AMOR REDENTOR.
Kyle abrió los ojos lentamente.
Se sentía débil, confundido y algo adolorido; sentía como si lo hubiera golpeado una horda de malhechores. Tal vez ese sea el efecto del veneno de una Mamba Negra.
La Mamba…
Miró a ambos lados, con la esperanza de saber en dónde estaba; a juzgar por su observación, estaba en un hospital. De repente sintió una respiración cálida, la cual le obligó a bajar la cabeza hacia el dueño o la dueña de aquella respiración.
Era su madre, quien yacía dormida a su lado luego de una noche de insomnio y cuidados evidenciados en su rostro desmaquillado.
- Madre… - susurraba el joven.
- ¡Kyle! – exclamó Sheila, quien despertó al escuchar el susurro tímido de su hijo.
- Mamá…
Sheila se levantó y abrazó fuertemente a su hijo con lágrimas en los ojos.
- Mamá – repitió Kyle, quien también lloraba.
- ¡Oh, mi pequeño bebé! ¡Dios, gracias! ¡Gracias, Dios mío!
- ¿Qué ha pasado? ¿Cómo llegué aquí…? ¿Y Eric? ¿Dónde está Eric? ¿Está él bien?
- Shhh – susurró Sheila poniéndole un dedo en los labios de su hijo -… Calma. Calma.
- ¡¿Dónde está Eric, mamá? – inquiría el joven muy angustiado - ¡Por favor, dime dónde está él!
- Shhh… Tranquilo. Está bien. Él está bien. Está allá afuera hablando con tu padre.
- ¿Hablando con mi padre?
- Sí, cariño.
- Por favor, mamá, por favor, ¡no lo echen de aquí! ¡Él no me hizo nada! ¡Por favor, déjenmelo aquí a mi lado!
- Tranquilo, hijo. No lo vamos a echar. ¿Quién dijo que íbamos a echar a tu novio?
Kyle se sorprendió.
Sheila bajó los ojos, sólo para luego confrontarlos con los de su hijo y decirle con firmeza:
- Un día vi una libreta mientras limpiaba tu habitación; supuse que era tu diario porque desde la primera página leí todas tus anécdotas… Incluyendo la del video y tu extraña relación con Eric.
Kyle se sintió avergonzado.
Sheila prosiguió:
- Entiendo que tenías vergüenza por lo sucedido en ese video, Kyle, y estuvo bien que tuvieras tus reservas para con tu amigo, pero no debiste habernos ocultado esa situación.
- Mamá…
- Somos una familia, Kyle, y como tal debemos apoyarnos los unos a los otros sin importar nuestras diferencias.
- Pero yo pensé que tú nunca ibas a tolerar mi relación con Eric por eso: Porque soy homosexual y porque siempre me he sentido atraído por los chicos, no por las chicas.
Sheila sonrió y, de manera sorpresiva, abrazó a su hijo con ternura.
- Pero aún así tú eres mi hijo, mi sangre y carne de mi carne. El simple hecho de que seas diferente a lo que esperábamos solo es una prueba de que nadie es perfecto en este mundo, y esa diferencia hay que aceptarla tarde o temprano.
- Entonces… ¿Quieres decir que aceptan mi homosexualidad y mi relación con Eric?
Sheila asintió.
Kyle no pudo evitar sonreír ante esa aceptación tan inesperada; de su familia, sobre todo de su madre, había esperado todo, desde regaños hasta el rechazo y el veto, mas no esa aceptación genuina y muy natural que le daba luz verde a hacer pública su relación con Eric.
Sheila se levantó luego de soltar la mano de su hijo y añadió:
- Avisaré que has despertado. De seguro tú y Eric tienen mucho de qué hablar.
Kyle asintió feliz.
Mientras tanto, a pocos metros de la habitación de cuidados intensivos, Gerald y Eric se miraban mutuamente con la típica incomodidad entre el yerno y el suegro.
Si bien había aceptado la orientación sexual de su hijo, le costaba trabajo decir lo mismo de la pareja de éste; Eric Cartman tenía la fama de ser un antisemita empedernido, un racista y un verdadero hijo de puta en todo el sentido de la palabra. No obstante, el amor que Kyle siente por el gordo era sumamente fuerte como para impedir que ambos se vieran, por lo que no tuvo más remedio que aceptar el hecho de que fueran pareja y, sobre todo, que ambos se amaban con una intensidad que no creyó volver a ver desde la época de sus padres y abuelos.
