Holaa espero disfruten

recuerden ke nada me pertenece

Capítulo 25

—No estoy preparando ningún encantamiento —declaró Bella.

Rosalie inclinó la cabeza y sonrió dulcemente a Bella que fruncía el ceño frente a la patata que estaba pelando.

—¿Entonces por qué me has pedido que viniera y que comentáramos tus planes para la cena de esta noche? —preguntó Rosalie.

—Porque admiro tu buen gusto.

—Busca otra excusa.

—Porque conoces a Alice mejor que yo.

—Continúa.

—De acuerdo. —Bella tomó rápidamente otra patata, mientras hacía una mueca de disgusto—. No vale un conjuro, eso no estaría bien... ¿verdad? —añadió al tiempo que miraba por el rabillo del ojo.

—No, no estaría bien. Ninguna de las dos partes te ha dado permiso, a lo que hay que añadir que interferir en la vida privada de alguien es cruzar la línea.

—Lo sé —Bella hundió los hombros un mo mento—. ¿Incluso cuando te guía la mejor de las intenciones? —Dejó la pregunta en el aire, aunque sabía la respuesta—. Se la ve tan feliz. Tú lo has comprobado. Está como en ebullición.

—¿La ayudante Cullen en ebullición? Daría dinero por verlo —Rosalie rió entre dientes.

—Pues sí, lo está y resulta adorable verla. Lo que quiero es sólo darle un pequeño empujón, pe ro sin meter por medio ningún hechizo —añadió rápidamente, antes de que Rosalie pudiera hablar—. Una cena agradable en familia, añado un poco de esto, un poco de aquello, lo justo para que vean más claro. Algo que reduzca un poco las barreras, un poco nada más.

—¿Y si ven lo que necesitan ver y sienten lo que necesitan sentir en ese momento? ¿Podrás estar segura de que tu... empujón no va en la dirección equivocada?

—¡Eres muy frustrante cuando te pones práctica! Es peor que cuando tienes razón. Es muy duro no utilizar lo que se tiene para ayudar.

—Los poderes son un asunto muy delicado. Si no fuera así, perderían su significado. Tú misma estás enamorada. Todavía estás en pleno apasionamiento, y te gustaría ver a todo el mundo emparejado, a gusto y contento. No todo el mundo consigue lo que tienen Edward y tú.

—Si hubieras oído cómo hablaba de él sin cesar, antes de cerrarse en banda. —Bella limpió la verdura que había pelado a la vez que sacudía la cabeza—. Está a punto de enamorarse de él y no es consciente.

Rosalie se permitió un instante de envidia y de satisfacción al pensar que su amiga de la infancia había caído.

—Si no lo sabe y tú le ayudas a darse cuenta de lo que quizás está ocurriendo en su interior, puede echarse para atrás antes de caer. Sería muy propio de ella.

—Tienes razón otra vez. Me fastidia. Dime qué te parece Jasper. Has hablado con él más que yo —le pidió Bella.

—Creo que es un hombre muy inteligente, muy astuto y muy centrado. No está presionando a Alice con su investigación porque sabe que ella se mostraría reacia a entrar en ese tema. Por eso da vueltas a su alrededor —Rosalie se dirigió hacia el bote de las galletas y se inclinó sobre él—. Un trozo de chocolate. ¡Estoy perdida!

—Eso resulta un tanto calculador. —Automáticamente, Bella fue hacia la tetera para preparar un té para que Rosalie tomara con las galletas—, si la está utilizando...

—Espera —Rosalie levantó un dedo, mientras comía galletas—. Por supuesto que la está utilizando. Eso no siempre está mal. Alice no le deja ser directo, por lo tanto tiene que dar rodeos. ¿Acaso Jasper debería ignorarlo que es Alice, sólo porque ella lo haga, Bella?

—Lo que no está bien es que se entretenga con ella y juegue con sus sentimientos —respondió Bella.

—Yo no he dicho eso, y además no creo que sea así. Jasper está demasiado bien educado. Creo además que, aparte de ser atractivo, es buena persona.

