Holaa jejeje ke tal aki sta el segundo cap de la historia jejeje espero les guste
recuerden de ke nada es mio
Capítulo 2
ISLA DE LAS TRES HERMANAS
ENERO DE 2002
La arena, helada por el frío, crujió bajo sus pies mientras corría a lo largo de la curva que dibujaba la orilla. Las olas que llegaban dejaban espuma y burbujas que formaban en la superficie una especie de encaje hecho jirones. En lo alto, las gaviotas chillaban implacables.
Los músculos habían entrado en calor y se movían de forma fluida, como mecanismos bien engrasados, en la segunda milla de su carrera matinal. Corría a un ritmo rápido y disciplinado, y su aliento formaba blancas columnas de vapor, cuando el aire cortante y frío como el hielo penetraba en sus pulmones.
Se sentía estupendamente.
En aquella playa glacial no había más huellas de pisadas que las suyas; las nuevas se superponían a las viejas, al recorrer una y otra vez la suave curva de la playa invernal.
Siempre le había gustado la idea de que si se propusiera hacer tres kilómetros en línea recta, habría cruzado Tres Hermanas de lado a lado por su zona más ancha.
Aquella pequeña elevación de tierra frente a la costa de Massachusetts le pertenecía: cada colina, cada calle, cada acantilado y cada ensenada. La ayudante del sheriff, Alice Cullen, sentía algo más que afecto por la isla de Tres Hermanas, su pueblo, sus habitantes, su bienestar; se sentía responsable de todo ello.
Había visto levantarse el sol y centellear en las ventanas de los escaparates de la calle principal. Las tiendas abrirían en dos horas y la gente caminaría por las calles para hacer las compras del día. En enero no había mucho movimiento turístico, pero siempre podía llegar alguien en el trasbordador para curiosear en las tiendas, subir a los acantilados, y comprar pescado fresco directamente en los muelles. En realidad, el invierno era para los isleños, pensó. Ella prefería el invierno.
Al final de la playa se tropezó con el espigón, que quedaba justo debajo del pueblo, giró y se encaminó en sentido contrario. Algunos barcos de pesca navegaban por un mar color azul pálido. El color cambiaría con la luz a medida que el cielo se fuera aclarando. Nunca dejaba de fascinarle cuántos colores podía tener el agua.
Vio el barco de Cari Macey, y en la popa una figura tan pequeña que parecía de juguete, levantó el brazo. Contestó al saludo, sin dejar de correr. Durante todo el año residían en la isla unos trescientos habitantes, por lo que resultaba fácil reconocer a cada uno.
Bajó un poco el ritmo, no sólo para descansar, sino también para prolongar su soledad. A menudo en sus carreras matinales le acompañaba la perra de su hermano, Lucy, pero esa mañana había salido sola.
Estar sola era otra de las cosas que más le gustaban.
Además necesitaba despejarse la cabeza. Tenía mucho en lo que pensar. Había una parte a la que no quería dar vueltas, por lo que de momento dejó a un lado los pensamientos. Lo que debía solucionar no era exactamente un problema. Lo que te hace ser feliz no puede ser calificado como tal.
Su hermano acababa de regresar de su luna de miel, y a ella le encantaba ver lo felices que eran él y Bella. Después de todo lo que habían pasado, de lo que habían tenido que superar, verles juntos, tan unidos, en la casa donde ella y Edward habían crecido, le producía una enorme satisfacción.
Su flamante cuñada y ella se habían convertido en verdaderas amigas a lo largo de los últimos meses, desde el verano, cuando Bella puso fin en la isla a un peregrinaje provocado por el miedo. Era un placer ver cómo la joven había florecido y madurado desde entonces.
Pero dejando aparte todo aquel asunto tan sentimental, había algo más que fallaba y ese algo era ella, Alice Cullen, pensó.
Los recién casados no tendrían que compartir su nido de amor con la hermana del novio.
Ella no había pensado ni un momento en aquel asunto antes de la boda; tampoco después, cuando se marcharon para pasar una semana en Bermudas y les dijo adiós. No había sido consciente de la situación.
En cambio, cuando volvieron, tan compenetrados y arrebatados, inmersos todavía en la atmósfera de la luna de miel, lo vio claro. Los recién casados necesitaban privacidad. Difícilmente podían disfrutar de una sesión de sexo picante y espontáneo en el suelo del cuarto de estar, si existía el riesgo de que ella irrumpiera en la casa en cualquier momento del día o de la noche.
