Ke tal stan?
recuerden de ke nada me pertenece
disfruten
Capítulo 22
Había algo que Alice odiaba más que sentirse culpable: sentirse avergonzada. Como su carácter no era de los de estallar y olvidar tardó un rato en cambiar de actitud. Se regodeó en su enfado, disfrutando de cómo bullía en su interior, mientras bloqueaba su capacidad para pensar con claridad.
Pasó la mayor parte del día conduciendo en aquel estado y se sintió bien, reafirmada en lo que pensaba, Canalizó su energía poniendo al día el montón de papeles atrasados de la comisaría, limpiando las instalaciones y haciendo el turno de Edward. Salió a patrullar a pie primero y después, como prefería seguir ocupada, hizo voluntariamente el turno de patrulla de su hermano.
Recorrió toda la isla tratando de encontrar problemas, deseando tenerlos. Como no llegaron, se pasó una hora en casa golpeando con todas sus fuerzas el saco de arena de boxeo. Entonces el sentido común comenzó a abrirse paso, lo cual no le gustó, ya que poco a poco comenzó a ver su comportamiento con toda claridad.
Había actuado como una estúpida, lo que le resultaba difícil de admitir. Se había equivocado, y eso era un trago demasiado grande y amargo para ella. Se sentía como una idiota y le deprimía, por lo que se refugió en la cocina vacía y se comió tres pasteles de chocolate.
En primer lugar, apenas podía creer que un hombre fuera la causa del estado en que se encontraba. Desde luego no habían sido los celos, pensó mientras contemplaba el cuarto pastel. En eso, Jasper se equivocaba completamente; pero ella desde luego había reaccionado de forma exagerada. Y también le había tratado vergonzosamente, pensó cuando el sentimiento de estupidez empezó a dejar paso a las primeras punzadas de culpabilidad.
Había coqueteado con él. Alice despreciaba a las mujeres que utilizaban el sexo como arma, como soborno, o como recompensa, y sin embargo, ella lo había utilizado como cebo y como castigo.
Se sentía avergonzada.
El recuerdo de su actuación en el gimnasio de sembocó en el pastel número cuatro. Aunque a Jasper le hubiera interesado Rosalie, algo de lo que a esas alturas estaba absolutamente convencida de que no era cierto, era libre. Dos besos apasionados no suponían ningún compromiso de exclusividad, ni le obligaban a ser fiel.
Sin embargo, la joven creía firmemente que si empezaba a picotear una galleta, debía terminarla del todo antes de empezar otra.
Pero aquél no era el caso aquí y ahora. Lo mejor que podía hacer era no hacer nada, pensó, mientras se frotaba el estómago que tenía ligeramente revuelto. Apartarse y cortar de raíz cualquier contacto personal con aquel tipo, aunque admitió que probablemente ya era un poco tarde.
Fingiría que no había sucedido nada, precisamente lo que tenía que haber ocurrido, si hubiera tenido un poco más de juicio. Se arrastró hasta su habitación y se encerró, pensando que lo mejor sería evitar cualquier contacto humano en las ocho horas siguientes. El sueño no acudió con facilidad, pero lo achacó a la cantidad de chocolate ingerido y juzgó que era un castigo leve para sus faltas.
Cuando llegaron, los sueños fueron más violentos de lo que se merecía.
Era invierno y la playa estaba desierta. La soledad le pesaba como si tuviera cadenas atenazándole el corazón. Había una luna llena, su blanca luz bañaba el mar y la orilla. La claridad era tal que casi se podía contar cada grano de aquella arena reluciente.
El sonido del oleaje retumbaba en sus oídos; era un rumor que le recordaba que estaba sola; que siempre lo estaría.
Levantó las manos y gritó de dolor, de furia. El viento le respondió levantando remolinos de arena brillante, más y más rápido.
El poder fluyó a través de ella, como el filo de una espada tan frío que quemaba. La tormenta que había conjurado rugía y negras nubes se cernían hasta cubrir la luz de aquella luna blanca y pura.
—¿Por qué lo hiciste?
Alice se volvió en medio de aquel torrente y vio a la hermana que había perdido, con el cabello caoba reluciente y los ojos cafés ensombrecidos por la pena.
—Por justicia, por ti —respondió, ya que necesitaba creerlo.
—No. Fue por venganza, por odio —la que fuera Aire no alargó los brazos, sino que permaneció quieta con las manos en la cintura—. Nosotras no podemos utilizar lo que somos para derramar sangre.
—El derramó la tuya primero.
—¿Acaso mi debilidad, mis temores son excusa para los tuyos?
—¿Debilidad? Ahora soy más fuerte que nunca. —La magia negra bulló en su interior—. No tengo miedo.
—Estás sola. Has sacrificado a la persona a la que amabas.
Como si fuera un sueño dentro del sueño, pudo ver al hombre dueño de su corazón. Le miró y le volvió a ver muerto, apartado de ella y de sus hijos como consecuencia de sus terribles actos.
