Holaa a tds ke tal stan?

recuerden de ke nada me pertenece

Capítulo 10

Decidió acabar con ello de una vez, como se arranca una raíz. Prefirió andar y dejarle a Edward el coche patrulla, ya que así posponía la maldita cita un poco más.

Era completamente de noche cuando se dirigió a la casita amarilla. Había luna nueva y habían caído seis centímetros más de nieve desde por la mañana, aunque las nubes se habían disipado por la tarde. El cielo estrellado, claro y despejado absorbía cualquier traza de calor en el aire. El frío era tan cortante como una hoja de afeitar que se deslizara con suavidad por la piel.

Caminaba rápidamente, alumbrando el camino con una linterna.

Sacudió la cabeza cuando apuntó el haz de luz hacia el Rover de Jasper. No se había molestado en quitarle la nieve, y pensó que era el típico comportamiento del Profesor Chiflado, totalmente ajeno a lo práctico.

Avanzó a grandes zancadas hacia la puerta que golpeó con el puño envuelto en un guante de lana.

Él acudió a abrir. Llevaba un jersey gris que había conocido tiempos mejores y unos pantalones vaqueros también muy usados. Le llegó el inconfundible olor de la sopa de buey y cebada de Bella, y se obligó a pensar que era eso y sólo eso lo que provocaba que la boca se le hiciera agua.

—¡Hola! ¡Jesús, qué frío hace ahí afuera! Debemos estar a bajo cero —a pesar de que él se apartó para dejarla pasar, aprovechó para echar un vistazo—. ¿No has traído coche? ¿Has venido andando? ¿Estás loca?

Ella contempló el equipo amontonado en el reducido salón.

—Vives así y me preguntas si yo estoy loca.

—Hace demasiado frío para dar un paseo nocturno.

Instintivamente Jasper tomó sus manos enfundadas en guantes y las frotó entre las suyas.

—¡Qué interés! Te advierto que todavía estamos dentro del horario de trabajo —se burló Alice.

—¡Cuidado con lo que dices! —La voz de Jasper no era ni suave ni relajada, sino tan directa como una bala. Ella le miraba de reojo cavilando—. ¿Sabes lo que es la congelación?

—Pues sí, perfectamente, ¡Oye! —Alice dio un tirón hacia atrás cuando Jasper le quitó los guantes para examinarle los dedos.

—Estuve hace unos años con un grupo de gente en Nepal y uno de los estudiantes se descuidó —sin hacer caso de su resistencia le movió los dedos— y perdió dos.

—Yo no soy descuidada.

—De acuerdo. Dame tu abrigo.

Se encogió de hombros y se lo quitó, al igual que la bufanda, la gorra de lana y el chaleco aislante, y fue apilando cada prenda de ropa en los brazos de él.

—Ya veo que no eres imprudente —después él miró a su alrededor buscando un lugar donde deshacerse de todo aquello.

Ella no pudo evitar hacer una mueca.

—En el suelo está bien.

—No, también está... la cama, —recordó el joven y acarreó todo aquello a través del estrecho pasillo que había creado para llegar al dormitorio.

—¿Te da miedo la oscuridad? —gritó ella.

—¿Cómo?

—Tienes todas las luces encendidas.

—¿Ah sí? —Dijo saliendo de nuevo—. Siempre olvido apagar las cosas. Compré un poco de sopa de Bella y la estoy calentando, ¿quieres un poco? —hizo una pausa leyéndole el pensamiento perfectamente—, la cena queda fuera del tiempo acordado.

—No tengo hambre —respondió Alice rápidamente, mientras le invadía el enfado.

—De acuerdo, yo la tomaré más tarde, o sea que podemos empezar. ¿Dónde he puesto yo...? —Rebuscó en los bolsillos dando vueltas—. ¡Ah, sí! —Encontró la mini grabadora al lado de un monitor—. Primero quiero grabar una serie de datos personales, o sea que...

Se interrumpió de nuevo y frunció el ceño. Había amontonado viejos archivos, recortes de periódicos, obras de investigación, fotografías y otros documentos de trabajo en el sofá. Ni siquiera en el suelo había espacio suficiente para que se sentaran dos personas.

—Yo creo que esta parte la vamos a hacer en la cocina.

Alice se encogió de hombros, metió las manos en los bolsillos y le siguió.

—Como lo vamos a hacer aquí, yo voy a seguir comiendo. —Tomó un cuenco y decidió apiadarse de ella—. ¿Por qué no cambias de opinión, y así yo no me sentiré como un maleducado por cenar delante de ti?

