Holaaa k tal stan jejeje

recuerden de ke nada me pertnece

Capítulo 27

A Bella le resultaba extraño llamar a la puerta de una casa donde había vivido antes, porque en parte seguía considerando la casita amarilla como su casa.

Aunque había vivido mucho más tiempo en el palacio blanco de California, nunca lo había sentido como algo propio, quizás porque pensaba en él como en una prisión de la que sólo había logrado escapar poniendo en peligro su vida. La casita en el bosque sólo le había perteneci do unos meses y, sin embargo, le había proporcionado algunos de los momentos más felices de su vida.

Había sido su primer hogar, el lugar en el que había comenzado a sentirse a salvo y fuerte. Era el lugar en el que ella y Edward se habían enamorado. Ni el miedo que había experimentado ni la sangre derramada podían estropear el sentimiento de pertenencia a aquella casita de habitaciones como de casa de muñecas.

Llamó a la puerta y esperó educadamente en el porche delantero hasta que Jasper abrió.

Él tenía un aire distraído, estaba sin afeitar y con el pelo de punta y alborotado.

—Perdona. ¿Te he despertado?

—¿Cómo? No. Estoy levantado hace mucho. Humm... —se pasó una mano por el pelo despeinándolo aún más. ¿Qué hacía Bella allí? ¿Tenían una cita? ¡Santo Dios! ¿Qué hora era? Todas aquellas preguntas se agolparon en su cabeza—. Disculpa. ¡Qué cabeza la mía!... pasa.

Bella echó una ojeada por encima de Jasper y vio la sala abarrotada con el equipo. Las luces estaban encendidas y algo emitía pitidos de forma constante.

—Estabas trabajando. No quiero molestarte. Solo quería traerte el postre de anoche. Te lo perdiste —dijo Bella.

—¿El postre? Ah, bien. Gracias. Pasa.

—El caso es que iba de camino al trabajo y só lo quería... —Bella se encontró hablando con la espalda de Jasper que se había dado la vuelta; se encogió de hombros y entró tras él cerrando la puerta—. ¿Dejo esto en la cocina?

—Humm, mira esto. Espera, espera —Jasper levantó una mano mientras tomaba notas con la otra, al tiempo que estudiaba un gráfico que a Bella le recordó un sismógrafo.

Después de un momento, él se volvió a mirarla y sonrió.

—Se puede decir que tú echas chispas, ¿verdad?

—¿Perdona?

—Las lecturas han cambiado justo en el momento en el que has entrado.

—¿De verdad? —se acercó un poco más, fascinada, aunque se dio cuenta de que daba igual que se acercara, nunca entendería nada.

—Con Alice es distinto —continuo Jasper—. Las lecturas que provoca ella llenan todo el gráfico. Tú en cambio, eres un alma dependiente.

Bella frunció los labios empezando a hacer un puchero.

—Eso suena un tanto aburrido.

—Al contrario —le quitó la fuente de las manos, levantó el envoltorio y al tomar un trozo de pastel, cayeron algunas migas al suelo—. Tú eres un consuelo. Yo diría que eres una mujer que ha encontrado su sitio y es feliz. Siento haber estro peado la cena de anoche.

—No lo hiciste. Si te lo vas a comer ahora, deja que te dé un tenedor.

Cuando se dirigió a la cocina, Jasper fue detrás de ella, miró cómo abría el cajón de la derecha y sacaba un tenedor.

—Perdona, ¿tú...?

—... ¿Si me molesta estar aquí? —Bella acabó la pregunta por él, mientras le tendía el tenedor—. No, la casa está limpia. La limpié yo. Necesitaba hacerlo yo.

—Un gran consuelo. El sheriff Cullen es un hombre con suerte.

—Sí, lo es. Siéntate Jaz, tengo diez minutos. ¿Quieres un poco de café?

—Bueno... —Miró el pastel. No podía recordar si había tomado algo para desayunar. Además, allí estaba el pastel—. Pues sí.

—Dijiste que con Alice era diferente —dijo Bella mientras calculaba la cantidad de café. ¿Qué había en la cafetera que tenía un aspecto y un olor asquerosos? Lo tiró directamente por el desagüe—. Tienes razón. Yo no conozco las razones, pero Alice nunca habla de eso. Si hablamos tú y yo, no quiero tocar el tema, por ella. Es mi hermana, por lo tanto voy a preguntártelo a ti directamente. ¿Tu interés por ella es estrictamente profesional?

