Hola hola espero esten biien y ke les ste gustando la historia

recuerden de ke nada me pertnece

disfruten!

Capítulo 26

Emmett McCarty y Rosalie Hale. Una vez fueron adolescentes y seguramente la cueva fue su refugio. Al mirar el rostro de su hermana se dio cuenta de que ella lo sabía, y estaba intentando proteger la intimidad de una amiga.

—No me sorprendería que tu equipo estuviera grabando todas aquellas hormonas sueltas ¿Qué hay de postre, cariño? —finalizó Edward alegremente.

Al darse cuenta de que algo estaba pasando, Bella se levantó.

—Lo traeré. Alice, ¿te importa echarme una mano?

—No, por supuesto —Alice, molesta, se levantó de la mesa y se dirigió a la cocina a toda prisa.

—¿Qué ocurre? —le preguntó Bella—. ¿Qué es lo que no quieres contar de la casa de los McCarthy?

—No es más que una casa antigua.

—Alice no te puedo ayudar si no sé de qué se trata.

Su cuñada recorrió la cocina con las manos en los bolsillos.

—Emmett y Rosalie fueron novios —dijo Alice.

—Eso ya lo sabía. Él se marchó y nunca ha vuelto. A ella todavía le duele.

—Sí, y Rosalie ha debido pasar las penas del infierno por su maldita culpa —Alice se inclinó para acariciar a Diego, el gato, a la vez que soltó un suspiro—. Fueron amantes. Rosalie y yo todavía... éramos... amigas. Sabíamos todo la una de la otra. La primera vez que estuvo con Emmett, la primera vez que estuvieron juntos fue en la cueva. Era uno de sus lugares de encuentro.

—Ya veo.

—Para Rosalie todavía es una herida abierta y no necesita que ningún idiota se dedique a hacer preguntas y lecturas de energía.

—Alice, ¿no crees que si Jasper lo supiera in tentaría remover este delicado asunto lo menos posible?

—No sé qué pensar de él —Alice, disgustada, se enderezó—. En un momento determinado es un chico encantador, y al siguiente está intentando sonsacar cosas mientras se zampa tu carne asada. No debería venir aquí como un invitado y presionarlos a ti y a Edward.

—Yo no me siento presionada. —Bella sacó un pastel de crema de la nevera—. Siento que te moleste Alice, pero ya había decidido entrevistarme con Jasper. Me interesa su trabajo y quiero contribuir en su investigación.

—¿Quieres ser una de sus ratas de laboratorio?

—Yo no me siento así. No me avergüenzo de lo que soy y no me asusta lo que he recibido. Ya no.

—¿Crees que yo tengo miedo? —Alice estalló—. Todo es una mierda, una mierda tan grande como esa idiotez de proyecto suyo. Yo no quiero tener nada que ver. Tengo que salir de aquí.

Giró sobre sus talones y salió apresuradamente por la puerta trasera.

No era capaz de pensar, pero sí era consciente de que tenía que deshacerse de su rabia antes de que pudiera hacer o decir algo de lo que se arrepintiera. Lo que Bella hiciera era asunto suyo, intentó convencerse, mientras corría escaleras abajo hacia la playa bañada por la plateada luz de la luna llena. Si Bella quería exhibirse, exponerse a los comentarios, al ridículo y a no se sabe qué más, tenía derecho a hacerlo.

—¡Ni hablar! —gritó Alice golpeando la arena como si quisiera hundir la playa entera.

Lo que Bella dijera o hiciera tenía una relación directa con ella. Era inevitable. No sólo porque estaban emparentadas por su matrimonio, sino también porque estaban conectadas.

Y eso lo sabía el hijo de puta de Jasper Whitlock.

La estaba utilizando para llegar a Bella, y utilizaba a Bella para llegar a ella. Había sido una estúpida bajando la guardia en las últimas semanas. Una estúpida. Y no había nada que odiara más que darse cuenta de que se había comportado como una imbécil.

Se volvió al escuchar ladridos, en el momento en que una gran sombra negra emergía de la oscuridad. Lucy con toda su vitalidad le dio un golpetazo en la espalda.

—¡Maldita sea! Lucy.

—¿Te has hecho daño? ¿Estás bien? —Jasper llegó corriendo tras la perra y quiso ayudar a Alice a levantarse.

—¡Suéltame!