—Está bien. ¿Tienes una cerveza? —preguntó Alice.

—No, lo siento, pero creo que hay un vino bastante bueno.

—No está mal.

Ella permaneció de pie mientras él servía la sopa en los cuencos y el vino.

—Siéntate.

Jasper se sentó frente a ella y se levantó inmediatamente.

—Maldición; espera un minuto. Vete comiendo.

Alice tomó la cuchara mientras él salía corriendo. Oyó un murmullo, ruido de papeles y un ligero golpe de algo que caía al suelo. Jasper volvió con un cuaderno de espiral, dos lápices y un par de gafas con montura de metal; en el instante en que se las puso, ella notó un pinchazo en el estómago.

—¡Dios mío! —pensó ella—, qué increíblemente sexy es este cretino.

—Voy a tomar notas —le explicó— y a rebobinar la grabadora. ¿Cómo está la sopa?

—Es una sopa de Bella —respondió Alice sin más comentarios.

—Sí. —Jasper empezó a comer—. El otro día, cuando perdí la noción del tiempo, me salvó la vida. Encontré un recipiente con sopa en la nevera y casi me desmayé y me eché a llorar. Tu hermano es un hombre con suerte. Le conocí ayer.

—Sí, me lo dijo. —Alice empezó a relajarse pensando que mientras le daba conversación el reloj avanzaba—. Están muy unidos.

—Eso me pareció. ¿Cuántos años tienes?

—¿Qué?

—Tu edad, es para grabarlo.

—No entiendo qué tiene eso que ver. Cumplí treinta el mes pasado.

—¿Qué día?

—El catorce.

—Sagitario. ¿Sabes la hora de tu nacimiento?

—No le presté demasiada atención en ese momento —levantó la copa de vino—. Creo que mi madre decía que sobre las ocho de la tarde, después de dieciséis horas de terribles dolores y demás. ¿Para qué necesitas saber todo eso?

—Registro los datos para hacerte una carta astral; te daré una copia si quieres.

—Todo eso son falsedades.

—Te sorprenderías. ¿Naciste en la isla?

—Sí, en casa, asistieron a mi madre un médico y una comadrona.

—¿Alguna vez has experimentado fenómenos paranormales?

No le importaba mentir, pero le fastidiaba sentir la garganta agarrotada cuando lo hacía.

—¿Por qué debería sentirlos?

—¿Recuerdas tus sueños?

—Por supuesto. El otro día tuve uno la mar de excitante con Harrison Eord, una pluma de pavo real y un frasco de aceite. ¿Qué crees que significa?

—Ya que un puro a veces es simplemente un puro, las fantasías sexuales se refieren pura y llanamente al sexo. ¿Sueñas en color?

—Sí, seguro.

—¿Siempre?

Ella alzó los hombros.

—El blanco y negro es para las películas de Bogart y la fotografía artística.

—¿Tienes alguna vez sueños proféticos?

Casi contestó afirmativamente, pero consiguió retenerse.

—Hasta ahora Harrison y yo no hemos llegado más allá, pero no pierdo la esperanza.

El cambió de táctica.

—¿Tienes alguna afición?

—¿Quieres decir aficiones como hacer colchas o la observación de pájaros? No.

—¿Qué haces en tu tiempo libre?

—No sé. —Ella casi sintió vergüenza, pero se contuvo—. Pues tonterías como ver la televisión, ir al cine; a veces navego.

—¿Te gustan las películas de Bogart? ¿Cuál es tu preferida?

—El halcón maltes.

—¿En qué tipo de barco navegas?

—En el pequeño crucero de Edward —tamborileó con los dedos sobre la mesa dejando vagar su mente—. Creo que voy a tener uno propio.

—No hay nada como un día en el mar. ¿Cuándo te diste cuenta de que tenías poderes?

—Nunca... —se enderezó borrando cuidadosamente cualquier expresión de su rostro—. No sé a qué te refieres.

—Sí lo sabes, pero de momento podemos dejar de lado la cuestión si te sientes incómoda.

—No estoy incómoda. Sencillamente, no en tiendo la pregunta.

El dejó el lápiz, apartó a un lado el cuenco de sopa y la miró directamente a los ojos.

—Entonces digámoslo así: ¿cuándo te diste cuenta de que eras una bruja?


ke tal todo? ke curioso el Jasper noo.. jejej

esperoo reviewss