Hello ke tal stan? espero ke biien jeje

recuerden de ke nad me pertenece

disfrutenlo

Capítulo 23

Si un chico de doce años podía plantar cara a los problemas, entonces una mujer de treinta debía ser capaz de hacer lo mismo.

Hubiera preferido que la regañaran y la obligaran a redactar aquellos temibles trabajos, antes que llamar a la puerta de Jasper. Pero no había opción: no ante el agobio de la culpa de la vergüenza y del ejemplo de un chico de doce años.

Pensó que quizá Jasper le cerraría la puerta en las narices y ella no podría enfadarse con él si lo hacía. Por supuesto, si por casualidad actuaba así, entonces podría limitarse a escribirle algo como disculpa, lo cual, bien pensado, era casi como hacer una redacción.

Sin embargo, el primer movimiento debía ser cara a cara. Y por eso, a la caída de la tarde, se plantó frente a la puerta y se preparó para humillarse.

Jasper abrió la puerta. Llevaba puestas las gafas y un jersey que llevaba escrito «¿qué passsa contigo?» y un dibujo con el alce Bullwinkle, la masco ta de Minnesota. En otras circunstancias le hubiera resultado gracioso.

—Ayudante Cullen —saludó, muy fríamente.

—¿Puedo entrar un momento? —Se tragó el primer bocado de humillación—. Por favor.

Jasper retrocedió a la vez que le hacía un ademán para que entrara.

Alice vio que estaba trabajando. Había un par de monitores en marcha. Uno de ellos mostraba líneas en zig-zag que le recordaron a las máquinas del hospital. Tenía la chimenea encendida y olía a café recalentado.

—Te interrumpo... —comenzó.

—En efecto. Déjame colgar tu abrigo.

—No —sujetó el abrigo con más fuerza, a la defensiva—. No me llevará mucho tiempo y después te dejaré en paz. Quiero pedirte disculpas por lo del otro día. Yo estaba equivocada, completamente equivocada y todo lo que dije estuvo fuera de lugar. No hay excusa para lo que hice, lo que dije ni para la forma en que me porté.

—Bueno, eso abarca casi todo —le hubiera gustado continuar enfadado con ella, porque se encontraba muy cómodo en aquel estado—. Acepto tus disculpas.

Alice hundió las manos en los bolsillos. No le gustaba cuando las cosas parecían demasiado fáciles.

—Me pasé —dijo.

—No lo discuto.

—Me gustaría terminar... —la voz de Alice se tornó más fría.

—De acuerdo, continúa.

—No sé por qué me pasé, pero fue lo que hice. Incluso si hubieras estado con Rosalie de forma... íntima, no sería asunto mío. Yo soy responsable de mis actos, de mis decisiones y de mis elecciones, y así es como me gusta que sea.

—Alice, déjame colgar tu abrigo, por favor —insistió Jasper de forma más amable.

—No, no me voy a quedar. He estado dándole vueltas, intentando encontrar una justificación después de todo. Eso me cabrea. El caso es que primero te habías interesado por mí, y después por Rosalie, para intentar suavizar la relación entre ambas, para que así pudiéramos ayudarte en tu trabajo.

—Bueno, eso es insultante — Jasper se quitó las gafas y las sujetó por la patilla

—Lo sé, y lo siento —admitió con gravedad—. Es más, estoy avergonzada por haber utilizado ese argumento para justificarme y haber usado el sexo, excitándote como lo hice, para castigarte. Las mujeres que hacen eso alteran el sentido del sexo. Entonces... —Alice dejó escapar el aliento, mientras analizaba sus sentimientos; no se sentía mejor, maldita sea; se sentía mortificada—. ... Entonces, esto es todo. Te dejo seguir con lo que estabas haciendo —acabó.

Se volvió hacia la entrada pero Jasper se movió a la vez que ella, y puso la mano sobre la puerta.

—Si vamos un poco más allá de la superficie de las cosas, que es algo que me gusta hacer, hay una parte pequeña de tu exagerada reacción que en cuentro satisfactoria, desde un punto de vista estrictamente egoísta y superficial.

Ella no le miró; se negaba. ¿Para qué molestar se cuando podía sentir la satisfacción en su voz?

—Precisamente por eso me siento todavía más idiota.

—No me importa —deslizó su mano a lo largo de su corta coleta—. Voy a quitarte el abrigo —lo tomó de sus hombros—. ¿Quieres una cerveza?

