Hello ke tal todo?
recuerden de ke nada me pertenece
Capítulo 15
Cargado con el equipo portátil, Jasper se abrió paso con dificultad a través de la nieve amontonada en el bosque cercano a su casa. El informe de la policía y las noticias de los periódicos que había consultado lo mencionaban como el lugar al que Bella había escapado corriendo cuando James Remington les atacó a ella y a Edward Cullen.
Ya había examinado la zona de la cocina, que fue el lugar donde comenzó la agresión. No había en contrado energía negativa allí, ni restos de violencia, lo cual le había sorprendido, hasta que dedujo que o bien Bella, o bien Rosalie habrían limpiado la casa.
Esperaba encontrar algo en el bosque. El aire estaba quieto y frío. El hielo brillaba en los oscuros troncos y ramas de los árboles. La nieve caía sobre ellos como un manto.
Vio lo que reconoció como huellas de ciervo, y le encantó; automáticamente examinó su cámara para asegurarse de que había puesto el carrete.
Pasó un pequeño arroyo donde los hilos de agua forzaban su camino entre las rocas y el hielo. Sintió algo, a pesar de que sus instrumentos no señalaban ninguna anomalía. Le llevó un instante darse cuenta de que era sencillamente la tranquili dad; tan solo el placer.
Cantó un pájaro y pasó volando con la rapidez de una bala. Jasper se quedó parado, feliz y contento. Pensó que se encontraba muy bien allí. Era un lugar en el que se podía estar con la mente en paz; un lugar para comidas campestres o para la pura contemplación.
Con cierta reticencia siguió andando, no sin antes prometerse a sí mismo que volvería sólo para disfrutarlo. Empezó a divagar, aunque pensó que no le gustaba estropear su estado de ánimo, intentó imaginar cómo habría sido correr en medio de la oscuridad huyendo de un hombre enloquecido por la violencia. Un hombre armado con un cuchillo que ya estaba lleno de sangre.
¡Qué cabrón!, pensó. El muy bastardo le había dado caza: un lobo rabioso tras una cierva. Porque prefería verla muerta antes que libre de él, su intención había sido deslizar el cuchillo por su garganta antes que perder lo que consideraba de su propiedad.
Le inundó la ira, una furia caliente y turbia. Casi podía oler la sangre, el odio, el miedo. Se dejó llevar hasta el punto de que pasaron unos instantes antes de que se diera cuenta de que los sensores estaban enloquecidos.
—¡Dios mío! —Se concentró y empezó a tra bajar como el científico de cabeza fría que era—. Aquí, justo aquí.
Barrió el lugar con los escáneres, sacó la grabadora y comenzó a grabar datos. Midió la zona, utilizó otro indicador para medir la distancia, el radio y el diámetro. De rodillas en la nieve registró, calculó y documentó. Estuvo cavilando, mientras las cifras y las agujas de sus instrumentos se movían de forma salvaje.
—Es una carga altísima, casi energía positiva pura, y abarca el área de un círculo perfecto. Muchos de los ritos de origen paranormal llevan aparejados círculos protectores. Este es el más poderoso que he encontrado nunca.
Se guardó los instrumentos en los bolsillos para poder utilizar las manos para excavar y despejar el terreno. Un ligero sudor le cubrió la espalda an tes de conseguir descubrir una porción suficiente del círculo de energía.
—No hay marcas bajo la nieve. No hay símbolos. Tengo que volver con una pala para descubrir el círculo completo. Si se trazó la noche en que James Remington fue arrestado, eso ocurrió hace más de dos meses y debieron cerrarlo de forma ritual justo después. Todavía se registra un eco positivo que alcanza un 6,2 en mi escala.
¡Un 6,2! Su mente sufrió una sacudida ante estos datos. ¡Qué barbaridad!
—En mis experiencias anteriores con círculos activos durante ritos de iniciación, no pasaban de un 5,8. Tengo que comprobar esos datos.
Se puso de pie otra vez; la nieve le caía por todas partes mientras tomaba fotografías. Se le cayó la grabadora y soltó un taco; la sacó de la nieve, temiendo que se hubiera estropeado.
Pero nada pudo disminuir su emoción. Permaneció en el bosque silencioso y se preguntó si habría tropezado con el corazón de las Hermanas.
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Una hora después sin pensar en volver a casa, Jasper recorría penosamente la playa nevada. La marea había subido, había bajado y se había llevado con ella parte de la nieve, pero la humedad y el frío habían transformado la que quedaba en una especie de ladrillos compactos.
En la playa el aire continuaba soplando, trayendo desde el mar ráfagas heladas. A pesar de las capas que le envolvían, los dedos de las manos y de los pies comenzaban a acusar el frío.