Las lágrimas que le arrasaron los ojos quemaban como si fueran ácido.
—Tenía que haber permanecido al margen.
—Él te amaba.
—Ahora estoy más allá del amor.
Aire giró las manos que brillaban tan blancas como la cegadora luna llena.
—Sin amor no hay vida, ni esperanza. Yo rompí el primer lazo entre nosotras, y me faltó valor para rehacerlo. Ahora tú rompes el segundo. Encuentra la compasión en ti, pide perdón, si no la cadena se debilitará.
—Yo no cambiaré nada.
—Nuestra hermana será puesta a prueba —Aire habló ahora con urgencia—. Sin nosotras, puede que fracase, entonces nuestro círculo se romperá de una vez y para siempre. Los hijos de nuestros hijos lo pagarán. Lo he visto.
—¿Me estás pidiendo que renuncie a lo que he probado ya, a lo que puedo conjurar con sólo un pensamiento? —Elevó la mano y el mar se levantó con rabia contra el brillante muro de arena; cientos de voces gritaron—. No lo haré. Antes de que yo acabe con esto, cada hombre, cada mujer, cada niño que nos maldijo, que nos dio caza como a alimañas, se retorcerá de agonía.
—Entonces nos condenarás —dijo Aire en voz baja—. A nosotras y a todos los que vengan detrás. Mira y contempla lo que sucederá.
El muro de arena se disolvió. El mar furioso se retiró y se congeló en un momento, palpitando. La luna tan blanca, tan pura, se partió y de ella goteó sangre helada. Los rayos restallaron como látigos en el cielo oscuro y cayeron sobre la tierra produciendo humo y fuego.
Crecieron llamas alimentadas por un viento salvaje y voraz, haciendo que la oscuridad quedara cegada por la luz.
La noche se convirtió en un prolongado grito aterrorizado al desaparecer la isla engullida por el mar.
A pesar de lo inquietante que había resultado aquel sueño, Alice se autoconvenció de que había sido producto de la culpa y del chocolate. A la luz del día hizo caso omiso de la ansiedad que le había producido y centró su energía en apalear la última nieve que había caído.
Cuando Edward se reunió con ella, ya había limpiado los escalones y la mitad del camino.
—Yo me ocuparé del resto —dijo su hermano—. Entra en casa y toma café y algún bollo para desayunar.
—Soy incapaz de comer nada. Me atraqué de pasteles de chocolate anoche, o sea que me viene bien el ejercicio.
—¡Oye! —la tomó por la barbilla y le levantó la cara para estudiarla despacio—. Pareces cansada.
—No he dormido muy bien.
—¿Qué es lo que te atormenta?
—Nada. Comí demasiados dulces, no he dormido bien y estoy pagándolo ahora.
—Mira, querida, estás hablando con alguien que te conoce bien. Cuando tienes algún problema te vuelcas en el trabajo, en tareas duras tanto física como mentalmente, hasta que consigues darle la vuelta a la situación. Suéltalo.
—No hay nada que soltar —Alice movió nerviosamente los pies y al final sencillamente suspiró. Su hermano podía quedarse allí y esperar una respuesta toda la eternidad—. De acuerdo, no estoy preparada para soltarlo. Estoy intentando resolverlo.
—Bien. Si apalear toda esa nieve te ayuda, entonces te dejo continuar.
Edward se dio la vuelta. No parecía estar sólo cansada, también parecía infeliz. Intentaría distraerla. ¿Para qué estaban sino los hermanos mayores? Tomó nieve en las manos y formó una bola; la lanzó.
Le dio en la parte de atrás de la cabeza con un sonoro «punk». No en vano era el lanzador principal del equipo de béisbol de la isla.
Alice se volvió despacio y contempló la sonrisa cariñosa de su hermano.
—O sea que... quieres jugar, ¿no?
Se volvió mientras agarraba nieve. En el momento en que él se agachaba para hacerse con más munición, le disparó en mitad de los ojos. Alice solía jugar al béisbol en tercera base y era una corredora lo suficientemente valiente o loca como para intentar robar la base siempre que se le presentaba la ocasión.
Se dieron una paliza haciendo volar bolas de nieve por el camino a medio despejar, sin dejar de lanzarse insultos y pullas.
Mientras tanto, Bella llegó hasta la puerta: lo que había sido una sábana inmaculada que cubría el césped estaba ahora enmarañada por los surcos y lomas producidos por los cuerpos al caer. Lucy salió disparada como una bala dando fuertes ladridos de alegría, y se sumó a la escena.
Bella, divertida, cruzó los brazos para proteger se del frío y salió al porche.
—Niños deberían entrar y limpiarse —les gritó—, o llegaran tarde al colegio.
Fue más por instinto que algo planeado el que los dos hermanos se giraran a la vez. Las dos bolas de nieve golpearon a Bella de pleno. Los gritos que se escucharon a continuación provocaron que Alice se riera tan fuerte que se tuvo que arrodillar, mientras Lucy corría a darle lametones.