Bella asintió.

—Sí, yo también lo creo.

—Me imagino que se siente atraído por ella, a pesar de que sea brusca, irritante y cabezota.

—Eso tiene sentido —dijo Bella, y asintió con la cabeza—. Te preocupas mucho por ella a pesar de lo ocurrido entre ustedes.

—Eso fue hace tiempo —dijo Rosalie de forma inexpresiva—. El té está hirviendo.

—A ella le importas. Se importan mutuamente, da igual lo que haya sucedido entre ustedes —Bella se giró para ocuparse del té y no vio la expresión emocionada de Rosalie.

—Tendremos que solucionarlo las dos, una y otra. Hasta que Alice no acepte quién es, qué es y lo que se espera de ella, no podrá abrirse a lo que tú tienes. Tú sentiste miedo. Lo mismo le ocurre a ella. Lo mismo nos sucede a todas.

—¿De qué tienes miedo tú? —Bella se dio la vuelta tan pronto como formuló la pregunta—. Perdona, pero cuando te miro sólo veo seguridad, una increíble confianza en ti misma.

—Tengo miedo de que mi corazón se rompa por segunda vez, porque no creo que pueda superarlo. Prefiero vivir sola que arriesgarme a sufrir.

Aquella exposición de los hechos, que contenía una sencilla verdad hizo que a Bella se le encogiera el corazón.

—¿Tanto le amabas?

—Sí—Rosalie pensó que dolía solamente decirlo, tanto como siempre le había dolido—. No existían barreras entre él y yo, por eso creo que puede ser peligroso darle un empujón a Alice. Jasper Whitlock forma parte de su destino.

—¿Tú lo sabes?

—Sí, y verlo no significa interferir. Están conectados el uno al otro. Pero lo que hagan al respecto, las decisiones que adopten, son sólo de su incumbencia.

No se podía discutir la lógica de Rosalie. Pero... no existía ninguna razón para no escoger velas rosas para la mesa. Ni se las dedicaba a ellos, ni pretendía hechizarlos. Era pura coincidencia que el color rosa fuera el utilizado para los encantamientos.

Bella había colocado ya un bote con romero en el alféizar de la ventana, para cocinar, por supuesto, y para absorber la energía negativa de paso. Era cierto que era la planta que se utilizaba normalmente en los hechizos de amor, pero eso no venía al caso.

Tampoco la rosa de cuarzo que había colocado en un cuenco, ni la amatista de cristal que estimulaba la intuición.

No pretendía poner en marcha una batería de sortilegios.

Colocó la vajilla de porcelana de la abuela de Edward y Alice, los candelabros de plata que había encontrado unas semanas antes y que había limpia do hasta dejarlos relucientes, un mantel de encaje antiguo, regalo de bodas, y un centro de lirios del valle con el que alejar la melancolía del invierno.

Las copas de vino, otro regalo de bodas, tenían la base de color granate y pensó que combinaban bien con el rosa pálido de las velas y con los capullos de rosa pintados en la vajilla.

Estaba tan absorta contemplando el resultado que dio un brinco cuando Edward se acercó hasta ella y la abrazó por la cintura.

—Muy bonito —Edward rozó su pelo con los labios—. No había visto la mesa puesta así desde... Déjame pensar... Nunca la he visto así.

—Quiero que todo esté perfecto.

—No me imagino cómo podría estar mejor, ni oler tan bien. Cuando he pasado por la cocina casi caigo de rodillas. ¿Cómo es que Alice no te está ayudando? ¿Es su cita, no?

—La he echado hace media hora. Me estaba molestando, como tú ahora —se volvió y le besó con suavidad.

—Pensé que necesitarías que alguien probara esos pequeños canapés que tienes en la cocina.

—No.

—Demasiado tarde, están riquísimos —Edward sonrió abiertamente.

—Edward. Maldita sea, los tenía ya colocados.

