BAJO EL CIELO ESTRELLADO.

Kyle remojaba los dedos de sus manos en el agua del improvisado estanque natural que se formaba frente suyo; repasaba los hechos que llevaron a estar encima de un tronco, desnudo, con el cabello enmarañado, jugueteando con el agua y pensando en aquél hombre que lo poseyó en un abrir y cerrar de ojos con su total consentimiento…

O deseo.

En fin, para el joven aquello significó muchas cosas… Pero por encima de todo, significó Amor.

Un amor sumamente extraño si se ponía a ver objetivamente.

Increíble: Tres meses antes eran rivales jurados unidos solamente por una relación amo-esclavo, ahora ellos eran algo más que simples amantes por la fuerza.

Eran, literalmente, una pareja.

Alzó su vista hacia el hermoso paisaje que se teñía de rojo claro con el inicio del atardecer y sonrió. Menos mal que lo hayan formalizado en una parte inexplorada del bosque que solamente Cartman conocía a la perfección y no en la casa de éste último.

Lo que menos quería era un escándalo por todo el pueblo.

De repente, una mano salió del agua y jaló sorpresivamente a Kyle hacia el agua.

- ¡Cartman! – exclamó el chico al entrar al agua - ¡Me asustaste!

Cartman emergió del agua y se echó a reír.

- ¡Oh, vamos, Kyle! ¡Si es tan sólo un chorro de agua!

- ¿Un chorro? ¡Casi me matas del susto, culón!

Cartman se acercó a Kyle y besó tiernamente sus labios, a lo que el chico le correspondió con entusiasmo.

Tras jugar en el agua, ambos jóvenes salieron del estanque y tomaron las toallas que se habían robado del gimnasio para secarse. Aprovechando una distracción por parte de Kyle, el castaño tomó su toalla y la enredó en el cuerpo del joven para acercarle a él y besarle, cosa que el pelirrojo no pudo resistir.

Iban a hacerlo por segunda vez.

Y qué dicha era la que sentían al proponérselo.


La noche. La eterna aliada de los ladrones y embusteros, pero también de los enamorados.

Así lo pensaba Cartman en lo que abría los ojos y se despabilaba en la tienda de campaña que había traído desde su casa.

Miró a su lado izquierdo y se encontró con la tierna mirada de un Kyle rendido luego de toda una intensa jornada. Sonriente.

Dichoso.

Feliz.

Amado.

Total y enteramente amado.

Y por quien menos pensaba de donde vendría aquél amor.

Cartman sonrió satisfecho y, con mucho cuidado de no despertarlo, cerró los ojos para poder saborear el cálido perfume que emanaba el afro pelirrojo. Éste movió un poco su cabeza, como si supiera qué era lo que hacía el ser amado, y abrió los ojos.

- Hola – saludó con voz apenas audible.

- Hola – le devolvió el saludo Cartman mientras le daba un beso en los labios.

- ¿Qué…? ¿Qué hora es?

- Pues la hora de regresar a casa. Ya es de noche. Creo que las 8 en punto.

- ¡¿Las ocho? ¡Carajo!

Kyle se levantó de manera intempestiva.

- ¡Mi madre me matará por no llamarle! – exclamaba el muchacho en lo que se ponía la ropa.

Cartman se echó a reír, dejando a Kyle muy consternado.

- ¿Qué pasa? ¿Acaso te parece gracioso que me castiguen? ¡Pues no lo es!

- ¡No, no es eso, mi vida! No hace unas horas le mandé un mensaje a tu madre a través de tu celular diciéndole que llegarías tarde a la casa debido a que estabas con Kenny y conmigo estudiando para el examen de mañana. Simplemente relájate, cielo.

Kyle se dejó caer al suelo.

- Por lo visto sabes planear buenas coartadas – graznó el pelirrojo.

- ¡Oye! Kenny me debe favores, así que no le queda de otra que seguir con mi coartada. No mencioné a Stan en ella debido a que él está demasiado encaramelado con Bebe y de seguro han de estar por ahí teniendo su asuntito.

Kyle suspiró, y terminó de vestirse ante la mirada de un Cartman juguetón que le imitaba.

Ambos hombres salieron de la tienda de campaña y la desarmaron para guardarla en la mochila del castaño. Estuvieron a punto de marcharse del lugar, pero el castaño se recostó en el suelo y con él arrastró al pelirrojo.

- ¡Eric! – protestó.

- Kyle, tan sólo relájate – replicó en lo que empezaba a mirar las estrellas.

El pelirrojo le imitó.

Era sin duda alguna una noche estrellada; un hermoso espectáculo que muy pocos sabían apreciar, y ambos estaban entre esos pocos.

- Son muy bellas – comentó el afro pelirrojo mientras se acomodaba en uno de los brazos de Cartman como almohada para su cabeza.

- No tanto como tú, pequeño. Tú eres una de esas estrellas, Kyle. Siempre lo has sido desde el momento en que nos conocimos, porque – y, poniéndose encima del joven, añadió: - … No sabes cuánto le agradezco a Dios de que te ponga en mi camino.

Una lágrima.

Una lágrima salió del rostro de Cartman. Kyle se sintió conmovido; no era la primera vez que lo veía llorar, pero era la primera vez que lloraba por algo que no sea alguna pendejada.

- Perdóname – continuaba el castaño-… Por haberte hecho sufrir, y más en estos meses. Perdóname… Por… vio…

No terminó la oración.

Kyle había posado sus labios en los suyos de manera sorpresiva; sus besos pasaban luego a los ojos, en una forma muy tierna de limpiarle sus lágrimas.

- Te perdono – respondió Kyle mientras cerraba sus ojos y posaba su frente en la de Cartman -. Te perdono porque sé que estás llevando una lucha interna dentro de ti mismo.

El castaño se sorprendió.

- ¿Pero…?

- Me di cuenta de ello cuando ese día, culón. Aquél que me forzó… No eras tú. Era sólo tu orgullo desmedido, tu arrogancia, tu cinismo… Todo lo que de pequeño fuiste y que siempre has querido renunciar por muchas cosas, incluyendo por el amor que me tienes.

- En este caso…

Cartman besó a Kyle nuevamente en los labios con mayor intensidad y luego añadió:

- Tendré que traerte aquí más seguido. Aquí nos sentimos seguros de no ser molestados por nadie.

El judío simplemente sonrió.


Budno, aqui hay otro capitulin! Bueno, la cosa aparentemente va bien, excepto por un detalle llamado Scott Tenorman... En fin, creo que esta semana estaré algo busy, pero no se preocupen, trataré de subir lo más rápido posible el resto de la historia. Solo... Dejen que me las ingenie las escriba. Jajajajaja.

Saludos!