Hola holaa jejej aki esta la continuacion de la cena entre Jaz y Rose jeje kieren saber ke pasa?
recuerden de ke nada me pertenece
disfruten
Capítulo 18
El comedor podía haber parecido demasiado formal e intimidante, con la enorme mesa de caoba, los grandes aparadores y las sillas de altos respaldos, pero era tan acogedor como el salón. Los colores también eran cálidos, profundos tonos granate mezclados con dorados oscuros.
Flores de los mismos matices perfumaban el aire desde floreros de cristal tallado. El fuego crepitaba como si fuera un acompañamiento más de la suave música de arpa y flauta que sonaba de fondo.
Había retirado las cortinas de las tres ventanas para traer el contraste entre la oscuridad de la noche y la blancura de la nieve al interior de la habitación. Resultaba tan perfecto como una fotografía. Sobre la mesa había una suculenta parrilla de cordero a la luz de una docena de velas.
Si Rosalie había pretendido crear el marco ideal para un romance, lo había logrado de forma magistral.
Mientras cenaban, ella condujo la conversación hacia la literatura, el arte, el teatro, y todo el tiempo le escuchó con una atención muy halagadora.
Jasper pensó que era casi hipnótico. La forma en que miraba a un hombre: de manera total, directa y profunda.
La luz de las velas jugaba sobre su piel como si fuera oro sobre alabastro y en sus ojos como un velo dorado sobre el color del humo. Deseó poder dibujar algo mejor que bocetos a lápiz. El rostro de Rosalie era para representarlo con óleo. Era una diosa.
Le sorprendió que tuvieran tanto en común. A ambos les encantaban los libros y apreciaban la música.
Enseguida, los dos se lanzaron a conocer el pasado del otro. Él supo que ella había crecido en la isla, en aquella casa, como hija única. Y que sus padres habían delegado en manos de Lulú la responsabilidad de cuidarla. Rosalie había ido a la universidad de Radcliffe y se había licenciado en literatura y economía. Sus padres se habían marchado de la isla antes de que se graduara y volvían rara vez. Ella era rica, como él.
No pertenecía a ningún grupo, ni organización, y vivía tranquilamente y sola en su lugar de nacimiento. No se había casado nunca, ni había vivido con ningún hombre.
Se preguntó cómo una mujer con un atractivo tan evidentemente sexual, no lo había hecho.
—Te gusta viajar —comentó ella.
—Hay mucho que ver. Creo que lo disfruté más a los veinte años. El pellizco de hacer la maleta, partir siempre que quería o que lo necesitaba.
—Y vives en Nueva York: ¡qué emoción!, ¡qué estimulante!
—Tiene sus ventajas. Aunque puedo hacer mi trabajo en cualquier lugar. ¿Vas a Nueva York con frecuencia?
—No. Rara vez salgo de la isla. Aquí tengo todo lo que quiero y necesito.
—¿Y los museos, los teatros, las galerías de pintura?
—Puedo pasarme sin ellos. Prefiero mis acantilados, mi bosque, mi trabajo. Y mi jardín —añadió—. Es una pena que sea invierno, si no, podríamos dar un paseo. En vez de eso, tendremos que instalarnos en el salón para tomar el café y el postre.
Le sirvió unos pasteles de chocolate exquisitos, que le encantaron. Le ofreció un coñac, que rechazó. En algún lugar de la casa un reloj dio las horas, mientras Rosalie se hacía de nuevo un ovillo en el sofá al lado de él.
—Eres un hombre con un gran dominio de ti mismo y una gran fuerza de voluntad, ¿verdad, doctor Whitlock?
—No estoy muy seguro de que siempre sea así. ¿Por qué?
—Porque llevas en mi casa, a solas conmigo, más de dos horas. He empleado vino, velas, música, y todavía no has abandonado tu interés profesional sobre mí, ni has intentado seducirme. Me pregunto si debo admirarte o sentirme insultada.
—Creo que las dos cosas.
—¿En serio? ¿Y por qué lo piensas?
—Porque me has invitado a tu casa, y creo que venir sólo por interés profesional resultaría inadecuado.
—Ah —Rosalie ladeó la cabeza ofreciéndole deliberadamente la posibilidad de inclinarse y besarla—. ¿Y qué me dices de la seducción?
—Cualquier hombre que estando cerca de ti no hubiera pensado en seducirte, necesitaría tratamiento médico inmediato.
—¡Ah! Me gustas, en realidad más de lo que yo pensaba. Pero, ahora debo pedirte disculpas por atormentarte.
—¿Por qué? Me gusta.
