías hardcore que al más gay del pueblo ofenderían.

Pero…

¿Qué cosas no habrá hecho el culón que involucren actividades sexuales?

Kyle se miró al espejo, sorprendido por su transformación: De haber nacido mujer, el traje le habría quedado mucho mejor de lo que le quedaba ahora; incluso, si hubiera sido mujer, se habría tomado la entera molestia de resaltar las bubis para mantener ocupado al neo-nazi con sus enfermas fantasías sexuales…

Kyle sacudió su cabeza.

No, no tenía porqué pensar en ello.

¿Mantener entretenido a un enfermo depravado sexual como Cartman para luego follar forzosamente con él? Ni puta madre.

Miró el reloj de pared; si pudiera, retrasaría el reloj por cinco minutos y le daría tiempo para revisar el cuarto rápidamente para dar con el vergonzoso film y escapar por la ventana.

Pero no puede hacerlo.

Eso no era parte de su plan.

Kyle se llevó una mano a su estómago e hizo una mueca en señal del asco que sentía al recordarse a sí mismo el plan; hacerle el sexo oral nunca ha sido tan fundamental en un plan de seducción como el que él había trazado.

Era asqueroso hacerlo, pero tenía qué hacerlo si quiere sacarle información al culón.

Kyle salió de la habitación y se dirigió al cuarto de la señora Cartman.

En un profundo estado de reflexión, Kyle hizo una vez más el análisis de los hechos: La debilidad de Cartman era el sexo rudo y la dominación. Si Kyle se volviera muy complaciente con Cartman haciéndole sexo oral y éste cae en su técnica de seducción, aquello sería una señal para hacerlo hablar.

Ya verás lo que pasa por meterte conmigo, culón, pensaba mientras abría la puerta…

Y lo que el chico vio lo dejó sin palabras.

La habitación estaba a oscuras, teniendo como única iluminación las velas colocadas en el estante, en el tocador y en la mesita de noche arrinconada junto al closet.

- ¿Cartman? – inquirió muy extrañado mientras cerraba la puerta de la habitación.

Al parecer, la habitación estaba vacía.

Kyle sintió alivio; el culón tal vez estaba en la planta baja viendo televisión, en la cocina preparando alguna golosina o…

- Hola, Kahl. Te estaba esperando.

Kyle viró a ver.

No hay nadie.

- ¿Cartman? ¿En dónde estás?

- No importa en dónde estoy, judío. Lo que importa es… Que bailes para mí.

El pelirrojo buscaba con la mirada de dónde provenía esa voz. Por un momento pensó que podría estar escondido el bastardo en el closet, así que se dirigió al mueble.

Lo que le espera al hijo de puta, pensó Kyle mientras formaba un puño con la mano.

- Espera, Kahl – continuó diciendo Cartman -. No estoy en el closet. Estoy en un lugar… En donde tú no puedes verme y yo sí… Pero ahora basta de perder el tiempo. Empieza bailar para mí, esclavo.

De repente, empezó a sonar una melodía.

- ¿Sabes cómo se llama esta melodía? – inquirió Cartman.

Kyle, un poco confundido, empezó a escuchar aquella melodía…

- Esa melodía – respondió el pelirrojo -… Es de Zbigniew Presnier. Es el tema de inicio de esa película que vimos hace un año en casa de Stan.

- Así es, Kahl. Mencionaste que te gustaba mucho la melodía, así que la busqué y la puse… Sólo para que bailes al ritmo de ella.

Kyle se sonrojó.

- ¿Y bien? ¿Qué estás esperando? Baila… Baila para mí. Déjate llevar…

El chico asintió.

Y empezó a bailar.

Al ritmo de la música.

Al ritmo que su cuerpo le pedía.

Era sumamente extraño y sorprendente para Kyle el descubrir que tenía un talento innato para el baile; se sentía como la concubina favorita de un rajá danzando con gracia de doncella. Los pasos estaban muy bien ejecutados, sus caderas movían al ritmo de la música de Presnier… Tocándose con las manos como si alguien más lo indujera a ella.

Aquello era más que suficiente para que Cartman, quien observaba desde el espejo al otro lado de la habitación, sintiera las poderosas ganas de ceder a sus bajos instintos.

Su piel, su grácil movimiento, su belleza… Todo eso parecía salir de su más retorcida imaginación. Cartman estaba cada vez más embelesado por todos esos atributos, de eso no cabía duda.

De repente sintió como el bulto de su entrepierna se endurecía conforme veía aquella danza; era inevitable pensar en poseer aquél efebo.

Se bajó los pantalones y su ropa interior; al notar el tamaño de su erección, decidió en esa ocasión satisfacerse por sí solo.

Se lo imaginaba una y otra vez: El cuerpo de Kyle retorciéndose de placer bajo el suyo, rogándole que no se detuviera en poseerle. Que sean uno en lugar de dos...

Que ambos se convirtieran en amantes.

Dios…, susurraba el castaño al mismo tiempo que se agarraba fuerte del sillón en lo que se masturbaba, imaginándose aquella unión… Imaginándose aquella danza de lujuria y pasión en un lecho de rosas.

Kyle… ¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios!

Y explotó.

Kyle, mientras tanto, continuaba danzando, dejándose llevar por el ritmo de aquella delirante música hasta el final.


Bueno, he aquí una especie de "lemon" o no sé cómo llamarle. Es corto, sí, pero creo que me pareció interesante estudiar un poco más la mente retorcida del Cartman. Bueno, espero que les guste este capítulo.

La melodía a la que se refiere Cartman se llama "Main Title", del genial compositor Zbigniew Presnier, y es del Soundtrack de la película "The Secret Garden". Ahora bien, lector, si eres de mente un poco... ammm... depravada u erótica, te aconsejo escuchar la rola "Sweet Sacrifice" de Evanescence. Curiosamente ambas rolas me inspiraron para escribir este capítulo.

Sin más por el momento, nos vemos pronto.

Besos!