—Los he movido todos no he dejado ni un hueco —contestó mientras la seguía a la cocina.

—No pongas tus dedos en la comida o te los cortaré y prepararé un estofado de buey y bolas de masa con lo que quede de ellos.

—Bella, cariño, eso es realmente horrible.

—No te enfades. Deja que te mire. —Bella dio un paso atrás y le miró de arriba abajo—. ¡Que guapo estás sheriff Cullen!

Edward enganchó un dedo en el cinturón de los pantalones.

—Ven aquí y repítelo.

Bella obedeció y en el momento que levantó su boca hacia la de su marido oyó que llamaban a la puerta.

—Aquí está —dijo Bella; se apartó de Edward y se quitó el delantal.

—Oye, vuelve aquí. Alice puede abrir la puerta.

—No, no puede. Tiene que hacer una gran entrada. Oye, pon música o algo —pidió haciéndole señas con la mano, mientras se apresuraba.

Jasper traía vino y flores, ganándose así la aprobación de Bella. Rozó tres veces la mano de Alice, que Bella contara, mientras degustaban los aperitivos en el salón.

Se encontraban cómodos, como ella había querido, y el ambiente era agradablemente informal, tal y como había planeado. Además, ver juntos a aquellos dos le hizo sentir una agradable sensación de bienestar. Cuando se sentaron en el comedor a cenar Bella se daba palmadas de felicitación a sí misma en la espalda.

—De todos los lugares que conoces, ¿cuál es tu preferido? —le preguntó a Jasper.

—Mi favorito es siempre aquél en el que estoy, y creo que Tres Hermanas es una parte del mundo perfecta.

—Y sus habitantes son lo suficientemente agradables —añadió Edward.

—Lo son. —Jasper le hizo un guiño a Alice, mientras comía el asado—. La mayoría.

—Esta temporada hemos convencido a la gente para que no se coman a los misioneros y exploradores, por lo menos no a la mayoría —Alice se ensañó con una patata.

—Mejor para mí. He tenido un par de entre vistas interesantes, con Lulú y los Maceys.

—¿Has hablado con Lulú? —interrumpió Alice.

—Humm, era una de las primeras de mi lista. Vive aquí desde hace mucho tiempo, pero no ha nacido en la isla, y además está su estrecha relación con Rosalie. Me intriga la forma tan fácil, casi relajada en que Lulú acepta lo extraordinario. Asume los dones de Rosalie de la misma manera que otra perso na asumiría el color de pelo de sus hijos. Para ti debe ser distinto —le dijo a Bella—, ya que conociste tus poderes en edad adulta.

—Supongo. —A Bella no le importaba hablar de ello. De hecho, pensó que podría disfrutar discutiendo todo el asunto desde un punto de vista intelectual, científico, pero reconoció signos de alarma en la rigidez de los hombros de Alice—. ¿Más asado? —preguntó alegremente.

—No, gracias. Está estupendo. Edward, me preguntaba si podría concertar una cita contigo. Conocer tu perspectiva, la de alguien que ha vivido aquí toda su vida y que está casado con una persona con un considerable don.

—Por supuesto. Tengo un horario bastante flexible. —Edward no era ajeno a las reacciones de su hermana, pero consideraba que era un problema suyo—. Te darás cuenta de que la mayoría de nosotros no pensamos en la historia de la isla continuamente. Lo reservamos para los turistas. La mayoría de nosotros simplemente vivimos aquí.

—Esa es una de las cosas que me interesan. Viven con ello, se ocupán de sus asuntos y llevan una vida normal.

—Somos normales —dijo Alice con suavidad.

—Exacto —Jasper levantó su copa de vino y estudió a Alice Fríamente—. Los poderes no alteran, no deben alterar, las necesidades humanas básicas: hogar, familia, amor, seguridad económica. La relación tan cercana, de tipo familiar, que existe entre Rosalie y Lulú, por ejemplo, no se basa en lo que es Rosalie, sino en su forma de ser —Jasper miró a Edward antes de continuar—. No creo que te hayas casado con Bella porque sea una bruja o a pesar de ello, sino porque es Bella.