—¡Huy! —Edward se tragó la sonrisa al ver un brillo peligroso en los ojos de su mujer—. Perdona, cariño. ¿Sabes? Ha sido un acto reflejo.
—Te voy a enseñar lo que es un acto reflejo. Qué tranquilizador saber que la policía de la isla dispara sobre gente desarmada —Bella aspiró por la nariz y levantó la barbilla—. Quiero todo esto despejado, y de paso pueden limpiar mi coche si consiguen parar de reír un momento.
Se dirigió al interior y cerró la puerta de golpe.
—¡Glup! —exclamó Alice y rompió a reír de nuevo—. Creo que esta noche vas a dormir en el sofá, querido hermanito.
—No es rencorosa —Edward hizo una mueca elevando los hombros—. Pero voy a limpiarle el coche.
—Te tiene sorbido el seso, ¿verdad?
Él se limitó a lanzarle una furibunda mirada.
—Te mataré después.
Alice se enderezó y aún continuaba riendo entre dientes, mientras su hermano y Lucy se abrían paso con dificultad a través de la nieve en dirección a la parte trasera de la casa. Pensó que no había nada como una buena pelea de bolas de nieve para estabilizar las cosas, Tan pronto como terminara de limpiar el camino, iría a hacer las paces con Bella.
Pensaba que su cuñada tenía más sentido del humor. ¿Qué importancia tenía un poco de nieve entre amigos? Sin dedicarle más tiempo al asunto, Alice tomó la pala y justo entonces oyó el grito de dolor y los ladridos enloquecidos.
Sosteniendo la pala como si fuera un bate, corrió hacia el lateral de la casa. Al doblar la esquina se encontró con la cara llena de nieve; la sorpresa fue tal que le hizo engullir parte, ahogándola. Cuando la escupió y se limpió la cara, vio a su hermano cubierto de nieve hasta los hombros.
Y vio a Bella plantada con una sonrisa de satisfacción y dos cubos vacíos. Golpeaba uno contra el otro delicadamente para quitar los restos de nieve.
—Esto ha sido un acto reflejo —dijo Bella asintiendo con la cabeza.
—¡Madre mía! —Alice intentó sacudirse la nieve que tenía bajo el cuello y que chorreaba fría y húmeda—. ¡Bien por Bella!
Alice se veía capaz de conservar su buen humor a lo largo del día, y lo hubiera conseguido si Dennis Ripley no hubiera aparecido por la comisaría arrastrando los pies.
—Aquí está mi delincuente favorito —puso los pies encima de la mesa y se dispuso a disfrutar el espectáculo, ya que el chico siempre conseguía en tretenerla—. ¿Qué te ocurre?
—Se supone que tengo que disculparme por causar problemas y agradecerte que me llevaras de vuelta al colegio, etcétera, etcétera.
—¡Vaya Den! —Alice se enjugó una lágrima imaginaria—. Estoy emocionada.
El chico torció la boca en una mueca.
—Mamá ha dicho que tengo que hacerlo. Me han echado del colé dos días, no puedo salir en tres semanas y tengo que hacer unos trabajos sobre la responsabilidad y la sinceridad.
—¿Unos trabajos? Eso es lo peor, ¿verdad?
—Sí —se dejó caer sobre la silla frente a ella y suspiró pesadamente—. Supongo que fue una estupidez.
—Creo que sí.
—No hay forma de largarse del colegio en invierno —añadió él.
—Sin comentarios al respecto. ¿Qué pasó con el examen de historia?
—Lo aprobé.
—¿Bromeas? Tú eres un burro, Den.
—La verdad es que no fue tan difícil como pensaba. Y mamá no ha sido tan dura como creía, ni papá tampoco. Sólo me ha caído un sermón.
—¡Uf! —Alice le dedicó un estremecimiento para hacerle sonreír—. ¡Qué horror, un sermón!
—Puedo utilizar la mayor parte del sermón en los trabajos. Creo que he aprendido la lección de veras.
—Cuéntame.
—Bueno, pues además de planear mejor las cosas para no congelarme las orejas en el bosque cuando falte a la escuela, es mucho mejor hacer lo que se supone que debes hacer, en primer lugar.
—Mucho mejor —convino ella. Y como le apreciaba, se levantó para prepararle un chocolate caliente.
—Y como tú me hiciste volver a la escuela y confesar lo que había hecho, no tengo que preocupar me, ¿sabes? Papá dice que cuando te metes en un lío tienes que hacerle frente y arreglarlo. Así la gente te respetará y además podrás respetarte a ti mismo.
Alice sintió una punzada de dolor en la garganta al servir el chocolate en un tazón.
—¡Dios mío! —murmuró.
—Todo el mundo comete errores, pero sólo los cobardes se esconden de ellos. Es un buen tema, ¿no crees, tía Alice? Puedo utilizarlo en los trabajos.
—Sí —ella soltó un taco por lo bajo—. Es un buen tema.
Ke tal stan? ke les parecio el capii? espero les haya gustado
espero sus reviews
byee