Por supuesto, ninguno de los dos había dicho nada al respecto. No eran capaces de hacerlo. Aquella pareja debería lucir en el pecho medallas con la leyenda: «gente encantadora». Y eso, pensó Alice, es algo que ella nunca llevaría prendido en la camisa.
Se detuvo, y utilizó las rocas del final de la playa como soporte para hacer estiramientos en las pantorrillas, en los tendones de las corvas y en los cuadriceps.
Tenía un cuerpo delgado y fuerte como el de un tigre joven. Se enorgullecía del control que ejercía sobre él. Al doblarse sobre el pecho, la gorra de esquí que llevaba cayó sobre la arena y su melena del color de la noche se desparramó de golpe, libremente.
Llevaba el pelo más o menos largo, porque así no necesitaba cortarlo ni arreglárselo a menudo. Era otra forma de control.
Tenía los ojos de un penetrante color verde botella, y cuando tenía ganas de cuidarse un poco se maquillaba con rimel y lápiz de ojos. Después de pensarlo detenidamente, decidió que eran la mejor parte de un rostro compuesto por rasgos poco armoniosos y líneas angulosas.
Tenía una pequeña cicatriz, recuerdo de una mordedura de la infancia por no haber hecho caso a su antigua ama, una frente amplia y las cejas negras casi horizontales características de la familia Ripley.
Nadie la definiría como bonita; resultaría de masiado suave calificarla así, y en cualquier caso, ella se hubiera sentido insultada. Le gustaba más pensar que tenía un rostro con carácter y sexy, el tipo de cara que podía atraer a los hombres, cuando estaba de humor para querer gustar.
Cosa que no había ocurrido en varios meses, reflexionó.
En parte, se debía a los preparativos de la boda, las vacaciones y el tiempo que había dedicado para ayudar a Edward y a Bella a desenmarañar ciertos asuntos legales para poder casarse. Y por otra, se veía obligada a admitir que también influía su propia sensación de irritación y desasosiego que persistía desde la fiesta de Halloween, cuando había abierto puertas que conscientemente había cerrado años atrás.
Ya nada se podía cambiar, pensó. Había hecho lo que debía. Y no tenía intención de repetir su actuación, a pesar de las miradas frías y sonrisas satisfechas que le pudiera dedicar Rosalie Hale.
Pensar en Rosalie condujo a Alice de nuevo al punto de partida. Rosalie tenía una casa de campo vacía, donde Bella había vivido de alquiler antes de mudarse al casarse con Edward. Aunque a Alice le disgustaba la idea de establecer relaciones con Rosalie, aun siendo estrictamente de negocio, la casita amarilla era la solución perfecta.
Era pequeña, sencilla, y tenía privacidad.
Era justo lo que necesitaba, decidió Alice, y comenzó a subir los escalones de madera gastados que zigzagueaban desde la playa en dirección a la casa. La solución le irritaba, pero era lo más práctico. Además, quizás no fuera mala idea si empezaba a dejar caer que estaba buscando un lugar para alquilar. Tal vez cayera algo del cielo, algo que no perteneciera a Rosalie.
Más tranquila con aquella posibilidad, saltó los escalones de dos en dos, y llegó corriendo al porche trasero.
Sabía que Bella estaría horneando, por lo que la cocina olería a gloría. Una de las ventajas de las que gozaba era no tener que preocuparse por el desayuno. Sencillamente se lo encontraría preparado, exquisito, delicioso y al alcance de la mano.
Cuando estaba ya agarrando el pomo de la puerta vio por los cristales a Edward y a Bella. Estaban enroscados el uno en el otro como la hiedra en un mástil, y embelesados, pensó.
—¡Dios mío!
Emitió un hondo suspiro y se volvió atrás, des pués subió otra vez al porche pateando como un caballo y silbando. Así les daría tiempo para que pudieran despegarse; por lo menos eso esperaba.
Pero eso no resolvía su principal problema. De todos modos, iba a tener que negociar con la odiosa Rosalie.
Hola jejee ke tal esta graaan introduccion de Alice jejeje le va tokar hablar kn Rose jaja y cn lo bien ke se llevn jaja bueno
espero reviews ehh
byee