Pensó distraídamente en una ducha soltando vapor y en un café bien caliente, mientras examinaba la zona donde recordaba haber visto a la mujer su primera noche en la isla.
—¿Pero se puede saber qué demonios estás haciendo?
Levantó la mirada y vio a Alice sentada en el espigón. Se sintió un tanto violento, ya que al verla, inmediatamente, sus pensamientos se transformaron en pensamientos de sexo ardiente envuelto en vapor de agua.
—Yo estoy trabajando. ¿Y tú?
Ella colocó las manos en las caderas. Jasper no podía verle los ojos puesto que llevaba gafas oscuras, lo que le hizo desear haberse acordado de las suyas, ya que el sol reverberando en la nieve resultaba cegador.
—¿En qué estás trabajando? ¿Te estás convirtiendo en el Abominable Hombre de las Nieves? —preguntó Alice.
—El yeti no es de esta zona del mundo.
—Mírate Whitlock.
Lo hizo. Estaba cubierto de nieve, desde luego. Sería bastante complicado desembarazarse de todo aquello para la famosa ducha.
—Creo que estoy realmente inmerso en mi trabajo —dijo él, encogiéndose de hombros.
Como no parecía que Alice fuera a acercarse, se dirigió hacia ella. No resultaba tarea fácil, y antes de conseguirlo se dio dos veces con las rodillas en la nieve. Se encaramó penosamente al espigón, subió y recuperó el aliento.
—¿Nunca has oído hablar de la congelación? —preguntó ella secamente.
—Todavía siento los dedos de los pies, pero te agradezco que te preocupes por mí. ¿Qué te parece un café?
—Pues resulta que no llevo café conmigo.
—Te invito a uno.
—Estoy trabajando.
—A lo mejor sufro congelación —volvió la cabeza y le dirigió una mirada conmovedora—. ¿No es tu deber como servidora pública prestar me ayuda y llevarme a un lugar caliente y prote gido?
—No, pero puedo llamar al hospital.
—De acuerdo, apúntate una. —Saltó el muro apoyándose en un brazo y recordó justo a tiempo proteger la cámara que llevaba colgando; se colocó junto a ella—. ¿Hacia dónde vas?
—¿Por qué?
—Porque creo que donde quiera que vayas, habrá café.
Alice suspiró. Se le veía congelado y absurdamente adorable.
—De acuerdo, vamos. Yo voy a ir de todas formas.
—No te he visto esta mañana en el gimnasio.
—Fui tarde.
—Tampoco te he visto por el pueblo.
—Me estás viendo ahora.
Alice caminaba a grandes zancadas, según comprobó Jasper, ya que casi no tenía que controlar las suyas para seguir su ritmo.
Ella se detuvo delante de la comisaría y le miró de arriba abajo.
—Quítate la nieve de las botas.
Él obedeció y dejó caer una ligera ráfaga blan ca del abrigo y los pantalones.
—¡Bendito sea Dios! Date la vuelta. —Alice le quitó la nieve dándole palmadas y limpiando, con el ceño fruncido, la que tenía pegada; mientras giraba en torno a él hasta quedar de frente. Parpadeó rápidamente cuando vio su sonrisa burlona—. ¿De qué te ríes?
—A lo mejor es que me gusta que me manoseen. ¿Quieres que te lo haga yo?
—Ten cuidado, si quieres tomar ese café.
Empujó la puerta para abrirla y le disgustó francamente que Edward no estuviera. Se despojó de los guantes, el abrigo y desanudó la bufanda, mientras él hacía lo mismo.
—¿Se puede saber qué demonios pretendías arrastrándote por la nieve?
—¿Quieres saberlo realmente?
—Creo que no. —Se dirigió hacia la cafetera y sirvió lo que quedaba del espeso brebaje preparado en dos tazas.
—Te lo diré de todas formas: estuve en el bosque y encontré la zona en la que tú... te enfrentas te con James Remington aquella noche.
Sintió que el estómago se le cerraba, un espasmo rápido..., una sensación que él parecía provocarle a menudo.
—¿Cómo sabes que lo has encontrado?
Él cogió el café que Alice le ofrecía.
—Mi trabajo consiste en saberlo. Cerrasteis el círculo, ¿verdad?
—Preguntale a Rosalie sobre eso.
—Sólo dime sí o no; no es una elección difícil.
—Sí. —Le picó la curiosidad—. ¿Por qué?
—Porque queda un eco de energía, sin prece dentes en mi experiencia. Es una magia muy fuerte.
—Como ya te dije, eso es asunto de Rosalie.
Con paciencia sopló el café caliente para enfriarlo.
—¿Existe alguna razón en concreto para que no se lleven bien, o se trata de algo más general? —preguntó Jasper.
—Es tanto concreto como general, pero en cualquier caso no es asunto tuyo.
