UFFF! AL FIN EL MOMENTO ESPERADO!

SÉ QUE ME SALIÓ PÉSIMO EL LEMON (ADMITO QUE NUNCA HE SIDO BUENO CON EL ASUNTO DE DESCRIBIR UNA RELACIÓN SEXUAL ¬¬). SOLO UNA ADVERTENCIA: ESTA ESCENA ME LA INSPIRÓ CIERTA ESCENITA CALIENTE DE LA MINISERIE "THE TUDORS", JUSTAMENTE LA ÚLTIMA ESCENA DEL ÚLTIMO CAPITULO DE LA TEMPORADA. SI NO HAN VISTO ESA MINISERIE, SE LAS RECOMIENDO: VÉANLA! ;)

GRACIAS A TODOS POR SUS REVIEWS!

LOS QUIERO!


AMOR.

Kyle se encontraba debajo del agua de la regadera del solitario gimnasio escolar; con los ojos cerrados, pensaba seriamente en todo el asunto que existe entre Cartman y él.

No sabía explicar lo que últimamente estaba pasando dentro de él mismo; había algo que ya no razonaba sobre aquella situación. Había algo que le impulsaba a querer conocer al Eric Cartman que se oculta bajo la máscara del monstruo sediento de sexo, envidia y venganza, al Eric Cartman que poco a poco lo iba cautivando por los ratos post-sexo oral.

Dichos ratos post- sexo oral consistía primordialmente de una buena ducha caliente, comida rica en vitaminas y proteínas cuidadosamente seleccionada por el propio Cartman y… Algunos que otros segundos rounds de sexo oral con Cartman como el consolador y él como el que necesita estar consolado.

Lo más curioso de esos segundos rounds era que siempre el pelirrojo terminaba pintado con distintos tatuajes de henna en los brazos, en la espalda y hasta en las nalgas. Todos esos dibujos en su piel eran una extraordinaria obra de arte en comparación con las garabateadas que siempre veía en su libreta, y aquello produjo en el pelirrojo una especie de profunda devoción y respeto hacia él.

¿Qué ganaba Cartman con todo eso?, pensaba el muchacho mientras se disponía a cerrar la llave de la regadera...

Hasta que una mano se interpuso ente él y la llave.

Una mano sumamente familiar.

- ¿Qué haces aquí? – inquirió el pelirrojo muy contrariado al mismo tiempo que se volteaba a ver - ¿Acaso no te llegó el mensaje de texto que te envié en la ma…? ¡Dios!

Kyle estaba sonrojado.

Cartman estaba ahí, frente a él y…

Completamente desnudo.

- ¿Qué? – inquirió el culón con sorna - ¿Acaso aún no te acostumbras a verme desnudo, esclavo? Eso sí que es una lástima proviniendo de un judío.

Kyle se enfadó. Aquella reacción divirtió mucho a Cartman, quien sonrió y añadió:

- Y sí, si me llegó tu mensaje.

- ¡¿Y entonces?

Cartman negó con la cabeza.

- ¡Oh, por Dios, culón! ¡¿Acaso no tengo ni un puto día libre en donde no tenga que chupártela?

- Lo siento, Kyle, pero olvidas que son mis reglas. Y no, no tienes ni un día libre a menos que te lo ordene.

- ¡Ya basta! ¡Estoy harto de esto! ¡Por mí ese maldito video lo puede ver todo South Park si quieres!

Cartman se lo quedó viendo muy divertido.

Y se echó a reír a carcajadas, logrando que Kyle ya estuviera más enojado y con ganas de golpearle.

Estuvo así de cerca de hacerlo, pero al parecer Cartman se dio cuenta ya que, aprisionándolo entre la pared y el agua, se acercó a su oído y le susurró:

Tendrás el día libre, esclavo… Si me dejas besarte tus labios, tu cuello y tus hombros.

Kyle abrió los ojos como platos y, antes de que pudiera protestar, se encontró con que sus labios habían sido prisioneros de los de Cartman, quien se lo devoraba de manera impresionante.

Era un beso suave, casto, sin rudeza alguna. Era un beso que impulsó a Kyle a dejarse llevar por él…

A sentirse extrañamente amado.

Cartman sonrió entre besos cuando vio la reacción positiva del chico.

Eso era lo que realmente esperaba: Que Kyle le correspondiera aquél tierno beso, con la esperanza de que surgiera alguna oportunidad de estrechar un poderoso lazo que los mantenga unidos.

Hasta que la muerte y no alguno que otro hijo o hija de perra los separe.

Kyle, por su parte, sintió una conexión especial con Cartman; parecía que él le estaba dando a entender que existía algo más en la extraña relación amo-esclavo que llevaban. Parecía ser que había surgido, con el paso de los tres meses que habían transcurrido desde que se entregó como esclavo a él, un lazo irrompible.

Un lazo que lo une al hombre que terminó por cautivarlo de manera extraordinaria.