—Jaz... —se inclinó y tocó sus labios con los suyos suavemente—, ¿vamos a ser amigos, no?
—Eso espero.
—Me hubiera gustado llegar a más, pero hubiésemos durado poco, y complicaría el destino.
—¿El tuyo o el mío?
—El de los dos, y el de alguien más. Se supone que no vamos a ser amantes. No sabía que ya te hubieras dado cuenta.
—Espero que no te importe si lo lamento un poco.
—Me enfadaría si no fuera así —Rosalie apartó el caudal de rizos de su cabello rubio oscuro—. Plantéame las cuestiones profesionales que más te preocupen. Responderé si puedo.
—¿Cómo trazaron el círculo del bosque cerca de la casa?
La sorpresa hizo que Rosalie frunciera los labios. Se levantó para darse un momento para pensar.
—¡Menuda pregunta! —Dijo ella paseando hacia la ventana—. ¿Cómo lo encontraste? —Antes de que él pudiera responder, Rosalie agitó la mano—. No, no importa, es tu trabajo. No puedo contestar una pregunta que involucra a otras personas que quizá no quieran que yo lo haga.
—Sé lo de Alice y Bella.
Ella miró hacia atrás por encima del hombro.
—¿Lo sabes?
—A través de mis investigaciones, de un proceso de eliminación y de ciertas observaciones —se encogió de hombros—. Soy bueno en lo que hago. No he hablado con Bella porque tanto tú como Alice se oponen.
—Ya veo. ¿Te asusta lo que podríamos hacer si ignoras nuestras objeciones?
—No.
—No. Así de rápido y sencillo. Un hombre valiente.
—Para nada. No utilizarían su don para castigar o dañar, no sin una causa o una provocación, sino solamente para proteger. Alice no tiene tu control ni tu dedicación, pero tiene su propio código de conducta posiblemente más es tricto que el tuyo.
—Conoces bien a la gente. ¿Y ya has hablado con Alice? ¿Has hablado con ella?
—Sí, he hablado con ella.
Las comisuras de sus labios se curvaron, pero había poca diversión en su sonrisa.
—Y dices que no eres valiente. —En sus palabras había la suficiente mordacidad como para intrigarle.
—¿Qué ocurrió entre ustedes? —preguntó Jasper.
—Esa es una segunda pregunta, y yo todavía tengo que decidir si contesto la primera. Hasta que Alice confirme tu suposición...
—No es una suposición, es un hecho, y lo ha confirmado —respondió Jasper.
—Ahora me sorprendes —mientras descifraba sus palabras, Rosalie se dirigió a la chimenea, de allí a la cafetera para servirse, aunque no le apetecía el café.
—Tú también la has protegido —dijo Jasper suavemente—. Ella te importa, y mucho.
—Fuimos amigas, todo lo amigas que se puede ser, la mayor parte de nuestras vidas. Ahora no lo somos —lo dijo sencillamente, aunque aquello era todo menos sencillo—. Pero no he olvidado lo que fuimos, ni lo que compartimos. Aun así, Alice es capaz de protegerse a sí misma. No puedo imaginar por qué admitió ante ti tan rápidamente lo que posee; lo que es.
—La obligué a hacerlo.
Jasper dudó sólo un instante y después le contó a Rosalie lo del estallido de energía, lo de la mujer de la playa y la hora que había pasado con Alice en la casita.
Rosalie tomó su muñeca y la examinó.
—Siempre ha tenido problemas con su temperamento, pero su conciencia es incluso más fuerte. Habrá lamentado causarte daño. Alice habrá transferido las quemaduras, ¿sabes?
—¿Cómo?
—Esa habrá sido su forma de castigarse, de hacer lo justo y recto otra vez, pasar las quemaduras de tu carne a la suya.
Jasper pensó en el calor, el dolor. Soltó un juramento.
—¡Maldita sea! No era necesario —espetó Jasper.
—Para ella, sí. Déjalo estar —Rosalie le soltó la muñeca, deambuló por la habitación y puso en orden sus ideas—. Tú la deseas.
Jasper se movió en el sofá. El sofoco parecía querer subir por su cuello.
—No me siento muy cómodo hablando de este tema con otra mujer.
—Yo no soy cualquier mujer Jasper. Los hombres a menudo son tan remilgados... para hablar de sexo, para hablar de él, me refiero, pero no para practicarlo. Eso está bien —Rosalie se acercó otra vez y se sentó—. Y ahora, para contestar a tu pregunta...
—Perdona, ¿te importa si grabo tu respuesta?