—De acuerdo. —Jasper sorbió el café; sabía cómo barro caliente, pero los había tomado peores—. ¿Te apetece cenar esta noche?
—Sí, eso pretendo hacer.
Él frunció los labios.
—Quiero decir conmigo.
—Entonces, no.
—Me va a ser difícil volver a darte un beso de buenas noches si antes no cenamos juntos.
Alice se apoyó en la pequeña mesa donde es taba la cafetera.
—Eso fue por una apuesta que hicimos.
—A lo mejor cambias de idea después de compartir una pizza.
Ella ya estaba cambiando de idea. Se le estimulaba el apetito sólo con mirarle.
—¿Eres tan bueno con el resto del proceso como besando?
—¿Y ahora cómo se supone que debo contestar sin parecer un idiota?
—Buena pregunta. Deja que te diga que pensaré en lo de compartir una pizza contigo en algún otro momento. Con respecto a tu trabajo cómo y cuándo suceda, por lo que a mí concierne, no será compartiendo mesa.
—Estoy de acuerdo en eso —Jasper le tendió la mano.
Alice pensó ignorar aquel gesto, pero sería una cobardía. Tomó su mano y le dio un apretón, sintiendo un enorme alivio al comprobar que no ocurría nada, sólo el encuentro normal de las palmas de las manos.
Pero él no cejó.
—Este café es realmente horrible —dijo él.
—Lo sé. —Lo que sucedía en ese momento era algo completamente natural, se dijo a sí misma. La agitación de la sangre, el estremecimiento anticipado, el recuerdo de lo que aquella boca suya era capaz...—. ¡Oh, demonios! —se acercó a él—. Hazlo.
—Esperaba que dijeras eso —Jasper dejó el café. Esta vez tomó su rostro y lo enmarcó suavemente con las manos, con un ligero roce de los dedos que hizo que su piel ardiera. Puso su boca sobre la suya, se hundió en ella, e hizo que la cabeza empezara a darle vueltas.
—¡Dios mío, Dios mío! Eres realmente bueno haciendo esto.
—Gracias —Jasper deslizó una mano por la base de su cuello—. Y ahora, cállate, ¿eh? Estoy intentando concentrarme.
Alice enlazó los brazos alrededor de su cintura y se pegó contra su cuerpo, disfrutándolo.
A través de las pestañas vio que él tenía los ojos abiertos, fijos en ella. Le hizo sentir como si fuera la única mujer en el mundo. Algo más que ocurría por primera vez. Nunca había necesitado aquello de ningún hombre, pero que se lo dieran era como si le golpearan con un guante de terciopelo.
Los dedos de Jasper comenzaron a realizar en su nuca un masaje lento, suave, estimulando puntos de los que ella ni siquiera conocía la existencia. Él cambió el ángulo del beso, como si estuviera experimentando, y consiguió llevarla desde el placer hasta la pura ansia.
Alice se sintió arrastrada con el corazón dan do saltos locos y la sangre fluyendo a borbotones. Jasper la sujetó un momento, tuvo que hacerlo por que ella temblaba, hasta que él mismo se recuperó y la apartó con manos poco firmes.
—Está bien... —tomó aliento—. ¡Uf!. Tengo que reconocer que se te da bien. ¿Has estudiado técnicas sexuales exóticas o algo parecido?
—En fin... —Jasper se aclaró la garganta. Nece sitaba sentarse de verdad—. Se podría decir que como una derivación de mis investigaciones.
Alice le miró fijamente.
—No creo que me estés tomando el pelo.
—Los ritos y costumbres sexuales a menudo son parte importante de... ¿Por qué no te lo enseño ahora?
—¡Eh!, ¡eh! —levantó una mano para detenerle—. Estoy de guardia y ya te las has arreglado para agitarme lo suficiente. Ya te haré saber cómo y cuándo estaré dispuesta para esa pizza.
—Dame cinco minutos y estarás preparada —Jasper avanzó, hasta que la palma de su mano le tocó el pecho.
—No. Ponte el abrigo y vete.
Por un instante no pensó que fuera a hacer lo que le había pedido, pero luego, como por arte de magia, él retrocedió.
—Cuando llegue el momento, quiero que mi pizza sea grande y esté llena de cosas.
—¡Qué gracia!, yo también.
—Eso simplifica las cosas —Jasper se puso el abrigo y cogió su cámara—. Me ha gustado encontrarme con usted, ayudante Cullen. Gracias por el café.
—Estamos a su servicio, doctor Whitlock.
Una vez fuera, se colocó la gorra de esquí. Decidió volver a la playa para tirarse al agua helada. Si no se ahogaba, por lo menos se calmaría.
ke tal? les ha gustado
espero reviews
bye
