Ke taal? espero ke todo bien

recuerden de ke nada me pertenece

Capítulo 5

No era muy diferente del resto de los pasajeros del trasbordador. Su largo abrigo negro se agitaba al viento. Tenía el cabello rubio oscuro, que caía alrededor del rostro sin una forma especial.

Se había acordado de afeitarse, cortándose sólo dos veces, justo bajo la fuerte línea de la mandíbula. Era un hombre guapo y tenía el rostro oculto por una cámara, ya que estaba haciendo fotos de la isla con un teleobjetivo.

Su piel todavía mostraba el bronceado tropical que había conseguido en Borneo. En contraste, sus ojos eran de un luminoso marrón dorado como el de la miel líquida. Tenía la nariz recta y estrecha, y el rostro un tanto delgado.

Los hoyuelos de las mejillas tendían a marcársele más profundamente cuando se sumergía en el trabajo durante largos períodos en los que olvidaba comer regularmente, rasgo que le proporcionaba un curioso aire de colegial hambriento.

Sonreía con facilidad, de forma sensual.

Era alto hasta el punto de resultar un poco larguirucho, y un tanto desgarbado.

Tuvo que sujetarse a la barandilla para evitar que una sacudida del trasbordador le tirase por la borda. Se había asomado demasiado desde luego. Era consciente, pero a veces se anticipaba a las cosas y se olvidaba de la realidad del momento.

Consiguió recuperar el equilibrio de nuevo y metió la mano en el bolsillo del abrigo buscando una barra de chicle. Lo que sacó fue con una vieja pastilla de limón, un par de hojas de notas arrugadas, y una entrada, lo que le desconcertó, ya que no pudo recordar la última vez que fue al cine; también encontró la tapa de una lente que creía haber perdido.

Se arregló con la pastilla de limón y contempló la isla.

Había estado con un chamán en Arizona, visitado a un hombre que proclamaba ser un vampiro en las montañas de Hungría, y le había maldecido un brujo después de un desgraciado incidente en México. Había vivido entre fantasmas en una casa de campo en Cornualles y había documentado los ritos y costumbres de un nigromante en Rumania.

Durante casi doce años, Jasper Whitlock había sido testigo de lo imposible, lo había estudiado y grabado. Había entrevistado a brujas, fantasmas, licántropos, alienígenas abducidos y videntes. El noventa y ocho por ciento de esos casos eran fraudes o estafadores. Sin embargo, el dos por ciento restantes era lo que le impulsaba a continuar.

No creía en lo extraordinario sin más. Lo había convertido en el trabajo de su vida.

Le resultaba fascinante la idea de pasar los próximos meses en un trozo de tierra, que según la leyenda, había sido desgajado del continente, de la costa de Massachussets, por un trío de brujas para convertirla en un santuario.

Había investigado la isla de las Tres Hermanas exhaustivamente, rastreando cada fragmento de información que había podido encontrar sobre Rosalie Hale, la bruja oficial de la isla. Ella no había prometido concederle ninguna entrevista, ni darle acceso a su «trabajo», confiaba en persuadirla.

Un hombre que había conseguido participar en una ceremonia celebrada por neodruidas, debería ser capaz, de convencer a una bruja solitaria para que le dejara asistir a alguno de sus hechizos.

Además creía poder llegar a un trato: tenía algo que estaba seguro le interesaría a ella, y a todo aquel que estuviera ligado a la maldición ocurrida trescientos años atrás.

Tomó de nuevo la cámara, y ajustó el objetivo para captar el faro blanco y el camino que conducía a la vieja casa de piedra, ambos situados en los altos acantilados. Sabía que Rosalie vivía allí, colgada sobre el pueblo, cerca de la espesa masa del bosque.

También sabía que era la dueña del pueblo que dirigía con éxito. Una bruja práctica que, según las apariencias, sabía cómo vivir, y vivir muy bien, en ambos mundos.

Estaba impaciente por encontrarse con ella cara a cara.

El sonido de la sirena le advirtió de que debía prepararse para desembarcar. Se dirigió de vuelta a su Land Rover y colocó la cámara en la funda que estaba en el asiento del copiloto. Una vez más se olvidó de la tapa de la lente que tenía en el bolsillo.

Como disponía todavía de unos minutos, puso al día algunas notas y después escribió en su diario:

El viaje en el trasbordador ha sido agradable. El día es claro y frío. He conseguido tomar una serie de fotografías de algunos puntos estratégicos, y creo que debo alquilar un barco para obtener vistas de la zona de la isla que da a barlovento.

Desde el punto de vista geográfico y topográfico no existe nada fuera de lo común en la isla de las Tres Hermanas. Tiene una extensión aproximada de dieciocho kilómetros cuadrados, y sus habitantes la mayoría dedicados a la pesca, el comercio al por menor y el turismoson menos de trescientos. Hay una pequeña playa de arena, numerosas ensenadas, cuevas y playas de piedra. Está cubierta parcialmente por un bosque cuya fauna se compo ne de ciervos de cola blanca, conejos y mapaches. Los pájaros marinos son los propios de la zona. En el bosque hay también lechuzas, halcones y pájaros carpinteros.

Hay un pueblo. La mayoría de la población vive en el pueblo o en sus alrededores, en un radio de un kilómetro, aunque hay algunas casas y edificios de alquiler algo más lejos.

No hay nada en el aspecto de la isla que indique que es una fuente de actividades paranormales. Sin embargo, he llegado a la conclusión de que las apariencias son medios de documentación poco fiables.

Estoy deseando conocer a Rosalie Hale y empezar mi investigación.

Notó el ligero golpe del trasbordador al atracar, pero no levantó la vista.

Atracamos en la isla de las Tres Hermanas, el 6 de enero de 2002 —miró el reloj—, a las 12:03 p.m. aprox.


Hola hola jejeje para las que qerian saber de Jas jeje aki sta... jejeje

kieren saber ke mas pasara? espero sus revieews

y actualizo

byee