—¡Doctor Whitlock! —Mientras él sacaba del bolsillo la grabadora, la risa resonó en su voz—. ¡Qué chico éste!, el perfecto boy-scout. Siempre preparado. No, supongo que no tengo nada que objetar, pero vamos a grabar también que no se publicará nada sin mi permiso escrito.
—Tú también estás siempre preparada. De acuerdo.
—Bella ha tomado sus precauciones, y yo haré lo mismo. Las acciones legales que emprendió fueron una forma de protección. Edward, que es muy bueno en su trabajo y que está muy enamorado de Bella, también la protegía. James Remington vino a la isla y la encontró enseguida. Volvió a maltratarla y a aterrorizarla; casi mató a Edward y habría matado a Bella; aquella noche estaba decidido a hacerlo. Ella escapó al bosque para evitar que James asesinara a Edward, que ya estaba malherido. Se dirigió al bosque sabiendo que su marido la perseguiría hasta allí.
—Es una mujer muy valiente.
—Desde luego. Ella conocía bien el bosque, es suyo, y no había luna. Pero él la encontró enseguida, como Bella ya intuía en parte. Hay hechos que nada puede cambiar, ni la magia, ni la mente, ni ningún otro esfuerzo. —Los ojos de Rosalie eran profundos e intensos cuando se encontraron con los suyos—. ¿Tú lo crees?
—Sí, lo creo.
Rosalie asintió al tiempo que estudiaba el rostro de Jasper.
—Ya pensaba yo que lo creerías y que, en cierta manera, incluso lo entenderías. James estaba decidido a encontrar a Bella. Esa... prueba a la que tenía que enfrentarse fue escrita hace siglos. El valor y la fe en sí misma de Bella fueron claves —se detuvo por un momento, retomando fuerzas—. Incluso sabiéndolo, yo tenía miedo, como lo tendría cualquier mujer —continuó Rosalie—. James amenazaba con un cuchillo contra la garganta de Bella, y ya le había magullado la cara. Aborrezco a los que viven a costa de los demás, a los que causan pena y dolor deliberadamente a aquellos a los que consideran más débiles.
—Eres una mujer civilizada —comentó Jasper.
—¿Lo soy doctor Whitlock? ¿Y también entiendes entonces que fueron mis poderes los que hicieron que se detuviera el corazón de James Remington, que finalizara su vida, produciéndole un dolor indecible en el momento en que amenazó a mi hermana?
—Una maldición de semejante calibre, de tanta violencia, exige que quien es maldecido crea en ello, y un ritual complejo con... —Jasper se detuvo ya que Rosalie estaba tomando su café sonriendo, con aspecto de total diversión—, todas mis investigaciones lo confirman.
—Como quieras —admitió Rosalie con ligereza y él comenzó sentir un cosquilleo en la nuca—. Lo que podría haber hecho es otra cuestión. Yo estoy atada por mis propias convicciones, mis propias promesas. No puedo quebrantar mi fe y ser lo que soy. Estábamos los cinco allí, en aquel bosque: tanto Edward como Alice llevaban armas, pero utilizar las suponía acabar con la vida de Bella, y con la de Remington. Sólo había un camino, una respuesta: el círculo de tres. Lo trazamos aquella noche, sin la ceremonia, las herramientas, ni los cánticos que son necesarios la mayor parte de las veces. Construimos el círculo con nuestra voluntad.
Fascinante, pensó Jasper. Asombroso.
—Nunca he visto trazar uno.
—Hasta aquella noche, yo tampoco, ni lo había intentado siquiera. La necesidad obliga —murmuró Rosalie—. Establecimos un vínculo entre una mente, otra y otra, y el poder, doctor Whitlock, creó un anillo como de fuego. James no podía hacer daño a Bella, ella no podía ser dañada. Él perdió el juicio cuando le obligamos a enfrentarse a lo que había en su interior.
Rosalie hablaba en voz baja, pero algo, para lo que incluso la palabra magia parecía casi demasiado corriente, brillaba en la habitación y le acariciaba la piel.
—Alice me contó que habian cerrado el círculo —dijo Jasper.
—Alice, en contra de su costumbre, está siendo muy charlatana contigo. Sí, cerramos el círculo.
—La energía todavía está allí. Mucho más fuerte que la de cualquier círculo abierto que yo haya documentado.
—Las tres unidas formamos algo muy poderoso. Creo que la energía permanecerá allí incluso después de que nosotras seamos sólo un recuerdo. Bella encontró lo que necesitaba, el primer pasó hacia el equilibrio.
El aire se enfrió de nuevo y Rosalie sólo volvió a ser una bella mujer sosteniendo una cafetera de porcelana.
—¿Más café? —preguntó.
Facinante no? ke les parecio el capii?
espero sus reviews
byee