—Estás helada. ¿Se puede saber qué demonios te ocurre para salir corriendo sin abrigo? Toma. —A pesar de que le golpeaba las manos, Jasper consiguió ponerle la chaqueta que le había dado Bella.

—Perfecto. Ya has hecho tu buena acción del día. Ahora ¡lárgate!

—Posiblemente tu hermano y Bella estén acostumbrados a tus repentinas demostraciones de mala educación —Jasper notó el tono cortante de su propia voz, pero el aspecto obstinado y testarudo del rostro de Alice le hizo comprender que se lo merecía—. Sin embargo, quiero una explicación.

—¿Maleducada yo? —dijo ella utilizando ambas manos para apartarle—. ¿Tienes la desfachatez de llamarme maleducada después del interrogatorio de la cena?

—Yo lo llamaría conversación y no interrogatorio. ¡Espera! —sujetó a Alice por los brazos, mientras Lucy moviéndose les estorbaba continuamente queriendo jugar—. Tú no quieres colaborar conmigo en mi investigación y yo no te he presionado. Eso no significa que yo no vaya a hablar con nadie más.

—Has caído sobre Bella, y sabes que eso me involucra. Has hablado con Lulú, y bien que le has preguntado sobre mí.

—Alice. —Paciencia, se dijo a sí mismo, no estaba simplemente enfadada, estaba asustada—. Nunca dije que no haría preguntas. Lo que no hago es preguntarte a ti. Si quieres controlar lo que te ata ñe, entonces dirígete a mí. En caso contrario, tendré que utilizar lo que me llega por terceras personas.

—Todo esto es para acorralarme.

Era un hombre paciente por naturaleza, pero la paciencia tenía sus límites.

—Sabes perfectamente que decir eso es insul tarnos a los dos. O sea que mejor te lo tragas.

—Mejor...

—Yo tengo ciertos sentimientos hacia ti, lo que complica las cosas, pero intento controlarlo. Dejando eso aparte, tú no eres el centro de todo, Alice. Sólo eres una parte. Yo puedo trabajar contigo o a tu alrededor. Tú eliges.

—No quiero que me utilicen.

—Yo tampoco pretendo ser el blanco de tus estallidos emocionales.

Jasper tenía razón, toda la razón y ella vaciló.

—No quiero que me exhiban como a una atracción de feria.

—Alice —Jasper suavizó la voz—, tú no eres un monstruo. Eres un milagro.

—No quiero ser ninguna de las dos cosas. ¿Puedes entenderlo?

—Sí, claro que puedo. Sé muy bien lo que se siente cuando te ven de una de esas dos formas. O de las dos a la vez. ¿Qué puedo decirte? Tienes que ser como eres.

El enfado había desaparecido, no quedaba ni rastro. La había convencido no porque quisiera algo, sino porque lo tenía ya, lo tenía en su corazón.

—Pensé que tal vez no serías capaz de com prender, y tendría que haber sabido que sí lo eras. Supongo que tener una mente privilegiada es una especie de magia y que no siempre resulta agradable. ¿Cómo lo haces? —preguntó Alice—. ¿Cómo consigues mantenerte tan equilibrado?

—Yo no soy... ¡Estate quieta, Lucy! —Jasper se movió, sujetando todavía a Alice por los brazos cuando la perra ladró y pudo sentir cómo temblaba entre ellos. Después vio lo que había captado la atención de Lucy.

Ella permanecía de pie en la playa, igual que la otra vez, y les estaba mirando. Tenía el rostro pálido a la luz de la luna; el viento jugaba con su pelo negro; sus ojos parecían relucir en la oscuridad de la noche, profundamente verdes, terriblemente tristes.

La espuma le lamía los pies y los tobillos, pero no mostraba signo alguno de sentir el frío o la humedad. Se limitaba a permanecer de pie, mirando y llorando.

—¿Tú la ves? —susurró Jasper.

—Yo la veo siempre —Alice, cansada, se apartó de su lado porque sería demasiado fácil, aterradoramente fácil, refugiarse en él—. Te haré saber qué he decidido cuando yo lo sepa. Además, quiero disculparme por mi mala educación y por mi comportamiento hacia ti, por dificultar las cosas. Pero en este momento... necesito estar sola.

—Te acompaño.

—No, muchas gracias, no. ¡Vamos, Lucy!

Jasper permaneció allí, entre dos mujeres, las dos que tiraban de él.


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