Hola hola aki les dejo un nuevo e interesante capitulo ejjee
recuerden de ke nada me pertenece
disfruten
Capítulo 17
Hay gente que puede sentirse nerviosa ante la perspectiva de pasar la velada en casa de una bruja, y que llevaría el bolsillo lleno de sal o una pata de conejo.
Jasper acudió armado con su grabadora, el cuaderno de notas y una botella de buen Cabernet. Había esperado pacientemente a lo largo de su primera semana de estancia en la isla, deseando aquella invitación.
Iba a cenar con Rosalie Hale.
No le había resultado fácil resistir la tentación de acercarse a casa de Rosalie, caminando por el bosque, y de fisgonear a la sombra del faro. Pero se gún su forma de pensar, habría sido de mala educación.
La paciencia y la cortesía habían dado sus frutos y Rosalie le había preguntado con toda naturalidad si quería cenar con ella. Él había aceptado con el mismo tono.
En aquel momento, mientras conducía por la carretera de la costa se sentía lleno de ilusión. Había tanto sobre lo que quería preguntarle, especialmente desde que Alice se cerraba en banda cada vez que intentaba interrogarla. Y todavía le quedaba Bella.
Dos advertencias por parte de dos brujas resultaban inapelables. Esperaría hasta que Bella se dirigiera a él, o a que el camino estuviera despejado.
Tenía mucho tiempo, y además se escondía un as en la manga.
Le gustó el aspecto del lugar, la vieja casa de piedra en lo alto del acantilado, frente al tiempo y al mar. La gracia de los gabletes, las románticas almenas, las misteriosas torretas. El blanco rayo del faro cortaba la oscuridad como un cuchillo y barría el mar, la casa de piedra y la sombría barrera de los árboles.
Era un escenario solitario, pensó mientras aparcaba. Solitario de forma casi arrogante e indudablemente bello. Le sentaba perfectamente bien a Rosalie.
La nieve había sido apartada cuidadosamente del camino de entrada. No podía imaginar a una mujer con el aspecto de Rosalie Hale levantando una pala de nieve. Se preguntó si no sería una opinión sexista.
Decidió que no. No tenía que ver con el hecho de que fuera una mujer, y sí con la belleza. Sencillamente no podía imaginarla haciendo algo que no fuera elegante.
En el momento en que ella abrió la puerta, estuvo seguro de que su razonamiento estaba perfectamente fundamentado.
Rosalie llevaba un vestido de color verde bosque que aunque la cubría del cuello hasta los tobillos, revelaba cada detalle de su perfecta anatomía. Resultaba fascinante.
En las orejas y en los dedos relucían gemas. De una trenzada cadena de plata colgaba un sencillo disco labrado que centelleaba en su pecho. Llevaba los pies descalzos, lo que resultaba muy seductor. Ella sonrió y le tendió la mano.
—Estoy encantada de que hayas venido, y además trayendo regalos. —Aceptó la botella de vino y reparó en que era su preferido—. ¿Cómo lo sabías?
—¿Eh? ¡Ah! Por el vino. Mi trabajo consiste en sacar a la luz los datos oportunos.
Le condujo al interior, riendo.
—Bienvenido a mi casa. Déjame que te guarde el abrigo.
Se colocó cerca y le rozó el brazo con las yemas de los dedos, como una especie de test para ambos.
—Me tienta invitarte a mi salón particular —ella volvió a reír, con una risa baja y llena—, o sea, que lo diré —hizo un gesto hacia una habitación que se abría al amplio vestíbulo—. Ponte cómodo. Voy a abrir el vino.
Ligeramente aturdido, entró en una amplia estancia en la que ardía el fuego en la chimenea. La habitación estaba repleta de ricos colores, telas suaves, la madera brillante y el reluciente cristal.
Sobre la tarima de madera del suelo se esparcían alfombras antiguas bellamente desgastadas. Reconoció la riqueza, el confort, el gusto y, de alguna manera, la abundancia femenina. Había flores, lirios con pétalos en forma de estrella, tan blancos como la nieve de fuera, en un florero alto y transparente.
El aire tenía su olor... y el de ella.
Incluso un muerto, se dijo Jasper, hubiera sentido cómo le ardía la sangre en aquel ambiente y con aquella mujer.
Había libros colocados en estanterías entre bellas botellas y objetos de cristal, y algunas intrigantes esculturillas. Prestó atención, ya que lo que lee una persona habla de su interior.
—Yo soy una mujer práctica.
Jasper dio un brinco. Rosalie había vuelto de una forma tan silenciosa como el humo.
—¿Perdón, cómo dices?
—Soy una mujer práctica —repitió y colocó la bandeja con el vino y los vasos—. Los libros son mi pasión, y abrí la librería para poder sacarle partido.
—Es una pasión muy variada.
—Los canales monográficos son muy monótonos. —Rosalie sirvió el vino y fue a su encuentro sin perder sus ojos de vista en ningún momento—. Estarás de acuerdo conmigo, puesto que tus intereses también son múltiples.
—Sí.
—Por la variedad en las pasiones, entonces —sus ojos sonreían cuando chocaron las copas. Rosalie se sentó en el sofá, sonriendo al tiempo que palmoteaba el almohadón que tenía al lado.
—Ven, siéntate. Cuéntame qué te parece nuestra pequeña isla en medio del mar.
Jasper se preguntó si la habitación estaba demasiado caldeada o si sencillamente ella irradiaba calor, pero se sentó.
—Me gusta. El pueblo resulta pintoresco, pero sin caer en lo típico, y la gente es lo suficientemente amable, pero sin llegar a ser claramente entrometida. Tu librería añade un toque de sofisticación; el mar añade atractivos, y el bosque misterio. Estoy a gusto aquí —explicó.
—Todo está cerca. ¿Te encuentras a gusto en mi casita?
—Más que eso. He avanzado considerablemente en mi trabajo.
—También tú eres un tipo práctico, ¿no, Jasper? —tomó un sorbo: el rojo del vino tinto contra unos labios rojos—. A pesar de la gente que pueda pensar lo poco práctico que es el campo que has elegido —continuó Rosalie.
Sintió como si el cuello de su camisa hubiera encogido.
—El conocimiento siempre es práctico —contestó él.
—Y eso es lo que buscas por encima de todo: el saber. —Rosalie se acurrucó y sus rodillas rozaron ligeramente las piernas de Jasper—. Una mente inquieta es muy atractiva.
—Sí. Bueno. —Bebió vino. Lo tragó de golpe.
—¿Cómo va tu... apetito?
Jasper enrojeció.
—¿Mi apetito?
Rosalie pensó que su invitado era absolutamente delicioso.
—¿Por qué no pasamos al comedor? Te daré de cenar.
—Estupendo. De acuerdo.
Rosalie se enderezó y de nuevo arrastró las yemas de los dedos por su brazo.
—Trae el vino, guapo.
¡Dios mío! Fue su único pensamiento claro.
OMG Rose es tremeneda a poko no? jejeje buenooo ke seguira en esta interesante cena? ke kreen ustedes
espero me dejen reviews porq si no no actualizo juum hehehe
byee