—No. —Jasper se movió ligeramente, buscando sentirse a gusto. Era un hombre más acostumbrado a preguntar que a responder—. En realidad, habría sido más fácil para mí y desde luego para ella, que no hubiera estado involucrada en mi investigación, pero lo está. ¿Cómo se encontraba anoche cuando regresó a casa?

—Ya no estaba enfadada, agitada sí, pero enfadada no. Tengo que confesar algo: yo preparé las cosas anoche.

—¿Te refieres a las velas rosas, la rosa de cuarzo, el romero y demás? —De nuevo relajado, Jasper se llevó a la boca otro trozo de pastel—. Ya me di cuenta.

—Vaya sutileza la mía. —Molesta, Bella se sirvió una taza de café—. Pero no preparé un conjuro.

—Me alegro —replicó Jasper con la boca llena—. También me alegro de que pensaras en hacerlo. Me halaga que me consideres alguien con quien te gustaría que estuviera Alice.

—¿Me estás tomando el pelo?

—No exactamente. Yo la disgusté anoche y lo siento. Pero es algo que tenemos que asimilar los dos. Ella es quien es, y yo me dedico a este trabajo.

Bella le estudió, inclinando la cabeza.

—Alice no se sentiría atraída por ti, al menos no por mucho tiempo, si fueras una persona fácil de convencer.

—Me alegra saberlo. ¿Te importa que grabe la conversación?

—No.

—¿Así, sin más? ¿Sin ninguna condición?

—No voy a contarte nada que no quiera que sepas —contestó Bella, a la vez que dejaba el café sobre la mesa—. Yo todavía estoy aprendiendo, Jasper. Puedo aprender tanto yo de ti, como tú de mí. Pero ahora me tengo que ir a trabajar.

—Una pregunta. ¿El poder te hace feliz?

—Sí. Me siento, feliz, centrada y fuerte. Pero podría sentir todo eso sin el poder —se le marcaron los hoyuelos del rostro—. Ahora pregúntame si podría ser feliz sin Edward.

—No necesito hacerlo.

Cuando Bella se marchó, Jasper permaneció sentado pensando en ella un rato, en cómo parecía ajustarse a la perfección al ritmo de la isla, al ritmo de sus poderes.

Bella no había tenido una vida fácil, y aun así hacía que pareciera lo más natural del mundo haber comenzado de nuevo, al margen de los horrores de su etapa anterior.

Lo que le había ocurrido no había dejado hue llas; muy al contrario había sido capaz de creer de nuevo, de enamorarse otra vez, de transformarse. Todo ello la convertía en la mujer más admirable de cuantas conocía. También se dio cuenta de por qué Alice estaba tan decidida a protegerla. De alguna manera tenía que hacer comprender a la cabezota de la ayudante que Bella no corría peligro por su parte.

Preparó el equipo que quería llevar para el recorrido que había planeado, aunque malgastó diez minutos frustrantes buscando las gafas, hasta que repa ró en que las llevaba colgadas del bolsillo de la camisa. Encontró las llaves en el armario del botiquín del cuarto de baño, se llevó algunos lápices de repuesto y se puso en camino en dirección al sur de la isla.

La casa de los McCarthy tiraba de él; no se le ocurría otra forma de describir la experiencia casi física que le sacudió cuando la estaba estudiando desde el borde de la ensenada. Era grande y laberíntica. No la definiría como especialmente imponente, ni tampoco especialmente atractiva.

Mientras sacaba la grabadora, decidió registrar sus pensamientos, fascinado:

«La casa de los McCarthy se encuentra situada en el sur de la isla, y se accede a ella por un estrecho camino asfaltado. Hay algunas casas más en los al rededores, pero ésta es la que está situada en el punto más alto y la más cercana al mar».

Hizo una pausa para poder oler el viento y sa borear la sal que transportaba. El agua tenía un color azul oscuro, un matiz que le llevó a preguntarse por qué las olas no partían el mar en dos.

Dio una vuelta estudiando el resto de las casas, y dedujo que también eran de alquiler. No se oía nada, no había más movimiento que el del mar, el aire, y las gaviotas que se abatían gritando sobre aquel tranquilo paisaje.