—Cierto. Además hay que tener en cuenta su guiso de carne.

—No hay que descartar nada. Las emociones fuertes alimentan los poderes. Yo mismo me he sentido muy afectado por la cocina de Bella desde la primera vez, que probé un plato de su sopa.

Edward rió entre dientes, mientras servía vino a todos.

—Menos mal que yo la vi primero —bromeó.

—El sentido de la oportunidad es crucial. Si Lulú no hubiera llegado cuando lo hizo, no habría tenido un papel fundamental en la educación de Rosalie. Si estoy en lo cierto, Bella, si tú no hubieras entrado en la librería en el preciso momento en que la jefa de cocina se despedía, quizás no hubieras conectado como lo hiciste, o no de la misma forma. Y esa conexión nos lleva a tu relación con Edward y con Alice, y de manera un tanto tortuosa a mí.

—Yo no tengo nada que ver con todo eso —la voz de Alice continuaba siendo suave, pero también se notaba que estaba a punto de estallar.

—Es tu elección —contestó Jasper con tranqui lidad—. Las elecciones son otra de las claves. En cualquier caso, como estás poco dispuesta a enseñarme la isla cuando estoy trabajando, quería preguntarte sobre un sitio de la parte sur. Hay una casa grande, antigua, con muchos árboles de pan de jengibre y una gran terraza cubierta. Está justo encima de una ensenada de piedra. Hay una cueva pequeña impresionante.

—La casa de los McCarthy. Son los propietarios del hotel —le explicó Alice secamente.

—Parece que está vacía —continuó Jasper.

—Ya no viven allí. Lo alquilan de vez en cuando en estas fechas y en temporada. ¿Por qué te interesa? —quiso saber Alice.

—Primero, porque es un lugar precioso y una casa antigua muy bonita. Y segundo porque he sacado lecturas especialmente intensas en aquella zona. —Jasper vio cómo Alice echaba una rápida y fugaz mirada a su hermano—. No sé mucho sobre los McCarthy. Los he incluido en mi informe, por supuesto, pero nadie parece tener mucho que decir sobre ellos. ¿Desde hace cuánto tiempo no vive nadie de la familia en la casa?

—Desde hace más de diez años —contestó Edward; Alice permanecía callada—. El señor McCarthy o alguna persona de su entorno van de vez en cuando para echar un vistazo, pero viven en el hotel.

—Es una pena que una casa tan bella permanezca vacía. ¿Acaso está encantada? —preguntó Jasper.

Edward frunció los labios al oír los sordos murmullos que su hermana estaba emitiendo.

—No que yo sepa.

—¡Qué pena! —dijo Jasper sintiendo lo que decía—. ¿Y con respecto a la cueva? Tengo las lecturas más intensas allí.

—La cueva es una cueva —soltó Alice, sintiendo que se le encogía el corazón, cosa que le fastidiaba

—Íbamos allí cuando éramos niños, para jugar a los piratas y al juego del tesoro —explicó Edward—. También la utilizaban las parejitas de adolescentes —se detuvo de golpe como si hubiera dado en el blanco.

Emmett McCarthy y Rosalie Hale. Una vez fueron adolescentes y seguramente la cueva fue su refugio. Al mirar el rostro de su hermana se dio cuenta de que ella lo sabía, y estaba intentando proteger la intimidad de una amiga.

—No me sorprendería que tu equipo estuviera grabando todas aquellas hormonas sueltas ¿Qué hay de postre, cariño? —finalizó Edward alegremente.

Al darse cuenta de que algo estaba pasando, Bella se levantó.

—Lo traeré. Alice, ¿te importa echarme una mano?

—No, por supuesto —Alice, molesta, se levantó de la mesa y se dirigió a la cocina a toda prisa.


Hola hola ke les parecio? por lo que se ve Alice todavia le tiene cariño a Rose no? jeje

espero sus reviews

byee