Ke tal? espero les ste gustando estoo jeje
recuerden de ke nada me pertenece
Capitulo13
Bella congeló el último lote de bollos de canela y esperó el momento oportuno. Le quedaba una hora antes de tener que cargar el coche con las provisiones para el café. La sopa del día era de setas porcini, y ya la tenía dispuesta en el hervidor. También estaban preparadas las tres ensaladas, las magdalenas y los pasteles.
Se había levantado a las cinco y media para disponerlo todo.
Diego, su lustroso gato gris, estaba enroscado en una silla de la cocina, contemplándola. Lucy, la gran perra labrador de color negro estaba tumbada en una esquina, mirando a Diego. Parecían haber acordado unas determinadas condiciones, las de Diego evidentemente, y convivían en un aceptable ambiente de desconfíanza mutua.
Mientras se horneaban las galletas, Bella puso la radio a bajo volumen y esperó.
Cuando entró Alice con cara de sueño y vestida con el pantalón de chándal y el suéter de fútbol con los que había dormido, Bella se limitó a alargarle una taza de café.
Alice gruñó algo parecido a un gracias, lo único que era capaz de articular antes de meterse la primera dosis de cafeína, y se desplomó sobre una silla.
—Hay demasiada nieve para tu carrera matinal.
Alice gruñó otra vez. No se sentía del todo bien hasta que corría sus seis kilómetros, pero el café ayudaba. Lo sorbió y palmoteó distraídamente la cabeza de Lucy cuando la perra se acercó a saludarla.
Tendría que utilizar la cinta de correr. La odiaba, pero no podía estar dos días sin correr. Edward hacia el primer turno... por cierto, ¿dónde diablos estaba? Por tanto, tendría que esperar a media mañana antes de poder salir pitando hacia el gimnasio.
No quería encontrarse con Jasper.
No es que le molestara ni nada parecido. Ya se había enumerado unas cuantas excusas verosímiles respecto a su reacción ante el beso de buenas noches.
Simplemente no le apetecía hablar con él, eso era todo.
Bella le puso un cuenco delante. Alice pestañeó al mirarlo.
—¿Qué es?
—Harina de avena.
Alice se inclinó y lo olió, un tanto recelosa y con poco entusiasmo.
—¿Qué hay dentro?
—Alimento. —Bella sacó otra tanda de galletas del horno y las colocó en otra bandeja—. Pruébalo antes de poner cara de asco.
—De acuerdo, de acuerdo. —Ya había estado poniendo cara de asco a espaldas de Bella. Era una forma de rebajarse que la pescaran a una haciéndolo. Lo probó, frunció los labios y tomó otra cucharada. Por lo visto, todo lo que preparaba Bella salía estupendamente—. Está bueno. Mi madre solía preparar gachas de avena en invierno, pero parecían de pegamento gris, y sabían mucho peor.
—Tu madre tenía otras habilidades. —Bella se sirvió una taza de café. Había hecho todo lo posible para que Edward se fuera temprano y poder aprovechar aquel rato a solas con Alice. No quería malgastarlo. Se sentó—. Bueno, ¿qué tal estuvo?
—¿El qué?
—La tarde con Jasper Whitlock.
—No fue una tarde, fue una hora.
Está a la defensiva, pensó Bella, y de mal humor. Vaya, vaya.
—¿Qué tal estuvo esa hora?
—Llegó y pasó, lo cual pone punto final a mi compromiso.
—Me encantó que te acompañara a casa —Bella pestañeó inocentemente con sus infantiles ojos cafés, al ver que Alice levantaba las cejas—. Oí el coche.
Bella había mirado por la ventana y había visto a Jasper acompañar a Alice hasta la puerta. Permaneció allí todo el tiempo hasta que él volvió al coche.
—Sí, no hacía más que decir: «Hace demasiado frío fuera; te vas a congelar; morirás antes de llegar a casa». —Alice tomó otro bocado y sacudió la cuchara—. Como si yo no supiera cuidar de mí misma. Los tíos así me queman la sangre. Ese tío no es capaz ni de encontrar sus llaves, pero, según él, yo voy a perder el rumbo y convertirme en un polo, ¡por favor!
—Me gustó que te acompañara a casa —insistió Bella.
—Sí, bueno —Alice suspiró y jugueteó con la avena dibujando con la punta de la cuchara pequeñas marcas en forma de semicírculo; pensó que le había salido una especie de paisaje lunar.
Si él no la hubiera acompañado a casa, habría llegado bien, pero se habría perdido un pedazo de beso, aunque eso no quería decir que estuviera obsesionada con él ni nada parecido.
—No reconocerías la casita amarilla —continuó—, parece la guarida de algún científico loco. ¡Todos esos chismes y ordenadores juntos! No hay sitio para sentarse más que en la cocina. Ese tipo está totalmente metido en su espectáculo de espectros. Incluso en la guantera del coche lleva un amuleto vudú. Sabe lo mío —terminó con rapidez, levantando la mirada hacia Bella.
—¡Ah! —Bella suspiró quedamente—. ¿Le dijiste algo tú?
Alice negó con la cabeza y sintió un gran nerviosismo, lo que la enfureció.
—Simplemente lo sabía, como si yo llevara un cartel en la frente que dijera: «bruja local». Con él, todo es muy académico: «Veamos, ayudante Cullen, esto es muy interesante, quizás podría realizar algún conjuro para que yo pudiera grabarlo».
—¿Te pidió que hicieras magia?
—No —Alice se restregó el rostro con las manos—. No —repitió—, pero yo... mierda, él me cabreó, y yo... yo le quemé.
—¡Dios mío! —A Bella se le cayó su taza y se derramó el café.