Eric, por su parte, sabía que iba a ser un reto dejar una buena impresión a los Broflovski luego de tantos años de haber cimentado su vergonzosa fama como el tipo más cretino y racista del pueblo, aunque su antisemitismo en realidad era una tontería de niñez. De hecho, el propio Eric realmente no tenía nada en contra de los judíos como todos pensaban; simplemente quería joder a Kyle para estar cerca de él.
Lo último dejaría a cualquiera sin palabras, pero si causar una buena impresión era un reto tremendo, todavía el hecho de evitar que Stan, Bebe y Kenny le rompieran las bolas era un reto mayor; momentos antes la pareja del momento y el pervertido del anorak naranja se encontraban sentados con Liane en el sofá; los tres le habían advertido que si le rompía otra vez el corazón a Kyle, entonces ya tendría firmada su sentencia de muerte, especialmente por parte de Stan, quien prácticamente le dio un par de golpes en la cara en reclamación por lo sucedido.
Sheila apareció en el pasillo cercano a la habitación de Kyle con una mirada serena; todos se acercaron a ella con ansiedad para conocer el estado de salud del pelirrojo.
Está bien – les dijo ella con una sonrisa -. Ha despertado, aunque se encuentra un poco débil por el contraveneno.
Todos suspiraron.
Sheila miró a Eric y, en tono dulce, le dijo:
- Quiere verte… Hijo.
Eric sonrió muy sorprendido ante la repentina amabilidad de la señora Broflovski. Luego se encaminó hacia la habitación, no sin antes sentir la mano de Gerald en el hombro, quien le obligó a mirarle.
El abogado le ofreció la mano y le dijo:
- Eres siempre bienvenido en nuestra casa, Eric. Sólo espero que no hieras el corazón de mi hijo, porque de ser así, no respondo de mí.
Eric asintió y añadió:.
- Gracias… señor Broflovski.
Ambos hombres estrecharon sus manos y Eric se dirigió apresuradamente a la habitación en donde su amado pelirrojo le esperaba.
Al entrar a la sala de cuidados intensivos, ambos amantes se abrazaron y empezaron a llorar de alegría.
- ¡Eric! – susurraba el joven pelirrojo mientras rozaba su nariz con el del amor de su vida.
- ¡Kylie! ¡Vida mía! ¡Mi ángel!
Ambos enseguida se dieron un tierno y profundo beso; luego, pegando sus frentes, Eric exclamaba entre sollozos:
- ¡Creí que iba a perderte!
- No mientras luche, mi amor.
- ¡Dios!
Eric le dio un segundo abrazo a su amante al mismo tiempo que le decía entre murmullos:
- Perdóname. Debí habértelo dicho desde un principio; debí haberlo hecho desde ese mismo momento.
- Lo sé. Simplemente cumplías la promesa de protegerme de cualquier daño… Y yo cumplía la promesa de compartir todo, desde el dolor hasta la dicha.
Ambos se miraron a los ojos.
Eric, con ternura, recostó a Kyle en la cama.
- Descansa – le dijo -. Yo estaré aquí junto a ti… Siempre.
El pelirrojo sonrió mientras que, sosteniendo fuertemente la mano de Eric, cerraba los ojos; el gordo, por su parte, se acomodó en el asiento y se recostó a un lado de la mano de su ángel. Estaba cansado, pero al menos sentía la dicha de poder sostener la mano de la vida.
En tanto, los Broflovski, Stan, Bebe y Kenny observaron la tierna escena desde afuera muy conmovidos; les parecía increíble como dos seres sumamente distintos podían hallar el amor entre sí.
Y no cualquier clase de amor, definitivamente no de cualquier clase.
A diferencia del amor pasajero que culmina en un proceso doloroso llamado separación y divorcio, el amor que Eric y Kyle se profesaban era de aquellos que rara vez podemos encontrar en esta vida; podría decirse que rayaba de lo extrañamente legendario como Romeo y Julieta o Drácula y Mina, pero sin duda alguna era un amor que nunca muere ni a base de golpes.
Era un amor incondicional, un amor que trasciende cualquier diferencia social y cultural, un amor que perdona todo…
Era lo que se llama realmente Amor de Verdad.
Un Amor Redentor.
oK, este fue un penúltimo capítulo muy cortito, pero al menos hice mi mejor esfuerzo. Pronto subiré por aquí el epílogo, así que no desesperen XD.
Les kero muxo!