—No. No. Estoy de servicio —le sorprendió darse cuenta de que lo que quería era que la abrazara. Sencillamente un pequeño abrazo rápido, a pesar de que nunca había sido muy partidaria de aquellas muestras de afecto.

Jasper acarició de nuevo su cabello deslizando suavemente los dedos a lo largo de la suave y corta cascada de pelo.

—¿Quieres un beso y que hagamos las paces?

—Creo que podemos dejar de lado la parte relativa a los besos —le quitó el abrigo de las manos, se apartó a un lado y lo tiró al suelo cerca de la puerta. Hizo un gesto señalando el dibujo del alce—. ¿Es tu retrato?

—¿Cómo? —Jasper miró bajó la vista, centrando la mirada en el dibujo de su jersey—. Sí. Hice un curso de postgrado allí. No has vivido hasta que has visto la primavera en las Frosbite Falls1.

Alice sonrió y se sintió mejor.

—No sé dónde encasillarte, Jasper.

—Yo tampoco. ¿Quieres...? —Jasper se detuvo cuando empezó a sonar un timbre y comenzó a mirar por la habitación con aire aturdido.

—Me parece que es el teléfono —dijo Alice queriendo ayudar.

—Sí, pero, ¿cuál de ellos? El del dormitorio —decidió y se fue hacia allí a grandes zancadas.

Se agachó para recoger el abrigo. Quizás lo mejor sería marcharse mientras él estaba ocupado. En aquel momento le escuchó hablar en lo que parecía ser español.

¿Qué tendrían los idiomas extranjeros se preguntó, que estimulaban la imaginación? Dejó el abrigo donde estaba y se dirigió hacia el dormitorio con disimulo.

Jasper estaba de pie cerca de la cama, con las gafas colgando por las patillas del bolsillo de sus pantalones vaqueros. La cama estaba hecha; le gustaban los hombres que mantenían un mínimo de orden. Había libros esparcidos y apilados por todas partes. Él se paseaba nervioso mientras hablaba y se dio cuenta de que iba descalzo, solamente llevaba calcetines gruesos: uno negro y otro azul marino. Era encantador.

Hablaba muy rápido. Siempre que oía hablar en otro idioma, sonaba a sus oídos como un torrente incomprensible de sonidos fascinantes, dichos a toda velocidad.

Aguzó el oído. Daba la sensación de estar muy concentrado pero no en el español, pensó. Lo hablaba con una fluidez que denotaba un perfecto dominio.

Entonces Jasper comenzó a buscar por la habitación, golpeándose la camisa con una mano.

—En el bolsillo derecho —le apuntó Alice provocando que él se diera la vuelta y la sorprendiese parpadeando—. ¿Buscas las gafas?

—Eh... no. Sí. ¿Qué? No, no, uno momento. ¿Por qué no encuentro un bolígrafo?

Alice se acercó y cogió uno de los tres que había en la mesita de noche. Al ver que seguía buscando algo, le ofreció un trozo de papel también.

—Gracias. No sé por qué siempre... ¿Cómo? Sí, sí.

Jasper se sentó en un costado de la cama y se puso a escribir algo. Habiendo llegado tan lejos, Alice no vio ninguna razón para detenerse. Inclinó la cabeza para leer sus notas, pero le desconcertó ver que otra vez estaban escritas en taquigrafía.

Decidió que además probablemente estarían en español, con lo que aprovechó la oportunidad para estudiar el dormitorio. No había ropa por en medio. Tampoco quedaba mucho espacio libre con todos los libros, revistas y pilas de papeles. No había fotografías personales, pensó que era una pena. Encima de la cómoda se encontraba el montón habitual de monedas, junto a una medalla de San Cristóbal. Se acordó del amuleto de la guantera y se preguntó con qué otras cosas se protegería.

Había una navaja, un juego de destornilladores pequeños y unas cuantas piezas no identificables de plástico y de metal que debieron formar parte de un fusible y una especie de piedra vitrea negra; la tocó y al sentir un zumbido sordo y vibrante se abstuvo de hacerlo de nuevo

Cuando se dio la vuelta, Jasper continuaba sentado en un lado de la cama. Había colgado el teléfono y miraba al vacío con una expresión entre soñadora y distraída.

Ella se aclaró la garganta para atraer su atención.

—O sea que hablas español.

—Humm...

—¿Malas noticias?