—No le envolví en llamas ni nada parecido. Le quemé la muñeca con los dedos —se miró los dedos fijamente: parecían inofensivos, corrientes, quizás un tanto largos, con uñas cortas y sin pintar.
Nada especial.
Letales.
—Yo no pensé en ello, no conscientemente —continuó—. Toda mi furia se volvió calor y el calor se concentró en mis dedos. No había tenido que pensar en eso, ni preocuparme por eso, desde hace tanto tiempo. Los últimos meses...
—... Desde que diste marcha atrás apara ayudarme a mí —finalizó Bella quedamente. Se levantó al oír el zumbido del temporizador del horno.
—No me arrepiento, Bella, ni por un instante. Fue una elección personal, y volvería a hacerlo. Es sólo que me ha resultado más duro bloquearlo todo de nuevo. No sé por qué. —No admitiría por qué, pensó, y volvió a suprimir este pensamiento—. Es así: he causado daño físico —añadió—. Tengo que solucionarlo, pero eso no mejora el haberlo causado.
No quería reconocer las causas y prefería no darle más vueltas.
—¿Cómo se lo tomó él?
—Como si no tuviera importancia. Me ofreció un vaso de agua, prácticamente me dio palmaditas en la cabeza y continuó la conversación como si yo no hubiera hecho más que derramar el vino sobre el mantel. Tiene cojones debo reconocerlo.
Bella retrocedió y acarició el cabello de Alice como se acaricia a un niño.
—Eres demasiado dura contigo misma; yo ni siquiera puedo llevar la cuenta de los errores que he cometido en los últimos meses, incluso guiándome Rosalie paso a paso.
—No es el mejor momento para traer su nombre a colación —Alice se inclinó otra vez y empezó a comer, como si eso pudiera deshacer el nudo de su estómago—. Si ella no le hubiera traído...
—Alice, ella no tiene la culpa. —El leve pero evidente hilo de impaciencia en la voz de Bella hizo que Alice encorvara la espalda—. Si ella no le hubiera alquilado la casa, habría encontrado otra, o se habría quedado en el hotel. ¿Se te ha ocurrido pensar que al alquilarle la casa y acceder a hablar con él, Rosalie controla la situación de una forma que en caso contrario no habría podido hacer?
Alice abrió la boca para cerrarla acto seguido.
—No, no se me ha ocurrido y debería... —reconoció—, nunca desperdicia una baza.
—Yo también voy a hablar con él.
La cuchara sonó ruidosamente en el cuenco.
—Esa sí que es una mala idea. Una malísima idea —comentó Alice.
—Lo he estado pensando. Le prometió a Rosalie que no utilizaría nuestros nombres reales sin permiso. Me interesa su trabajo —continuó Bella, mientras sacaba las galletas de la bandeja y las colocaba en la rejilla para que se enfriaran—. Yo quiero saber más. No tengo los mismos sentimientos hacia lo que soy que tú.
—Yo no puedo decirte lo que debes hacer. —Sin embargo, Alice quería estar segura de que Jasper no iba a presionarla demasiado, ni en la dirección equi vocada—. ¿Qué piensa Edward?
—Lo ha dejado a mi criterio. Se fía de mí, me respeta y eso es tan maravilloso, como saber que me ama. A mí el doctor Whitlock no me preocupa.
—Es más escurridizo de lo que parece —murmuró Alice—. Intenta que creas que es tan inofensivo como Lucy, pero no lo es.
—¿Cómo es?
—Inteligente, muy listo..., y tiene exactamente las mismas cualidades que un cachorro; la combinación de ambas cosas te desbarata. En un momento está mirando alrededor con esa mirada perdida, preguntándose dónde puso su cabeza la última vez que se la quitó, y al siguiente...
—¿Y al siguiente? —repitió Bella.
—Me besó.
Bella tamborileó con los dedos sobre la mesa antes de cruzarlos.
—¿De verdad?
—Empezó como una broma. Se supone que el chico tiene que acompañarte hasta la puerta como si volvieras del baile de fin de curso. Después hizo algo así como... —Su voz se fue apagando al intentar escenificar la forma en que la había abrazado—. ¿Sabes? Consiguió envolverme. Se tomó su tiempo y todo se volvió borroso y cálido. Luego fue como si me engullera lentamente.
—¡Madre mía!
—Me sentía como si no tuviera huesos, como fundida con él, mientras continuaba haciendo esas cosas increíbles en mi boca —suspiró para tomar aire—. He besado a muchos hombres y soy muy buena haciéndolo, pero no pude seguir su ritmo.
—¡Vaya! Bueno... —Bella acercó su silla un poco mas—, ¿qué pasó después?
—Casi me choqué con la puerta —Alice se encogió—, fue mortificante. Me fui derecha hacia la puerta, ¡zas! Y entonces el doctor Romeo la abrió educadamente para mí. Es la primera vez en mi vida que un beso me hace sentir como una idiota, y va a ser la última.
—Si te atrae tanto...
—Es guapo, está muy bien, es sexy, por su puesto que me atrae —Alice dio una rápida sacudida a su cabeza—, pero ése no es el problema. Ese tipo no debería ser capaz de disolverme el cerebro con un beso. La cuestión es que hace tiempo que no salgo con nadie; hace ya más de cuatro meses que yo no, ya sabes...
—Alice... —Bella soltó una breve carcajada.
—Me imagino que fue, no sé, como una com bustión espontánea o algo así. Se movió bien y me pilló desprevenida. Ahora que sé lo que ocurre, puedo manejarlo. —Sintiéndose mejor, liquidó la papilla de avena—. Sé cómo manejarle.
hola hola ke tal? les gustoo la conversacion?
espero reviews
byee