Los labios de ambos se separaron para poder respirar durante cierto tiempo; Cartman empezó enseguida a besarle tiernamente el cuello y los hombros, arrebatándole un gemido en el pelirrojo. Sus manos empezaron a posarse sobre las nalgas firmes y suaves del chico, las cuales apretó con poca fuerza. Mientras tanto, el joven pelirrojo se abrazó del cuello del castaño y empezaba a morderle el hombro en señal de que continuase.

Si tenían que hacer el amor, pues a lo que se va.

- Cartman… – le dijo, mientras empezaba a besarle los labios de nuevo.

- ¿Mmm?

- Vámonos de aquí, a algún sitio… En donde sea a que tú vayas.

El castaño sonrió ante semejante petición.

- Ven.

El pelirrojo sonrió.

Ambos hombres salieron de la regadera, se secaron, se vistieron y salieron discretamente del baño del gimnasio.

Al salir de la escuela, empezaron a caminar juntos, como si nada hubiera pasado entre los dos más allá que el simple hecho de ser compañeros de clase; se desviaron por una ladera al bosque cercano al pueblo y ahí se internaron.

En el bosque. A pocos metros de una parte no muy conocida del lago Starks, para ser exactos.

Kyle y Cartman se miraron mutuamente, como si apenas se acabaran de encontrar. Kyle se quitó la mochila y la aventó a un lado; Cartman empezó a imitarlo.

Enseguida, Kyle empezó a desabotonarse la camisa que traía puesta al mismo tiempo que empezaba a devorarse a besos al castaño, dando comienzo a aquél acto que habría de unirlos para siempre.

Cartman, por su parte, le ayudó a desnudarlo mientras se bajaba los pantalones y la ropa interior para dejar ver su erección a la máxima potencia. Le besaba el cuello, los hombros, la boca; le mordía los pezones y el cuello con una intensidad que hacía que Kyle respondiera con más entusiasmo al abrazar con sus piernas la cadera de su amante.

Estando ya desnudos, el suelo los recibió con el panzón encima del flaco, diciéndose con el pensamiento el amor que había surgido entre los dos. Kyle, con las piernas abiertas y ocupado con los besos, tomó el miembro de Cartman y le invitó a que se lo introdujera en la cavidad anal, invitación que el tipo aceptó con gran gusto.

La penetración, al contrario de lo que ambos pensaban, fue muy placentera; tenían que agradecer el hecho de que Cartman había estado introduciendo un consolador en el trasero del pelirrojo durante las últimas semanas como parte del segundo round del sexo oral que tenía hasta ese momento.

Estando el hombre dentro del pelirrojo, empezaron a moverse al ritmo de la danza lujuriosa con que ambos cuerpos ejecutaban.

- Ca-Cartman – decía el pelirrojo muy jadeante.

- K-Kyle…

Ambos se miraron a los ojos mientras Cartman empezaba a mover sus caderas a ritmo acelerado en lo que Kyle le mordía el hombro presa de la pasión y la necesidad que sentía en ese momento. Hubo un momento en que Kyle terminó arriba del castaño moviendo las caderas para saborear mejor el miembro de su compañero. Éste sostenía fuertemente las suaves y firmes caderas del muchacho con una mano al mismo tiempo que lo masturbaba con la otra, a tal grado de que hacía muecas de placer y entrega.

Después de un momento, Cartman tomó a Kyle por la cabeza y lo acostó boca abajo, lamiéndole el cuello y besándolo salvajemente como si el chico fuera una mujer.

En sus miradas podían leerse muchas cosas, pero Kyle leyó en la de Cartman algo más que esas cosas: Había leído una promesa.

Te prometo que cargaré con tu dolor.

La promesa de que ahora en adelante las cosas serían distintas entre ellos, aunque por el momento sea a escondidas. La promesa de que ya no será más esclavo del sexo… Sino un siervo del amor.

Prometo hacerte feliz.

La promesa del amor ansiado era lo que Cartman le ofrecía.

Prometo estar contigo en la dicha y en la pena.

Y esa promesa es la que tomaría Kyle como la suya propia, correspondiéndole así el bello sentimiento que había nacido entre ellos. El pelirrojo acercó su frente a la de Cartman y cerró momentáneamente los ojos, dando a entender que su amor sería correspondido.

Prometo protegerte de aquello que te haga daño.

- Cartman… Yo… Yo…

Prometo serte fiel en las buenas y en las malas.

- Kyle…

Porque, aunque no lo creas…

Con la última embestida, ambos tuvieron un prolongado orgasmo. Cartman en Kyle y éste en el torso del castaño y el suyo propio. Al mismo tiempo, Kyle, sonrojado, había gritado:

- ¡TE AMO!

Te amo.

Ambos amantes se miraron por última vez antes de caer rendidos en el sueño del amor; uno encima del otro. Abrazados. Sonrientes. Felices. Sin vergüenza de estar desnudos.

Porque se pertenecían.

Porque siempre ha sido así desde que se conocieron.

Porque era un amor que nunca muere ni con la pelea más salvaje.

Porque sabía que aquello que surgió entre ellos era realmente AMOR.