—Eh... No, no, noticias interesantes. Era un colega de Costa Rica. Cree que tiene una conexión con un EBE.

—¿Qué es eso?

—¡Ah! Un EBE es un Ente Biológico Extraterrestre.

—¿Un hombrecito verde?

—Eso es. —Jasper dejó las notas a un lado—. Tiene que ver con todas las brujas montadas en escobas que yo he documentado.

—En cualquier caso, es interesante. Ya veremos qué ocurre. ¿Hay alguna otra cosa que te atraiga a mi dormitorio?

—No estás tan distraído como parece.

—Solamente la mitad del tiempo —dio unas palmadas en la cama a su lado.

—Es una oferta realmente atractiva, pero paso. Me voy a casa.

—¿Por qué no cenamos algo? —Se quitó las gafas y las colocó con cuidado encima de la cama—. Pode mos salir a tomar algo fuera. ¿Ya es hora de cenar?

—Puede ser. Quita las gafas de la cama. Se te olvidará y te sentarás encima o algo parecido.

—De acuerdo. ¿Cómo sabes que me ocurrirá eso? —Cogió las llaves y las colocó en la mesita de noche.

—Pura adivinación. ¿Te importa si llamo a casa para avisar a mi familia de que no voy a ir a cenar?

—Adelante.

Cuando se dirigía hacia el teléfono, Jasper la tomó de la mano y la hizo girar hasta que la colocó entre sus piernas.

—Me gustaría discutir lo de no besarte, que hemos hablado antes. Creo que como tú eres la que se ha disculpado, deberías ser tú también la que me besaras.

—Estoy pensando en ello —levantó el teléfono y mantuvo sus ojos fijos en los de él mientras hablaba brevemente con Edward—. Bien, éste es el trato: las manos sobre la cama y las tienes que mantener ahí. Nada de tocar, ni de agarrar.

—Es demasiado estricto, pero acepto —dijo colocando las palmas en el borde de la cama.

Alice pensó que había llegado el momento de demostrarle que no era el único que tenía iniciativa. Se inclinó despacio, jugando con las manos en su pelo antes de apoyarse en sus hombros. Detuvo su boca a un centímetro de la suya.

—Las manos quietas —repitió ella.

Se rozaron los labios, un ligero choque de los dientes y una insinuación de la lengua.

Alice le mordió, con una pasión felina, primero un labio, después el otro, para dejar escapar el aliento en un prolongado gemido de placer que se expandió por todo su cuerpo. La joven ardía en un incandescente brote de placer. Se apartó ligeramente para tomar aire y se detuvo un instante, entonces hundió sus dedos entre el cabello alborota do de Jasper y se abandonó sobre él.

Jasper sintió calor suficiente para quemar a cualquier hombre por dentro y por fuera. Apretó las manos como si quisiera atornillarlos sobre el borde de la cama y sintió que el corazón se le subía a la garganta.

Se sentía devorado con una avidez implacable.

Alice se apoderó de él, se introdujo en su sangre como si se tratara de una droga de efecto rápido; una droga que arañara sus terminaciones nerviosas más que adormecerlas. Jasper sentía algo tan fuerte, que sólo esperaba que su sistema nervioso explotara.

Alice estuvo a punto de empujarle hacia atrás, de sucumbir al deseo que la inundaba y tumbarle sobre la cama. Cada vez que estaba con él, algo resonaba en su cerebro, paralizaba su cuerpo y le oprimía el corazón. Aunque le había pedido que se controlara y se había controlado a sí misma, se en contraba perdida.

Notó que él temblaba y sintió su propia respuesta en forma de estremecimiento. Para terminar aquel beso y apartarse apeló a toda su fuerza de voluntad.

Jasper dejó escapar un suspiro entrecortado. Ella podía ver su pulso latiendo en su garganta como un taladro. Pero a pesar de todo, él no la había to cado. Semejante demostración de autocontrol merecía respeto, pensó Alice; era algo digno de admiración y a la vez un reto que desafiar.

Con la yema de los dedos, ella hizo un gesto golpeándose ligeramente la comisura de los labios.

—Vamos a comer algo —dijo y salió rápidamente de la habitación.

Paso a paso, pensó Alice mientras recogía el abrigo del suelo, habían llegado a un punto de no retorno.


Ke les parecio la disculpa de Alice? jejej espero les haya gustado

espero sus reviews

byee