Pensó que los acantilados de Rosalie, que curiosamente se encontraban casi en el extremo opuesto de la isla, eran más pintorescos y más impresionantes. Aun así, aquel lugar parecía ser apropiado de alguna manera... apropiado para él.

Continuó grabando sus observaciones:

«La casa tiene tres pisos. Parece que se hicieron varios añadidos a la estructura original. La madera, que creo que es de cedro, se ha vuelto plateada. Alguien cuida todo esto, ya que la pintura, de un azul grisáceo, se ve reciente en las contraventanas y los rebordes. Los porches delantero y trasero son amplios y en la zona de atrás hay una zona cerrada. Tiene balcones estrechos en el segundo piso y ventanas en el tercero con volutas..., quizás se llamen cenefas, en los aleros (lo tengo que comprobar). Es un lugar solitario, pero no produce sensación de soledad. Parece como si estuviera esperando. Es extraño, pero tengo la sensación de que me está esperando a mí».

Cruzó el césped lleno de arena que se encontraba en el costado de la casa y se dirigió hacia la parte trasera, y desde allí, por encima de la playa, estudió la tranquila ensenada. Había un embarcadero, que también se encontraba en buen estado, pero sin barcos amarrados.

Pensó que le gustaría tener un barco de vela y quizás también una lancha a motor.

Había que suavizar el aspecto tan severo de la casa con plantas. Tendría que averiguar qué crecería mejor en aquel tipo de suelo. Se preguntó si las dos chimeneas funcionarían bien, y qué sentiría al sentarse ante el fuego en invierno contemplando el mar.

Sacudiéndose estos sueños, se dirigió a su Land Rover y descargó el equipo. Sólo había una corta distancia hasta la cueva, cuya boca de entrada estaba en sombras y quedaba oculta desde la casa debido a una ligera curva del terreno, lo que le da ba mayor aire de misterio, mayor privacidad. Le pareció un lugar apropiado para los juegos adoles centes y para los amantes jóvenes.

Si todavía se utilizaba para aquellos propósitos, no encontró señal alguna, ni huellas, ni restos de basura, ni marcas de ningún tipo cuando cruzó la playa.

Tuvo que hacer dos viajes, y al ver que el aire de la cueva era frío y húmedo decidió coger también la chaqueta.

La cueva no era grande. Calculó que debía medir unos cuatro metros de largo por cerca de dos y medio de ancho. Le sorprendió agradablemente que el centro tuviera más de tres metros de alto. Había estado ya en otras cuevas donde se había visto obligado a agacharse, encorvarse o incluso a explorar tumbado.

Estudió cada palmo de la cueva con la ayuda de una lámpara halógena, algo que no había llevado en su primera excursión, y puso el equipo en funcionamiento.

—Aquí hay algo —murmuró—. No necesito que las máquinas me lo digan, aquí hay algo, como si fue ran estratos de energía; estratos nuevos encima de los antiguos. No es una afirmación científica, pero los percibo. Tengo una fuerte sensación en el estómago. Si la cueva fuera la que se menciona en mis investigaciones, eso significaría... Pero, ¿qué es esto?

Se detuvo enfocando la luz hacia la pared de la cueva. Tuvo que agacharse para poder ver más cla ramente.

—Parece gaélico —dijo, mientras leía lo que estaba tallado en la piedra—. Tengo que traducirlo, cuando vuelva.

De entrada, se dispuso a copiar en su cuaderno de notas las palabras y el símbolo que se encontraba encima.

—El nudo celta y el símbolo de la Trinidad. La inscripción no es muy antigua, de hace diez años, veinte como máximo. Otra conjetura. Tengo que estudiarlo y verificarlo.

Entonces, deslizó los dedos por los signos tallados. Las hendiduras se llenaron de luz que reverberaba en finos rayos y las yemas de sus dedos recibieron el calor que irradiaban.

—¡Mierda! ¿Qué es esto?

Se enderezó bruscamente para coger el conta dor Geiger y la cámara de vídeo, sin recordar la curvatura del techo de la cueva. Se golpeó la cabeza con la fuerza suficiente como para ver las estrellas.


oh oh hehe Jasper cayo jejejeje ke pasara ahora? ke habra en la cueva?

kieren saber? dejenme un review entonce

byeeee